La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  31 de julio de 2017

 

Una malagueña en Cincinnati

           Recibo de vez en cuando noticias de una chica malagueña que, como tantos otros, tuvo que abandonar nuestro país en busca de un lugar donde desarrollar su talento.

 

La conocí a través de su madre, una extremeña conquistadora y valiente. Pasaban una etapa, que ya duraba demasiado, de dificultades económicas llevadas con dignidad y sin perder la compostura. Tres hijos en edad de formación y una búsqueda de recursos a base de remangarse y meterle mano a lo que fuera.

 

Nuestra protagonista de la buena noticia de hoy tenía apenas dieciocho años y era lista como el hambre. Se la recomendé a unos comerciantes amigos y a los pocos días ya había recorrido varios puestos en escala ascendente. Finalmente, y cuando ya estaba encargada de la gestión de una de las empresas decidió coger los bártulos y cruzar el charco.

 

No se como lo consiguió, pero me lo imagino. Aterrizó en Cincinnati en el estado de Ohio norteamericano y se puso a estudiar y a trabajar. Carrera universitaria brillante, la boda en España durante una corta escapada con su “americano” G (celebrada por todos sus amigos en el inolvidable Miguelito “el cariñoso”, lleno de banderines de USA y España) y de nuevo a luchar hasta el momento actual.

 

Su vida, amén de ser madre de familia, le ha permitido obtener una licenciatura en psicología, cursos postgrado, trabajar en un banco en el área de mercados emergentes, en especial la estrategia en mercados hispanos, campañas de marketing en español, conseguir que en todo el estado de Ohio se pudiera elegir la opción en castellano en los cajeros y en las páginas Web. Conferencias sobre estrategias en los mercados emergentes, etc. Finalmente, obtener una plaza de profesora de estrategia comercial en la Universidad de Cincinnati.

 

Hasta aquí, a grandes rasgos, una historia como tantas otras, llena de esfuerzo, de lucha y de triunfo. Otra forma de exportar España. Otra forma de servir de ejemplo de “supervivencia” sin salir en la tele ni recurrir a la exhibición y el insulto.

 

Hoy, en mi buena noticia, he querido presentar a mi buena amiga G.N.T. y a su madre R.T. Hoy están juntas en Cincinnati, pero muy pronto esa abuela coraje se encontrará de nuevo en Málaga para ser un ejemplo callado de mujer, de esposa, de hermana, de madre, de abuela y, para mí especialmente, de amiga; R, la que se pone los pantalones de cuadros cuando es necesario. Por cierto, son tan sencillas que se niegan a que ponga sus nombres completos. Pero toda la gente de mi alrededor las conoce muy bien. Enhorabuena.

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 27 de julio de 2017

LAS CHICAS DE ORO

       Soy un gran aficionado al cine. Disfruto muchísimo con el cine español; especialmente el de la postguerra incivil.

 

Me trago todas las películas de la 2 de las 10 de la noche. Su visión me permite observar, no sin asombro, la velocidad endiablada con la que han cambiado los tiempos y las costumbres de nuestra vieja España.

 

Hoy me voy a detener en los mayores, especialmente en esas mujeres de “cierta edad” que me recuerdan a mi abuela, allá por los años cincuenta, sentada en una silla de anea, en aquél largo pasillo de nuestra casa perchelera, ataviada de negro riguroso, con un coquillo blanco y un niño o una labor de croché en las manos.

 

Nunca la vi salir a la calle, ni de visita tan siquiera. Así vivían nuestras mayores. Cuando se quedaban viudas solo les quedaba el templo o la casa. Posteriormente, allá por finales de los 90, aparecieron en nuestras teles cuatro señoras mayores (unas más que otras), que escandalizaron a nuestros estamentos. Se trata de las protagonistas de la comedia de situación “Las chicas de oro”. Eran cuatro mujeres de características bastante bien definidas. Tres viudas y una divorciada con muchas ganas de vivir. Ropas modernas, novios, entradas y salidas, copas, etc.

