EL SEGMENTO DE PLATA

Por Manuel Montes  m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 30 de junio de 2016

TOCAR A LOS LEPROSOS

    Me quedé con ganas de deciros más cosas sobre mi visita a Roma. Especialmente sobre el Papa Francisco.

    Me da la impresión de que en sus alocuciones, preparadas cuidadosamente y personalmente, tiene un momento de debilidad que, salvando las distancias, comparto. En un momento determinado, se viene arriba y habla más con el corazón que con la boca. Lo cual me parece estupendamente.

En la audiencia, a la que tuve la suerte de asistir, se refirió al evangelio en que Jesús da la cara por los leprosos, los apestados de la época. Se abrió de capa y comenzó a hablar de los “leprosos” de hoy en día. Todos aquellos que, si no los despreciamos, los procuramos tener lejos física, espiritual o mentálmente. Los apestados de hoy en día, a los que ni siquiera rozamos “los buenos”. Esas personas que han caído en las garras de la soledad, la pobreza, la incomprensión o la ignorancia. Los que son de otra raza, otro país, otro color, otra religión, otra opción sexual, otras ideas e, incluso, otro partido.

Cuando, después del calorín físico y mental recibido en la alocución, bajábamos la vía de la consolación, íbamos dejando a un lado y a otro, pobres, tullidos, etc., a los que no me suelo acercar basándome en su “profesionalidad”. A lo largo de mi vida me he encontrado con toxicómanos de todo tipo, separados, divorciados, homosexuales, gitanos, ciudadanos de segunda (en nuestro criterio) a los que me he “asomado” con prevención y con guantes mentales. Que gran error.

Allá por el año setenta tuve la oportunidad de conocer a una leprosa de verdad que estaba acogida en el hospital Civil. Me la presentaron unos amigos. Se llamaba Rosa y olía a rosas. Jamás he estado más cerca del Señor que en su presencia.

Que razón lleva el Papa Francisco. Como siempre que se mete en harina. Después dirán que son churras o merinas. Que más da. Lo escrito, escrito está. Yo se donde está y quien es mi “leproso”, ¿y tu?

francisco y hombre elefante

 

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LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 27 de junio de 2016

m.montescleries@telefonica.net

 

EUROPA “ALIQUINDOY”

 

A la vieja Europa se le caen lágrimas como puños. Las banderas que se encuentran en la biblioteca municipal de al lado de mi casa ya lo intuían.

 

Los ingleses nos abandonan. Todos no. Mi vecino Clay, el poli de Scotland Yard, se sigue viniendo con su familia apenas terminan los colegios, a fin de poner caro el tinto, los boquerones y las patas de cordero. Se llevan, allá por octubre, un rojo interesante en la piel, 10 kilos de más y una cara de satisfacción que revela su alegría de vivir entre Londres y Málaga.

 

Esto ya lo veía yo venir. Esta semana he estado en Roma. Una ciudad otrora amable y que se ha convertido en inhóspita y desagradable. Sucia como nunca. Rómulo y Remo han pedido auxilio porque la loba que les alimenta destila mala leche. Rateros en general, incluidos taxistas y restauradores varios que te pegan puñaladas traperas en cuanto te despistas. Turistas españoles gritones y desmandados. Trileros en el Transtevere. Soldados –y soldadas- mal encarados ante todos los edificios públicos, especialmente pertrechados de ametralladoras, porras y mala educación. En fin. Un desastre.

 

Encima España pierde su partido y se ríen de nosotros con sorna. Al día siguiente les ganan los irlandeses y nos reímos nosotros. Aeropuerto caótico, hoteles malos y retrasos indecibles en todo. Tan solo un detalle. A los italianos no les da vergüenza su bandera. Ni la de Europa. Las tienen nuevecitas y por todos lados.

 

¿Cuál es mi buena noticia de hoy? Que nos ha llegado a Europa, desde Argentina, un tipo grande y desgarbado, con unos zapatos viejos y una sonrisa de oreja a oreja, que va a poner esto patas arriba. Un tipo que se trae a los refugiados a su casa, que se para en cuanto ve a un niño o un enfermo y que te dice que hay que acercarse a los neo-leprosos de todo tipo. Un tipo entrañable que ha cambiado de nombre; ahora se llama Francesco.

 

No todo es malo. Cuando vuelvo a mi querida España –que están dispuestos a cargarse entre todos aquellos que tenían que cuidarla- descubro que sigue existiendo un paraíso donde puedes comer bien, con cervecita incluida, por 8 euros o por su equivalente en pesetas, que las estoy viendo en el horizonte.

