La segunda comunión

27 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 27 de abril de 2017

LA SEGUNDA COMUNIÓN

 

      Estamos en fechas de “comuniones”. Miles de niños y niñas de alrededor de diez años van a culminar un proceso de preparación de tres cursos con la celebración llena de pompa y boato de su “PRIMERA COMUNIÓN”.

 

      Hasta aquí un hecho que se ha venido produciendo desde siempre en nuestra católica España. Los tiempos y las edades para recibirla han fluctuado de acuerdo con los criterios, algunas veces caprichosos, de los cerebros pensantes de la jerarquía eclesiástica. Al tratarse de varios entes protagonistas, se suceden las disparidades de opiniones y  posturas, a veces radicales, de algunos de ellos.

 

Se trata de buscar lo mejor para el comulgante, sus padres, los invitados, el celebrante y el trabajo, ímprobo y no demasiado valorado, del catequista. Al final, se llega a una celebración digna en lo religioso y, posiblemente, excesiva en lo folklórico. Celebraciones, gastos y regalos desorbitados, pueden desvirtuar el sentido del Sacramento, lo que lleva a solicitar, con escaso éxito, la “comunión civil”, basándose por parte de los padres, en su ateismo y por la de los niños, en que se trata de una fiesta “con payasos”.

 

Pero hoy me agradaría detenerme en el “día después”. Ese domingo siguiente, el otro, el otro, etc. Estimo que ese es un tema que compete más a los padres que a los neo comulgantes. Si los padres no acuden a los Sacramentos con regularidad, difícilmente podrán conseguir que vayan solos niños de diez años. A los niños nos los educamos. Nos imitan. 

 

Hace días en una conversación que mantuve con unos veinteañeros, estos echaban en cara a sus padres el que les hubieran metido en el lío de la Iglesia en la que unos y otros no creían. Les puse un burdo ejemplo. El de esos forofos de un club de futbol que hacen socios a sus hijos antes de inscribirlos en el Registro Civil. Si después no van con ellos a los partidos, menudos tifosi más birrias.

 

Hagamos un esfuerzo, los padres o los abuelos, por seguir el trabajo denodado y poco agradecido de los catequistas que se preocupan de cimentar una fe que se adquiere en el Bautizo, se refuerza en la Confirmación y se vive en la Eucaristía. No los dejemos con el trajecito de comunión y la fiesta hasta que vuelvan a “sufrir” la catequesis matrimonial. Propiciemos la segunda comunión… y las siguientes.

 

 

 

 

 

   

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