Las chicas de oro

27 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 27 de julio de 2017

LAS CHICAS DE ORO

       Soy un gran aficionado al cine. Disfruto muchísimo con el cine español; especialmente el de la postguerra incivil.

 

Me trago todas las películas de la 2 de las 10 de la noche. Su visión me permite observar, no sin asombro, la velocidad endiablada con la que han cambiado los tiempos y las costumbres de nuestra vieja España.

 

Hoy me voy a detener en los mayores, especialmente en esas mujeres de “cierta edad” que me recuerdan a mi abuela, allá por los años cincuenta, sentada en una silla de anea, en aquél largo pasillo de nuestra casa perchelera, ataviada de negro riguroso, con un coquillo blanco y un niño o una labor de croché en las manos.

 

Nunca la vi salir a la calle, ni de visita tan siquiera. Así vivían nuestras mayores. Cuando se quedaban viudas solo les quedaba el templo o la casa. Posteriormente, allá por finales de los 90, aparecieron en nuestras teles cuatro señoras mayores (unas más que otras), que escandalizaron a nuestros estamentos. Se trata de las protagonistas de la comedia de situación “Las chicas de oro”. Eran cuatro mujeres de características bastante bien definidas. Tres viudas y una divorciada con muchas ganas de vivir. Ropas modernas, novios, entradas y salidas, copas, etc.

 

Me he acordado de ellas mirando a mi alrededor; dada mi edad, estoy rodeado de mujeres talluditas, que se visten muy bien, se arreglan, salen a cenar, teatros, conciertos… En mi periplo teatral, tenemos en nuestra compañía una señora de más de ochenta años, la insuperable Cloti, así como varias que son de casi de mi quinta. En la playa cada vez observo más caminantes rápidas y bañistas temerarias con los años en que otrora se retiraban a un rincón de las casas o a una mesa de camilla perenne.

 

Ya hace varios años hice un estudio para la universidad sobre los mayores malagueños. Descubrí que no paran. Viajan, cantan, escriben, bailan, se enamoran, juegan, hacen todo tipo de ejercicio y deportes. La leche. Por eso proclamo que me encanta el “segmento de plata”, al que pertenezco; especialmente al de las mujeres, que han evolucionado más y más aprisa que los hombres.

 

Lo cual no es óbice ni cortapisa para que sigan asistiendo a los templos y recordando a sus fallecidos, pero sin un excesivo culto a la muerte y al recuerdo. El cristianismo es una religión de vivos. De vivos felices a cualquier edad.

 

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