LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES m.montescleries@telefonica.net                           Málaga 17 de diciembre de 2018

LA COMIDA DE EMPRESA

Me da igual que sea comida o cena. Siempre puede acabar como el rosario de la aurora.

(Si no que se lo digan a esos trabajadores de una empresa constructora, cuyo autobús se ha caído por un terraplén camino de la celebración. Menos mal que no ha habido problemas graves).

Se han puesto de moda las celebraciones navideñas de las empresas. En un día determinado, siempre alrededor de estas fechas, un grupo de trabajadores, capitaneado por algún jefe o jefecillo, se reúnen para compartir el pan, la sal y múltiples libaciones de bebidas espirituosas y de alto calibre.

La cosa suele comenzar con la llegada de todos los comensales engalanados para la ocasión. Alguno descubre que aquél ser que anda tras el ordenador, es una bella moza que une sus conocimientos informáticos a una belleza apreciable. De pronto alguien observa que el conductor de la furgoneta podía presentarse a un certamen de modelos masculinos. El común de los mortales sigue descubriendo que el jefe es un tirano antes, durante y después del trabajo.

A medida que los efluvios del alcohol van haciendo su efecto y todo el mundo está harto de aperitivos esperando el solomillo, el personal se va desprendiendo de corbatas y abalorios. En una palabra, se va desmelenando. El gracioso de turno comienza a contar los mismos chistes de cada año y el malvado Carabel (que en todas partes lo hay) comienza a lanzar subrepticiamente migas de pan que crean un clima bélico que acaba a bollazo limpio.

Una vez restablecida la calma, deglutido el solomillo y saboreado los postres, comienzan los discursos inaguantables (pero que hay que aguantar) mientras comienza a circular el cava y las bebidas de grueso calado. Todo acaba a las seis de la tarde o a las seis de la mañana (según corresponda) con abrazos, besos y en algunos casos (los menos) una relación más que amistosa… o algún divorcio.

Los jubilados celebramos otro tipo de comidas. Son comidas nostálgicas en las que vemos como estamos hechos unas tartanas, en la que comprobamos como falta alguno y volvemos a recordar aquellos tiempos en los que compartíamos un trabajo, un proyecto y un futuro. Hablamos de nuestra familia, tiramos del móvil para enseñar orgullosos nuestro último nieto y nos volvemos a poner piripis, lo que nospermite sentirnos jóvenes comparándonos con el que tenemos al lado.

Mi buena noticia es que he vuelto a comer con mis compañeros de Intelhorce. Aquellos con los que me inicié en la vida laboral a mediados de los sesenta. Creamos la mejor empresa de Málaga y una de las mejores factorías textiles de España. La deficiente gestión y las envidias empresariales de todo tipo acabaron con esta industria pionera en muchos sentidos. De allí tuvimos que salir, por diversas circunstancias, excelentes profesionales que han vivido una trayectoria laboral satisfactoria en diversos terrenos.

Por eso proclamo solemnemente que vale la pena. Aunque solo sea por estar un rato juntos, lejos de todo tipo de influencias y de presiones; donde podamos rememorar lo vivido y soñar con un futuro en el que podamos decir como el chiste: ¡Virgencita, que me quede como estoy!

                                                    

Anuncios

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net Málaga 13 de diciembre de 2018

          

La navidad de los sesenta

     

Es saludable recordar viejos tiempos

    Días pasados fui invitado por un amigo periodista a la preparación de un programa de radio dedicado a la Navidad. Supongo que, dada mi provecta edad, apeló a mis recuerdos de aquellos años sesenta y setenta del ¡siglo pasado!, que se pierden en la inmensidad de los tiempos prehistóricos y desconocidos por los menos mayores.

Me preguntaba por mi entorno de la época. Yo le hablaba de la tómbola en la Plaza de la Constitución, los puestos en “tenguerengue” instalados en la calle Compañía, Cisneros y Especerías, de aquellos “caballos a dos pesetas” con las orejas de cartón, que se caían al primer contacto con la lluvia; de los motoristas de lata, con una cuerda que se estropeaba a las primeras de cambio; de las peponas con una cara rubicunda; de los “tratos” para la compra del pavo vivo en la Plaza de Félix Sáenz; del Teatro Chino en el Pasillo de Santo Domingo y de tantas otras vivencias que los niños de entonces –sin tele ni plays- experimentábamos en la calle.