 

Me he acordado de ellas mirando a mi alrededor; dada mi edad, estoy rodeado de mujeres talluditas, que se visten muy bien, se arreglan, salen a cenar, teatros, conciertos… En mi periplo teatral, tenemos en nuestra compañía una señora de más de ochenta años, la insuperable Cloti, así como varias que son de casi de mi quinta. En la playa cada vez observo más caminantes rápidas y bañistas temerarias con los años en que otrora se retiraban a un rincón de las casas o a una mesa de camilla perenne.

 

Ya hace varios años hice un estudio para la universidad sobre los mayores malagueños. Descubrí que no paran. Viajan, cantan, escriben, bailan, se enamoran, juegan, hacen todo tipo de ejercicio y deportes. La leche. Por eso proclamo que me encanta el “segmento de plata”, al que pertenezco; especialmente al de las mujeres, que han evolucionado más y más aprisa que los hombres.

 

Lo cual no es óbice ni cortapisa para que sigan asistiendo a los templos y recordando a sus fallecidos, pero sin un excesivo culto a la muerte y al recuerdo. El cristianismo es una religión de vivos. De vivos felices a cualquier edad.

 

Un “mitá”

23 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  24 de julio de 2017

 

UN “MITÁ”

           Hace años me encontraba en la bella ciudad de Santa Pau (Gerona), cerca del Pirineo catalán. Entré en un bar a desayunar y pedí automáticamente “un mitad” y un “pitufo catalana”.

 

El camarero me miro con cara de extrañeza y me volvió a preguntar. ¿Qué bols? O algo por el estilo. Le contesté que un mitad y un bollito pequeño con aceite,  tomate y jamón. Se fue con el “careto” puesto y al rato me trajo el bollito a la catalana y ¡un bitter kas! ¡Si le llego a pedir “tejeringos” llama a los mozos de escuadra!

 

Descubrí que en el resto de España no nos entienden. Con lo fácil que es hablar en malagueño. Por eso me parece una buena noticia la presencia de cuatro universitarios malagueños que se presentaron en el programa de Antena 3: BOOM para propagar dicho lenguaje. Su nombre de guerra: “aliquindoi”.

 

No ganaron. Se presentaron contra cuatro profesionales de los concursos televisivos con más mili que Cascorro. Pero dejaron bien alto el pabellón. Hablaron de “chorrarse y chorraera”, mejor que windsurf y otras americanadas. Sus contrincantes se quedaron “aciguataos”; como si les hubieran dado una “capuana” o castigado con un “gazpacho” en el “paderón der puente”.

 

Los malagueños, “ennortaos”, se dijeron: “amonos que nos vamos a mohar”, estos “notas” nos “van a engorilar”, pero no quedemos como unos “merdellones” ni unos “maharas”. Así que menos “mamoneo” que estamos hasta los “mismísimos” de estos “mangurrinos”. Este concurso no es jugar al “poli-ladro”, ni quedar como unos “alobaos” ante estos “conveníos”. Así que vendremos otra vez que “encarte”…  “Chicuis humo”.

 

Se marcharon “to” felices y contentos a tomarse un “sequipedro” con una “ligerita” de tapa. Satisfechos de haber reivindicado nuestro lenguaje. A mí, criado en calle Mármoles, entre el Perchel y la Trinidad, estos estudiantes malagueños me han rejuvenecido y llevado al lenguaje de la calle malagueña que se debe conservar. Una buena noticia.

 

                

 

 

 

El hijo

20 f, 17

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 20 de julio de 2017

EL HIJO

        Los telediarios están llenos de malas noticias. Los programas que se cubren bajo el nombre general de “realitys” reflejan cada día lo peor de nuestra sociedad.

 

Por ello me he empeñado, con más voluntad que éxito, en resaltar las circunstancias agradables y edificantes con las que me voy encontrando a lo largo de mí deambular por el mundo. Hoy les voy a hablar de un hijo.

 

Es vecino mío, cuarentón largo, vive solo con su madre, viuda desde hace años cuya mente anda flotando entre la demencia senil y el Alzheimer. Se trata de una familia que no tiene hijas. Un póquer de varones con muchas obligaciones, que han delegado en el que es objeto de mi atención, que está soltero,  para que cuide de la madre.

