JUAN PETESA

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                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

                                                                     Málaga 4 de abril de 2016

JUAN PETESA

Hoy se ha hecho justicia. Tarde. Pero nunca es tarde si la dicha es buena. Han tenido que pasar casi dos décadas desde el día en que nos dejó Juan González León (Petesa). Pero, por fin, la ciudad de Málaga le ha hecho justicia. Una preciosa placita de las afueras de Churriana exhibe en una de sus esquinas un monolito al que va acoplada una placa que recoge su nombre y su foto plasmada en cerámica.

La buena noticia de hoy se encuentra plantada al otro lado de la carretera. Un precioso edificio lleno de vida. La residencia “La Esperanza”. La culminación de su obra. El motivo que le impulsó a luchar contra su enfermedad y la incomprensión de muchos.

Dicen que los grandes hombres perduran en el recuerdo. Pero la historia es muy cruel. Tiende a olvidarlos. A Juan no. A Juan le recordamos aquellos que aprendimos a ser solidarios junto a él. Todo empezó con Rafael, aquél viejo empleado de una tienda de calle Cisneros que hambreaba la apertura de la residencia de calle Fresca. Llevaba años viviendo solo, en una modesta pensión y comiendo en una casa de comidas. Fue el primer inquilino de la vieja residencia de Caritas de calle Fresca.  Allí aprendimos a amar y a respetar a los ancianos. A hacernos pasar por sus hijos cuando, perdido el oremus, esperaban su visita todos los días. A pelear por un ascensor y luchar por sus mayores. A llevar a los ancianos a que conocieran España y parte del extranjero. A percibir su naturalidad al hablar de Dios. Un Dios que le chorreaba por todos sus poros.

El completó su camino. No pudo ver completada su gran obra. La Residencia de Churriana que hoy lleva su nombre. Por eso nos hemos reunido alrededor de este monumento, su familia; la de sangre y la de amistad. Sus viejos amigos. Sus amigos viejos. Los que rezamos cada día a San Juan Petesa que está en los cielos.

Hoy me siento feliz. Pienso en los cientos de ancianos que han recibido techo, comida, amor y compañía en la residencia de la Esperanza. Pienso que he tenido la suerte de convivir con un hombre sencillo, vinatero, perchelero, creyente y practicante del único Evangelio. Amar a los otros más que a ti mismo. El mundo sería mejor si le imitara.petesa  2 2016

 

 

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