LA FIERA

9 f, 20

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         Málaga 10 de agosto de 2020

  LA FIERA

  Una de las acepciones que dan los italianos a la palabra fiera la podemos traducir por el vocablo español “Feria”

  El desagradable año veinte-veinte, además de bisiesto-siniestro, nos ha “premiado” con la suspensión de las procesiones de Semana Santa, de todo tipo de festejos veraniegos y veremos a ver si no nos fastidia las navidades.

Otros años por estas fechas, más o menos, se está celebrando la feria de Málaga. Este año, la fiera encarnada en la pandemia nos ha dejado sin la posibilidad de echarnos a la calle en estos días de calor y disfrutar de música y diversión para todas las edades. Jamás he visto un mes de Agosto más deprimente que el que estamos viviendo este malhadado año.

A pesar de todo recibo una buena noticia a través de los medios de comunicación. Dos mujeres malagueñas han decidido ponerse sus galas de flamenca y colocarse una mascarilla de lunares a fin de darse un garbeo por la calle Larios el próximo fin de semana.

Una excelente noticia que demuestra la imaginación de estas malagueñas que han decidido poner al mal tiempo buena cara (con mascarilla por supuesto). Esto o la depresión. Conozco de primera mano la situación en que se encuentran la mayoría de los españolitos de a pie, que observan como todo lo que hemos avanzado en cuatro meses, lo están tirando por la borda unos insensatos que siguen haciendo el burro a diario, olvidándose de todo tipo de precauciones.

 

Sea bienvenida la decisión de esas mujeres cuyos datos desconozco. Lo que si sugiero a los fabricantes de mascarillas, es que confeccionen unas con colorido o adornos aplicados a las fechas. Y sigamos brindando con una cerveza fresquita (o un moscatel helado de casa El Guardia), porque acabemos pronto y bien este maldito año 2020.

VIVA LA FERIA Y MUERA LA FIERA

 

                          

LA NORMALIDAD

5 f, 20

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

Málaga 6 de agosto de 2020

 

LA NORMALIDAD

   A los mayores se nos plantea una duda existencial. ¿Cuál es ahora nuestra normalidad? ¿En qué consiste?

 

La vida de los mayores ha recibido una convulsión extraordinaria a lo largo de los últimos cinco meses. Hemos pasado de un status quo bastante estabilizado, en el que hemos asumido nuestros roles de mayores activos, a una incertidumbre cimentada en el miedo a la situación sanitaria y a las dudas provenientes de la información. Al final de todo esto nos encontramos con un pavor cerval a las calles y a las actividades que impliquen trato con nuestros semejantes.

 

Les pondré un ejemplo. No he conseguido superar el temor a entrar a un café para desayunar o comer con mi familia más próxima en un restaurante. Por otra parte toda la actividad que hacemos los mayores como voluntarios se ha visto interrumpida al considerarnos “población de riesgo”. Que lo somos.

 

La psicosis que se ha producido conduce a los miembros de tu familia a impedirte tomar un espacio de libertad que psicológicamente necesitamos. Lo que no hacen con los jóvenes, que como tienen bula especial, hacen de su capa un sayo y contaminan a diestro y siniestro sin conciencia alguna.

 

He decidido crear una “normalidad distinta”. Apenas llegue septiembre voy a volver a dar clases presenciales a mis queridos alumnos, a darme un paseíto mañanero por las calles de mi barrio, a practicar un poco de natación (con la máxima seguridad posible) y a reunirme una vez al mes con mis amigos de siempre para comer y convivir. Creo que debemos recuperar un riesgo asumible. También muere la gente de gripe y de accidentes vasculares. No podemos seguir confinados, en beneficio de nuestra salud mental.

 

Ayer jugué dos partidas de dominó, con mis amigos y vecinos del hogar de mayores. Con mascarilla y desinfectado frecuente de manos. Para mí es una heroicidad. Un gran paso. Si siguiera acobardado acabaría encerrado debajo del colchón y cogería el virus de la vejez mental.

 

Acabaré con un grito reivindicativo: ¡Carpe diem! Leo en Internet la frase completa de Horacio: “carpe diem quam minimum credula postero”, que en español puede entenderse como el siguiente consejo: “aprovecha cada día, no te fíes del mañana”.

