HABLAR DE DIOS

7 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 7 de septiembre de 2017

HABLAR DE DIOS

      

    El 24 de febrero del 2012 me comprometí con unos amigos -y conmigo mismo- a escribir una columna semanal en la que recogiera las vicisitudes que sufrimos, los pertenecientes al “segmento de plata”, en nuestro encuentro con Dios y con los hermanos.

 

Han pasado cinco años y medio. Casi 200 “segmentos”. No he faltado ni un solo jueves a este contacto personal con mis lectores. Más o menos acertadamente he intentado transmitir mis sensaciones y elucubraciones nacidas de mis apreciaciones de los Evangelios y sus destinatarios. He procurado ser respetuoso con mi Iglesia, la que me ha transmitido la fe que intento mantener. He dado gratis lo que he recibido gratis y me siento muy satisfecho por todo ello.

 

Sin embargo, este ejercicio de recapacitación me ha hecho convertirme en un ser algo crítico con aquellos que, a tontas y a locas, sabiendo o ignorando peso y contenido, se lanzan a predicar desde todo tipo de foros, púlpitos incluidos. Observo como se manejan las palabras del Papa a gusto del consumidor y se vuelve a criterios, diatribas y descalificaciones propias de otros tiempos de tenebrismo y castigos de Dios.

 

Después de cincuenta años de búsqueda de la Verdad, he llegado a mi pequeña verdad, basada en la misericordia de Dios y el amor que Él nos tiene y que tenemos que hacer llegar a todos sus hijos. Cada día me cuesta más trabajo condenar o rechazar a nada ni a nadie. Cada vez me cuesta más trabajo cuantificar el encuentro con el Señor en minutos de oración, en número de rosarios y comuniones y en  fechas señaladas. Cada día me siento más libre y más en sintonía con ese Dios infinitamente bueno que mandó a su Hijo para liberarnos. De una forma especial a los pecadores que hacemos lo que no debemos y no hacemos lo que deberíamos hacer.

 

Espero haber tenido cuidado en lo que he dicho y no escandalizado a nadie. Espero que los que saben más que yo, en sus homilías, no sigan presentando tan solo al Dios castigador que tanto nos ha costado desechar. Dios es amor y perdón.

 

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