Hay tres jueves

28 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 29 de marzo de 2018

HAY TRES JUEVES

   

     “Hay tres jueves en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”. O al menos así era en mis tiempos.

 

     El Jueves Santo celebramos en la Iglesia Católica el “día del amor fraterno”. Se juega tanto con el significado de la palabra amor que, a veces, es muy difícil distinguir entre lo dicho y lo realizado. Se utilizan tantos verbos seguidos de dicha palabra: hacer, vivir, usar, abusar, comprar, incrementar, destruir… que tenemos que centrarnos un poco en el apellido fraterno de la celebración. Dice la RAE; fraterno: Propio de hermanosAmor, caridad fraternal.

 

    Desde Caritas nos llega el mensaje que ha proclamado el Papa Francisco con motivo de la Cuaresma 2018. Cuanto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida…. Y viésemos la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás… ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que es una llamada que se nos hace a participar de la Providencia de Dios hacia sus hijos”. Sintetizando; que Dios ayuda a través nuestra.

 

Por eso, este día del Amor Fraterno nos recuerda que el pobre de la esquina, el del colchón en los bancos de los jardines, el del semáforo o la puerta del templo, es tu hermano y si no estimas o no puedes ayudarle económicamente, mírale; mírale con cariño. Que se sienta persona, no un bulto sospechoso. Si eres capaz, escúchalo y ya si vas para nota, acompáñalo en su soledad. Por ahí van los tiros. Así relucirá el Jueves Santo. Así pondremos en práctica el verdadero Amor.

 

 

                                                                                                                        que

Anuncios

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

A LOS CUATRO VIENTOS

                                                      Málaga  26 de marzo de 2018

 

    La Semana Santa nos ha llegado ventosa este año. El tiempo atmosférico se ha puesto de acuerdo con el maremágnum político para azotarnos por todos los lados.

 

     Esta situación me lleva a recordar el nazareno que hace de veleta en el campanario de la Basílica de la Esperanza malacitana. Este lleva varios años señalando la dirección en la que sopla el viento.

 

Se supone que debajo de la túnica y el capirote hay una persona creyente que quiere manifestar su sintonía con Aquél que fue el único que vivió la Pasión. Dentro de cada nazareno convive la fe con la duda, la alegría con la pena y el miedo con la esperanza.

 

Los que hemos tenido la oportunidad de vivir la Semana Santa desde dentro, con túnica o llevando el trono, hemos podido comprobar la fe del carbonerillo que hay detrás de todos aquellos que nos hemos criado en una sociedad que llevaba implícita la pertenencia a la Iglesia Católica.

 

A lo largo de nuestra vida los vientos de toda clase que azotan nuestros sentimientos nos hacen olvidar, cuando no renegar, aquellos principios que recibimos de pequeños en nuestra familia, en nuestro colegio o en nuestra parroquia. Casi todos hemos sido sacramentalizados muchas veces como una tradición más. Como al nazareno del campanario, los vientos positivos y negativos nos zarandean casi siempre de una forma violenta cuando no dolorosa. Ahí tenemos que asentar firmemente los pies en la confianza en lo esencial. Dios no falla jamás al que pone su esperanza en Él. Los seres humanos lo hacemos casi siempre.

 

Por eso a mí me transmite una buena noticia ese viejo nazareno que como este humilde escribidor se agarra a esa verdad que se transmite desde dentro de esa capilla-basílica que te permite encontrarte con la Madre que nunca te abandona y ese Dios que te lleva de la mano.

 

 

btr

Padres

22 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 22 de febrero de 2018

PADRES

    Parece ser que la institución del día del padre es muy reciente. En Estados Unidos se celebra desde el 1910 y en España desde la década de los cincuenta.