 

Como decía el gitano: “como la casa de uno… no hay na”. Europa está “aliquindoy”. Como las banderas de la Torre de Benagalbón.

bandera benagalbon

 

Foto del autor

 

 

 

 

ROMA

24 f, 16

 

EL SEGMENTO DE PLATA

Por Manuel Montes  m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 24 de junio de 2016

ROMA

      Por primera vez en años he faltado a mi visita de cada jueves con mis lectores del segmento de plata.

La demora ha valido la pena. He tenido la oportunidad de volver a Roma con motivo de la celebración del Jubileo de la Misericordia. Ir a Roma y acrecentar la fe, es posible. Sobre todo si se tiene la oportunidad de escuchar al Papa Francisco en directo, descubrir que un viejo amigo franciscano se encuentra muy cerca del Papa y te cuenta maravillas de él y sentarse a tomar un café invitado por Antonio Pelayo, sacerdote, colega en Antena 3 y agregado eclesiástico de la Embajada de España en Roma.

Roma siempre es la misma y siempre es distinta. Hay más gente que en el año 2000. Pero cada vez son más los asiáticos y africanos. Se ve claramente la emergencia de los países no europeos. Su fe manifiesta y su admiración por el cristianismo apenas descubierto. He podido volver al Divino Amore, lejano del turismo y cercano al recogimiento. Para mí, una de las nuevas catacumbas a las que tendremos que volver.

Me he vuelto a emocionar en la plaza de San Pedro mientras veía al Papa pararse y besar a cuantos niños le mostraban y emocionarme ante las tumbas de San Pablo y de San Juan XXIII. Del resto… mucha, mucha gente… mucho, mucho calor y mucho timo, como siempre.

Si estoy vivo, volveré en el 2025 para hacer de voluntario. Aun no se me ha quitado el mono de mi experiencia del año 2000. Aun quedan sillas que arreglar en la Plaza de San Pedro y carritos de inválido que empujar.

roma 2016

 

 

Y yo con esta pinta.

El gazpachuelo-2

19 f, 16

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 20 de junio de 2016

m.montescleries@telefonica.net

 

EL GAZPACHUELO-2

 

Después de seguir tanto concurso de cocina en televisión, en el que se nos presenta unos platos minimalistas y complicados que nos dejan la cabeza caliente y la tripa fría, mi parienta y yo nos hemos enfrentado con un gazpachuelo que ha vuelto a poner las cosas en su sitio.

 

 

Dicen que los jóvenes tienen que vivir para sus proyectos y los mayores tenemos que vivir de los recuerdos. Efectivamente, no hay nada más placentero que evocar aquellos momentos en que te sentiste feliz. A veces el recuerdo suaviza las aristas y limpia de adherencias perniciosas lo recuperado en tu imaginación. Tan solo hay que ponerse a hablar de la mili o de los estudios, para que acuda a tu mente un torrente de buenos momentos, que, en su día, no lo fueron tanto. Hace años escribía un artículo similar a este. Por eso pongo el 2, pero es que merece la pena recrearse en lo vivido.

Mi buena noticia de hoy, como casi siempre es muy sencilla. He recuperado el gazpachuelo. Mi vuelta a la Axarquía me ha hecho volver a la añoranza. Inmediatamente mis papilas gustativas, y sobre todo, mi imaginación, se echa a volar; la escena de mi madre cincuentona, pegada al poyete de la cocina, sentada en una silla de anea, instrumentando una mayonesa con aceite que vertía desde la cáscara del huevo, mientras en el plato se realizaba el milagro de la aparición de una salsa creciente y cremosa, la posterior transformación dentro del cazo de una maravilla en forma de gazpachuelo con tropezones de gambas y de clara cuajada… Todo ello pasó en un instante por mi mente. No creía que aquello se repitiera. Pero una vez más… los miércoles, milagro.

El gazpachuelo de La Candelaria es glorioso. Se de muchos adictos que acuden cada semana en su búsqueda. Muchos sibaritas forjados en esplendidos restaurantes, se rinden al humilde cuenco que te ofrecen en dicho mesón. A mi me ha hecho recordar dos gazpachos que también se encuentran en los anales de mis papilas gustativas.  Se los voy a comentar a continuación.

El primero lo tomé en Almansa. Me invitaron a comer a un restaurante llamado “El Pincelín”. Nos ofrecieron unas entradas y un gazpacho. Yo, tan pánfilo como siempre pensé “nos van a arreglar con un gazpachito”. Nos sacaron una torta como una plaza de toros sobre la que volcaron una perola llena de carne de caza de varios tipos, verduras, pescado, de todo. Nos pusimos de grana y oro.

El otro, lo tomé en Antequera. Mi comadre tiró de dornillo, maja y cuchara de madera y nos hizo un gazpachuelo “vintage”. Glorioso. Por cierto mi comadre adereza su gazpachuelo con patatas fritas paja. Sublime.