 

 

 

EL MILAGRO

2 f, 20

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         Málaga 3 de agosto de 2020

  EL MILAGRO

  Parece ser que hace 2000 años hubo un día en que fue necesario el reparto de alimentos.

 

En la Eucaristía del pasado domingo se rememoraba el evangelio en el que se recoge la multiplicación de los panes y los peces. Aquel día la multitud tenía hambre y no tenía que comer. No voy a entrar en como se realizó el milagro, pero me voy a quedar en dos frases. La primera: dadle vosotros de comer, y la segunda: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces.

 

   Una situación parecida se ha ido repitiendo a lo largo de la historia. Sin ir más lejos se sigue produciendo en nuestros días. Y el milagro se sigue viviendo entre nosotros. Personalmente asisto a diario al reparto de alimentos para miles de personas de todas las edades en nuestra querida Málaga. Curiosamente, la gran mayoría, en instituciones regidas y administradas por seguidores de ese Jesús de Nazaret que nos sigue diciendo: dadle vosotros de comer.

 

   Doy fe de aquellos que viven el milagro cada día. Sin saber de donde, año tras años, los comedores sociales de inspiración cristiana, tales como: El comedor de Santo Domingo, Calor y Café, Amfremar, Yo soy tú, Emaús, El biberódromo, San Juan de Dios, etc., etc., dan de comer a miles de necesitados. Todos ellos ponen sus cinco panes y sus dos peces.

Estas instituciones dependen de la buena voluntad de las autoridades malagueñas, de los particulares, de los voluntarios y del Banco de Alimentos. Estos seguidores de Jesús, hacen presente cada día el milagro de los panes y de los peces. Mi buena noticia de hoy me la transmite la solidaridad que se sigue produciendo 2020 años después.

 

          En la homilía que escuché ayer, el celebrante insistía en lo que pasó aquel día en Galilea. Yo pienso que sigue sucediendo hoy en día. Dios está siempre presente. Nos sigue utilizando como sus manos. Esta es una buena noticia.

                 

 

      

MANIQUEOS

29 f, 20

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

Málaga 30 de julio de 2020

MANIQUEOS

   Nos movemos en un mundo intolerante, de blanco o de negro.

 

     Dice el diccionario de la RAE que maniqueísmo es Actitud o interpretación de la realidad que tiende a valorar las cosas como buenas o como malas, sin términos medios”.

 

Esta es la actitud que percibimos a nuestro alrededor cada día. La amplia gama de grises no existe. Comprendo que se sea radical en la juventud. Pero que tipos sesudos y aparentemente preparados mantengan la actitud de “mantenella y no enmendalla”, me parece totalmente incongruente e intolerante.

 

Basta tan solo con que pertenezcas de facto o tan solo ideológicamente, a la izquierda o a la derecha, para que todo lo que hagan o digan los contrarios te parezca negativo e inaceptable. Tengo amigos de ambas tendencias a los que respeto, pero, como habrán podido comprobar, ni les critico ni les rebato sus teorías que tienen siempre el mismo sentido. Acérrimos defensores de las corridas de toros, de la pesca o de la caza, callan como ausentes ante los ataques desaforados a los mismos por parte de los progresistas de turno. Portadores de todo tipo y tamaño de insignias de una determinada tendencia, apartan su mirada ante el descubrimiento del latrocinio cometido por las clases dirigentes cometido por los miembros de su cuerda política. Defensores de la supresión del maltrato de las gallinas “violadas por los gallos”, los caballos maltratados por los jinetes o las sardinas espetadas vilmente, no hacen el mínimo gesto ante el aborto masivo e indiscriminado, la eutanasia que nos llega o el maltrato de los ancianos en según que residencias.

 

Hay scraches que se diferencian del acoso según quién lo realice. Manifestaciones adecuadas o perjudiciales según la bandera a la que sigan. Las declaraciones a consecuencia de la pandemia son inaceptables.

