HOMILÍA

30 f, 19

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 30 de mayo de 2019

 

HOMILÍA

Se denomina sermón u homilía al género de la oratoria que consiste en un discurso de tema religioso, por lo general pronunciado durante el culto cristiano.

 

     Así recoge la Wikipedia este término. La RAE es menos explícita: “f. Razonamiento o plática que se hace para explicar al pueblo las materias de religión”.

 

En la actualidad la palabra sermón tiene un sentido más peyorativo y da una imagen de discurso más tedioso. Por eso, en estos tiempos se usa preferentemente la palabra homilía. En las diversas celebraciones religiosas, especialmente en las eucaristías dominicales, se procede a la proclamación de una homilía cuyo tema suele estar relacionado con las lecturas del día.

 

Los celebrantes hacen uso de sus estudios de homilética, sus condiciones naturales, su preparación lejana e inmediata, su estado de ánimo y las características de los fieles asistentes a la Misa. No es lo mismo un auditorio infantil, juvenil o de adultos; una Eucaristía de Gloria que un funeral. Por eso no hay dos homilías iguales ni siquiera proclamadas por el mismo sacerdote.

 

Estimo que, amén de ser una presentación del discurso evangélico, tiene mucho que ver con un género literario muy difícil. Necesita unas medidas justas y un equilibrio suficiente para captar la atención de los fieles y para aclararles dudas.

 

El pasado domingo, en el templo de mi barrio disfrutamos de una homilía fantástica. En apenas diez minutos, el celebrante enlazó las lecturas maravillosamente, las aplicó a nuestra vida y creó las expectativas necesarias para enlazar con las del próximo domingo. Una aportación a la Eucaristía que le dio más sentido si cabe.

 

Los curas mayores decían que “en tiempos de melones… cortos los sermones”. En tiempo de melones… y en todo tiempo, una homilía “breve y esperanzadora” realza y aclara la Palabra de Dios, que, a veces, se nos hace difícil entender.

 

Sí, ya sé que no soy nadie para hacer este tipo de recomendaciones, pero una excelente homilía me ha dado pie a reflejar estos pensamientos. Perdonen la osadía.

 

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FELICIDAD

26 f, 19

LA BUENA NOTICIA

de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net    

                           Málaga 20 de mayo de 2019               

FELICIDAD

 

      Dicen los expertos que la felicidad se basa en la ausencia de miedo.

Y llevan razón. Si te pones a analizar detenidamente tu experiencia vital, descubres que tus momentos de felicidad han coincidido con las etapas de tu vida en la que no has tenido miedo a nada ni a nadie.

Reconozco que soy un pesimista recalcitrante. Toda mi vida me he estado “amargando la existencia” con el miedo al mañana y el que sucederá. Y eso que he convivido con auténticos defensores del “no pasa nada” y que, en la gran mayoría de los casos, llevan razón. Tengo miedo al porvenir político, económico o simplemente a lo que nos deparará el futuro.

Creo que esa “enfermedad” me nace de la experiencia vivida tras el inesperado fallecimiento de mi padre a una edad en la “que no le tocaba”, o bien a mi profesión liberal que no me permitía jamás asegurar el futuro laboral o económico. Encima, muchos hijos y nietos en la jungla del asfalto… dan para asustarse.

Pero ahora no tengo derecho a seguir con mis miedos. Sí, sé que tengo las dolamas (palabra que me encanta utilizar en vez de padecimientos) propias de mi edad, sexo y condición. Yo las magnifico. Estoy en camino de pensar que cuando alguien tarda más de la cuenta no es que le haya sucedido nada malo, sino que se lo está pasando muy bien. En fin soy un “pupas”. Quizás basándome en la frase de mi padre -del que soy un calco- “el año que viene vamos todos al hospicio”.

Lo bueno de todo esto es que conozco las respuestas adecuadas. “Nadie se muere el día antes”; el “quién a Dios tiene nada la falta” de Santa Teresa; “olvida el pasado, vive el presente y deja el futuro en las manos de Dios” de otro filósofo. Pero mis maltrechos huesos, mi espalda fastidiada y mi falta de optimismo me llevan a ser una especie de miedoso recalcitrante.

No sé si estoy a tiempo. Pero tengo que quitarme alguno de mis miedos a fin de alcanzar la felicidad que dicen los que no me conocen que destilo de mi actitud y mis escritos. Los que me sufren a diario son testigos de mi “canguelo” perenne.

