TODOS LOS SANTOS

31 f, 18

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 1 de noviembre de 2018

 

TODOS LOS SANTOS

  Aunque se han empeñado en que lo olvidemos, hoy sigue siendo la fecha de todos los Santos.

 

    Desde no hace demasiados años, nos está invadiendo una costumbre de lejanas raíces que está consiguiendo hacernos olvidar una hermosa fiesta y sustituirla por una patochada que detesto.

 

Aun recuerdo mi infancia en Jaén llena de saludos entre los familiares, comidas especiales, cocinado de “rosetas” a la lumbre y visitas a los cementerios cargados de flores y de castañas.

 

De repente, surge esta costumbre norteamericana, mejicana o de la rubia Albión, de disfrazar, primero a los niños y ya a todo “quisque”, de primos hermanos de Drácula o sobrinos de Frankenstein. Una monada. Los niños circulan en hordas con la frase “truco o trato” por enseña y piden yo no se qué con una calabaza en la mano.

 

Sigo defendiendo a ultranza la fiesta cristiana de Todos los Santos. Entre otras razones porque, personalmente, soy poco devoto del Santoral tradicional. En el mismo se recogen los nombres y virtudes de personas que han destacado por su vida ejemplar y que se reconoce su cercanía al Señor a través de un proceso de canonización. Me quedo con el resto de los Santos, aquellos que no llegan al conocimiento de todos. Por eso me gusta tanto esta celebración.

 

Ciertamente hay Santos cuya vida me gustaría imitar. Su obra o sus escritos me demuestran una vida a la que intento llegar y que nunca consigo. San Francisco de Asís, Santa Teresa de Jesús o San Pedro, como ejemplos. Pero yo, normalmente, me encomiendo a aquellos con los que he convivido y cuya vida es un ejemplo para mí. Los tengo tan cercanos que aun resuenan sus voces en mis oídos. Así que me encomiendo a través del recuerdo, e intento imitar, sin conseguirlo, a Juan Petesa, al Padre Carbonell, a Antonio Checa, a Juan Sintas, a Elisa Escobar o a mi amigo Valentín entre otros muchos.

 

Ellos son mis Santos de cabecera, aunque no están canonizados, pero en mi fuero interno los considero como cercanos al Padre y, por consiguiente, pueden interceder por nosotros ante Él.

 

Por lo tanto mi fiesta no es de disfraces, sino de recuerdo y oración-escucha de sus consejos y modo de actuar. El día dos rezaré por aquellos difuntos que se empeñaron durante su vida en no acercarse al Padre. Espero que hayan sido finalmente acogidos en el seno del que es infinitamente bueno. Eso creo.

 

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Los sencillos

28 f, 18

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 29 de octubre de 2018

m.montescleries@telefonica.net

LOS SENCILLOS

 

Hay veces que se agradece el no ser demasiado “listo”.

  Me encanta la radio. Especialmente la buena radio. La clásica. Con sus presentadores, su música y sus invitados. Soy un forofo de los programas de Carlos Herrera y me engancho los sábados y domingos por la mañana con el espacio de Radio Nacional que dirige Pepa Fernández desde hace muchos años.

Una buena dirección es importante, pero también lo es el escoger una serie de colaboradores de garantía que den prestigio al programa en general. En “no es un día cualquiera”, el programa de Pepa Fernández, coinciden gentes de mi generación, a los que he admirado desde siempre y otros más jóvenes, pero con idéntica calidad, todos ellos especializados en diversos temas.

No voy a resaltar ninguno de ellos porque quizás faltaría a la verdad o a la justicia. Tan solo voy a hablar de un gran científico: Manuel Toharia. Habla con conocimiento y autoridad de muchos temas que domina a la perfección,  pero siempre le sucede lo mismo cuando su discurso roza con la fe o con las creencias. Se torna desabrido, cuando no, casi insultante.