Le hablaba del olor de la cocina familiar, donde bajo la dirección de la abuela Encarna, se preparaba y se freía la masa de los borrachuelos, con un olor a anís y matalahúva que te impregnaba para todas las Navidades. Del pollo que guisaba mi madre para el día de Navidad, con unas muslos más fuertes que los de Messi. Entonces se celebraba de forma decreciente la nochebuena y los tres días de “pascuas”, porque hasta San Antón… pascuas son. Supongo que era pascua hasta que se agotaban los borrachuelos, los mantecados y el cerete de higos que quedaba en la reserva.

Recuerdo de los niños de San Idelfonso con la cantinela “diez mil pesetas”… y los aguinaldos. ¡Ay que buenos aguinaldos (“aguilando” decíamos entonces) de abuelos, padres tíos y cuantos se nos pusieran a tiro! Nos surtía de pecunio para ir a los programas dobles del Avenida o el Capitol. Para comprarnos un merengue extraordinario en el quiosquillo de Puerta Nueva o para comprar el sillín de la bici que nos habían “mangao” en la parcela mientras jugábamos al futbol.

Tiempos maravillosos de villancicos y pastorales, de comidas extraordinarias en la que aparecía el vino de rioja y la botella del Gaitero, de la presencia de padres y abuelos que ya no están con nosotros. La voz de Doña Concha Piquer hablando de una Navidad en Nueva York o de Antonio Machín cantado a la Navidad.

En fin, tiempos para recordar y para convivir con el presente. Para reivindicar unas fiestas que nos hacían mejores personas y que hoy, desgraciadamente, son para consumir y para renegar de lo único que es gratis total.

Apelo una vez más a que tiremos de aquello que nos hizo felices y lo pongamos en práctica en nuestro campo de influencia, en nuestro metro cuadrado. Así nuestros nietos podrán contar en su día como sonaba la Calle Larios iluminada y como se ponían de comer, de reír y de amar allá por la Navidad del 2018.

 

 

Tómbola “vintage”. Foto de Archivocti uma.es

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES m.montescleries@telefonica.net                           Málaga 10 de diciembre de 2018

CUATRO DOCENAS DE AÑOS

Los cuento por docenas para que parezcan menos.

El pasado día ocho se cumplieron cuarenta y ocho años del día en que mi mujer y yo contrajimos matrimonio. Parece que fue ayer, pero nuestro matrimonio ya ha durado más que la Constitución… y con menos reglas. Luces y sombras; problemas y alegrías, éxitos y fracasos; desgracias y golpes de fortuna. Paz y guerrillas. Cuarenta y ocho maravillosos años.

Si hacemos caso del precepto bíblico “por sus hechos les conoceréis”, pienso que hemos superado la prueba con nota. Ocho hijos, dieciocho nietos, una vida profesional y familiar plena, y para colmo… una jubilación llena de contenido y ciertamente productiva.

Sé que esto es “una buena noticia” tan solo para los míos. Entiendo que al resto de los mortales se le da un ardite nuestra experiencia, pero hoy quiero recordar aquél día de la Inmaculada de 1970 en el que el granizo inundó las calles malagueñas cubiertas de una capa blanca que presagiaba una serie de caídas -que sufrieron los invitados-, así como un corte de luz que nos obligó a celebrar la boda a dos velas e iluminados por las luces que proyectaba el vehículo de los Denis -en el que llego la novia- dirigidas al interior del templo.

Ya han pasado 23 años desde que celebramos las bodas de plata; nos queda cuarto y mitad para las de oro. Pero por si acaso las hemos celebrado con todos los nuestros como si no hubiera mañana. (Por cierto, he buscado en Internet y he descubierto que a los 48 años se celebran las “bodas de feldespato” -ya tan solo nos faltan las de cuarzo y mica negra para llegar a las de granito, que son a los 90 años-).