 

Desde mi atalaya puedo otear sus movimientos medidos. El mimo con el que, al atardecer, la lleva a la playa y la sienta en un banco durante un buen rato. Cómo, posteriormente, la instala en la puerta de su casa y le pone una mesita con la cena. A eso de las diez de la noche, la lleva hacia adentro, le enciende la televisión a todo trapo y así, un día tras otro.

 

Gente corriente… o no. El otro día se armó un alboroto con la llegada a su casa de un par de ambulancias llenas de sanitarios ataviados con monos rojos. La madre había tenido un desmayo. Reanimación, cuidados adecuados y a seguir la rutina. El hijo me miró con una sonrisa agradecida mientras levantaba el pulgar como signo de éxito. Gente corriente. De la que no va a Telecinco a vivir de sus vergüenzas.

 

Decía el Papa Francisco: “Un pueblo que no custodia a los abuelos, un pueblo que no respeta a los abuelos, no tiene futuro, porque no tiene memoria, ha perdido la memoria”.  “Los que cuidan a los mayores con amor, colaboran al bien de la sociedad”. “No podemos pasar por alto en felicitar a todas las personas que realizan una honorable labor en dedicarse al cuidado de los ancianos en todos los ambientes, sea en sus hogares, casas de retiros u hospitales”.

 

      Nada más que añadir. Voto a mi vecino Jorge para hijo del año.

 

 

La vía

16 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  17 de julio de 2017

 

LA VÍA

           Este es un término utilizado solamente por los naturales de esta zona y por aquellos que nos sentimos orgullosos de vivir en ella desde hace años.

 

Ese nombre le viene de aquellos años en que un viejo tren “de humo”, primero y un desvencijado automotor: “la cochinita” o “el pancho López, chiquito pero matón”, después, que de ambas formas era denominado, cruzaban la costa oriental malacitana camino de los altos de la axarquía adonde llegaba renqueante y enganchado a una cremallera que le depositaba en Ventas de Zafarraya.

 

La vía, por la que avanzaba con lentitud, partía de la estación sita en el puerto y continuaba delimitando la zona marítimo-terrestre hasta Torre del Mar, donde se adentraba por el interior, al otro lado de la carretera. A partir de 1968, fecha de clausura de la línea, dicha vía se convirtió en calle o carreterilla al principio y en paseo marítimo asfaltado o terrizo más tarde.

 

La vía es mi gimnasio. Mi ruta de marcha matutina se desarrolla en la torre de Benatgalbón, en la zona que va desde el arroyo de Granadillas (“puente romano”) hasta el cruce de Añoreta (antiguamente “casa Amalia”). Son tres kilómetros de un camino sin asfaltar ni urbanizar, polvoriento a veces, que recorremos a diario cientos de personas que pretendemos mantener un poco la forma y la dignidad que nos quitan el tinto de verano y los espetos de sardinas. Nos conocemos y respetamos casi todos y nos echamos de menos si nos perdemos de vista durante varios días.

 

La paz y la tranquilidad la rompen algunos ciclistas que creen que el Tour pasa por el arroyo de Benagalbón o corredores escapados del maratón de Nueva York. Algunos de ellos, dada su escasa preparación acaban en urgencias con esguinces, taquicardias y dolamas varias que les apartan de las exhibiciones por cierto tiempo.

 

Los recalcitrantes como yo disfrutamos del paseo a trote cochinero, sudamos como pollos y nos damos el primer baño, a las nueve de la mañana, que nos sabe a gloria. Un servidor de ustedes, que es bastante rezón, aprovecha la mitad del camino para desgranar, de forma un tanto rutinaria, las oraciones de la mañana a la ida y la vuelta, para disfrutar del paisaje e inventarme historias relacionadas con cuanto veo.