¿Cual es mi buena noticia de hoy? Pues que, gracias a Dios, estoy rodeado y acompañado de personas optimistas que rezuman felicidad por los cuatro costados. En este caso, el dicho de Ortega sobre “el hombre y su circunstancia” juega a mi favor. Por consiguiente recomiendo a los “petardos” que tienen mi mismo problema (que espero sean pocos), que se sepan rodear de personas dispuestas a “sufrir con paciencia tus flaquezas” y, consecuentemente, lleven un poco de felicidad a los miedosos compulsivos como yo. Seamos felices. Cuanto se pueda.

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 23 de mayo de 2019

 

DEL VIEJO… EL CONSEJO

       A lo largo de la historia se ha valorado mucho la experiencia transmitida por los mayores.

 

En muchas comunidades africanas se mantiene la tradición de mantener en un lugar preeminente a los mayores. También sucede lo mismo en las ya escasas familias tradicionales que subsisten en los que se autodenominan “países avanzados”. Al final, y a menudo que se va creciendo en la edad, se va valorando más el consejo del mayor, basado en la filosofía, la experiencia y la cultura recibida a lo largo de la vida.

 

Curiosamente –y sin apenas darnos cuenta- se sigue manteniendo una especie de gerontocracia en nuestra sociedad moderna. Tenemos en Málaga el mejor alcalde de la historia que es ¡¡más mayor que yo!! La Iglesia la rige un octogenario y la comunidad de Madrid una señora que, según los papeles, debería llevar años jubilada. Y ¡qué les voy a decir de Don Amancio Ortega! Un auténtico empresario y mejor persona. Un hombre que ha sabido crear un imperio desde una pequeña fábrica de batas (Goa) en Galicia. Y todavía se empeñan “tiillos” sin ninguna categoría en criticar su importantísima aportación económica para la adquisición de bienes de equipo para paliar el cáncer.

 

Ayer ha fallecido Eduard Punset, otro octogenario que ha estado transmitiendo su ciencia y su sonrisa hasta el último momento, como tantos otros jubilados (llenos de júbilo) que siguen dejando en herencia sus conocimientos a través de la transmisión oral y el uso de los medios de comunicación.

 

¡Cuantos misioneros –hombres y mujeres, seglares y consagrados- dejan su vida la ayuda a los demás en países lejanos! La mayoría son mayores o muy mayores. Para ellos no hay edad. Siguen transmitiendo su fe y sus vivencias de forma sencilla y eficaz. La mayoría se quedan en el camino, como la misionera española asesinada en la Republica Centroafricana días pasados. Se trata de Inés Nieves Sancho, de 77 años, que llevaba 26 años en aquél país.

 

Un ejemplo más de una persona mayor que sigue transmitiendo paz y amor hasta la muerte. Nosotros lo tenemos más fácil. Tendremos que esforzarnos en ser ejemplo con la palabra y la vida para una generación que se queda más con el continente que en el contenido. En el tener que en el ser. En el desprecio a las tradiciones y el pasado, sin pensar que de la experiencia de los mayores se sacan los valores del futuro.

 

 

 

 

 

LA BUENA NOTICIA

de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net    

                           Málaga 20 de mayo de 2019               

DOS MUESTRAS DIFERENTES

 

      Se han celebrado este fin de semana dos acontecimientos con un significado muy distinto.

Se trata del enésimo festival de Eurovisión (que por cierto se celebra en Asia y con participación de un país de Oceanía) que, durante el fin de semana volverá a ganar el participante que tenga el grupo de influencia más grande y se gaste más pasta en su logro. Los españoles cada vez tenemos menos points y solo contamos con los de Portugal y algún despistado. (No me he equivocado, ha quedado como… siempre).

Por otra parte (y esta es mi buena noticia de hoy), se ha celebrado en el parque malacitano la muestra de Participación y voluntariado de Málaga capital. Llevo asistiendo a la misma a lo largo de los últimos diez años y cada vez me sorprende más la fuerza y la calidad del entramado de la Málaga Solidaria. Casi todas las posibilidades de aportar lugares de encuentro y ayuda a los diferentes de todo tipo, son contemplados y asumidos por el centenar de asociaciones y ONGs que participan en este certamen y que, a lo largo de todo el año, ponen sus instalaciones y voluntarios al servicio de aquellos que lo necesitan.

