Tres familias

15 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 15 de marzo de 2018

Tres familias

        Se han cumplido en estos días los primeros cinco años del pontificado del Papa Francisco. A lo largo de los mismos no ha parado de sorprendernos con sus gestos propios de aquél papa ficticio de “Las sandalias del pescador”:  Kirias I.

 

    Lo curioso del caso se manifiesta en que las críticas que recibe, muy pocas por cierto, nacen con más frecuencia desde dentro de los estamentos católicos, que desde los que no son creyentes o son personas al margen de la Iglesia.

 

Francisco no para de enviarnos sus mensajes envueltos en sus palabras, sus homilías, sus gestos y sus hechos. Sin ir más lejos, me sigue impactando aquel momento en que, cuando a la vuelta de aquel viaje a la isla de Lesbos en abril del 2016 llena de refugiados, embarcó junto a su sequito a 12 personas sirias pertenecientes a tres familias que desde entonces, viven en la ciudad de Roma acogidos por la comunidad de San Egidio.

 

Un gesto que vale más que mil palabras. Un gesto, entre otros muchos, que nos hace recapacitar sobre la injusticia en que vive esta humanidad en la que unos pocos tenemos mucho y muchos, tienen muy poco. Cuanto drama hay detrás de tanto emigrante en busca de un lugar donde vivir como deben vivir los seres humanos y no como lo hacen dentro de la miseria el hambre y la incomprensión.

 

Nuestra sociedad se ha movilizado positivamente estos días por el asesinato de este angelito almeriense que ha estado en nuestros corazones a lo largo del tiempo en que se le ha estado buscando. Pero yo no pierdo de vista a esos otros niños que con un esfuerzo mucho menor por parte de todos, tendrían acceso a una vida más feliz junto a sus padres acogidos por nosotros.

 

Hace años inicié una pequeña campaña a mi alrededor con mis modestos medios: mis escritos, mi programa de radio y el boca a boca. Le llamaba “pon un emigrante en tu vida”. Desde entonces y, gracias a Dios, no han faltado estos alrededor de mi familia. De hecho, de alguna manera,  han formado parte de la misma.

 

Yo ruego a mis lectores que no pierdan de vista cuanto nos diga y haga el Papa Francisco. No da “puntada sin hilo”. Su ejemplo nos hará más felices, más personas y, por ende, más cristianos. No se si algún día le elevaran a los altares. Pienso que su tarea no va por ahí. Su trabajo consiste en presentar una buena parte del cielo en la tierra.

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