Juventud, divino tesoro

25 f, 17

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 25 de mayo de 2017

JUVENTUD, DIVINO TESORO

 

     Esta semana he tenido la oportunidad de coincidir con jóvenes en varias ocasiones. Como casi siempre que me encuentro con cualquier colectivo, en este caso los “teenagers”, me han impresionado muy favorablemente.

 

El ser joven es un privilegio escasamente apreciado por el que goza del mismo. A muchos de ellos les parece una especie de cuarentena que hay que pasar lo más pronto posible para acceder a lo que ellos estiman que son los beneficios de la madurez. ¡Qué gran error! En mi opinión  hay que estrujar al completo las posibilidades de cada etapa de la vida que, desgraciadamente, ya no volverá a disfrutarse.

 

Volviendo a mis encuentros, estos han sido tres. El primero el pasado sábado. Me pidieron que impartiera un taller de comunicación y periodismo a tres grupos de chavales provenientes de distintos estamentos de la Diócesis de Málaga. A todos les presenté las virtudes y defectos de los medios de comunicación y los comunicadores, así como la sinergia desarrollada por los medios de difusión de la diócesis malacitana. Finalmente, les pedí redactaran una noticia sobre lo sucedido a lo largo de aquella mañana. El resultado fue esperanzador, chavales de ambos sexos, de 14 a 18 años, provenientes de colegios públicos y confesionales, de parroquias y movimientos, captaron rápidamente los beneficios que pueden reportar el uso de los medios para la evangelización moderna, que no es más que la continuación de la transmisión del mensaje, en principio realizada a través de los evangelios, los hechos de los apóstoles y los escritos de la Iglesia en general. Esta nueva singladura consiste es una especie de transmisión oral y visual, tal como la realizada desde siempre, pero aprovechando los medios de comunicación de ahora. Una buena experiencia.

 

El martes tuve mi clase habitual con mis alumnos empeñados en acceder a un puesto en la administración compatible con sus dificultades físicas o mentales. Un colectivo lleno de esperanza, voluntad y ganas de ser miembros activos y útiles de nuestra sociedad. Otra maravilla. No le tienen miedo a nada.

 

Finalmente he estado ayudando a  seleccionar candidatos a trabajar en una empresa de comidas rápidas. Hemos entrevistado a dos docenas de jóvenes de 18 a 30 años, provenientes de las zonas más deprimidas económicamente de Málaga. Unas vidas llenas de carencias y dificultades pero plenas de ilusión y ganas de trabajar. Unas vidas recorridas a demasiada velocidad y dentro de un ambiente hostil. Me han impresionado por su decisión, su compromiso con la vida y sus ganas de sacar la cabeza de un hábitat determinado por sus circunstancias. Un compendio de situaciones difíciles y de esperanzas. Cuanto bien podríamos hacer formando a estos jóvenes (en eso estamos), creando empleo para ellos y saliéndonos de las subvenciones y la “buena voluntad” para llegar a la justicia y las igualdad.

 

A poco que pongamos de nuestra parte, el futuro será prometedor para estas generaciones que vienen con fuerza. Tres grupos muy diferentes. Que piensan más en el ser que en el tener. Que con nuestra ayuda pueden crear un mundo mejor.

 

 

 

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