Dios es amor

28 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 28 de junio de 2018

DIOS ES AMOR

 

          Si aplicamos la propiedad conmutativa, el amor es Dios.

 

Esta frase, sin la consiguiente explicación, puede parecer un poco simplista y aventurada. Todo es cuestión de semántica. La palabra amor ha sido tan tergiversada y prostituida que se le llama amor a cualquier cosa. Se habla de “hacer el amor” a la relación carnal de cualquier tipo. El amor no se hace sin reciprocidad, se vive en el encuentro desinteresado y de entrega al prójimo, entonces, el amor de Dios está en medio.

 

La televisión se ha adueñado de nuestras, casas, nuestras vidas, nuestras ideas y hasta nuestros deseos. Vivo en un hogar lleno de gente en la que se ven toda clase de programas. Espacios basados en citas a ciegas y emparejamientos a lo que salga, dicen hablar de amor; programas que hablan de mujeres y hombres a los que tratan como ganado selecto, de emparejamientos a prueba y de jóvenes “ninis”. Usan como leitmotiv el amor.

 

       El colmo lo ponen esos programas en lo que se compra lo peor de cada familia y se airean sus miserias. Lo dicen claramente: envíennos “pillados” de famosos, que les pagaremos por ello. Su éxito se basa en hundir familias completas; las de los presentadores incluidas. También ponen el amor por excusa.

 

Pero de vez en cuando surge un  programa en el que vez surgir el AMOR con mayúsculas, el que entendemos todos y que nos hace aflorar las lagrimas de alegría al observar la felicidad de los otros. En este caso se trata del “Master chef” del pasado lunes. En el fragor del programa, trajeron a los familiares de los participantes a que concursaran con ellos. Una madre rusa se encontró con su hija; una hija cubana vio aparecer a su madre desde el Caribe; una hija recibió a su padre y un hijo se encontró con el suyo; una pareja de novios se reencontró, y finalmente, un concursante se reunió con su esposa y su hijo pequeño.

 

Allí afloró el amor del bueno, las lágrimas surgieron sin quererlo de los ojos de los chefs del programa, de los participantes y porqué no, de muchos de los espectadores, empezando por mí. Fueron unos momentos tan emocionantes, tan densos, que transmitieron una felicidad que te acerca al amor de Dios. Y en consecuencia a Dios.

 

En la posguerra se hablaba de café, café-café y café por la salud de mi madre. En la tele se habla mucho de amor con minúsculas, de amor propio (que es justamente lo contrario de amar) y, de vez en cuando de amor verdadero. De ese con el que se puede aplicar la propiedad conmutativa. Ese amor es Dios entre nosotros.

 

 

masterchef

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HIJOS

24 f, 18

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                        25 de junio de 2018

 

                HIJOS

    Sigo manteniendo mi reflexión de siempre: “los hijos no los educamos… nos imitan”.

 

     A lo largo de los años he venido observando, en mí mismo y en cuantos me rodean, como cada vez nos parecemos más a nuestros padres. Es fácil reconocerlos en nuestros gestos, nuestras actitudes, la forma de movernos… incluso en las ideas y los pensamientos.

 

Por lo tanto he llegado a la conclusión de que en  nuestros genes o en la convivencia, recogemos un montón de órdenes y reflejos que se traslucen en nuestra forma de actuar y de responder a las situaciones alegres o desgraciadas que se nos presentan.

 

He tenido la oportunidad de comprobar la veracidad de mis pensamientos en la pasada semana. No se si les he dicho que soy un maestro del dominó a compañeros. Estudié la carrera en Málaga. Después me he “doctorado” en el Hogar de Mayores de la Torre de Benagalbón, un “templo” donde se imparten los masters en ahorcadores del seis doble.

 

Durante el invierno, juego cada miércoles una partida con viejos amigos (o amigos viejos) que lo somos desde los tiempos de la tuna y nuestros estudios en la Escuela de Comercio de Málaga. Esto nos permite mantenernos en forma y recordar los viejos y felices tiempos que compartimos.