Termino mi “buena noticia de hoy”. Les deseo a los “puretas” de mi generación que celebren todo lo que puedan. Aniversarios, cumpleaños y “no cumpleaños” como decía en Alicia en el país de las maravillas. Que nos quedan tres pelados y hay que aprovecharlos. (Los de Sálvame disfrutan manifestando sus miserias. Nosotros nuestras alegrías).

 

 

 

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net Málaga 6 de diciembre de 2018

          

            ESTAD DESPIERTOS

     

     Este es un cartel que no he visto en un “after” precisamente.

 

     Me lo he encontrado en una residencia de mayores. En el Buen Samaritano; una residencia asistida que se encuentra en Churriana y es regentada por Caritas. En ella hay más de medio centenar de plazas, de ellas, una docena esta ocupada por sacerdotes mayores que lo necesitan.

Algunos miércoles acudo a compartir la Eucaristía con ellos. Es precioso, pero doloroso, el ver a personas de una gran categoría intelectual, humana y religiosa, sometidos a la esclavitud de un bastón, un carrito o el bracete de alguna auxiliar que los traslada con mimo.

Cuando uno acude a uno de estos centros, espera encontrarse con un grupo de ancianos achacosos que se encuentran en las últimas. No es cierto. Cantan con brío y celebran la Eucaristía con fervor e intensidad. El que tuvo… retuvo.

En un lado del altar me he encontrado con un cartel que recoge la cita de San Lucas en su capítulo 21, 36-37 “Estad despiertos… ante las cosas que van a suceder”.

Queridos lectores. Muchos mayores están más despiertos de lo que parece aunque simulen estar soñolientos. Viven en otra dimensión. En las de sus recuerdos.

Por eso les haré caso. Permaneceré despierto. Haciendo poco caso a los telediarios y a las promesas interesadas. Más pendiente de mí y de los que me rodean. Despiertos en pleno Adviento. Esperando su Venida.

 

 

 

 

dav

YA EMPEZAMOS

2 f, 18

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES m.montescleries@telefonica.net    Málaga 26 de noviembre de 2018

¡YA EMPEZAMOS!

     Cuando llega la Navidad, los tontos crecen más que las setas en otoño.

Al inicio del mes de diciembre las ciudades de la mayor parte del mundo se convierten en ascuas de luz para celebrar la Navidad. Este pistoletazo de salida anima a manifestarse a los amargados que viven de proclamar lo que les molesta. En este grupo podemos integrar a los que odian la familia, la religión, la tradición o los buenos sentimientos.

Por otra parte se encuentran los que quieren arrimar el ascua a su sardina. Quieren nadar sin mojarse. Buscan su acomodo popular sacando de la verdad una gran parte, lo que califica a sus realizaciones de gran mentira. Quieren adaptar las costumbres cristianas a sus sentimientos partidistas. ¡Son tantos y tan tontos!

Llevamos años contemplando como desde algunas instituciones o personas se pretende crear una Navidad sin Dios. Convertir unas fiestas navideñas en un  homenaje al consumo y al postureo. Por eso protestan la presencia de signos cristianos en la iluminación. Hacen “inventos” tales como la plaza llena de bolas y vacía de sentimiento catalana. Procuran sacar cabalgatas de reyes laicos. (Acabarán con la presencia de presidentes de la republica o de la comunidad que llevan sus presentes al último salvador de la patria).

Me han pedido que prepare un programa de radio sobre la Navidad. He tenido que empezar por recurrir a las “Antigüedades Judías” del historiador romano Flavio Josefo, que ratifican la presencia de Jesús en tiempo y en espacio, hablar de experiencias personales y comunitarias, tradiciones populares y, finalmente, resaltar la presencia del niño Jesús en el corazón de los hombres de buena voluntad.

Así, que sintiéndolo mucho por aquellos amargados que “sufren” la Navidad, me apresto a vivir el Nacimiento de Jesús dentro de mi casa y en mi familia. Por otra parte seguiré deseando lo mejor para todos en estos días en los cuales se arranca del corazón los mejores sentimientos.