En el programa del pasado sábado se abordaba el fenómeno de la muerte. En la defensa de su teoría, basada en la ausencia de otra vida, manifestó casi despectivamente, que en un funeral al que asistió, gran parte de los presentes abandonaron indignados el templo al escuchar la frase del celebrante recalcando el paso a una vida mejor del fallecido, considerándola un insulto a la realidad. Los contertulios, tras un corto silencio, dudando que contestarle, cuando respiraron dos veces se manifestaron de una forma suave y casi imperceptible.

Me parece muy bien que cada uno tenga sus propias ideas, pero debe respetar las de los demás, que son tan defendibles o rebatibles que las suyas. De un plumazo se cargó todas las esperanzas de una vida eterna que, desde siempre, mantenemos las personas sencillas –y muchos científicos- de cualquier raza, cultura o creencias. Científicamente puede defender lo que quiera, pero el ser humano tiene algo más. No voy a entrar en justificar lo que pienso. Lo que me falta de ciencia está lleno de fe en una vida eterna.

Mi buena noticia de hoy la protagonizan, una vez más, la gente sencilla, como mis amigos Juan, Antonio o Valentín. Aquella que muere en paz y con esperanza. Esa que se acoge a los brazos de Jesús pidiéndole una Buena Muerte y sobre todo confiando en la Resurrección.

Se que mis ideas son rebatibles, como las de Toharia. Pero me agarro a la experiencia de personas, muy cercanas a mí, que han fallecido en paz y con esperanza. Lo siento por aquellos que no lo consiguen. Ojala algún día lo comprendan.

 

 

 

La valla

24 f, 18

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 25 de octubre de 2018

 

LA VALLA

Hay vallas que cierran, que incomunican, que aíslan.

 

   Estos días se habla mucho de las vallas. Unas son visibles y otras no; unas están y otras, solamente se notan. Dividen países, regiones, barrios e inclusive familias y personas sueltas.

 

Nos duele mucho contemplar como hermanos nuestros, a escasos kilómetros del paraíso turístico de la Costa del Sol, se juegan la vida por cruzar estas vallas que les impiden llegar al Dorado europeo. Algunos logran pasar, auque después son devueltos, otros llegan a nuestro país y se encuentran con la valla del egoísmo, la incomprensión y la xenofobia. Algunas veces su paso por nuestro país les lleva a ser objeto de la especulación política y a la autoconfesión de “medallas”.

 

Tremenda situación que me hace aceptar la incapacidad del hombre de la calle para resolverla en conjunto, pero la posibilidad de mejorar las condiciones de vida de estos semejantes nuestros que luchan por su supervivencia. He conocido de primera mano la labor que está realizando la Cruz Roja en Málaga gestionando la vida de un montón de refugiados que tienen ubicados en tres albergues provisionales, donde les dan asilo por una media de 24 meses y propician su integración en la sociedad potenciando sus capacidades.

 

A nosotros, los mayores, los del “segmento de plata”, no dudo en recomendarme y recomendaros la integración en alguna de estas plataformas de ayuda a los “ex/vallados”. Necesitan voluntarios que les acompañen al médico, a tramitar documentos, a entenderse con nosotros. Este trabajo nos ayudará a romper una valla que nos separa de estas criaturas. Tan solo hay que pasar por Cruz Roja en Calle Ollerías por la mañana.

 

Finalmente, tenemos otras vallas personales. Las que nos separan de los familiares, los amigos, los conocidos, los vecinos, los que no piensan como nosotros. Estas, a veces son más difíciles de superar, porque las hemos construido de prepotencia, de odio, de lejanía, de superioridad, de complejos, de potencial económico o cultural y de mala leche en general. Estas se pueden destruir desde fuera o desde dentro. Igual da. ¡Vaya con las vallas! ¡Lo que dan de sí! ¡Fuera las vallas de todo tipo!

 

 

 

TERNURA

21 f, 18

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 22 de octubre de 2018

m.montescleries@telefonica.net

TERNURA

 

En los tiempos históricos e histéricos  que vivimos, se me hace “raro” escribir sobre la ternura.

Como me he comprometido a transmitiros una buena noticia cada semana, me tengo que tapar los ojos, los oídos y la nariz para poderme centrar en los sentimientos que nacen de lo profundo. Así encuentro motivos que merezcan la pena compartir.