 

En el fondo estamos en un mundo de intolerantes y radicales. Yo, a medida que voy cumpliendo años, me siento más inseguro de mis “verdades inamovibles”. No podría afirmar con seguridad si es de día o de noche, si voy o vengo o si soy rojo, azul o verde. Lo que sé, sin duda de ninguna clase, es  que estoy negro. Jamás he pertenecido a ningún partido ni sindicato. Ninguno me ha convencido. Para mí, todos son grises. Por eso me permito reírme de aquellos que proclaman “ser lo que sea” de toda la vida. Mienten como bellacos. ¡Si las listas y los papeles quemados hablaran!

 

De vez en cuando hay que decir la frase que pronunció el primero que tendría que haberse hecho caso a si mismo. ¡Porqué no te callas! Él, callado, hubiera estado más guapo. ¡El veranillo que nos está dando!

 

 

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         Málaga 27 de julio de 2020

  SANTA ANA Y SAN JOAQUÍN

     Según dicen los Evangelios, Ana y Joaquín fueron los padres de la Virgen María.

      Esta circunstancia ha permitido que los abuelos católicos tengamos una buena referencia con la vida de estos patronos ejemplares. Ellos acogieron sin dudar a su hija en una situación difícilmente explicable y actuaron con cordura y sin aspavientos.

Los abuelos de hoy tenemos la suerte de poder serlo durante un considerable espacio de tiempo. Vivimos esta situación una media de más de treinta años, lo que nos permite ejercer el oficio de una forma bastante apreciable.

Este año, con la maldita pandemia, se han trastocado un poco los papeles. A lo largo del confinamiento y la posterior “nueva normalidad”, a los mayores nos han tenido entre algodones por nuestra circunstancia natural que nos convierte en victima propiciatoria del “mardito virus”. Ahora se está volviendo a los viejos tiempos. Mientras escribo esta Buena Noticia escucho a mi esposa canturrear por debajo de la mascarilla una nana a mi último nieto que cumple con su obligación de dar la tabarra de día o de noche.

Los abuelos, en cuanto pesquemos una buena vacuna, vamos a resurgir como el Ave Fénix de nuestros días. Volveremos a cuidar de nietos, hacer mandados, trabajar como voluntarios, recoger y alimentar colegiales y a cuantas otras dedicaciones estamos llamados por nuestra edad, sexo y condición.

La buena noticia de hoy es que: visto desde la perspectiva de este casi semestre transcurrido, las familias se han portado maravillosamente con sus mayores. Han cuidado de los abuelos de una forma impecable y nos han hecho valorar la diferencia existente entre la familia tradicional  y los nuevos tipos de familia copiados de los países “avanzados”. En ella los mayores son apartados del grupo y recluidos en confortables residencias en las que, por mucho que se empeñen, falta la dedicación y el cariño familiar.

No quito ni un ápice del trabajo impecable de los que trabajan en las residencias. Me consta suficientemente. Pero no es comparable con el “rincón del abuelo o de la abuela” en cada familia. Aunque sigan en su casa. La visita o la llamada de cada día nos convierten en seres más felices.

 

 

AHÍ TENÉIS A LOS ABUELOS. EN SEGUNDA FILA

AMIGOS

22 f, 20

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

Málaga 23 de julio de 2020

 AMIGOS

A medida que vas cumpliendo años, la nómina de tus amigos va disminuyendo.

 

    Anoche escuchaba un programa de radio a fin de alcanzar el sueño que te ronda sin llegar a cuajar en las madrugadas de estío. Su planteamiento me hizo pensar. ¿Tienes muchos o pocos amigos? ¿Desde cuando? ¿Son siempre los mismos? ¿Lo son de la misma calidad a lo largo del tiempo?

 

Unas preguntas que dan pie a horas y horas de ronroneo de la mente ante una incógnita difícilmente desvelable. Hay que partir de la determinación de que es amigo, amigacho, conocido o como dirían los cursis “amistades”. Según la RAE amigo es aquel con quien mantienes una amistad, que es una “Relación de afecto, simpatía y confianza que se establece entre personas que no son familia”.

 

Creo que aquí estriba una de las claves del asunto, la familia se te da por sangre o por contrato, familiares tengo muchos, el amigo lo eliges tú: tengo menos.