Mi buena noticia de hoy,  no puede ser otra que constatar que ha comenzado el tiempo de espera (Adviento). En menos de cuatro semanas nuestros belenes recogerán la llegada del Salvador. Bienvenido sea.

 

 

Papeleo

29 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 29 de noviembre de 2018

PAPELEO

   Cuando se abandona la vida activa, se rompe (o eso creía yo) con la burocracia.

 

Pero por desgracia, esa espada de Damocles sigue pendiendo sobre nuestras cabezas cada vez que tenemos que solucionar algún tema. En estos días los papeles me persiguen y acosan de forma que me han hecho perder el oremus.

Como tantos otros “jubiletas” dedico la mayor parte de mi tiempo a ayudar en asociaciones benéficas y ONGs. Esta actividad me obliga a representar alguna de ellas ante la administración y las entidades bancarias. La representatividad tiene sus defectos y casi ninguna de las virtudes que parece que se derivan de una presidencia.

Uno está (estaba) acostumbrado a la burocracia. En esto, como en tantas otras cosas, los pertenecientes al “segmento de plata” nos hemos quedado un tanto atrasados. Estábamos preparados para guardar una larga cola, perder una mañana y, finalmente, conseguir completar los documentos requeridos a los que siempre le faltaba una póliza. En los bancos la negociación se trataba ante una ventanilla donde un señor, con cara de pocos amigos, ponía cara de sacar el dinero de su propio bolsillo cuando nos lo tenía que entregar.

Hoy todo funciona de otra manera, en el banco nos recibe un cajero automático con unas larguísimas instrucciones y cuando se te cierran todos las posibilidades de solucionar tu consulta, te atiende una amable trabajadora de la banca, que no maneja dinero, y que termina por volverte a enviar al cajero automático.

En las oficinas de la administración (ministerios, hacienda o entidades locales) la cosa se complica. Hoy hay que hacer todo por Internet; la petición de cualquier documento debe de ir acompañada de la consiguiente firma electrónica que hay que conseguir tras una petición de cita en otra maquina. Dicha firma electrónica caduca antes que algunos yogures y te deja en precario hasta que se renueve.

Entonces necesitas ser identificado como presidente ante quien te lo requiera. Eso precisa un documento expedido por la junta directiva en la que se ratifica en el cargo. (Ese certificado, como es natural, caduca apenas respires varias veces).

Volviendo a lo nuestro. Queridos amigos “mayores”. Poneos a estudiar informática y a manejar ordenadores casi tan bien como lo hacen vuestros nietos. Hoy se hace todo por medio de las redes de todo tipo. Por cierto, también aprended inglés a nivel de vendedor de hamacas en la playa. No es amenaza, pero si no hacéis lo del inglés y la informática, os convertiréis en unos analfabetos potenciales y tendréis que acogeros a una dependencia “comunicativa” que os hará volver a ser como niños (de nuestra época, los de ahora saben inglés y cibernética).

Menos mal que todavía permanece en estos lugares de información y gestión a los que acudimos, una buena gente que se apiada de ti y te hace de bastón ante lo desconocido. Ánimo y a los ordenadores.

Por cierto, he conocido que una aplicación informática te indica inmediatamente el lugar y el sacerdote más cercano que te pueda escuchar en confesión. Así que acabaremos solicitando una cita para reconciliarnos por Internet. Tiempos modernos.

 

 

 

 

Viernes negro

25 f, 18

 

                                     LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net    Málaga 26 de noviembre de 2018

VIERNES NEGRO

     Para los que no estamos muy “al loro”, el “black friday” nos suena a título de  una película de terror.

Entre las muchas costumbres que nos están invadiendo desde los Estados Unidos de Norteamérica, destacan los puñeteros “Halloween” y ahora el “Black Friday”. El primero de ellos no tiene ni pies ni cabeza, el segundo, que es el más americano de todos, se celebra el viernes siguiente al “Día de acción de gracias”, con el pavo y la reunión familiar preceptiva, que nos han metido de calzo en todas las películas yanquis. Con este día se inician las rebajas.