Lo bueno que tiene la vida es que, a veces, cuando uno se mueve en el mundo de la pobreza y la soledad, se atisba por el rabillo del ojo una situación que humedece tus cansados ojos y te hace volver a creer que es posible que se salve este mundo lleno de tanto desnaturalizado que deja de ser persona para convertirse en animal, por su actividad; en mineral por su pasividad; o en vegetal, por el hacer caso omiso a lo que pasa. Lo corriente es vivir el “laissez faire, laissez passer, le monde va de lui même” (dejad que el mundo se arregle solo).

Hace unos días me encontraba en un centro de acogida malagueño. Todos sus usuarios estaban perfectamente atendidos. Se bastaban a sí mismos. Observé que en una mesa un hombre mayor aquejado de Alzheimer me pidió que le cortara en trozos pequeños el panecillo con mantequilla que le habíamos preparado. Inmediatamente sentí una oleada de vergüenza en mi interior. No había observado que apenas se podía llevar los trozos a su boca. Le había dejado abandonado a su suerte.

Una trabajadora social, un ángel redivido, se acercó al hombre y sin preguntar nada más, se puso a darle de comer como si fuera un bebé. Con amor y sin prisas, como hay que hacer estas cosas.

Durante casi media hora le alimentó, le preguntó por su vida, se rió con él y lo trato como a un padre durante un buen rato. ¡Menudo ejemplo de ternura! UNA BUENA NOTICIA. Sobran el resto de las palabras.

 

  

MI MÉDICA

18 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 18 de octubre de 2018

 

MI MÉDICA

Para mí, esta si que es la mejor médica del mundo.

 

   Estos días se habla mucho de una médica de familia –Verónica Casado– que ejerce en Valladolid. Ha sido considerada la mejor médica de familia del mundo por el WONKA FIVE STARS, después de haber sido considerada la mejor médica de familia de Europa en el pasado año 2017, y en marzo del presente año el mejor médico de familia de Hispanoamérica. Unos honores plenamente reconocidos y merecidos.

 

Mi médica, Pilar, no se si será la mejor médica de familia del mundo. Para mí, lo es. Nunca tiene prisa y los pacientes, que lo sabemos, somos dignos de este nombre: paciente. Sabe cuando empieza la consulta, pero nunca cuando la va a terminar. Es imposible que en los cuatro minutos que nos asigna la seguridad social siquiera le de tiempo a saludarnos. Ella echa su cuarto de hora o lo que sea necesario. Y nosotros, esperamos pacientemente.

 

Entiendo y apruebo totalmente su actitud. Los médicos no están para ganar ningún record de velocidad, ni siquiera tan solo para diagnosticar y recetar. Esa conversación tranquila, esa mirada pausada y esa actitud que te hace sentirte querido, comprendido y acompañado vale por todo un tratamiento de fármacos.

 

He conocido a varios médicos de este estilo, cercanos, queridos y añorados cuando se jubilan o cambian de destino. Nunca saldrán en los papeles. Quizás estén ya hartos de nosotros, pero mientras estén, su sola presencia en la consulta te hace comenzar a mejorarte. Al final se establece una relación casi familiar.

 

Estoy convencido que estos médicos han entendido las palabras evangélicas de Jesús recogidas en el evangelio de San Lucas (su médico predecesor): “Curad las enfermedades en el nombre de Dios”.

 

Cuando se junta la ciencia y la fe en una persona sin prisas se consigue el milagro. Se palian enfermedades y se da esperanzas. Especialmente a nosotros los mayores.

 

 

 

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 15 de octubre de 2018

m.montescleries@telefonica.net

Dos puntos de vista.

 

A algunos “listos” hay veces en que “se les ve el plumero.

A lo largo de esta semana se han producido dos acontecimientos. Ambos muy tristes. En primer lugar el fallecimiento de Montserrat Caballé, posteriormente, las inundaciones de Menorca, especialmente en Sant Llorenç.

Ante estos hechos, el pueblo español –y el resto del mundo- han respondido de forma casi unánime. Lamentándose de la pérdida irreparable de la diva barcelonesa y española, de la  forma que ella merecía y aprestándose a echar una mano en el grave problema menorquín.