 

He llegado a la conclusión que el tiempo es una de las premisas más a tener en cuenta para valorar la consistencia de una amistad. Hay amigos que conservo desde la infancia, otros, la mayoría, desde la adolescencia, algunos procedentes de una relación laboral y muchos, desde la búsqueda de la verdad y del camino de la felicidad a través del evangelio. El tiempo da carta de ciudadanía a la amistad, la mili o la relación laboral se diluyen con el tiempo.

 

Lo malo es que a mi avanzada edad muchos, los mejores se van quedando en el camino. Cuando se es joven los amigos se van incrementando o disminuyendo en función de las circunstancias. La decisión es fácil.

 

Yo, casi siempre he decidido convivir y aprender de mis mayores. Esto ha traído como consecuencia que, por ley de vida, a lo largo del tiempo, te van dejando los mejores, los que han sido tus maestros.

 

Esta es una de las dificultades que conlleva el pertenecer al “segmento de plata”. Tu campo donde cultivar las amistades se va reduciendo. Aquí no caben los amigachos, ni los amigos de francachela, ni la “nueva normalidad” que se viene a denominar “amigos con derecho a roce”, ni mucho menos la feísima frase que escuchamos ahora como una gracieta: “los follamigos” (con perdón). Menuda ordinariez que deja a muy baja altura al que la expresa y a la relación en sí.

 

Ahora el cimentar una amistad es muy difícil, pero no imposible. No debemos renunciar a ello. Es cuestión de estar abiertos al otro, compartir verdades y desechar puntos oscuros. Sobre todo mirar en la misma dirección.  Resumiendo; menuda nochecita que me ha dado la pregunta del programa de radio. Tengo amigos. Pero menos que los que tenía. Demasiado pocos. Tendré que cultivarlos.

 

VENEZUELA

19 f, 20

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         Málaga 20 de julio de 2020

  VENEZUELA

         Recibimos muchas noticias de Venezuela, casi todas inquietantes.

 

          Creo que junto a Argentina, Venezuela es el país sudamericano más querido por los españoles. Especialmente por los canarios que le consideran la octava isla del archipiélago. Desde siempre ha sido un país acogedor y lleno de posibilidades para poder crecer económicamente. Personalmente tuve una oportunidad frustrada de desplazarme a la isla de Margarita con un sustancioso contrato laboral.

Venezuela es un país rico. Tiene petróleo para muchos años. Unas posibilidades agrícolas y pesqueras inagotables. No explotan adecuadamente el turismo aunque tienen muchas posibilidades de incrementarlo. Pero, sobre todo, tiene una administración deplorable. Desde finales del siglo pasado una inflación galopante y una pésima relación con el resto de los países les ha llevado a una economía desastrosa y una falta de artículos de primera necesidad que les tiene sumidos en un caos.

La buena noticia de hoy la recibo también de Venezuela. Cada día tengo contacto con mi respetado y respetable amigo José Luís Cacho. Un cura pasionista que abandonó una vida cómoda, aunque llena de trabajo, en Málaga, para marchar, primero a Méjico y hace varios años a Caracas. Allí vive en un arrabal pobre, lleno de violencia, hambre y enfermedades. Una especie de barrio conformado por chabolas donde la droga y la prostitución campan por sus respetos.

Cacho, además de un pastor excelente es un extraordinario fotógrafo. Con su cámara nos transmite una catequesis viva que nos hace reflexionar. Ayer nos hablaba de tres formas de alimentar a sus semejantes. A aquellos que no tienen nada… pero le tienen a él. En sus manos tienen a Dios. En la primera administraba la unción de los enfermos a una anciana con una salud muy deteriorada. Alimentación para el camino. En la segunda daba la comunión a una señora en un habitáculo indescriptible. La tercera en su propia parroquia. En este caso se trataba de entregar lotes de alimentos, la olla comunitaria, a los más necesitados de su entorno.

Tres maneras de alimentar al prójimo al estilo de Jesús de Nazaret. Visitando al enfermo, consolando al triste y dando de comer al hambriento. Bienaventurado Cacho. Es una buena noticia desde Venezuela.

 

                 

 

                                 

EL SOLAR

15 f, 20

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

Málaga 16 de julio de 2020

 EL SOLAR

El ser humano es una especie de solar en el que podemos construir lo que queremos.