Cuando éramos jóvenes, la generación de la posguerra, fuimos aleccionados del miedo a la invasión del comunismo, al que nos hacían temer como a una rama verde o una alpargata maternal. Mientras, nos metieron de rondón el consumismo, que ha sentado plaza entre nosotros para siempre. Este es verdaderamente peligroso. Compramos muchas cosas sin necesitarlas, tan solo con el aliciente de que son ¿baratas?

Las rebajas, en tiempos pasados, se realizaban para liquidar aquellos productos que iban a quedar antiguos, descatalogados o con pequeños defectos. Aunque en mis tiempos de vendedor ya había una serie de artículos que se confeccionaban expresamente para las rebajas. En fin, sistemas comerciales de venta.

Lo del “viernes negro” tiene sentido, sobre todo en nuestras carteras. Son unas fechas en las que las cuentas corrientes pasan del negro al rojo y las tarjetas en vez de echar dinero de los cajeros… te insultan directamente. Las ventas por Internet se disparan y a ver como podemos cambiar unas zapatillas deportivas que te han mandado de otro color y tres tallas más pequeñas compradas por la red en la China continental.

Lo de este año es demasiado. He visto ofrecimientos de rebajas en un conocido “polvero” malacitano. Los ladrillos y el cemento a precio de saldo. En una entidad bancaria me han ofrecido “condiciones especiales para un “plazo fijo”. Casas y pisos de oferta. Coches a precio de bicicleta. Centollos a precio de sardina. Jamón a precio de mortadela. Me ha faltado una oferta de tiritas y aspirina en la farmacia.

Y lo peor se trata de que a partir de ahora ya viene todo seguido. Tendremos que empeñar la paga extraordinaria de junio -porque la de ahora ya está machacada- para pagar los regalos que se avecinan, las comidas extraordinarias de Navidad, los amigos invisibles, los reyes magos, la cena de fin de año, la excursión a esquiar, los ropones de fiesta, etc.

Mi buena noticia de hoy es que aun nos quedan los menús a 8.50, los ahorrillos de los abuelos y los “apúntamelo que ya te lo pagaré” de las tiendas de barrio.

Maldito consumismo. A muchos de nosotros nos va a coger “con-su-mismo” coche, “con-su-mismo” traje y “con-su-mismo” estado de “tiesura”. Mi buena Noticia es que vamos a sobrevivir a esta costumbre. A ver que se les ocurre para llenar el hueco entre Semana Santa y el verano. Seguro que se inventan algo para terminar de estrujarnos.

 

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 22 de noviembre de 2018

                       EL aula Pablo VI

    El pasado domingo día 18 el Papa invitó a comer a 3.000 pobres en el Vaticano.

 

El aula Pablo VI acogió a estos indigentes, que habitualmente circulan por la ciudad de Roma, como colofón a una serie de actos dedicados a los necesitados. Asimismo que se ha colocado un hospital de campaña en el centro de Roma que ha atendido a miles de personas sin tarjeta sanitaria y sin dinero.

 

Hasta aquí la noticia romana. En Málaga se reparten alimentos a unos 40.000 necesitados desde el Banco de Alimentos (Bancosol) a lo largo de todo el año, procedentes de los excedentes de producción, las donaciones de empresas alimentarias, supermercados y aportaciones de los particulares. Desde Calor y Café, los comedores sociales tales como Patronato de Santo Domingo, Los ángeles malagueños de la noche, San Juan de Dios o el comedor de Miraflores: “Yo soy tú”, se atienden a unos cientos de transeúntes y desfavorecidos facilitándoles alojamiento, comidas y servicios varios.

 

Desde las entidades que constituyen la Agrupación de desarrollo para personas sin hogar, se nos ha convocado en rueda de prensa en el día de hoy a fin de presentar la campaña: “¿Y tú que dices? Di basta. Nadie sin hogar.  A las 12 de la mañana se ha convocado una manifestación en la plaza de la Constitución como inicio de la celebración del Día de las Personas sin Hogar el día 25 de noviembre. Estas personas sin hogar también tienen problemas de todo tipo. Detectados desde la “Puerta Única”, son distribuidos entre esa serie de instituciones que les hacen la vida un poco más llevadera.