Pero siempre surgen discrepancias. Especialmente de aquellos amargados, corroídos por la envidia y la mala leche, que son capaces de alabar cualquier cosa de fuera de nuestro país (como es “lógico” en su segundo idioma) antes de reconocer el extraordinario valor de una catalana universal que no cesó nunca de proclamar a los cuatro vientos su españolidad.

Por otra parte, ante la admirable implicación de Rafa Nadal y su familia en la acogida en sus centros y en los trabajos de limpieza del pueblo que ha sufrido la catástrofe, han surgido voces discrepantes acusándoles de fascistas patrioteros y participantes de una operación de marketing. Todo ello desde sus cómodas posiciones en poltronas y “chaletes” destilando la mala baba que les sobra.

Tampoco he visto al gobierno balear “exigir” a las fuerzas militares de la Unidad Militar de Emergencias que hablen mallorquín para ejercer su trabajo. Espero que hagan lo mismo con el resto de los profesionales españoles que solo hablan español.

“En las cuestas arriba quiero ver…” decía mi amigo de la serranía de Ronda. A lo largo de su dilatada vida Montserrat Caballé ha dado la talla como persona, como cantante, como catalana y como española.

De Rafael Nadal solo puedo encontrar adjetivos elogiosos. Todo un señor. En el deporte y en la vida. En las alegrías y en las desgracias. Junto a las fuerzas de la UME, dentro de la tristeza de esta semana de pérdida de vidas humanas en Menorca y el fallecimiento de la Caballé, estos mallorquines españoles son los protagonistas de MI BUENA NOTICIA DE HOY. El otro punto de vista no me interesa.

 

La pregunta

11 f, 18

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 11 de octubre de 2018

 

LA PREGUNTA

Hay veces que se plantea uno la pregunta: ¿Sirve esto para algo?

 

   En ocasiones se siente uno como un “bicho raro”. Totalmente desubicado. Hasta el punto de caer en la tentación de dejarlo todo y dedicarse al “dolce far niente” (frase que dice el diccionario que significa: Expresión italiana que significa “ociosidad que resulta agradable”).

 

Escribir durante años una opinión sobre la importancia de pertenecer al “segmento de plata” y el jugo que se le puede sacar al mismo, termina por cansar las agotadas meninges y decidir tirar por la calle de en  medio. Uno se plantea si las reflexiones personales -transmitidas a tus amigos y lectores, por si les sirven- son dignas de estar recogidas en alguna publicación.

 

. Cada día –y con toda razón- se manifiestan los jubilados para solicitar la adaptación de sus pensiones a las necesidades básicas del siglo XXl, cuando se ha producido el hecho, totalmente desproporcionado, de que la administración se basa en una cotización en pesetas para devolver una prestación en euros. Como mínimo el euro ha tomado el lugar de las 100 pesetas. Una pérdida de casi el 70%.

 

A mi me pasa lo mismo. Voy a seguir erre sobre erre –mientras me lo permitan- haciendo pensar a los mayores que me rodean que son útiles y capaces de rendir mucho más a la sociedad. Días pasados se lo explicaba así a los asistentes a la reunión anual de los miembros de Vida Ascendente de Andalucía y Murcia. Con mis torpes palabras intentaba animarlos a aprovechar su tiempo y su capacidad. Me miraban con aprobación. Lo que no se, es si después, pondrán en marcha su labor en la Iglesia, en la familia y en la sociedad en general, que por otra parte es imprescindible.

 

Bueno, creo que me he desahogado. Seguiré contando mis elucubraciones por si le sirven a alguien. Con vergüenza, vayan a crearse que quiero ser maestro de nada. Tan solo intento que lo hagan mejor que yo.

 

 

 

 

NO-VE

7 f, 18

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 8 de octubre de 2018

m.montescleries@telefonica.net

 

NO-VE

Hoy me gustaría hablar de los promotores del premio NO-VE de la paz. ¡Menuda cara!