Dos certámenes muy diferentes pero que, a pesar de la diferencia de inversión y de impacto mediático, no me cuesta ningún trabajo valorar en su justa medida. En uno se atiende a los intereses de las casas discográficas, las plataformas mediáticas y la propaganda política, mientras que en el otro se premia más el contenido que el continente; se atiende a los que son menos afortunados por la vida, por lo que son dignos de recibir las atenciones necesarias para sobrellevar sus dificultades.

El parque malagueño se ha llenado este fin de semana de solidaridad y de VIDA con mayúsculas. De héroes anónimos que se dejan sus fuerzas y parte de su economía en el servicio a los discriminados por su minusvalías, condición cultural, económica, sexual o laboral. Una buena noticia.

 

                           

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 9 de mayo de 2019

 

YO OS HE ELEGIDO

       Por mucho que repasemos sus enseñanzas, el Evangelio de cada día nos transmite matices que nos hacen pararnos y pensar.

 

       El pasado martes nos decía claramente en San Juan 15: “No sois vosotros los que me habéis elegido a mi, he sido yo el que os ha elegido a vosotros”. Y continua diciendo: “os he puesto para que deis fruto”.

 

Precisamente ese día vi colgado en mi muro de Facebook un comentario de mi amigo Luis Santiago, un excelente suministrador de buenas noticias; en dicho articulo se presenta la semblanza de una enfermera polaca que entendió perfectamente esa llamada del Señor para dedicarse a los demás. Una mujer que dedicó toda su vida a aliviar el sufrimiento de sus semejantes, especialmente a los más abandonados por la suerte.

 

No se me ocurre un escenario más terrible para el nacimiento de un niño judío que el gueto de Varsovia en plena segunda guerra mundial. Allí estaba nuestra heroína Irena Sendler “el ángel de Varsovia”. Lo importante del personaje estriba en que actuó durante toda su vida de igual forma. Primero como enfermera de hospital, después sacando los niños judíos del gueto escondidos en cajas de cartón. Me ha recordado como mi amigo Ramón Burgueño y sus gentes, se traen a España, niños de Costa de Marfil, otra especie de gueto, que se encuentran en situación desesperada  mantenidos con vida en incubadoras de cartón. Aquí les tratan hasta recuperar su salud precaria.

 

Irena Sendler pasó por las cárceles nazis y por la persecución del gobierno polaco de la posguerra. Entregó los archivos que tenía soterrados con lo que consiguió localizar a muchos de “sus niños”. Finalmente formó su familia propia y vivió en el anonimato el resto de sus días hasta su muerte a los 98 años, salvo en la ocasión en la que le rindieron un homenaje los rescatados.

 

Esta es una vida de aceptación del “acuerdo” de una persona con el designio divino. Una católica que no entiende ni de razas ni de religión. Nos enseña a movernos por las periferias y “oler a choto”. A mojarnos con los demás y por los demás.

 

Se puede. Claro que se puede vivir dando fruto. Un ejemplo para los que estamos en el “segmento de plata”. Nos quedan muchos a los que ayudar.

      

 

POLÍTICOS

12 f, 19

LA BUENA NOTICIA

de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net    

                           Málaga 13 de mayo de 2019               

Políticos

A lo largo de mi dilatada vida he podido observar la evolución de la clase política.

Mi conocimiento de los políticos españoles se inicia durante mis estudios de grado medio en la Escuela de Comercio. En ellos se impartían “las tres marías” (asignaturas de poca importancia que aprobaba todo el mundo). Entre ellas destacaba la pomposamente denominada como “Formación del Espíritu Nacional”. No recuerdo que nos enseñaban, pero sí un texto de Fraga Iribarne que usábamos en los últimos años del Profesorado Mercantil sobre la Sociedad Española. Para un servidor, en la época anterior a la democracia, los políticos eran unos señores de chaqueta blanca, uniforme militar o chilaba de los representantes de las plazas y provincias africanas. Usaban mucho la palabra “Gloriosa cruzada” y aquello de “usted no sabe con quién está hablando”.