 

      Antiguamente las edificaciones, con las reparaciones mínimas e imprescindibles, duraban siglos. En las ciudades y los pueblos que se han preocupado de ello, se siguen manteniendo en los centros históricos aquellas casas edificadas siglos atrás y adaptadas a las necesidades actuales. En nuestra época, cualquier casa que tengo más de treinta años se considera obsoleta y pocas de ellas se mantienen a lo largo de dos o tres generaciones.

 

Esta percepción ha llegado a mi mente al compararla con el solar humano que nos entregaron al nacer. A lo largo de la vida se crean pequeñas viviendas en las que se va refugiando nuestro espíritu. Las circunstancias de la vida van agrietando y derruyendo tus incipientes o solidificados edificios vitales.

 

La última demolición llega cuando pasas a formar parte del “segmento de plata”. Todo lo que has hecho laboralmente, e incluso espiritualmente, desaparece en virtud de la nueva situación. Una especie de “nueva normalidad” del ser humano.

 

En esos momentos se le ve mucho más sentido a aquella “parábola” que un hombre de Galilea, Jesús de Nazaret transmitió a sus seguidores bajo el título de la “parábola del sembrador”. La leíamos el domingo pasado en las misas y volvimos a descubrir que es intemporal. Tiene mucho que recomendar al hombre de hoy. Especialmente a aquellas personas que hacemos tabla rasa en nuestras vidas y comenzamos a sembrar la cosecha que, posiblemente, sea la última de nuestras vidas. Nos queda, de media, una quinta parte de la misma, lo que puede dar mucho de sí.

 

La parábola hablaba de un campo (un solar) en el que se siembra la buena leche (semilla) en forma de recomendaciones para obtener una buena cosecha. Además de la semilla, es necesario el cuidado del espacio donde se siembra. Jesús hablaba de cuatro posibilidades.

 

Primero; que edifiquemos fuera del solar. Se trata de aquellos que entendemos el mensaje, pero que creemos que es para los demás. Nosotros  no lo necesitamos. Esa semilla se la comen los demás.

 

Segundo; que no hayamos limpiado bien el solar. No hay limpieza en el terreno y no conseguimos que se solidifiquen los cimientos. No hemos conseguido buena tierra. “Yo soy así”, es nuestra excusa.

 

Tercero; que sigamos viviendo nuestra nueva situación sin abandonar los defectos de la anterior. Entre pedruscos y jaramagos que impiden la llegada del aire fresco. Al final volvemos a edificar una casa adulterada por los vicios ocultos.

 

Cuarto; creamos nuevos cimientos, resistentes y bien asentados. Edificamos nuestra nueva situación con buenos materiales en forma de esfuerzo, dedicación y la ayuda de Dios. Entonces damos fruto, mucho o poco, no importa, el que corresponde a nuestras posibilidades.

 

Cuando miramos nuestra vida hasta ahora, descubrimos que no hemos aprovechado suficientemente nuestras opciones para dar fruto. No importa. Lo que de verdad es básico para nuestro futuro es que nos planteemos seriamente como podemos aprovechar nuestros “talentos” (otra parábola de Jesús totalmente actual).

 

Supongo que les sucederá lo que me pasa a mí. Nos podemos encontrar en las cuatro actitudes. Si nos paramos a pensar, podemos descubrir la posibilidad de llegar un buen solar con buenos cimientos y una bella casa. Pongámonos a ello.

 

LA FOTO

12 f, 20

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net      Málaga 13 de julio de 2020

  La foto

  Hay ocasiones en que una foto te hace reflexionar.

Recuerdo mis días de estudiante de comunicación audiovisual. En algún momento pudimos dedicar toda una mañana a analizar una fotografía desde todos los puntos de vista. Soy de la opinión de que la más auténtica es la espontánea. Sin preocuparse de luces, de encuadres, de sensibilidad de la película, del revelado y de la pos- producción.

Todo eso queda bastante difuminado con las actuales cámaras integradas en los teléfonos móviles. Se mira por el visor y se recoge todo lo que pasa a tu alrededor. La mayoría de las imágenes que se recogen pasan al sueño del olvido y son eliminadas inmediatamente. Otras se comparten con un montón de grupos a la que maldita la gracia que le hace tu obra. También las eliminan inmediatamente.