 

Por allí contemplamos a los coquineros, arrastrando sus rastrillos por el “banco”, con el que recogen esas coquinas que antiguamente extraíamos los niños simplemente arrastrando los pies por el fondo marino; los pescadores de caña, quejándose de la mala suerte que le ha hecho perder la captura soñada; las parejas de segunda vuelta, recuperándose de una noche de copas, promesas y algo más, que les ha llevado a la realidad del día a día y a tantas y tantas familias disfrazadas de diversas maneras; una “mujer orquesta”, que hace equilibrios para correr empujando un cochecito del que asoman los pies de un bebé, se sujeta con una mano el sombrero y con la otra empuja el carrito e intenta controlar un perro empeñado en regar las piedras del camino. Todo este mundillo pone en marcha mi imaginación mientras el baño marítimo y la ducha fresquita dan paso a la “rebaná” de pan, tan grande como la suela de la zapatilla del pívot de los Laikers, mojada en ese aceite oscuro y sabroso que te transporta a aquél molino jiennense de tu infancia.

 

¡Qué no me urbanicen la vía! ¡Virgencita, déjame como estoy! Mi vecino y amigo Clide, el policía de Scotland Yark jubilado y yo, seguiremos disfrutando de la mar en primera fila, sin terrazas ni establecimientos que nos impidan disfrutar de la vida primitiva. ¡La vía, ay, la vía! La vía nos da la vida. Es una buena, una excelente noticia para los que la disfrutamos. Chisss… no corráis la voz.

 

antes y ahora

 

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 13 de julio de 2017

MANSOS, NO MENSOS

        Cuando al comienzo de la Eucaristía dominical a la que acudo cada semana escucho la frase: “el Señor esté con ustedes” me siento feliz.

 

Es un indicio claro de que algún sacerdote de allende los mares se ha incorporado a nuestra comunidad para cubrir las vacaciones de los prestes titulares. Los curas hispanos “importados” son muy especiales desde el principio de la celebración. Comienzan diciendo: “el Señor esté con ustedes”. Después una misa gozosa. Se puede observar el cuidado y la unción con los que se preocupan de los cánticos, la liturgia en general y, sobre todo, de la homilía.

 

La suelen preparar con parábolas de su tierra y referencias a lo más sencillo de su país. El pasado sábado hablaba de los mansos u pronunció la frase: “hay que ser mansos, no mensos”. La frase requería explicación. Y el celebrante nos la dio. La palabra menso es de uso corriente en México, la tierra de nuestro cura, pero poco pronunciada en España. Me recordó a ese gran actor, muy admirado por mí, que fue Mario Moreno “Cantinflas” que en su película “El padrecito”, de 1974, hace bastantes referencias a este adjetivo que, como recalcó el celebrante, no es despreciativo; significa estar “un poco despistado”.

 

En la vida del cristiano nos toca muchas veces hacernos el “menso”; lo que es otra forma de poner la otra mejilla. Pero una cosa es hacerse y otra ser. Cándidos como palomas y astutos como serpientes. Por eso los mansos entrarán en el Reino de los Cielos no por ser tontos (mensos), sino por “sufrir con paciencia las flaquezas de nuestro prójimo”. O prójima. Que hay que ser “políticamente correcto”.

 

Bienvenidos esos curas que traen aire fresco de las Américas. Gozan de un lenguaje muy llano y poco rebuscado y menos lugares comunes que nuestros sacerdotes agobiados durante el verano por un  montón de celebraciones que les llevan a veces a caer en la rutina.

 

El año pasado aprendí a decir “cobijita” (mantita). Este año el cura mejicano me ha hecho recordar a mi admirado “Cantinflas” que en “el padrecito” decía verdades como puños. Hay que ser “manso, no menso”.

 

 

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  10 de julio de 2017

 

WEDDING PLANNER (O MANAGER)

           Se ha puesto de moda; que le vamos a hacer. Yo pensaba que después de las casamenteras del “violinista en el tejado” y dada la escasa propensión al matrimonio de las generaciones actuales, dicho trabajo había pasado a la noche de los sueños.

 

Nada de eso, cada vez hay menos bodas “por la iglesia”, pero proliferan los casorios “por lo civil”, “por lo criminal”, o juramentándose ante el director de la banda del pueblo. Lo importante es la celebración. Y ahí entran los personajes, oficios y dedicaciones que se recogen bajo el paraguas de la denominación que da título a esta buena noticia.