 

Decididamente: barriga llena a Dios alaba. Dios se lo pague a Dios.

gazpachuelo 2

 

 

Foto “a pie de obra”

LA CORONACIÓN

16 f, 16

EL SEGMENTO DE PLATA

Por Manuel Montes  m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 16 de junio de 2016

LA CORONACIÓN

       No se puede negar que los malagueños saben organizar estos actos de una manera espléndida.

El pasado sábado presencié por una televisión local el acto de coronación de Nuestra Señora de la Soledad. Ciertamente no se puede hacer mejor. Cuidaron hasta el último detalle la liturgia, el escenario y los participantes. Miles de malagueños y de aspirantes a serlo se vistieron con sus mejores galas, civiles y militares, las damas con mantilla y los hombres con chaqué, como merecía el caso.

Posteriormente se celebró una procesión, un poco larga de recorrido, que desfiló por las calles de la ciudad con la misma expectación que cualquier Jueves Santo. Finalmente. la Imagen, ya coronada, volvió a su templo de la vieja parroquia de Santo Domingo, allá en los percheles.

La Iglesia concede la coronación canónica a aquellas imágenes marianas que son objeto de un culto y una devoción extraordinarios. Es decir a aquellas que lo solicitan. La verdad es que la mayoría de las Vírgenes malagueñas son merecedoras de este privilegio, dado el predicamento que tienen entre sus convecinos y visitantes.

Como siempre mi reflexión se dirige a la Y. ¿Y ahora, que pasa? La respuesta la recibí el pasado lunes. Asistí a un encuentro entre los diversos delegados de formación y caridad de las cofradías malagueñas. Descubrí que, gracias a Dios, las cofradías están tomando un rumbo cada día más evangélico. Sus hermanos se preocupan de lo estético, de lo procesional y de lo formativo y la cercanía a los hermanos necesitados.

Me parece un paso trascendental que debemos agradecer al Espíritu que sopla sobre esos, no siempre comprendidos por mí, cofrades que están dando unos pasos muy importantes en el camino de la Evangelización. Los de la decimoquinta estación. Jesús ha resucitado.

 

resurreción.

 

 

Paraiso

12 f, 16

LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

Málaga 13 de junio de 2016

EL PARAISO

 

                  Me gusta mucho viajar. Más que a Willy Fog y Marco Polo juntos. Lo he hecho en bicicleta, coche, autobús, barco, autocaravana, avión, carro de combate, a caballo, en camello, andando… menos en un crucero. Me parece una mariconada.

 

          Pero los años, ¡ay los años!, me han retirado de esta pasión. Sin embargo aun cuento con la posibilidad de pasar parte de mi vida en el paraíso. Un paraíso dotado de playa a cincuenta metros, restaurantes, tiendas, supermercados, autobuses, aeropuerto, puerto, ciudades grandes y pequeñas, bares de copas y merenderos playeros, silencio o ruido a elegir, etc.

 

En quince kilómetros a la redonda me puedo encontrar con viñedos y huertos de todo tipo, con montaña inexplorada y con mercadillos abigarrados. Y la mar. Me entienden en cualquier idioma y se puede comer bien desde ocho euros al infinito. Hay maestros del dominó y de la conversación. Viejos pescadores y fabricantes de embutidos caseros.

 

Soy un disfrutón de los viajes. De los paisanos y los paisajes. He estado en el Bronx o en los Campos Elíseos, en Atenas o Jerusalén, en la Fontana di Trevi o en la Catedral de Colonia, en Picadilly Circus o en las Ramblas. Pero aquí, a diez minutos, tengo el Centro de Málaga o  la Plaza de la Merced, lugares que no tienen nada que envidiar de ninguno de los emporios señalados.

 

Ya habrán adivinado cual es mi paraíso. Mi apartamentito en la Torre de Benagalbón, en la Costa del Sol oriental, con mi vecino el guiri, que cambió Scotland Yard por la paz malacitana y los gritos “domineros” de mi amigo “el Pinturas”.

 

Esto no está pagado con nada. Doy fe. Si me dejaran echar el copo, ya pasaría mi clasificación de paraíso a “el cielo”. Pero eso ya es demasiado. Como digo siempre… el Cielo tres días después de muerto y por la tarde. Mientras tanto esta es MI BUENA NOTICIA DE HOY.

 

Acabo de hacer esta foto desde mi ventana. Para que vean que no miento.

 rincon 16-3

       

                              

 

 

LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

Málaga 6 de junio de 2016

¡VAYA TELA DE NIÑO!

 

        Hay noticias que, dado lo lejano de su procedencia, leemos de pasada y no les damos más importancia. Pero la tienen.      

Esta información nos llegó desde el Japón. El pasado sábado, un tierno infante de siete añitos, después de agotar la paciencia de sus sufridos padres, fue abandonado en un bosque de una isla situada al norte del Japón. El bosque de marras se caracteriza por albergar en su seno osos salvajes entre otras monerías.

