La defensa del sacerdote

24 f, 16

EL SEGMENTO DE PLATA

Por Manuel Montes  m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 25 de agosto de 2016

LA DEFENSA DEL SACERDOTE

La gente de la calle tiene una tendencia ancestral a resaltar los defectos y a ocultar las virtudes de los curas.

 

Existe un morbo especial en transmitir sus errores, incluirlos en los chistes y meterlos a todos en el mismo cesto… si este es negativo. Sin embargo, cuando profundizas en el tema descubres que en la vida de casi todos nosotros, algún religioso ha sido determinante en la vocación profesional, la vida familiar o personal. Todos tenemos en nuestra mente aquel santo varón que nos acompañó y aconsejo o aquella monja que fue nuestra amiga más auténtica.

 

Yo, afortunadamente, he vivido siempre cerca de algún cura. Desde que a los once años mis padres me llevaron a la Congregación de los Estanislaos, en la residencia de los jesuitas malagueños, pasé después a los Luises y, poco antes de casarme participé de un Cursillo de Cristiandad.

 

En dicho Movimiento de Cursillos, en el que todavía colaboro, después de cuarenta y seis años, he tenido la oportunidad de conocer a todo el clero malagueño, muchos españoles y algunos foráneos. Me he encontrado con todo tipo de personalidades y formas de entender la vida y la religión. Pero con todos, repito, con todos he encontrado el punto de encuentro, mirar hacia Jesús en vez de mirarnos a nosotros.

 

He iniciado esta reflexión con una de las partes de un viejo rollo de Cursillos ya desaparecido, se trataba de la defensa del sacerdote. En un momento determinado, uno de los seglares que dirigían el cursillo hacía una defensa documentada ante el ataque feroz de la sociedad ante el clero.

 

Creo que no es necesario defenderlos. Tan solo decir la verdad. “Por sus hechos los conoceréis”. He convivido con algunos “petardos” –entre los cuales, a veces, me incluyo- y disfrutado de la amistad de muchos, muchos, sacerdotes y obispos excelentes. No voy ahora a redactar la nómina de los mismos. Están en el pensamiento y el corazón de sus feligreses, pero voy a resaltar el último fallecido: Alfonso Fernández Casamayor, un cura de mi quinta -tengo quince días más que él- con quién tenía amistad y cercanía. Comentaba mis escritos y me apoyaba en cualquier trabajo profesional que tuviera que hacer en la Catedral. Le he hecho varias entrevistas para la tele, la última, estas Navidades pasadas con motivo de la instalación del Belén en el atrio del templo catedralicio y en ellas ha transmitido evangelio puro.

 

Ayer me llamaba un ex alto ejecutivo de una entidad bancaria, poco religioso, por cierto. Me comentaba como le había impactado su relación “comercial”  que se había convertido en personal con D. Alfonso y cuanto sentía su fallecimiento.

 

No me enrollo más. Con curas como los que he convivido creo que es innecesaria la “defensa del sacerdote”. La gran mayoría de ellos no se jubilan y mueren con el evangelio en su vida.

 

esperanza

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