 

Ojalá no tuviéramos que dar esta noticia. Ojalá no fueran necesarios los esfuerzos de Caritas por erradicar la pobreza. Ojalá se eliminaran los listados de familias en situación precaria. Ojalá la justicia distributiva sustituya a la pobreza. Ojalá la abundancia de trabajo elimine el paro. Ojalá la cultura y la formación quite a los desarraigados que viven en las calles.

 

Mientras tanto, pedimos a Dios que el ejemplo del Papa Francisco y de tantas personas que, desde el anonimato, dedican sus esfuerzos a paliar esta situación que nos hace acordarnos, aunque solo sea en las fechas señaladas, de los que tienen menos que nosotros. A darnos cuenta de que el despilfarro de una parte de la humanidad, sería suficiente para paliar el hambre en el resto de ese mundo que ansía parecerse un poquito a nosotros, aquellos que comemos tres veces al día.

 

El Papa Francisco, una vez más, nos ha marcado el camino para paliar un poco la situación actual. Sin demagogias ni falsas promesas. Dando y dándose.

 

 

 

 

 

 

 

         

 

Por fin

18 f, 18

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 19 de noviembre de 2018

m.montescleries@telefonica.net

POR FIN

     Ya era hora. Por fin han valorado el buen hacer de los malagueños.

Los andaluces hemos creado sin quererlo, un estereotipo que hemos exportado al resto de España. Para los españoles de Despeñaperros para arriba somos una gente graciosa, que habla ceceando, que está siempre de juerga y que vive del PER.

No tienen en cuenta de que, en una tierra en la que ha nacido Seneca, Picasso, Velázquez, Paco de Lucía, García Lorca, Manuel Alcántara o Mariana Pineda, se crea, investiga, inventa, transmite o expone algo más que sol y panderetas, flamenco, espetos y chanquetes, siesta y fiesta.

Vivimos en una ciudad que ha sido capaz de crear y mantener un Silicon Valley a la malagueña en ese extraordinario parque tecnológico. Una cuna de extraordinarios artistas: pintores, músicos, actores, cantantes, escultores y escritores. Un caldo de cultivo de la creatividad y los inventores. Qué ha sido capaz de transformar las mil tabernas en el paraíso de la gastronomía. Una ciudad que es la leche.

Pero mi buena noticia de hoy me la proporcionan los hombres de trono malagueños. Ojo, los hombres de trono, no los portadores, ni los costaleros, ni los horquilleros. Aquellos alumnos aventajados y avejentados que nacimos de los sabios consejos de los viejos capataces de trono (“El Polo” y “El bigote de pana” entre otros muchos) que nos enseñaron a quitarnos las chaquetas, a ponernos la túnica, el cíngulo y la faraona y aprender el lenguaje propio del “oficio”.

Una cofradía madrileña, la de Jesús de Medinaceli, ha fichado a una cuadrilla completa de hombres y mujeres de trono malagueños (submarino incluido), para que porten a sus hombros el trono madrileño que procesionará en la ciudad del oso y el madroño el próximo Viernes Santo. Se van a escuchar palabras del argot semana santero: “medio pasito a la derecha, o a la izquierda”; “arriba del tirón”; “paso pollinico”; a la “carrerilla”, que no llegamos; “a pulso”, “donde está el botijo”, etc.

Las calles de Madrid van a oír los inigualables sonidos de una “cruceta musical” y el paso acompasado de cientos de pies malagueños por las calzadas madrileñas. Vamos a exportar una forma de rezar y de dar rienda suelta a nuestro cristianismo que tenemos “semitapado”.

¡Vamos a exportar algo importante! Una forma de ser en la Semana Santa,  que llevaremos en avión o en el AVE. ¡Lo que no hagamos los malagueños! Pues verán como también le ponen pegas.

