La segunda comunión

26 f, 16

 

EL SEGMENTO DE PLATA

Por Manuel Montes  m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 26 de mayo de 2016

LA SEGUNDA COMUNIÓN

Tenemos que saber distinguir entre lo accesorio, lo importante y lo esencial.

       Si le damos a cada cosa su sitio, obraremos en consecuencia. Muchas de las dificultades que nacen de la vida cristiana es que no conseguimos compaginar nuestras costumbres y deseos con nuestra fe. Lo accesorio son los signos externos, lo importante es nuestro encuentro con los Sacramentos, lo esencial –sin lo cual todo lo demás carece de sentido- es nuestra fe viva que impulsa a convertirnos cada día. Nos preocupamos mucho de lo accesorio, algo de lo importante y muy poco de lo esencial.

Con el tema de las primeras comuniones estamos llegando a una especie de encrucijada entre lo lúdico y lo religioso, lo externo y lo interno, el compromiso y el salir del paso. Una locura económica sin sentido que hace endeudar a las familias a fin de no ser menos que los demás. Un desatino que nos lleva a la limusina y la comunión por lo civil; al vestido de niña con escote palabra de honor y capa de armiño; al coche de caballos y la capea. A la locura.

¿Que es lo esencial? El compromiso cristiano familiar. La vivencia del momento y su continuidad. Sabemos que muchas de las comuniones que se celebran son las primeras y las últimas. No por culpa de los comulgantes, ni de sus catequistas, ni de las parroquias que ofrecen espacios adecuados. La culpa de que sea la última, es porque los mayores no asistimos a la celebración del día del Señor y, por consiguiente, no llevamos a los niños.

En este mes he podido asistir a varias primeras comuniones y a una segunda. Esta última organizada a conciencia. Por necesidades familiares que no vienen al caso. El celebrante explicó perfectamente la situación y los asistentes se integraron en ella. A la hora de comulgar hizo subir al altar a todos los niños que habían hecho la primera comunión este año y a los adultos confirmados recientemente. Una maravilla. Un banderín de enganche.

Mis queridos abuelos del “segmento de plata”. Seamos claros con nuestros hijos. Si ellos no pueden nosotros sí. Acompañemos a nuestros nietos, pidamos celebraciones cercanas y alegres. Involucremos en ellas a los niños. Que suban al altar y que participen. La segunda comunión y las siguientes son tan esenciales como la primera, sin culto a lo importante –donde-, ni a lo accesorio –el atuendo-.

libertad

 

 

 

 

 

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