El discurso

4 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 4 de enero de 2018

EL DISCURSO

    Aquél padre de familia había crecido oyendo discursos programáticos cada final de año. Primero le hablaban de pantanos, luego de transición, más tarde de crisis y finalmente de separatismo.

Regidores nacionales, autonómicos, provinciales y locales, laicos y de la Iglesia le habían transmitido sus mejores deseos, la presunción de haberlo hecho muy bien y la firme promesa de que todo iba a ir mucho mejor.

 

Nuestro hombre se pensó: ¿por qué no voy yo a pronunciar mi discurso? ¿Y qué les digo yo a mi gente? Los reunió en fin de año; tiró de recursos y se fue tres mil años atrás; el Eclesiastés: “Dios hace más respetable al padre que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre la prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros… Hijo mío se constante en honrar a tu padre, no le abandones mientras vivas; aunque chochee, no le abochornes mientras vivas…

 

Le pareció antiguo y trasnochado. Adelantó en el tiempo mil años y se encontró con una carta de San Pablo: “Mujeres vivid bajo la autoridad de vuestros maridos. Maridos amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres, padres no exasperéis a vuestros hijos…”. Por declaraciones más suaves que estas te pueden meter en el talego por maltrato, abuso, extorsión, desprecio de sexo y edad, nocturnidad y alevosía. Nada, esto tampoco.

 

Tiró del corazón, cerró el cacumen y les dijo Perdonadme porque me habré equivocado en mucho, en casi todo. No ha sido mi intención. Me quiero dedicar por completo a vosotros. Pedidme lo que queráis. Incluso dinero. -Pá cuatro días…- Lo mío es vuestro. Permaneced unidos como hasta ahora. Eso os hará fuertes. Seguid alrededor de vuestra madre; la madre es el pilar firme de la familia. Hijos (que sois mis nietos) aprended de vuestros padres (que son mis hijos). La herencia que os puedo dejar es mi vida y mi forma de ser (a los hijos no los educamos, nos imitan) no es la mejor, pero tampoco ha sido mala. Este año nos falta alguno de los mayores, que se han ido con el padre, pero se han incorporado niños y cónyuges. A ver si el año que viene estamos los mismos o somos dos o tres más”.

 

    Este rollo parece que les gustó. Una de ellos cogió el relevo y les proclamó un discurso precioso lleno de frescura. Había llegado la nueva generación. El tipo de nuestra historia, aquél padre de familia, se sintió satisfecho. Había entregado el relevo. Una vez más el “segmento de plata” había sido útil. No es como el oro… pero funciona. Hay que adaptarse a los tiempos. Y a lo que nos viene, la familia virtual (ver dibujo).

 

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