La determinación familiar se debió a la imposibilidad de controlar las habilidades como lanzador de piedras a vehículos, paseantes y familiares en concreto. Pensaron que si le dejaban solo durante cinco minutos se asustaría y volvería a ser un niño dócil, dúctil y maleable.

El tema se les fue de las manos. Cuando, arrepentidos, volvieron a recogerle, el jovencito había desaparecido entre la maleza. Se organizaron varios equipos de búsqueda que se fueron incrementando a medida que pasaron las horas y los días. Cazadores de la zona declararon haber visto rastro de deposiciones de osos salvajes, pero que todos se perdían debido a las fuertes lluvias caídas en la zona desde el pasado martes.

Los desesperados padres no cesaron en su empeño de buscar al niño y, finalmente, los doscientos voluntarios más los setenta y cinco miembros de las fuerzas armadas que rastreaban la zona, encontraron al niño sano y salvo. Lo descubrió el personal militar destacado en las inmediaciones de una cabaña construida como refugio para los cazadores de la zona. No había podido comer nada pero si había podido beber agua. “No presentaba ninguna lesión externa visible y él mismo se presentó como Yamato Tanooka”. El doctor que le examinó dictaminó que se encontraba en muy buenas condiciones pese al tiempo en que estuvo solo y perdido.

Ciertamente, a medida que pasaban los días, la noticia fue perdiendo relevancia a escala periodística, pero la buena noticia que nos llega hoy, es la aparición del niño en primer lugar, y milagrosamente, que también que los osos se encuentran bien, cosa que dudábamos dadas las “características” especiales del niñito en cuestión.

Los padres de Yamato y los ecologistas de la zona están hoy de celebración. Los osos del lugar han vuelto a aparecer una vez pasado el peligro.

 

¡Vaya tela de niño!

 

 

 

 

EL SEGMENTO DE PLATA

Por Manuel Montes  m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 2 de junio de 2016

UN REMANSO DE PAZ

Los mayores nos movemos mucho por los hospitales y centros de salud. Bien para visitarnos nosotros o para acompañar a alguna persona de nuestra quinta.

El paso por estos lugares casi nunca es agradable. Pero el buen trato que se recibe, las horas de tertulia que se pasan durante las esperas y la satisfacción con la que se sale una vez comprobado que tenemos una “mala salud de hierro” hacen muy llevaderas estas actividades.

Mi caso es distinto; padezco del “síndrome de las batas blancas”, que junto a mi eterna hipocondría, me hacen pasar un quinario cada vez que acudo a un hospital. Como me conozco suficientemente, me pongo un tratamiento. Comienzo con un ejercicio de mentalización que se basa en la eterna actitud positiva de mi mujer. Para ella todo tiene solución. Después, al entrar en el recinto hospitalario me encuentro con una marea de personas que, por agravio comparativo, están peor que yo. Finalmente, cuando llego a la puerta de la consulta me indican que me queda que sufrir una espera de una hora como mínimo. Casi he recuperado el pulso.

Entonces llega el mejor momento de la aventura. La búsqueda de un remanso de paz. No, no es un lugar para fumar ni la cafetería. Se trata de la capilla del centro. Un remanso de paz en medio del dolor y la enfermedad.

Lo experimenté la semana pasada. Además tuve suerte. Estaba en el Clínico para ver la forma de solucionar mi encogimiento de manos provocado por el síndrome de Dupuytren, que ya parece que tengo garfios en vez de manos. Tenía que esperar. Busqué la capilla y me encontré dos cosas muy agradables. Una amiga y una Eucaristía. Así que compartí dos Sacramentos, la Eucaristía y la amistad. Sin darme cuenta la capilla se había llenado de batas clínicas. En un cuarto de hora largo, lo que dura un cigarrillo, un montón de sanitarios, de enfermos y de visitantes nos encontramos con la paz y el amor de Dios en un oasis en medio de un tsunami.

Hay un movimiento, puesto en marcha por algunos que no tienen otra cosa que hacer, de intolerancia ante la existencia de esos pequeños remansos de paz en medio de los hospitales, la universidad o los aeropuertos. Hasta han prohibido que algunos médicos tengan un crucifijo o un cuadro de la Virgen en sus despachos. Se equivocan.

De todas formas es lo mismo. Siempre habrá un alma caritativa que acerque una pequeña imagen o una estampa a los lugares en los que se sufre. Allí donde Jesús se hace más presente.

Gracias a los que cuidan esa capilla del clínico y al celebrante, un venerable claretiano con muchos años y un aspecto de galán maduro de cine. Acabó deseándonos la paz y la fuerza desde una sonrisa cómplice. Salí del clínico mucho mejor que entré. Por cierto, no me pudo ver ningún facultativo.

capilla plaza de toros