 

      Una vez más, los avispados dirigentes de la actividad económica han propiciado la posibilidad de incrementar sus ventas, especialmente de corbatas y calcetines, con motivo dicha celebración. Al mismo tiempo, en los diversos colegios que acogen a niños de una edad propicia para ello, sus responsables les ayudan a realizar algún tipo de pintura o trabajo manual que los padres exhibimos con orgullo a lo largo de todo el año.

 

Ser padre es algo más que merecer un regalo el 19 de marzo por el solo hecho de haber engendrado un vástago. En el desarrollo de nuestra actividad paternal recibimos suspensos en junio y en septiembre. Es una difícil carrera en la que nos equivocamos por defecto o por exceso; somos analizados cada día por nuestra actuación o nuestra dejadez, nuestra generosidad o tacañería, nuestra dureza o nuestra blandura. Decía Juan XXIII: Es más fácil para un padre tener muchos hijos que para un hijo tener un buen padre”. Ahí estoy yo.

 

Pero ¡oh milagro! En un momento de tu vida pasas a ser fulanito a “el padre de fulanito”. Has transferido el poder de decisión y te conviertes en un objeto tan decorativo y necesario como un reloj de pared o un televisor. Estás ahí por si te quieren utilizar, siempre dispuesto, pero en la retaguardia.

 

Finalmente, descubres con orgullo que tus hijos se parecen cada vez más a ti. Se convierten en adultos, con problemas que son capaces de resolver, con más formación, más capacidad y más mundo del que tú llegaste a tener. Han confirmado y mejorado aquella premisa que yo siempre he defendido en mis escritos o peroratas: los hijos no los educamos; nos imitan.

 

Uno se siente orgulloso de ser padre, por sus consecuencias; seres libres, autosuficientes y educados desde el amor, para el servicio y la dedicación a los demás. Cada vez que escucho hablar del problema que representa el ser padre me revuelvo en mi interior intentando hacerle comprender a los demás que aquí también se recupera el ciento por uno. Y se disfruta con los calcetines que te regalan. El ver a tus hijos ya es suficiente recompensa.

 

 

 

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

LA VIEJA ESTACIÓN

                                                      Málaga  19 de marzo de 2018

 

    Durante más de una hora he podido recorrer con detenimiento la estación de Málaga “María Zambrano”. Una especie de “Corte Inglés” con trenes incluidos. El tren que esperaba ha llegado con retraso y me ha dado tiempo a recordar.

 

    A mi mente han venido las imágenes de aquella vieja estación situada al final de calle Cuarteles, rodeada del Sector Aéreo, una casa de socorro y las hermanitas de los pobres, donde acudía con regularidad para ayudar a mi padre que venía cargado de maletas, llenas de muestras, tras sus visitas a la clientela de Ronda y Antequera.

 

En aquella estación, cerrada por una bella cancela de hierro forjado -que un día traspasó el tren arrollando a algún coche de caballos de la parada de la puerta- y coronada por un gran reloj que marcaba los minutos y, a veces las horas de retraso de los correos, “rápidos” y “cortos” que llegaban a nuestra querida Málaga.

 

En aquella estación pululaba un mundillo de mozos, vendedores de toda clase de artículos: comestibles y “bebestibles”, carteristas, mujeres de vida airada y lugareños despistados. No faltaban militares en busca de destino y religiosos ensotanados. Un auténtico muestrario de aquellos que cogían la maleta de cartón y la talega con comida para varios días y se aprestaban a viajar a destinos que iban de los cercanos pueblos malagueños a Madrid, Barcelona (aquél catalán que tardaba casi 24 horas en llegar a su destino), a la vendimia francesa, Alemania o Suiza.

 

Viajes que se iniciaban con la conquista de un espacio en el vagón lleno hasta los topes, con las rejillas para el equipaje ocupadas por bultos y que al final servían como camastro para algún espabilado. Apenas se cruzaba la estación de Los Prados, se tiraba de la talega y un festival de tortillas, filetes empanados, chorizos, morcillas y quesos, salían a la luz y se iniciaba el intercambio de alimentos. De algún rincón insospechado salían botellas y botas de vino. A los niños nos compraban en las estaciones del camino unos “refrescos” de marca desconocida que eran de todo menos frescos. Las viejas gaseosas de bolillas.