Días atrás me llamó la hija de uno de ellos, José Luís Ortega, y me indicó que querían celebrar a lo grande el santo de su padre (celebran San Luís). Montaron una fiesta sorpresa por todo lo alto en un lugar ideal, su vieja casa hoy remozada. La docena y media de chavales de su quinta, que compartimos dominó con él en diversos “estadios”, su esposa, hijos y nieta, lo pasamos maravillosamente disfrutando de una comida fusión –bien regada- y exquisita. Después dominó.

 

Esta podía ser mi buena noticia de hoy, que también lo es. Pero mi reflexión, que quiero compartir con mis lectores, pasa por esas dos hijas, el hijo y la nieta del homenajeado. Son un completo calco de lo que fue, ha sido y será su padre desde siempre. Un líder nato, simpático, servicial, sencillo y trabajador. Esos hijos han copiado de sus padres.

 

Decía Rousseau que “un buen padre vale por cien maestros”.

Los miembros de nuestra generación hemos sabido transmitir a nuestros hijos aquello que, a su vez, recibimos de nuestros padres, el amor y el respeto a los mayores. Los hijos de José Luís nos lo demostraron días atrás. Una buena noticia y un gran ejemplo.

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 21 de junio de 2018

EL SECRETO ESTÁ EN LA Y

 

          En muchas ocasiones en las que me encuentro con una confrontación entre dos posturas radicales, recurro al anuncio de un aceite de oliva -de una excelente calidad, por cierto-, que se basaba en la Y. Decía, más o menos: “el secreto está en la Y”.

 

    La semana pasaba les hablaba de la acogida por el pueblo español del “Aquarius” de una forma elogiosa. Ha sido una excelente operación que ha culminado de una forma bastante aceptable. Mientras, sigo recibiendo notas de la Cruz Roja malagueña en las que me indican el resultado de las operaciones de salvamento realizadas desde Málaga cada día. El pasado martes recibo la siguiente:

 “Buenos días, compañeros/as, Os informamos del balance de la atención anoche en el puerto de Málaga de 166 personas subsaharianas rescatadas de varias pateras (155 hombres -entre ellos, 1 menor- y 11 mujeres-, entre ellas, 1 embarazada y 1 menor-): 3 traslados a hospital. Gracias, saludos”.

 

Nada más en la escueta nota que me envía Miguel Prada desde la Cruz Roja. Así cada día. Por otra parte hablo con Francisco Cansino, de la CEAR (comisión española de ayuda al refugiado). Allí también están desbordados. No tiene tiempo ni de quejarse.

 

El resto de España parece que, después del rescate mediático del Aquarius, mira hacia otro lado a ver si hace buen tiempo. Miles de subsaharianos esperan la oportunidad de jugarse la vida en lanchas de plástico para encontrar “el dorado” del Madrid y del Barcelona y la vida muelle de los europeos.

 

Al final, cuando se agotan los medios, dejan a los inmigrantes en las carreteras y que se busquen la vida. Yo no tengo la solución, pero, por lo menos, hago patente mi solidaridad con esos miembros de los barcos de rescate de Salvamento Marítimo, los benditos miembros de la Cruz Roja y los hospitales que acogen a estas criaturas que luchan por la supervivencia.

 

Un segmento triste el de hoy. Pero termino con el recuerdo del anuncio de marras. “El secreto está en la Y”. España se tiene que volcar con los náufragos del Aquarius… Y… con todos los demás que llegan cada día a la Costa del Sol y de las pateras.   (Foto de Cruz Roja).

 

            

 

               

HONRADEZ

16 f, 18

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                        18 de junio de 2018

 

                HONRADEZ

Con cierta frecuencia se suele leer en los periódicos la noticia que recoge el rasgo de honradez de alguna persona, casi siempre de extracción humilde, que al encontrarse un bolso o una cartera con una sustanciosa cantidad de dinero, lo devuelve a su propietario.

