Entrar al trapo

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EL SEGMENTO DE PLATA

Por Manuel Montes  m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 3 de noviembre de 2016

ENTRAR AL TRAPO

 

No podemos entrar al trapo. Sería ponernos a la altura de los enanos, intelectuales y políticos, que proliferan en los tiempos revueltos.

 

A partir de ahora me hago seguidor de las ideas –claras y sencillas- de una modesta diputada canaria,; Ana Oramas. En su intervención en el transcurso del debate de investidura del pasado sábado, en un solo minuto, dijo cosas mucho más importantes y liberadoras que el resto de los comparecientes a lo largo de horas y horas. Me hice cargo de como será su vida parlamentaria en medio de un grupo mixto lleno de rencor, odio e individuos vociferantes y embusteros. Lleva toda la razón. En esa selva, si uno no muere, se endurece para siempre.

 

Personalmente, como a la mayoría de los españoles, me entró ganas de entrar al trapo y decirle a alguno de los intervinientes en el debate lo que sentía en el momento ante tal sarta de embustes que herían a mis padres, a todos los españoles, los andaluces y, concretamente, a mi mismo. Eso sería lo fácil. Con ello volveríamos a los tiempos, ya pasados, de revanchismo y de odio ancestral.

 

Una vez más, el Papa Francisco por un lado, y los representantes de las diversas confesiones religiosas de nuestra ciudad, por el otro, nos han dado ejemplo de amor y de comprensión. Francisco reconoció las virtudes, que las tenía, de Lutero y aquellos que debido a su situación geográfica, política, económica o espiritual, tomaron una opción evangélica con matices que le apartaron de la Iglesia Católica. Es tan importante lo que nos une –Jesucristo- que en lo que discrepamos, que es superable.

 

La noticia de la reunión en Málaga para orar de los representantes de las religiones hinduista, judía, musulmana, budista y cristiana me hace pensar en que el Dios Padre está por encima de todos y nos da, una vez más, un mundo de paz basado en el respeto y el amor, en contra de lo que se desprende de algunos tipos impresentables. El odio y el rencor de los rufianes no pueden superar la buena voluntad del resto de los españoles.

francisco-y-los-luteranos     

 

 

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