 

La chispa luminosa se asomó a mi mente el pasado viernes al anochecer. Como si de un hongo se tratase, apareció en medio de la playa una pequeña carpa que amparaba a una familia vestida de blanco. Todos se fotografiaban bajo la escasa luz reinante. En la mezcolanza humana no se distinguían bien los contrayentes. Gritaron los vivas correspondientes y se comieron y bebieron el manso hasta altas horas. Me pareció unas boda.

 

Sé, porque lo he intentado explicar muchas veces, que una boda es un contrato con dos protagonistas principales –los contrayentes- y un testigo cualificado. Este puede ser representante de la Iglesia (Sacramento del matrimonio), de la comunidad civil, un miembro destacado de otras religiones o creencias, un jefe Papúa o un patriarca gitano, entre otros. Todos ellos dan fe del suceso. La comunidad lo disfruta y propaga la noticia. Además hay una ceremonia previa que también goza de un gran predicamento: la petición de mano a la americana y con cámaras por medio. Puede ser en un partido de futbol, una corrida de toros, un concierto o la maratón de Alfarnate. El caso es ponerse de rodillas, hacer el “ridi” y entregar un anillo.

 

Cuando yo me casé, allá por los tiempos de Maricastaña, esa labor de preparación de la boda la realizaban los contrayentes y consistía en: enseñar la casa, poner una lista de boda, invitar a los familiares y amigos, contratar el templo y las flores, buscar al celebrante amigo, vestirse ambos de forma tradicional, celebrar los esponsales y llevarse a los invitados a un restaurante a fin de agotar las últimas pesetas que te quedaban.

 

Posteriormente he tenido la suerte de seguir asistiendo a muchas bodas. Con más implicación en la de mis ocho hijos. El festorro ha ido in crescendo. La primera y la segunda de ellas fue muy parecida a la nuestra; la tercera con chaqués y tracas en la puerta; la cuarta con una celebración en medio de una especie de selva. Etc., etc.

 

De ahí en adelante innovaciones hasta llegar a la última; drones volando por encima de los participantes, caminos de antorchas, bailes “populares” a toque de corneta por las distintas mesas… El acabose. Una autentica preciosidad en medio de una batalla provocada por el famoso manager que no nos dejaba tranquilos. Al final, a las tantas, llega la liberación del chaqué, del chaleco y de la corbata.

 

Menos mal que no me quedan hijos por casar. Si no, podría morir en el empeño. Pero no hay mal que por bien no venga. He disfrutado de las ocho como de la primera. El grupo familiar ha ido progresando. La foto ya es panorámica, pero las bodas son siempre una BUENA NOTICIA.

 

Ya sea en un templo, en la calle, en el campo o en la playa, siempre habrá una pareja feliz que disfrute junto a los suyos del día más bonito de su vida. Después vendrá el proyecto común o las dificultades. Pero con wedding planners o sin él, los planes de vida los tendrán que diseñar día a día. Suerte para todos. La forma es importante, pero el fondo: “mirar ambos en la misma dirección” es lo esencial.

 

Mi hija María del Mar y sus padres.

Aberasturi

6 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 6 de julio de 2017

ABERASTURI

        Soy seguidor desde hace años de este extraordinario periodista todoterreno. Ha tocado todos los palos de la información, pero en el que más ha destacado, según mi opinión,  ha sido en la radio.

 

        En ella, su extraordinaria voz, su excelente dicción y, sobre todo, la poesía que llevan implícitos todos sus comentarios, han permitido que participara y dirigiera con éxito diversos programas. Ha pasado por todas las grandes emisoras de radio, distintas cadenas de televisión y varias redacciones de diarios de tirada nacional. Pero yo me sigo quedando con sus intervenciones a modo de contrapunto que ha realizado, y sigue realizando como segundo de a bordo de distintos espacios radiofónicos. En la actualidad ejerce su oficio en Radio Nacional en los programas de fin de semana emitidos bajo el título de “no es un día cualquiera” con Pepa Fernández.

 

      Desde siempre se han traslucido en sus intervenciones un poso de amargura motivado por su situación familiar. Había hablado en ocasiones de ella, pero ha sido mucho más explicito en su intervención en el programa de Risto Mejide: “All you need is love… o no”, comentando su libro: “Como explicarte el mundo”, donde narra el drama de su vida al lado de su hijo nacido con parálisis cerebral.