Foto del ensayo. Tomada del Diario Sur

 

EL CHEF

15 f, 18

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 15 de noviembre de 2018

 

EL CHEF

Están de moda los chefs españoles, son una de las noticias más importantes del país.

 

Hoy me voy a detener en la consideración de Pepe Rodríguez, propietario de un restaurante en Illescas (Toledo) con el nombre de El bohío y merecedor de una estrella Michelin. Es presidente del jurado que dilucida la capacidad de los participantes en el concurso de cocina con el nombre de MasterChef desde su comienzo.

 

Me ha agradado desde siempre su manera de gestionar el concurso. Trasluce humanidad y bonhomía; me tenía un tanto mosqueado porque lo notaba algo, una influencia positiva recibida a lo largo de su vida. Su defensa de la sencillez, el buen yantar y sus constantes referencias a la familia, me decían que detrás de un gran cocinero, se escondía una vida interior intensa.

 

Ha llegado a mis manos un artículo aparecido en la revista Alfa y Omega” que no tiene desperdicio y que ha aclarado mis dudas. En dicha entrevista, publicada el pasado mes de Julio, nuestro chef Pepe Rodríguez, manifiesta su catolicismo vivido y su experiencia de conversión en un Cursillo de Cristiandad, (de eso, sé yo un poco). El lo explica de la siguiente forma: “Sí, hubo un antes y un después del cursillo. Desde niño había ido a Misa porque mi madre me obligaba. Iba y seguro que iba feliz. Aparecí en un cursillo y no sabía muy bien para qué. De hecho, me llevé un balón de baloncesto, pensando que iba a ser algo así como un campamento de verano. Y me encontré con Dios. Tres días sin parar de rezar y sin parar de hablar con Dios, de preguntarle qué quiere de mí. Aquello me cambió, me ayudó a sentirme más cerca de Él. Dios me dijo: «Quiero que te enteres».”

 

    Se ha enterado. Su actitud ante la vida se ve transmitida al espíritu del programa. Famosos de todo tipo, participantes del concurso, manifiestan lo mejor que llevan dentro al encontrarse con sus seres queridos en medio del  temor al fracaso. Un día tras otro las lágrimas asoman a los ojos de jurado y concursantes vips cuando tiene que despedir a alguno de ellos. Bajo su dirección, personas que se mueven en la jungla del “famoseo”, se convierten en amigos para siempre y acaban por ayudarse. Un buen ejemplo para los espectadores.

 

Volviendo a nuestro amigo “Pepe Rodríguez”, explicó y nos explicó como vivió su poscursillo: Fue un poco después de terminar el cursillo, todos los cursillistas que conocía hacían algo en aquel momento, y yo nada. Me sentía acomplejado. Me llamaba la atención cuando por la noche tomaba algo con los amigos y veía a un señor en Illescas que se acercaba a los drogadictos y tomaba algo con ellos. Íbamos diciendo: «Mira este, que me robó el radiocasete ayer; mira aquel…». Me di cuenta de lo fácil que es criticarlos y de lo difícil que es hacer como aquel hombre que los ayudaba, don José Soriano. Me estaba dando un ejemplo. Un día por la calle me lo crucé de frente –yo nunca había hablado con él y le ofrecí mi ayuda”. “Esa labor de cuerpo a cuerpo, de buscar recursos, de llevarlos a casa, 24 horas al día… Fue la época más emocionante de mi vida. Estar con los más necesitados te aterriza”. “Intento ser el mejor empresario posible, pero también es difícil ser el mejor cocinero posible, el mejor maestro posible… Intento llevar a la empresa lo que tengo en el corazón, lo que se me ha dado. Con mis defectos, pero intento tratar a la gente que trabaja conmigo como me gustaría que me tratasen a mí si la empresa fuera de ellos. Al final, soy el administrador y ya está”.

 

   Un gran ejemplo de vida y actitud para digerir el éxito y seguir siendo un hombre cercano y familiar. Me quito el sombrero ante esta persona que se ha quitado de encima el personaje a base de humildad y buen hacer. Un ejemplo para los que estamos en el “segmento de plata” y no sabemos que hacer.