Padres

22 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 22 de febrero de 2018

PADRES

    Parece ser que la institución del día del padre es muy reciente. En Estados Unidos se celebra desde el 1910 y en España desde la década de los cincuenta.

 

      Una vez más, los avispados dirigentes de la actividad económica han propiciado la posibilidad de incrementar sus ventas, especialmente de corbatas y calcetines, con motivo dicha celebración. Al mismo tiempo, en los diversos colegios que acogen a niños de una edad propicia para ello, sus responsables les ayudan a realizar algún tipo de pintura o trabajo manual que los padres exhibimos con orgullo a lo largo de todo el año.

 

Ser padre es algo más que merecer un regalo el 19 de marzo por el solo hecho de haber engendrado un vástago. En el desarrollo de nuestra actividad paternal recibimos suspensos en junio y en septiembre. Es una difícil carrera en la que nos equivocamos por defecto o por exceso; somos analizados cada día por nuestra actuación o nuestra dejadez, nuestra generosidad o tacañería, nuestra dureza o nuestra blandura. Decía Juan XXIII: Es más fácil para un padre tener muchos hijos que para un hijo tener un buen padre”. Ahí estoy yo.

 

Pero ¡oh milagro! En un momento de tu vida pasas a ser fulanito a “el padre de fulanito”. Has transferido el poder de decisión y te conviertes en un objeto tan decorativo y necesario como un reloj de pared o un televisor. Estás ahí por si te quieren utilizar, siempre dispuesto, pero en la retaguardia.

 

Finalmente, descubres con orgullo que tus hijos se parecen cada vez más a ti. Se convierten en adultos, con problemas que son capaces de resolver, con más formación, más capacidad y más mundo del que tú llegaste a tener. Han confirmado y mejorado aquella premisa que yo siempre he defendido en mis escritos o peroratas: los hijos no los educamos; nos imitan.

 

Uno se siente orgulloso de ser padre, por sus consecuencias; seres libres, autosuficientes y educados desde el amor, para el servicio y la dedicación a los demás. Cada vez que escucho hablar del problema que representa el ser padre me revuelvo en mi interior intentando hacerle comprender a los demás que aquí también se recupera el ciento por uno. Y se disfruta con los calcetines que te regalan. El ver a tus hijos ya es suficiente recompensa.

 

 

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