 

    Esta circunstancia no debía de ser noticia por su rareza. Se supone que dentro de las cualidades innatas del ser humano se encuentra la de la honradez. Lo que es mucho suponer.

 

Dice la RAE que honradez es: “rectitud de ánimo, integridad en el obrar”, pero si buscamos un poco más, nos encontramos otra definición más amplia; honradez: “modo de comportarse que cumple con el deber respetando la ley, sin beneficiarse ni beneficiar a otros irregularmente”.

 

¿A qué me suena esto? Las noticias del mundo político, laboral, económico o comercial, parece que están reñidas con la honradez. El común de los mortales, un día tras otro, pasamos vergüenza ajena de lo que pasa a nuestro alrededor. Nos movemos en un mundo manipulado por los mangantes que deshonran a nuestro país.  Dimiten ante lo evidente y siguen poniendo las manos en el fuego los unos por otros. Seguro que llevan guantes ignífugos; si no hace mucho tiempo que las habrían perdido.

 

La buena noticia de hoy la tomo del diario LA OPINIÓN DE Málaga: Un ciudadano holandés de 46 años ha recuperado un bolso de mano de una marca de lujo con 5.575 euros que dejó olvidado en el carro de la compra de un supermercado de Estepona, gracias a que lo encontró un trabajador del establecimiento. La encargada del supermercado acudió a la Policía Nacional para entregar el bolso, que además del dinero contenía un pasaporte holandés, documentación que permitió identificar a su dueño, un vecino de Estepona de 46 años, según ha informado la Policía en un comunicado.

 El hombre, que hasta el momento no había denunciado la pérdida del bolso, fue localizado en Holanda, y hace unos días acudió a la Comisaría de la Policía Nacional en Estepona, donde le fue devuelto. La Policía ha destacado la actitud del trabajador que encontró la billetera que contenía 5.575,30 euros, al que ha definido como “vecino ejemplar”, y le entregará un reconocimiento”.

Nada que añadir, taxistas, empleados, camareros, gente corriente a la que no hemos votado, están dando sopas con honda a otros que debíamos de haber botado hace mucho tiempo. Esta gente corriente es mi buena noticia de hoy.

 

 

 

Aquarius

14 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 14 de junio de 2018

AQUARIUS

    Hoy habla todo el mundo de ese bendito barco que surca el Mediterráneo para librar del hambre o de la muerte a ese grupo de hermanos nuestros que solo han cometido el delito de nacer en un sitio lleno de pobreza.

 

    En un día en que el tema Lopetegui parece que va a hundir los cimientos de España -cuando apenas llevamos una decena de días con un nuevo gobierno- los brazos de los españoles, gracias a Dios, se alargan hacia ese grupo de hermanos que deambulaban por el Mediterráneo como la “falsa monea”. Los “avanzados y democráticos” países del Mare Nostrum miraban hacia otro lado y justificaban su actitud culpando a todo el mundo menos a su falta de solidaridad. ¿Qué hubieran hecho estos estados si se tratara de los náufragos de uno de los buques de lujo que surcan nuestras costas?

 

Los españoles, empezando por el gobierno, hemos dado la talla. De todas las creencias y comunidades surgen voces y gestos de acogida para esos pobres africanos redimidos hoy, entre otros, por la intervención de los medios. Sin ellos y la publicidad consiguiente, todavía andarían dando vueltas por el Mediterráneo como una especie de barco fantasma. ¡Hasta una cadena hotelera se ha ofrecido para dar empleo a una docena de ellos!

 

Espero que se siga el mismo procedimiento con el goteo diario de pateras que llegan a nuestras costas y que, de una vez por todas, se trabaje en el tema en su origen. Creo que si se mejora la vida en sus países africanos, con muchas posibilidades de desarrollo, si reciben la ayuda adecuada, no tendrán que abandonarlos de mala manera.

 

Así lo ha entendido un cura de nuestra Diócesis, Ramón Burgueño, que está trabajando, dentro de sus posibilidades, por hacer más feliz la vida de una parte de un pequeño pueblo de Costa de Marfil adonde está llevando escuelas, sanidad y los medios para subsistir y crecer por si mismos.

