Perdonar

25 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 25 de enero de 2018

PERDONAR

        Ante tantas declaraciones, llenas de soberbia pero vacías de verdad, en las que se proclama: “olvido pero no perdono” o “perdono pero no olvido”, me han emocionado por su valor humano las realizadas por el padre de Diana Quer.

 

       Carlos Herrera realizó días pasados una excelente entrevista, como todas las que hace, a Juan Carlos Quer, el padre de la joven asesinada cuyo cadáver ha sido descubierto recientemente tras la declaración de su asesino que ha entrado en prisión pendiente de juicio. Amén de sus pretensiones de justicia basada en la prisión perpetua y revisable, el entrevistado comentó su llamada de perdón a la madre del tal “el Chicle”. Está señora no dudó en expresar su repulsa ante la monstruosidad cometida por su hijo.

 

Creo que es más fácil pedir perdón que perdonar. Es obvio; el pedir perdón lleva implícito un sentimiento de culpabilidad. El que perdona, lo tiene que poner todo él; inclusive viviendo en el sentimiento de que lleva la razón. El psicoterapeuta madrileño José Antonio García Higuera lo describe de la siguiente manera: Cuando alguien te hace daño es como si te mordiera una serpiente. Las hay que tienen la boca grande y hacen heridas inmensas. Una vez que te ha dejado de morder, curar una mordedura así puede ser largo y difícil; pero cualquier herida se cierra finalmente. Pero el problema es mucho peor si la serpiente es venenosa y, que aunque se ha ido, te deja un veneno dentro que impide que la herida se cierre. Los venenos más comunes son el de la venganza, el del ojo por ojo y el de buscar justicia y reparación por encima de todo. El veneno puede estar actuando durante muchos años y, por eso, la herida no se cierra, el dolor no cesa durante todo ese tiempo y tu vida pierde alegría, fuerza y energía”.

 

    Los cristianos tenemos un ejemplo claro de lo que debe ser el perdón: setenta veces siete; es decir siempre. Normalmente no podemos asumirlo pero nos queda el recurso es la oración y los sacramentos.

 

Les diré un secreto: yo olvido con suma facilidad, así que el no acordarme lleva consigo implícito el perdón por falta de memoria. La Iglesia, desgraciadamente, tiene que pedir perdón en algunas ocasiones y perdonar en todas. Los cristianos, que somos Iglesia  debemos andar por el mismo camino.

 

 

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: