HABLAR DE DIOS

14 f, 16

 

EL SEGMENTO DE PLATA

Por Manuel Montes  m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 14 de abril de 2016

 

                   HABLAR DE DIOS

  Soy de la opinión de que, además de hablar con Dios, debemos hablar de Dios. Sí, ya sé que cuesta trabajo, que no nos van a entender, que la gente no está por la labor. Pero te puedes llevar sorpresas, grandes sorpresas. Los católicos tenemos un pudor incomprensible a manifestar nuestras creencias y la profundidad de nuestro encuentro con el Señor. Parece que no se lleva. Sin embargo, cuando estamos entre “los nuestros”, nos hinchamos a manifestar nuestra cercanía con Jesús de Nazaret.

      Ese falso pudor, unido con el desconocimiento de la mayoría de los mortales sobre ese tema, nos impide transmitir la “buena nueva” de la que está tan necesitada nuestra gente. La de tu metro cuadrado. Y que conste que hablamos de los ritos y de las cosas eclesiales con gran facilidad. Podemos desarrollar una tesis doctoral sobre los errores de los cristianos, los curas, los obispos y el papa romano. Hablamos de templos, de economía, de dineros, de imágenes y de procesiones. Los foros están llenos de debates sobre estos temas. Pero no hablamos de lo esencial, de lo profundo. De nuestro encuentro con el Señor.

     Llevo un par de semanas experimentado una extraña sensación. Posiblemente a raíz de la celebración de la Pascua. Me dicen algunos cercanos que les hable de Dios. Que han perdido la fe (en el fondo han perdido la búsqueda del lugar de encuentro con el Señor, los Sacramentos, pobres incluidos). Tengo pendiente un par de tardes para pararnos y pensar sobre estos temas con personas que lo necesitamos vitalmente. Y es curioso. La Iglesia ofrece espacios para realizar estos encuentros de pararse y pensar (los cursillos de cristiandad, por ejemplo), que se tienen que suspender por falta de asistentes.

 

Quizás ha de prevalecer el sistema del “boca a boca”. Aunque, por otro lado, los medios pueden hacer mucho por sembrar la inquietud de la búsqueda en muchos. Mis “monjas de cabecera”, mis vecinas del convento cisterciense del Atabal están muy preocupadas porque no les llegan vocaciones nuevas. Yo mismo, he estado colgando “banderines de enganche” por los templos malagueños a este respecto. Pero otras, en televisión, en ¡la CUATRO!, han presentado un programa sobre la llegada a prueba de algunas chicas en un convento y sobre la experiencia de la vida en comunidad de algunas monjas ya cuajadas.

 

Curiosamente lo único que han manifestado todas, es la búsqueda y, en su caso, su encuentro con el Señor. No han hablado no de dinero, ni de poder, ni de prestigio, han hablado desde el ora, et labora, et sirve a los demás. Estoy seguro que más de una chica, viendo el programa, ha sentido la inquietud. Ahora, alguien cercano debe hablarle de Dios.

 

Lo mismo que yo voy a hacer, con motivo o sin él. Sin ponerme pesado, sin imponer. Tan solo exponiendo y sacando a la luz lo que el Papa manifiesta en su último documento (y antes dijo muchas veces la peña el Sombrero y un servidor de ustedes): “to er mundo e güeno”. Tan solo tenemos que rascar un poco para hacer aflorar la “buena leche” que nos han transmitido millares de generaciones de creyentes que nos han precedido y transmitido la fe. He dicho.

dialogar

 

 

                               

 

 

 

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