 

Creo que como siempre hay está la solución. “Muchos poquitos… hacen un muchito”. Un pueblo con futuro, es una patera menos que atender. Mientras, bienvenidos los trasladados por el Aquarius. Ojala encuentren aquí la paz y la tranquilidad que no tienen en sus países de origen. Lopetegui y Huertas han caído. El Aquarius sigue.

 

SALVAR VIDAS

10 f, 18

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                        11 de junio de 2018

 

SALVAR VIDAS

 

      La capacidad de servir del ser humano es infinita. Hasta después de muertos podemos ser útiles a los demás.

 

Me he sentido agradablemente sorprendido por la noticia, publicada en diversos medios, que recoge el apreciable ascenso del número de trasplantes realizados en Málaga, lo que me ha permitido considerarla como la BUENA NOTICIA DE HOY. Supongo que parte de ellos se realiza desde personas con buena salud que ceden parte de sus órganos a quien lo necesita, pero hoy quiero remarcar a los que después de fallecer siguen siendo útiles a los demás.

 

Allá por mediados de 1970 accedí por primera vez al banco de sangre del hospital civil para realizar mi primera donación. A lo largo de los años y mientras que mi edad me lo permitió, he ido a entregar mi bien preciado medio litrito, que era un bien preciado para algún enfermo. Al tener un grupo sanguíneo poco corriente (AB positivo), me llamaban especialmente cuando necesitaban sangre de mi grupo. Allí coincidía con varios que tenían las mismas características y llegamos a hacernos amigos para siempre entre ellos mi amigo Manolo Marfil q.e.p.d. Después me hice donante de médula y del resto de mi cuerpo, por si sirviera para algo. De la médula te excluyen con la edad.

 

Por eso entiendo la satisfacción que debemos tener los malagueños por este compromiso con la humanidad. Casi siempre los donantes lo son porque sus familiares así lo deciden, pero también podemos dejarlo dicho a nuestros deudos por si, desgraciadamente, fallecemos y aun servimos para algo. Hay un documento por ahí, que podemos llevar encima por si acaso.

 

Las familias de esos 62 donantes que han salvado vidas de enero a mayo de 2018 en nuestra provincia, se pueden y, estoy seguro que lo están, sentir contentos. La vida de su ser querido, o la suya propia, se ha prolongado dentro de otra persona que renace gracias a ellos. En el evangelio de San Juan se recogen estas palabras del propio Jesús: No hay amor más grande que dar la vida por los amigos».  Esta alternativa que nos permite ayudar a los demás hasta después de muertos, es otra expresión de amor.

 

Definitivamente lo de los donantes malagueños es una buena noticia.

 

    

                   

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 7 de junio de 2018

LA CONDICIÓN HUMANA

   

    Los seres humanos somos así. Necesitamos que alguien fallezca, sufra una desgracia o caiga defenestrado de su empleo para que hablemos de él (o de ella) de una forma positiva.

 

    Este pensamiento ha surgido en mi mente a consecuencia de la caída fulminante del gobierno como desenlace de una moción de censura basada en el compadreo y en el quítate tu para que me ponga yo; que seguiré haciendo lo mismo.

 

Los políticos y, consecuentemente, los gobiernos, actúan como los malos alumnos de los colegios. A principio de curso se toman muy en serio las clases, escuchan, trabajan con denuedo y lo hacen bastante bien. A partir de la segunda semana empiezan a racanear y a hacer de las suyas y terminan defraudando a todos.

 

Llevo varios días escuchando hablar bien de Rajoy a todo el mundo, periodistas incluidos. Ahora se le reconocen sus esfuerzos por sacar a España de la crisis y los aceptables resultados obtenidos con la recuperación del número de empleados y la mejora de la actividad económica en general. ¡A buenas horas, mangas verdes!