 

Todavía me estoy riendo de la presentación, por las casas de apuestas norteamericanas y la revista Time entre otros, de los candidatos al premio Nobel de la Paz. Se necesita tener escaso sentido común y poca vergüenza para presentar como candidatos al Señor Tramp, al Señor Puigdemont y al Señor Kim Jong-un  entre otros. Personas que llaman constantemente a la agresión, a la preponderancia y al “quítate tú para que me ponga yo”.

 

Parece que no han tenido bastante con los errores de bulto cometidos anteriormente. He podido leer que Adolf Hitler fue propuesto en su día y si leemos la nómina de los premiados vemos nombres basados en al conveniencia y no por su valor.

 

Los premios Nobel fueron instituidos por Alfred Nobel, un químico e ingeniero, inventor entre otras “delicias” de la dinamita y fabricante de armamentos. Se crearon para satisfacer la última voluntad del prócer sueco -quizás cargado de sentido de culpabilidad- de dejar la mayor parte de sus bienes a la creación de dichas distinciones. Entre otros apartados seleccionó el premio Nobel de la paz.

 

Finalmente ha predominado la cordura y se lo han concedido a un ginecólogo congoleño (Denis Mukwege) y a una víctima de la esclavitud sexual yihadista (Nadia Murad). Estoy convencido que se lo merecen de sobra. Hasta aquí todo muy bien, pero estimo que hay personas –posiblemente menos aclamadas por los intereses políticos o económicos- que merecen recibir este premio cuya dotación económica les permitiría ampliar su campo de trabajo.

 

Sin ir mas lejos, podían concedérsela a esos denodados miembros de Salvamento Marítimo y la Cruz Roja que se hacen cargo cada día de cientos de migrantes africanos que se embarcan en la aventura de buscar el “paraíso” europeo, dejando empeñadas a sus familias en el pago de las 10.000 euros que les cobran los neo-negreros traficantes, que los transportan de aquella manera.

 

Hemos conocido –y esa es mi buena noticia de hoy-, que el pasado día 2 rescataron a 375 personas. Y así cada día. Aunque no tengan donde meterlos. Es lo mismo. Se les acoge como se puede y mientras… a seguir cobrando pensiones ministros que han estado en el sillón pocos días. Bravo por ellos. Premio “No-ve” del oportunismo.

 

 

 

 

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 27 de septiembre de 2018

PREMIOS NOBEL… PLATEADOS

  Recibo con alborozo la concesión del último premio Nobel de Medicina a dos “plateados”.

 

    Cuando me encuentro con alguna persona mayor que piensa que su vida activa se ha acabado me “pongo de los nervios”. Los integrantes del “segmento de plata”, esa generación que da titulo a esta columna, son personas tan útiles y eficaces como lo eran antes de pasar la barrera “terrorífica” de la jubilación. De hecho hay muchos, como yo mismo, que siguen haciendo lo mismo –pero sin cobrar- que hacían antes. Otros se han reenganchado en la vida laboral e investigadora “mientras el cuerpo aguante”.

 

Hemos recibido con esperanza y alborozo la concesión del premio Nobel de medicina a dos investigadores que pertenecen a este grupo de edad. Se trata de los Doctores James P. Allison de EEUU y Tasuku Honjo, japonés. Se lo han concedido por su trabajo en equipo sobre la liberación de células inmunes que atacan a los tumores. Un paso gigantesco en la lucha contra el cáncer.

 

Lo notable, en este caso, es que tienen 70 y 76 años respectivamente. Si al pasar la edad de jubilación se hubieran dedicado a echar de comer a las palomas o en vigilar las obras municipales, este descubrimiento se habría quedado en el deseo.

 

Se que no somos aspirantes a ningún premio Nobel, pero somos útiles y capaces de realizar un montón de actividades que mejoren la vida de los que nos rodean y la nuestra propia. Tenemos tiempo para realizar nuestros hobbies y terminar aquello que dejamos inacabado por falta de tiempo. Pero, finalmente, lo que nos sobra son horas para dedicarlos a los demás. En cristiano, a realizar las obras de misericordia. Sí, aquellas corporales y espirituales que estudiamos en el Ripalda.

 

Démosle un repasillo al catecismo de nuestra vida y obremos en consecuencia.