Virgencita, déjame como estoy

5 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries                    m.montescleries@telefonica.net

                       Málaga cinco de enero de 2017

¡Virgencita; que me quede como estoy!

     Cuando se está en el otoño (casi invierno) de la vida, los anhelos y las perspectivas varían de una forma extraordinaria.

 

Al comienzo de año se suele hacer balance. De lo vivido y del porvenir. Yo lo he hecho desde siempre, pero no el 1 de enero, sino el 28 de diciembre. Hasta hoy la inocentada la he superado de forma positiva. El análisis de mi situación personal, en lo familiar, lo laboral y lo económico, siempre ha cumplido mis previsiones. He vivido, bien e intensamente, he descubierto situaciones y posibilidades nuevas, he ayudado en lo que he podido y no he hecho daño a nadie conscientemente. Cada principio de año he pedido al siguiente que se cumplieran mis aspiraciones, que nunca han sido excesivas.

 

Este año he sentido una sensación extraña. La de haber llegado a la meta. Ya no aspiro a más. Me conformo y agradezco lo que tengo. Vivo en una casa confortable rodeado de más de cuarenta parientes cercanos; tengo un vehiculo y capacidad para moverme con dignidad; amigos y conocimientos que compartir con ellos; tiempo para dedicar a los míos y a los demás; una fe pobre –tipo carbonerillo- que me permite conectar con la Verdad; ganas de vivir y de aprender… ¿que me puede faltar?

 

Por eso hoy me he acordado del viejo chiste del que se precipitaba por una cuesta en Lourdes velozmente a bordo de un carrito: ¡Virgencita, déjame como estoy! Me apropio de la frase. Tengo tarea suficiente para los años, pocos o muchos, que me queden de vida y medios para realizarla. Mi gente me entiende, me apoya y aguanta mis locuras. Así que propongo a mis lectores pertenecientes al “segmento de plata” y a los que no lo son, que asuman la realidad. Somos unos privilegiados que vivimos con un clima extraordinario, en una ciudad maravillosa y en paz –si nos dejan los malasombras que se empeñan en amargarnos la vida con la excusa de salvarnos-.

¡Ah! y disfruto de media hora de radio semanal en la que servir de voz a los que no disponen de ella. Y una decena de alumnos especiales que me hacen ser feliz.

 

Todos tenemos un maravilloso metro cuadrado a nuestro alrededor que nos permite vivir como reyes y dedicarnos un poquito a los demás. Si encima damos de lo que nos gusta… no de lo que nos sobra, miel sobre hojuelas.

 

dejame-como-estoy

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