 

El presentador Mejide trataba de profundizar en el dolor de Aberasturi y, de hecho lo consiguió. En las palabras de Aberasturi se reflejaba la ausencia de justificación del porqué de la enfermedad de su hijo, llegando a manifestar que en diversas ocasiones pensó en que no debería de continuar viviendo. Su búsqueda infructuosa del Dios de la razón no le permite su encuentro con la razón de vivir de ese muchacho que ha estado en muchas ocasiones al borde de la muerte y que se aferra a la vida amparándose en el amor de sus padres o su hermano.

 

Su vida es una constante pregunta que da significado a su situación de tristeza y desesperación. ¿Porqué a mi? Una incógnita que no tiene respuesta desde la ausencia de la fe. Andrés se mueve en el mundo del agnosticismo, pese a su formación familiar y cultural dentro de un mundo cristiano.

 

Si no contamos con la mínima fe en la vida eterna, seguiremos sin entender como podemos vivir en una sociedad llena de hambre, guerras, enfermedades y mala leche. Hace años me decía alguien una frase que quedó grabada en mi mente: “Dios creó el mundo y se lo alquila a los valientes”. Hay que ser muy valiente para afrontar la realidad de cada día. Sobre todo cuanto te toca a ti la de arena.

 

Lo que si me consta, porque lo vivo cada día, es que muchos de esos “renglones torcidos de Dios” son la felicidad, el estímulo y el motivo para vivir de muchas familias que han sabido enfocar con valentía los avatares de una vida que, casi siempre, se desarrolla en un valle de lágrimas.

 

Seguiré escuchando a Aberasturi. Él intuye la luz. A la pregunta, lógica por otra parte, del presentador: “¿qué será de su hijo cuando faltes tú?, contestó con gran lucidez: “¿qué será de mí si faltara él?

 

     El padre Dios no les abandonará a ninguno de los dos. Estoy seguro.  Rezo por Andrés Aberasturi y su hijo.

 

 

(Foto diario el Mundo)

 

             

        

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  3 de julio de 2017

Ya está el copo lleno

 

Por desgracia no me puedo referir a aquella especie de velo negro que traía prendido en su fondo pececitos de plata en forma de chanquetes o de boqueroncitos de “alba” o de “prima”.

 

         Esos copos de los años setenta, en los que humildemente aportaba mi técnica y experiencia como marengo de tralla, se perdieron en la noche de los tiempos. Hoy me refiero a la llegada de los vecinos a los apartamentos que me rodean en mi paraíso veraniego.

 

Cuando nos volvemos a ver nos engañamos mintiendo como bellacos al expresar la admiración por lo bien que estamos. La verdad es que nos encontramos un año más viejos, con más achaques y sufriendo por la ausencia de alguno que se ha quedado por el camino de un invierno más.

 

La buena noticia es que estamos aquí de nuevo. En mi familia con dos niñas más y otro en camino. Los vecinos con niños que se hacen mayores y mayores que disfrutan de la jubilación. En la playa hordas de bañistas (domingueros o no) que gozan de un vehiculo, sombrillas, barbacoas y cacharros de todo tipo que despliegan junto a la mar mediterránea.

 

Nada de aquél tren de humo de mi infancia, los merenderos a los que se llevaba la comida y la vuelta andando desde la estación del puerto hasta la lejana casa. Hoy, gracias a Dios, todos tenemos acceso a la playa con todas las comodidades y un gasto mínimo. El sol y la mar… gratis total.

 

Bienvenidos sean mis vecinos veraniegos. Mi compañero de dominó, Pepe, que ha estado entrenando todo el invierno en su Antequera. Ganaremos lo que podamos. Y yo, vuestro humilde servidor, abriré la playa cada mañana a primera hora. Después del baño de las nueve, les diré el estado y temperatura de la mar salada. Y, allá a la una y pico, ayudaré a bañarse a las damas impenitentes que siguen sin aprender a nadar. Esto es vida. El verano es una buena noticia.

 

                 

                                                                                                                           que