 

Me he enrollado con mis recuerdos. Quería hablar de estaciones. Preciosas estaciones decimonónicas que han desaparecido para convertirse en una especie de “carrefures” donde deambula la gente sin rumbo, con maletas que casi andan solas y gentes que van al cine, a comprar los avios del puchero o a disfrazarse con la ropa que acaba de inventarse la franquicia de turno. En Madrid y Barcelona han conservado sus estaciones como unas piezas de museo.

 

De aquél quiosco de la puerta de la estación (creo que se llamaba “La Gregoria”), hemos pasado a toda una planta de restaurantes y bares donde encuentras más tipos de cocina que en la ONU. Del bocadillo de lomo o los churros, a la caipiriña, el wok y el “brunch”. Me sigo quedando con el bocadillo de calamares de la estación de Atocha. No he conocido otro igual.

 

La buena noticia de hoy se basa en que “los tiempos adelantan que es una barbaridad”. Para viajar en tren hoy te metes en una especie de cine con ruedas, tras pasar por un escáner. Te sientas en una butaca con la mirada puesta en un marcador, que te asusta con la velocidad del bicho. Cuando consigues conectar los auriculares estás en Córdoba y cuando consigues acoplarte al asiento… estás en Madrid. Pues que bien. Mucho mejor que aquellos vagones de tercera del viaje de estudios. Mucho mejor que la carbonilla que te tragabas en los túneles al intentar ver “el Chorro” por la ventanilla. Mucho mejor conectar con en el metro o la infinidad de taxis que te esperan a la salida, que aquellos coches de caballos que cargaban las maletas en el pescante y te llevaban cadenciosamente calle Ancha hacia abajo en busca de mi vieja calle Mármoles. Estoy convencido de que hemos salido ganando. Pero me gusta recordar aquellos tiempos.

 

Tres familias

15 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 15 de marzo de 2018

Tres familias

        Se han cumplido en estos días los primeros cinco años del pontificado del Papa Francisco. A lo largo de los mismos no ha parado de sorprendernos con sus gestos propios de aquél papa ficticio de “Las sandalias del pescador”:  Kirias I.

 

    Lo curioso del caso se manifiesta en que las críticas que recibe, muy pocas por cierto, nacen con más frecuencia desde dentro de los estamentos católicos, que desde los que no son creyentes o son personas al margen de la Iglesia.

 

Francisco no para de enviarnos sus mensajes envueltos en sus palabras, sus homilías, sus gestos y sus hechos. Sin ir más lejos, me sigue impactando aquel momento en que, cuando a la vuelta de aquel viaje a la isla de Lesbos en abril del 2016 llena de refugiados, embarcó junto a su sequito a 12 personas sirias pertenecientes a tres familias que desde entonces, viven en la ciudad de Roma acogidos por la comunidad de San Egidio.

 

Un gesto que vale más que mil palabras. Un gesto, entre otros muchos, que nos hace recapacitar sobre la injusticia en que vive esta humanidad en la que unos pocos tenemos mucho y muchos, tienen muy poco. Cuanto drama hay detrás de tanto emigrante en busca de un lugar donde vivir como deben vivir los seres humanos y no como lo hacen dentro de la miseria el hambre y la incomprensión.

 

Nuestra sociedad se ha movilizado positivamente estos días por el asesinato de este angelito almeriense que ha estado en nuestros corazones a lo largo del tiempo en que se le ha estado buscando. Pero yo no pierdo de vista a esos otros niños que con un esfuerzo mucho menor por parte de todos, tendrían acceso a una vida más feliz junto a sus padres acogidos por nosotros.