Posteriormente compartí aulas en la facultad de Económicas con lo más granado de la incipiente España democrática. Allí comencé a conocer sindicatos y partidos clandestinos. Con la muerte de Franco la cosa cambió radicalmente. Suárez –un político al que admiro profundamente-, supo escarbar entre profesionales de talla para crear la UCD, mientras el resto de los partidos salieron a la luz rescatando políticos del exilio, los sindicatos y los intelectuales de todo tipo. Fueron políticos honestos y brillantes que llenaron el espacio político de cordura, respeto y búsqueda de lo mejor para España, renunciando a puestos brillantes y verdades absolutas.

La cosa se ha ido degradando paulatinamente. Los políticos actuales proceden en su mayoría de los cachorros de las nuevas generaciones con una evidente falta de contacto con el mundo real y los problemas reales. Se preocupan más de la forma que del fondo y son manejados por los “gurus” de la comunicación y la apariencia ante los medios. Son honrados por necesidad. Inventan curriculums de los que carecen. Suceden a la segunda generación de políticos que les precedieron durante el cambio de siglo. Estos se vieron manchados por la corrupción y el apego a la “buena vida”, las vacaciones pagadas y la cuentecita en Suiza. Los de ahora son honrados por el momento… e inexpertos. Han aprendido a prometer hasta meter y aguantar mientras se pueda.

Por supuesto no he querido generalizar en mi opinión sobre la clase política. Muchos de ellos no han pertenecido, ni pertenecen, a este “grupo” de pésimos gestores que han hecho verdad aquello que decían los argentinos: “el país crece mientras los políticos duermen”.

En estos días estamos despidiendo a un político de talla. Alfredo Pérez Rubalcaba era un político íntegro. Por eso se quedó a media altura. Su aspecto de mayordomo inglés de la vieja escuela, su calva incipiente y descuidada así como su discurso sin florituras,  propio de un profesor de universidad, no daban “la imagen” adecuada para más altos puestos. Por eso se retiró humildemente y sin ruido.

El pueblo español, que es sabio,  ha sabido valorar su entrega y su dedicación. Ha reconocido como, junto a Rajoy, otro que tampoco dio nunca la imagen requerida, consiguieron solventar el asunto de la abdicación de Don Juan Carlos y, una vez cumplida su misión, volver a las aulas donde ha dado hasta el último suspiro.

En su féretro faltaba una cruz, posiblemente por su condición de no creyente, pero espero Dios le tenga en su regazo porque fue un hombre de buena voluntad de los “que ama el Señor”.

La vida y la trayectoria de Don Alfredo Pérez Rubalcaba son una buena noticia y un ejemplo para todos.

 

 

                                          

¿Y AHORA QUÉ?

9 f, 19

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 9 de mayo de 2019

 

¿Y ahora qué?

       Han pasado varios días de los comicios. Y varios días de la Pascua de Resurrección. Todos nos preguntamos: ¿y ahora qué?

 

       Pues lo mismo de siempre, nada o casi nada nuevo bajo el sol. Mientras nos aprestamos a celebrar el segundo round de las elecciones nos queda un espacio para pararnos y pensar. Elegir el menos malo y votar.

 

En cuanto a la Pascua, yo, como siempre, busco en la misma fuente. El Evangelio-legado de Jesús de Nazaret. El domingo pasado recogía la liturgia el pasaje descrito por San Juan en el capítulo 21 de su Evangelio; el que yo, sin afán de ser irreverente, describo como el “Evangelio de la moraga”.  Dice lo siguiente: “Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan”.

 

    Estamos en plena celebración de las fechas pascuales, pendientes de las próximas salidas procesionales de las hermandades de Gloria. Pienso que tenemos algo más que hacer y no quedarnos un tanto alelados como los Apóstoles. Tenemos que aprestarnos a la próxima (o inmediata) llegada del Espíritu Santo sobre los hombres que ama el Señor. El legado evangélico de San Juan recoge un poco más adelante: “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros y serán mis testigoshasta en los confines de la tierra.

 

Bueno, pues ya tenemos tarea. Exigir a los políticos que cumplan sus promesas y aprestarnos los cristianos a ser testigos. A proclamar a los cuatro vientos que Jesús ha resucitado en nosotros y en los más necesitados. Nos ha encargado que sigamos su tarea. “Casi na”.

