Tinto de verano

13 f, 16

mendigo y frio

EL SEGMENTO DE PLATA

Por Manuel Montes  m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 14 de julio de 2016

TINTO DE VERANO

   Parece fácil, pero es muy difícil hacerse con la atención de un auditorio, para después transmitirle un mensaje esperanzador. Todo ello en poco más de cinco minutos. Hace años me dijeron que esa cualidad se denominaba el carisma del kerigma.

Después de largar esta especie de palabrota, la traduzco para los no iniciados: Kerigma; proclamación jubilosa del Evangelio desde y con el ejemplo. El caso que lleva a mi comentario de este “segmento de plata”, se produjo el pasado sábado durante la celebración de la Eucaristía en el “colegio de la Marina”; en mi paraíso particular torrebenagalbense.

A lo largo de este mes está oficiando la misa un cura joven. Se presentó diciéndonos que era de Jalisco en el estado de Guadalajara (Méjico). Esta semana y desde detrás de una sonrisa cercana, con un lenguaje sencillo, inició su homilía hablándonos de su descubrimiento de una bebida refrescante: el tinto de verano. Es difícil que un originario del país del tequila y de bebidas fuertes valore el sabor del humilde tinto de verano. Pero a nuestro “Padrecito” le ha encantado.

Esta experiencia enológica le ha servido para comparar la actitud de muchos de nosotros con la sencilla y refrescante mezcla de tinto y limonada. En una palabra; aguamos el vino. Los cristianos rebajamos el sabor del evangelio con todo tipo de justificaciones. Nos quedamos en el taponazo, pero no damos paso a la conversión plena. En la homilía, que acompañó a la parábola del Buen Samaritano, el celebrante nos habló de nuestras posturas de no mojarnos y de ver pasar al que sufre desde el pasotismo o la indiferencia.

Decía el Papa Juan Pablo II que “el que no hace lo que tiene que hacer, aunque haga mucho, no hace nada. El que hace lo que tiene que hacer, aunque haga poco, lo hace todo”.

Ciertamente el vino del amor no puede estar aguado por el condicional y el peral. Haría… pero; me gustaría… pero. A lo mejor no tenemos que hacer muchas cosas, pero lo que hagamos lo tenemos que hacer bien.

Tenemos que dar las gracias a esos países del otro lado del Atlántico que nos están devolviendo el evangelio en forma de cristianos comprometidos y sin dobleces. Cristianos menos maleados por la rutina que los europeos, que todo lo echamos en velas y en boato, pasando al lado de los menos favorecidos mirándoles desde la prepotencia y la lejanía.

México lindo y querido. Menudo tipo nos habéis mandado. La labor de los franciscanos en Centroamérica no ha quedado en agua de borrajas. Nos ha enviado vino recio, puro, sencillo y muy fácil de entender. Un sencillo padrecito cuate que nos ha enseñado que no podemos rebajar el evangelio. Aunque a veces es duro.

 

 

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