Un remanso de paz

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EL SEGMENTO DE PLATA

Por Manuel Montes  m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 2 de junio de 2016

UN REMANSO DE PAZ

Los mayores nos movemos mucho por los hospitales y centros de salud. Bien para visitarnos nosotros o para acompañar a alguna persona de nuestra quinta.

El paso por estos lugares casi nunca es agradable. Pero el buen trato que se recibe, las horas de tertulia que se pasan durante las esperas y la satisfacción con la que se sale una vez comprobado que tenemos una “mala salud de hierro” hacen muy llevaderas estas actividades.

Mi caso es distinto; padezco del “síndrome de las batas blancas”, que junto a mi eterna hipocondría, me hacen pasar un quinario cada vez que acudo a un hospital. Como me conozco suficientemente, me pongo un tratamiento. Comienzo con un ejercicio de mentalización que se basa en la eterna actitud positiva de mi mujer. Para ella todo tiene solución. Después, al entrar en el recinto hospitalario me encuentro con una marea de personas que, por agravio comparativo, están peor que yo. Finalmente, cuando llego a la puerta de la consulta me indican que me queda que sufrir una espera de una hora como mínimo. Casi he recuperado el pulso.

Entonces llega el mejor momento de la aventura. La búsqueda de un remanso de paz. No, no es un lugar para fumar ni la cafetería. Se trata de la capilla del centro. Un remanso de paz en medio del dolor y la enfermedad.

Lo experimenté la semana pasada. Además tuve suerte. Estaba en el Clínico para ver la forma de solucionar mi encogimiento de manos provocado por el síndrome de Dupuytren, que ya parece que tengo garfios en vez de manos. Tenía que esperar. Busqué la capilla y me encontré dos cosas muy agradables. Una amiga y una Eucaristía. Así que compartí dos Sacramentos, la Eucaristía y la amistad. Sin darme cuenta la capilla se había llenado de batas clínicas. En un cuarto de hora largo, lo que dura un cigarrillo, un montón de sanitarios, de enfermos y de visitantes nos encontramos con la paz y el amor de Dios en un oasis en medio de un tsunami.

Hay un movimiento, puesto en marcha por algunos que no tienen otra cosa que hacer, de intolerancia ante la existencia de esos pequeños remansos de paz en medio de los hospitales, la universidad o los aeropuertos. Hasta han prohibido que algunos médicos tengan un crucifijo o un cuadro de la Virgen en sus despachos. Se equivocan.

De todas formas es lo mismo. Siempre habrá un alma caritativa que acerque una pequeña imagen o una estampa a los lugares en los que se sufre. Allí donde Jesús se hace más presente.

Gracias a los que cuidan esa capilla del clínico y al celebrante, un venerable claretiano con muchos años y un aspecto de galán maduro de cine. Acabó deseándonos la paz y la fuerza desde una sonrisa cómplice. Salí del clínico mucho mejor que entré. Por cierto, no me pudo ver ningún facultativo.

capilla plaza de toros

 

 

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