 

Ahora, ¡oh milagro!, se reconoce que los chorizos descubiertos en su partido, se hincharon de robar antes de que diera comienzo su legislatura. Se reconoce su trabajo denodado y su integridad, amén de su saber estar hasta el final. No ha dimitido porque no tenía sentimientos de culpabilidad y se ha ido con caballerosidad y muy dignamente. Mientras, alguno de sus predecesores sigue ratonando por lo “bajini” y esperando volver.

 

Esta es la condición humana. Siempre se habla bien del fallecido en su velatorio, aunque haya sido un desastre en vida. Se echa de menos a los responsables de cualquier actividad al poco tiempo de cesar en la misma. Ahora van a terminar por sacar a hombros al señor Rajoy los mismos que se han tirado telediarios completos poniéndolo de “chupa de dómine”.

 

No importa. Desde la ahora oposición comenzarán a propiciar la próxima alternativa de forma que, sucesivamente, lleguemos a odiarnos los unos a los otros de una manera desmesurada. País. Lo malo es que me dice la historia que esto ha pasado desde siempre, pero especialmente a lo largo de los últimos ochenta años.

 

Espero que los mayores, los del “segmento de plata”, pongamos un poco de cordura en nuestra conversación y no caigamos en radicalismos que no conducen a nada bueno. Los que van llegando creen que la solución se encuentra en pasar de Dios y en poner nuestra fe en los “salvadores de la patria”. Mal camino. Pero esta es la condición humana. Bienvenido el nuevo gobierno si es para bien.

 

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

VIVO… QUE YA ES MUCHO

Málaga 4 de junio de 2018

 

      Cuando algún familiar amigo o conocido utiliza para saludarme la frase retórica “como estás”, siempre respondo de la misma manera, totalmente consciente de lo que digo: “vivo… que ya es mucho”.

 

    Los mayores que somos sabedores de nuestra presencia en la primera fila de los aspirantes a “palmolive”, que a lo largo de nuestras conversaciones, hablamos de familiares, amigos y conocidos que ya se encuentran con el Padre y que “gozamos” de la presencia de las diversas dolamas que vamos padeciendo, nos preocupamos cada día de dar gracias a Dios por y para valorar nuestra permanencia en este mundo, dada las pocas ganas que tenemos de llegar al otro, aunque intuyamos que va a ser mejor.

 

En las familias grandes, como es el caso de la mía, siempre tenemos una celebración de algún tipo que nos permita disfrutar de algún momento feliz y nos de fuerzas para intentar llegar al próximo, con el mínimo de salud necesario. Este mes he tenido varios cumpleaños, una confirmación, una comunión, una graduación y una operación quirúrgica exitosa de un amigo.

 

Pero hoy me quiero referir como buena noticia el acto de graduación como bachiller (supongo que se dirá así) de mi nieto mayor Iván, celebrado en el salón de actos del colegio del que fui alumno hace ya más de sesenta años, donde han estudiado mis hijos y ahora lo hacen un montón de mis nietos.

 

Para los “puretas” todos los nietos son iguales. Pero, leñe, el primero es el primero. La sensación de ver crecer otra generación es única e irrepetible. El verlo convertido en un zangolotino de barba incipiente y a punto de incorporarse a la universidad es demasiado. Estas son las sensaciones que le mantienen a uno “vivo… de momento”.

 

Corren tiempos difíciles. El ver a casi un centenar de jóvenes en un botellón o chillando como posesos en un campo de futbol es corriente. El verlos abrazar a sus profesores que les han formado y acompañado durante quince años es definitivamente sublime. Escuchar sus proyectos de crear un mundo mejor y más solidario para el futuro es gratificante y esperanzador.

 

Como siempre me quedo con las ganas de intervenir en estos actos para hacerles ver lo orgulloso que me siento de ellos y su forma de vivir. Aprovecho esta columna para recrearme en esta buena noticia de hoy, que estoy seguro que también lo ha sido en casa de todos y cada uno de los graduados. Enhorabuena a Iván, a su padre y, porqué no, a su abuelo paterno, que soy yo. Sigo vivo… que ya es mucho.

 

 

rbt