 

Hace años inicié una pequeña campaña a mi alrededor con mis modestos medios: mis escritos, mi programa de radio y el boca a boca. Le llamaba “pon un emigrante en tu vida”. Desde entonces y, gracias a Dios, no han faltado estos alrededor de mi familia. De hecho, de alguna manera,  han formado parte de la misma.

 

Yo ruego a mis lectores que no pierdan de vista cuanto nos diga y haga el Papa Francisco. No da “puntada sin hilo”. Su ejemplo nos hará más felices, más personas y, por ende, más cristianos. No se si algún día le elevaran a los altares. Pienso que su tarea no va por ahí. Su trabajo consiste en presentar una buena parte del cielo en la tierra.

PENDULARES

11 f, 18

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

Pendulares

                                                      Málaga  12 de marzo de 2018

 

    El ser humano, no logro adivinar el porqué, tiene tendencia a ser pendular. Sobre todo cuando se arropa en la multitud. Los mismos que ensalzan… denuestan. Los mismos que aplauden… silban. Los mismos que van en un costado del barco… se desplazan a la banda contraria con peligro de hundimiento.

 

Este pensamiento ha venido a mi memoria con motivo de la celebración multitudinaria del pasado día de la mujer. Vengo de una familia paritaria. No se como lo hemos conseguido, pero a lo largo de generaciones hemos convivido tantos varones como mujeres en nuestro hogar. Ahora, a la vejez, la balanza se ha inclinado hacia el lado femenino.

 

Esta situación la hemos llevado bastante bien, con un statu quo aceptable. Hemos repartido las tareas de acuerdo con cada una de las situaciones que se han venido produciendo y estimo que de una forma aceptable. Ahora la balanza se ha desequilibrado. Estoy totalmente rodeado por mujeres: suegra, esposa, hijas y nietas, en un número suficiente para tenerme totalmente controlado. Cosa que agradezco.

 

Sin embargo me preocupa la situación crispada que se produce a veces por un excesivo movimiento pendular que pone en peligro el equilibrio de la sociedad. Las listas paritarias son injustas por discriminatorias, hay que designar a los mejores, sin tener en cuenta su género. El hombre no tiene que ser denunciado o perseguido por el solo hecho de serlo. Existen hombres feministas y mujeres machistas. El día en que podamos eliminar esos “ismos” utilizados de forma agresiva llegaremos a una situación más normalizada.

 

Mientras tanto, denuncia y leña a los abusones en función de su “hombría” y un poco de cuidado en esas cadenas que presumen de lazos reivindicativos en sus “moscas” y que siguen presentando mujeres objeto (referencia para algunas jóvenes) que solo aportan un hermoso continente sin contenido.

 

     Mi buena noticia de hoy se basa en que a mí me parió, en el suelo de mi casa, una mujer valiente para su época, reivindicativa de su magisterio y su maternidad. Me acompaña mi mujer, madre de ocho hijos, que ha tenido tiempo para criarlos, formarse y formar a otros. Hoy tengo en mi casa a mi suegra, que con 91 años sigue conduciendo su Ibiza para continuar sintiéndose independiente. Y tengo cuatro hijas. Las cuatro universitarias. Las cuatro trabajando y madres de familia -a alguna le ha costado más trabajo que a otra- y pendientes de todos para salir en ayuda los unos de los otros  Por eso me molesta la acritud con que nos tratan a los hombres a veces y la agresividad de las manifestaciones. No nos vayamos a pasar al otro lado del barco y tengamos que ver unos hombres perseguidos y acosados por el solo hecho de serlo.

 

Felicidades a todas las mujeres en su día y enhorabuena por lo logrado. ¡Qué haríamos sin ellas!

 

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 8 de marzo de 2018

Santa Rosa de Lima

En las cercanías del Hospital Carlos Haya se encuentra una parroquia que siempre me ha llamado la atención por su estructura, moderna para su época, y el gran mural que respalda el altar mayor obra de Eugenio Chicano.