 

 

    

   

NO PASA NADA

5 f, 19

 

LA BUENA NOTICIA

de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net    

                           Málaga 6 de mayo de 2019                                                          

NO PASA NADA

          Parecía que después de las elecciones se iba a unir el  cielo con la tierra.

No ha llegado el fin de los días. Todo ha seguido como antes del 29 de Abril. Los augures –especialmente los agoreros- nos vaticinaban una debacle española, cualquiera que fuera el resultado. Finalmente seguimos casi igual. Lo cual es para mí una buena noticia.

     Parece que los inquilinos de la piel de toro hemos adquirido una cierta madurez que nos permite asistir, primero a un cambio de gobierno en Andalucía -después de un montón de años- sin que nadie, salvo deshonrosas excepciones, se rasgue las vestiduras, y, en esta ocasión, a la caída en picado de los pasados vencedores de las elecciones al parlamento.

El pasado viernes asistí a la comida mensual que celebramos aquellos que compartimos juegos e ilusiones desde hace más de sesenta años. Me atreví a lanzarme a la calle después de mi enésima caída acontecida en mi domicilio el Jueves Santo, que me tiene fastidiado y con pocas posibilidades de movimiento. Éramos diez a la mesa. De distintas profesiones e ideologías. Me temía lo peor. Mientras degustábamos pescaditos variados y cuanto nos ponían por delante, tan solo hablamos de futbol y de Semana Santa. Sorprendentemente no hablamos de política ni para llorar no para reír. Cierto que mantuvimos una animada discusión sobre “si caracoles o callos” o la elección entre “ribera o rioja”.

En el bar en el que comía –lleno todo hasta los topes- la gente reía, comía y se veía feliz. Por las calles del centro de Málaga, nativos y visitantes ocupaban todas las terrazas, bares y chiringuitos varios, mientras se ponían a modo de comer, beber y disfrutar.

Al final descubro, lo que es una buena noticia, que las dramáticas situaciones vaticinadas en los debates, los programas de la tele, los artículos de fondo y los gurús de los medios en general, duran lo que duran. Hasta que nos damos cuenta que las situaciones cambian muy poco, no hay más cera que la que arde y los políticos de cualquier signo, siguen defendiendo su puesto, su partido y a los votantes. En ese orden. Finalmente, el sentido común triunfa y… hasta la próxima. No pasa nada, la vida sigue igual.

 

 

Perdedor

2 f, 19

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 2 de mayo de 2019

 

PERDEDOR

Definitivamente soy un perdedor. No gana jamás mi opción política.

 

       Y no me importa nada este fracaso aparente. Desde el principio he tomado una opción por el menos malo. Cuando de joven soñaba con la democracia siempre llegaba a la conclusión de que mis ideas van por ser un socialdemócrata cristiano. Nunca he encontrado la posibilidad de votar a un partido de estas características. Social por lo que tiene de solidario, demócrata porque así se aceptan los deseos de la mayoría y cristiano porque esa forma de vivir es el objetivo de mi vida.

 

Al principio de la etapa democrática de nuestro país, un conato de aparición de este partido solo consiguió meterse de perfil en una coalición y que sus promotores se endeudaran hasta las cejas. Después nada de nada. En su ausencia sigo buscando y buscando. Perdiendo y perdiendo.

 

Hace casi cincuenta años alguien me explico lo que significa la “alternativa cristiana”, que no consiste en “quítate tú para que me ponga yo”, sino en cambiar el dinero-poder-prestigio por el compartir-igualdad y solidaridad.

 

    Esta filosofía de la convivencia se encuentra con las opciones políticas unas veces de las “izquierdas” y otras de las “derechas”, pero el camino tras Jesús sigue su firme transcurrir, sin pensar en lo “políticamente correcto” sino realizando lo humanamente correcto.

 

Esta opción política tiene muy poco futuro en este mundo más pendiente de las paridades y las paridas, que de esforzarse por elevar el nivel de vida de los más desfavorecidos y el promover la cultura y la convivencia entre todos los españoles, sin banderías ni partidismos innecesarios.

 

Optar por el estilo de vida de Jesús es difícil. Te convierte en un incomprendido y un perdedor nato. Pero “que te quiten lo bailado”. Ya en el juicio de Jesús, en aquél plebiscito del Jueves Santo, las opciones quedaron claras. Mis sabios lectores saben el porqué: Dinero-poder-prestigio.