HIJOS

24 f, 18

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                        25 de junio de 2018

 

                HIJOS

    Sigo manteniendo mi reflexión de siempre: “los hijos no los educamos… nos imitan”.

 

     A lo largo de los años he venido observando, en mí mismo y en cuantos me rodean, como cada vez nos parecemos más a nuestros padres. Es fácil reconocerlos en nuestros gestos, nuestras actitudes, la forma de movernos… incluso en las ideas y los pensamientos.

 

Por lo tanto he llegado a la conclusión de que en  nuestros genes o en la convivencia, recogemos un montón de órdenes y reflejos que se traslucen en nuestra forma de actuar y de responder a las situaciones alegres o desgraciadas que se nos presentan.

 

He tenido la oportunidad de comprobar la veracidad de mis pensamientos en la pasada semana. No se si les he dicho que soy un maestro del dominó a compañeros. Estudié la carrera en Málaga. Después me he “doctorado” en el Hogar de Mayores de la Torre de Benagalbón, un “templo” donde se imparten los masters en ahorcadores del seis doble.

 

Durante el invierno, juego cada miércoles una partida con viejos amigos (o amigos viejos) que lo somos desde los tiempos de la tuna y nuestros estudios en la Escuela de Comercio de Málaga. Esto nos permite mantenernos en forma y recordar los viejos y felices tiempos que compartimos.

Días atrás me llamó la hija de uno de ellos, José Luís Ortega, y me indicó que querían celebrar a lo grande el santo de su padre (celebran San Luís). Montaron una fiesta sorpresa por todo lo alto en un lugar ideal, su vieja casa hoy remozada. La docena y media de chavales de su quinta, que compartimos dominó con él en diversos “estadios”, su esposa, hijos y nieta, lo pasamos maravillosamente disfrutando de una comida fusión –bien regada- y exquisita. Después dominó.

 

Esta podía ser mi buena noticia de hoy, que también lo es. Pero mi reflexión, que quiero compartir con mis lectores, pasa por esas dos hijas, el hijo y la nieta del homenajeado. Son un completo calco de lo que fue, ha sido y será su padre desde siempre. Un líder nato, simpático, servicial, sencillo y trabajador. Esos hijos han copiado de sus padres.

 

Decía Rousseau que “un buen padre vale por cien maestros”.

Los miembros de nuestra generación hemos sabido transmitir a nuestros hijos aquello que, a su vez, recibimos de nuestros padres, el amor y el respeto a los mayores. Los hijos de José Luís nos lo demostraron días atrás. Una buena noticia y un gran ejemplo.

 

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