Santa Rosa de Lima

8 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 8 de marzo de 2018

Santa Rosa de Lima

En las cercanías del Hospital Carlos Haya se encuentra una parroquia que siempre me ha llamado la atención por su estructura, moderna para su época, y el gran mural que respalda el altar mayor obra de Eugenio Chicano.

 

Desgraciadamente su puerta, otra obra de diseño, está cerrada durante una gran parte del día e impide su visita a tantos enfermos y visitantes que se acercan al hospital. Entiendo que es un problema de seguridad. Pero hablemos del Colegio del mismo nombre.

 

De esta parroquia, cuando aun no tenía el actual edificio sino una pequeña capilla en el Camino de Antequera, surgió la idea de crear un centro de estudios para los adolescentes de la zona. En el año 1968 se inició su andadura, auspiciada primero por la Parroquia y el Obispado y, posteriormente, su inclusión en la Fundación de Enseñanza Santa María de la Victoria.

 

Detrás de todo este trabajo se encuentra el espíritu de Don Ángel Herrera y su preocupación por la educación de los malagueños. Primero las escuelas rurales, algo que aun no se ha destacado lo suficiente y luego con este y otros centros similares de la fundación.

 

Esta semana le he recordado especialmente. Este humilde servidor, un periodista tardío,  procura sacar a la luz las realidades de la formación de los jóvenes desde el prisma de la enseñanza de los valores. He podido entrevistar a cuatro alumnos del colegio-instituto Santa Rosa de Lima y a una de sus profesoras. Un descubrimiento. Unos estudiantes de Eso que han realizado un trabajo de campo sobre el tema “ayudan a ayudar”.

 

Me ha impresionado su conocimiento sobre el tema y la reflexión que se desprende de sus conclusiones, en unos chicos a los que no tenía que preguntar: “de lo que abunda el corazón, habla la boca”. Seguí haciendo de “periodista malo” interpelándoles sobre los problemas que achacamos siempre a los jóvenes adolescentes y me quedé pasmado de la profundidad y sensatez de sus respuestas.

 

Los alumnos del instituto Santa Rosa de Lima, por lo menos los que yo conocí, tienen un plus de formación del que adolecen otros que se educan en centros de muchas instalaciones y campanillas. De sus respuestas deduzco que hay “algo” por detrás. Yo se lo que es, pero me lo callo. Que cada uno saque sus deducciones.

 

 

 

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