Estar preparados

30 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 30 de noviembre de 2017

 

Estar preparados

    Cuando se goza de “una cierta edad”, inesperadamente se descubre que la mayoría de los que se están “marchando” pertenecen a tu generación. Incluso más jóvenes.

Mientras se es joven se habla del “transito” como algo lejano. Se desechan inmediatamente estos pensamientos y se deja para “después” la aceptación de lo inevitable. No se piensa –todavía- en la posibilidad de que nos encontremos en esa situación. Una vez concienciados de que estamos en el  segmento de plata se ven las cosas de otra manera.

Este invierno incipiente y escondido unido a la P.V. (puñetera vejez), se está llevando para adelante alguno de mis familiares y amigos pertenecientes al círculo más cercano. En esos momentos nos olvidamos de lo humano y recapacitamos más sobre lo divino. La conclusión es “que no estamos preparados”.

En una sociedad tan aparentemente religiosa como la nuestra, se pasa de puntillas por la realidad del más allá; mientras, nos partimos la boca por el más acá. Entonces, cuando llega el tránsito, nos sentimos pequeños y reticentes a aceptar la vida eterna de la que nos hacemos eco cada día en el Credo.

“Vosotros los creyentes tenéis la suerte de pensar en que hay algo más después de la muerte”; me decía una persona muy cercana en medio de un duelo. Cuanta verdad hay en esta frase. En  la liturgia eclesial recitamos casi de memoria: “Aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad”. Estas palabras resumen una sencilla y confortadora esperanza.

A medida que te haces mayor y maduras en la fe se te hacen más reveladoras. Los creyentes tenemos que vivir el hoy preparando el mañana. El Papa Benedicto XVI tiene una gran cantidad de reflexiones sobre la muerte y la vida eterna; aquí recojo una de ellas: “La fe en la vida eterna da al cristiano la valentía de amar aún más intensamente nuestra tierra y de trabajar por construirle un futuro, por darle una esperanza verdadera y firme (Audiencia, 2 de noviembre 2011). Traduzco: traer un poco de cielo a la tierra y así liberarla del infierno que nos rodea.

Tuve la suerte de acompañar en los últimos días de su vida a un amigo del alma y maestro en la fe. Lo llevaba fenómeno; afirmaba que estaba preparado. Que envidia; nosotros no lo estamos. Pienso que los pertenecientes al segmento de plata –que estamos en primera fila- no podemos perder de vista nuestra situación personal y ponernos a la tarea. ¿Creemos lo que decimos? ¿Decimos lo que creemos? ¿Estamos preparados?

      

                     

 

 

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