 

Desgraciadamente su puerta, otra obra de diseño, está cerrada durante una gran parte del día e impide su visita a tantos enfermos y visitantes que se acercan al hospital. Entiendo que es un problema de seguridad. Pero hablemos del Colegio del mismo nombre.

 

De esta parroquia, cuando aun no tenía el actual edificio sino una pequeña capilla en el Camino de Antequera, surgió la idea de crear un centro de estudios para los adolescentes de la zona. En el año 1968 se inició su andadura, auspiciada primero por la Parroquia y el Obispado y, posteriormente, su inclusión en la Fundación de Enseñanza Santa María de la Victoria.

 

Detrás de todo este trabajo se encuentra el espíritu de Don Ángel Herrera y su preocupación por la educación de los malagueños. Primero las escuelas rurales, algo que aun no se ha destacado lo suficiente y luego con este y otros centros similares de la fundación.

 

Esta semana le he recordado especialmente. Este humilde servidor, un periodista tardío,  procura sacar a la luz las realidades de la formación de los jóvenes desde el prisma de la enseñanza de los valores. He podido entrevistar a cuatro alumnos del colegio-instituto Santa Rosa de Lima y a una de sus profesoras. Un descubrimiento. Unos estudiantes de Eso que han realizado un trabajo de campo sobre el tema “ayudan a ayudar”.

 

Me ha impresionado su conocimiento sobre el tema y la reflexión que se desprende de sus conclusiones, en unos chicos a los que no tenía que preguntar: “de lo que abunda el corazón, habla la boca”. Seguí haciendo de “periodista malo” interpelándoles sobre los problemas que achacamos siempre a los jóvenes adolescentes y me quedé pasmado de la profundidad y sensatez de sus respuestas.

 

Los alumnos del instituto Santa Rosa de Lima, por lo menos los que yo conocí, tienen un plus de formación del que adolecen otros que se educan en centros de muchas instalaciones y campanillas. De sus respuestas deduzco que hay “algo” por detrás. Yo se lo que es, pero me lo callo. Que cada uno saque sus deducciones.

 

 

 

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

Que llueva, que llueva

                                                      Málaga  5 de marzo de 2018

 

Reconozco que posiblemente no soy nada justo con los ecologistas ni con aquellos que nos presentan un futuro muy incierto y lleno de penalidades por motivo del cambio climático.

 

     Mientras intento plasmar mis ideas negro sobre blanco, observo como llueve mansamente sobre los secos campos malagueños y las cañas se vuelven lanzas en los pronósticos de los agoreros de siempre. En una semana hemos pasado de la declaración de pertinaz sequía (a que me suena esta frase) a problemas producidos por grandes nevadas e inundaciones por desborde de los ríos. Y ya por segunda vez en este invierno.

 

Para colmo he visto en estos una película catastrófica que recoge la invasión de hielo en Europa procedente de Groenlandia, en este caso por un la desaparición de la corriente del golfo. La leche. El  Armagedon llega al Reino Unido y acaban esquiando por el techo del puente de Londres.

 

Estoy harto de que cada verano nos digan que es el más caluroso de los últimos años y que nos vamos a derretir por momentos. Por otra parte cada año, durante el invierno, siento más frío que el anterior y termino por no moverme de la mesa de camilla.

 

La verdad es que todas las estaciones son maravillosas y debemos disfrutar de sus pros y olvidarnos de sus contras. ¡No me digan mis lectores que no es maravilloso comerse un espeto en la playa a las 11 de la noche y zamparse unas migas completas ante una chimenea de cualquier venta de los montes de Málaga!

 

Me niego a seguir dependiendo de las opiniones de los agoreros de turno que no saben poner al mal tiempo buena cara y al bueno… mejor. Entiendo a los campesinos y agricultores que jamás están hartos de agua. Pero disfruto del tiempo cuando llueve y cuando no lo hace y si nevara ya sería demasiado para nuestro cuerpo. Seguimos disfrutando en nuestras mentes de aquel día de los cincuenta en que lo hizo en Málaga y nos conformamos con ir de vez en cuando a las nieves cercanas a “chorrarnos” con un plástico y pescar el resfriado correspondiente.