Otras no. De pronto suena la flauta y te encuentras con lo que, para ti, son obras de arte. En ellas puedes captar la intención del fotógrafo, la emoción del momento y el recuerdo que puedes volver a rememorar a lo largo de tu vida.

No he tenido la ocasión de conocer a mis abuelos paternos, ni a mi abuelo Enrique, el padre de mi madre. Si conocí a mi abuela Encarna cuando aparentemente, ya era una anciana. No se que edad tendría, pero la recuerdo haciendo croché en una silla de anea.

El grupo que forman mis descendientes han tenido más suerte.  Han conocido a sus abuelos, un bisabuelo y a sus dos bisabuelas. La presencia de los mayores es celebrada y festejada en cualquier celebración, sea del tipo que sea. Los mayores son imprescindibles en cualquier acto y se les mima como merecen.

Añoro esa conversación nunca celebrada con mis abuelos. Esa transmisión oral de su vida y sus sentimientos. Esa sabiduría innata de los que vivieron el paso del siglo XIX al XX. Mis nietos van a tener más fortuna. El dialogo intergeneracional es fluido y enriquecedor. Y, por si falta algo, este escribidor deja constancia de su vida y pensamientos en un montón de escritos, de artículos y de cartas. Como debe ser. Ahí tienen datos para hartarse.

Mi buena noticia de hoy es que ha caído en mis manos una foto que me hicieron ayer. En la misma estoy llevando de la mano a uno de mis nietos más pequeños. Nos estamos introduciendo en el mar. Antoñito va sin miedo. Su abuelo le protege del porvenir. Mi hija ha captado el momento y lo dibuja con su cámara.

Dentro de muchos años ese nieto vivirá en un mundo distinto, tendrá otras inquietudes, caminará por otros derroteros. Pero cuando, a su vez, coja a su nieto de la mano, recordará con orgullo como su abuelo le dio seguridad en su navegar por la vida mientras que pudo. Que su abuelo dejó por escrito el orgullo que sintió aquella mañana del verano maldito de 2020, agarrando con fuerza la mano de su nieto.

                                  

PREVENCIÓN

8 f, 20

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

Málaga 9 de julio de 2020

 PREVENCIÓN

  El miedo es libre, pero la prevención es obligatoria.

 

Dice el diccionario que prevenir es: “Tomar precauciones o medidas por adelantado para evitar un daño, un riesgo o un peligro”. El ser prevenido está bastante relacionado con la edad de cada uno. Se piensa más en las consecuencias de una acción cuando se tienen más posibilidades de que su realización tenga consecuencias en nuestra integridad.

 

Siempre recuerdo el chiste de aquel “blandito” que se negaba a coger las armas en su servicio militar. El sargento le preguntaba si tenía miedo a las balas. El asustado le decía, mientras se pasaba una por el pecho: No tengo miedo a las balas, lo que temo es la velocidad.

 

Algo así me pasa con la presente situación de incertidumbre ante la pandemia. De vez en cuando tiro de “valentía” y me decido a “tomar las calles”. Me muero de ganas de tomar una cerveza con mis amigos de los primeros viernes y echar unas risas con ellos. Mentalmente  me comprometo. Pero de pronto veo otro telediario o escucho “el parte” de la radio. Me encuentro con “la velocidá”. Puedo llevar mascarilla, pero me la tengo que quitar para comer. Pueden estar limpios los platos, pero a lo mejor están los bichos en la mesa, en las sillas, en el parking, etc.

 

Me puede la responsabilidad. Responsabilidad es dar respuesta a unas circunstancias. Los tres habitantes de mi domicilio sumamos 240 años. Nos ha costado mucho esfuerzo vivirlos. No quiero eliminarlos de un plumazo.

 

Decido quedarme en casa. Si me privo de coger a mis nietos, también me puedo privar de una agradable comida con los amigos. Cuando pase todo esto, no faltaré a ninguna. Me conformaré con verlos en la foto. Seamos previsores y estemos prevenidos.