 

Mi buena noticia de hoy me la transmiten las imágenes de la playa de la Concha totalmente nevada y el pantano del Agujero malagueño aportando empuje a la presa del Limonero y garantizándonos agua para el verano. Aunque “nunca llueve a gusto de todos”, “siempre que ha llovío, ha escampío”.

 

Puretas

1 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 1 de marzo de 2018

“Puretas”

Desde siempre me ha encantado, siempre que no se haga de forma despectiva, esta definición (muy malagueña) del colectivo de mayores.

    

    En estos días se está especulando mucho con las pensiones que marcan la situación económica y, por consecuencia, una buena parte de la vital de los puretas entre los que me incluyo. Dicha pensión, como todas las cosas de la vida, está en función de lo cotizado a lo largo de los años de una actividad laboral. Mientras más alto hayas tenido el sueldo o los beneficios de una actividad económica, habrá sido superior tu aportación a la seguridad social y por tanto el importe de tu pensión.

 

Hasta aquí estamos de acuerdo en que esta situación se desprende de una administración mecánica o matemática de los recursos. Más aquí nos falta el factor humano y solidario. Los que han sufrido un salario mínimo a lo largo de toda su vida, están condenados a seguir “disfrutando” de una pensión mínima e insuficiente. El paso al euro y la diferencia entre las subidas del coste de la vida y el porcentaje de aumento de las pensiones, han propiciado que los “puretas” las estemos pasando canutas.

 

Los políticos, como siempre, se siguen dando de guantazos en nuestras caras. Unos diciendo que nos van a subir un montón, sin decir de donde van a sacar los fondos necesarios. Los otros diciendo que no se puede por falta de presupuesto y que peligra el futuro por agotamiento de los fondos de reserva. Finalmente hay quién dice sin pudor que lo mejor es que la palmemos pronto y aclaremos el horizonte.

 

El caso es que entre las ayudas que tenemos que prestar a los miembros de nuestra familia, que siguen en crisis, y la subida de los gastos corrientes e imprescindibles de gas, luz, agua, medicinas, seguros, teléfono, etc., nuestro poder adquisitivo se ha reducido de una forma muy apreciable.

 

Los mayores aun no hemos apreciado la capacidad de influir en la sociedad con la que contamos. Tenemos el 25% de los votos aproximadamente. ¡Qué darían los partidos políticos por contar con estos votantes! ¡Qué podríamos hacer si nos uniéramos y utilizáramos nuestra experiencia para poner un poquito de sentido común a nuestros dirigentes!

 

El problema es que somos un país de quijotes solitarios. Toda la fuerza se nos va por la boca, pero somos incapaces de ponernos de acuerdo para exigir que esos fondos que se dilapidan en administraciones triplicadas e inservibles, estudios que no conducen a ninguna parte, publicidad de partidos y gastos de representación para los que no nos representan, reviertan en los pensionistas. Como añoro a aquellos políticos de la etapa de la transición, llenos de esperanza e ideas, sin estar maleados por el coche oficial y el poder, que pateaban las calles y los lugares de trabajo intentando mejorar la situación de todos los españoles. Trabajaban por España, no por sus partidos, dialogaban y negociaban, no imponían.

 

Los “puretas” nos tenemos que espabilar. No propongo una gerontocracia, pero estimo que tenemos que vigilarlos de cerca y no dejarles pasar ni una más. Que no denuncien tantos problemas sino que transmitan soluciones. Y finalmente, como nada de esto va a suceder, termino suplicando. “Virgencita, que me quede como estoy”. De momento no se en que invertir los 1.98 € que me han subido la pensión. Estoy entre el crucero y un cupón de la once.