LA FERIA

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LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

Málaga, 13 de agosto de 2018

LA FERIA

     Los italianos la denominan como “la fiera”. Y no les falta razón.

 

A lo largo de nuestra ya dilatada vida hemos podido presenciar los diversos emplazamientos y vicisitudes de la feria malacitana. Desde Martiricos –con Antonio Machín como estrella-, hasta el mastodóntico recinto actual, hemos pasado sucesivamente, si no me equivoco, por el Parque, la Malagueta, la prolongación de la Alameda y finalmente, por el espacio actual muy bien instalado.

 

Por otra parte aquella incipiente feria del centro, cuando los comerciantes alrededor del mediodía sacaban unas tapillas y una cerveza a la calle, se ha convertido en una especie de torbellino humano lleno de consumidores excesivos de alcohol y de jovenzuelos en pos de la primera aventura, En mi opinión, se nos ha ido de madre. Y de aquellos “cubalibres a duro”, ¡ay!, nunca más se supo.

 

Por eso estimo que la traducción al italiano es acertada. La feria se nos puede convertir en una “fiera” que arremete contra nosotros. Del tranquilo paseo por el parque hacia la Malagueta donde veíamos a Ordóñez o Manolo Segura, hemos pasado a tener que ir a los toros con casco para evitar los furibundos ataques de los antitaurinos. De las frescas noches en las casetas, podemos pasar a las exhibiciones de los políticos y el ruido ensordecedor. Del látigo “Pérez” a los sofisticados aparatos -dignos de cabo Cañaveral- en los que cuesta montarse más que si de un caballo cartujano se tratara.

 

La realidad estriba en que todo el mundo lo pasa bien; salvo algunos nostálgicos, como yo, que no nos damos cuenta que los que estamos fuera de órbita somos nosotros. Para la mayoría de los malagueños, visitantes españoles y de todas las nacionalidades, son días de divertirse, de beber y comer con moderación y bailar mientras el cuerpo aguante. Yo compartiré su alegría desde mi atalaya.

 

La feria (fiera) de Málaga es una buena noticia.

 

Nota.- Mirando artículos anteriores he descubierto que hace 6 años, el mismo día, hable de la feria de Málaga y casi dije lo mismo. No tengo enmienda.

 

        

         

 

 

 

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El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 9 de agosto de 2018

¿DE PEDRO?… O DE PABLO

Llevamos más de 2000 años con la misma historia.

 

A lo largo de la segunda parte del Nuevo Testamento se nos narra la disputa encarnizada entre los seguidores de ambos Apóstoles en función de su manera de enfocar el Evangelio de Jesús. Al final, se trata de una diferencia de criterios entre “conservadores y progresistas”. ¡Que casualidad, como los políticos de ahora!

 

Han pasado veinte siglos y seguimos en las mismas. No por parte del pueblo llano y sencillo, que cree casi todo cuanto le dicen, sino de aquellos que tienen y mantienen el criterio y presumen de la posesión de la verdad. Integristas acérrimos y progresistas desatados mantienen las posturas propias contra viento y marea, mientras descalifican a los contrarios.

 

El problema surge cuando en la misma homilía se nos dice una cosa y la contraria. Cuando nos hablan del palo vertical de la cruz como único camino y del palo horizontal como algo accesorio que tenemos que dejar en las manos de Dios. Al mismo tiempo se nos habla de la multiplicación de los panes y los peces, donde el dar de comer a los hermanos es indispensable.

 

Salen peregrinaciones hacia los lugares de culto, muchas veces como algo mágico, y de expediciones al África profunda para llevar lo indispensable a hermanos peor tratados por la vida que nosotros.

 

Al final me quedo con la Y. Son necesarios unos y otros. Pero para eso no hace falta descalificar a nadie. Hay que seguir a Jesús. “Venid benditos de mi padre porque…”. “Velad y orad”. Etc. Pero también hay que tener muy en cuenta LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS. A nuestras costas llegan pateras todos lo días que no se acogen con novenas. Al final, a los que no tenemos el suficiente criterio nos vuelven locos. Después nos preguntamos por que se quedan vacíos los templos. Creo que porque los llenamos de incienso, pompas, boatos y palabras… palabras y palabras.

 

Pero… ¿Quién soy yo para reprochar nada a nadie? Pues uno más de aquellos que buscamos el Amor de Dios que nos llega a través de los hermanos. La barca de Pedro es acogedora. Pero prefiero caerme por delante –que alguien me recogerá- que quedarme atrás y perderme en la estela de lo que pudo ser. Amén.

 

Nota.- Si alguien se creía que iba a hablar de los políticos se ha equivocado por completo.

 

el marengo

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La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net     6 de agosto de 2018

 

EL MARENGO

     

   Casi todas las mañanas comparto dominó con mi amigo Juan.

 

Juan Caparrós es el decano de los marengos del Rincón. El rostro, ennegrecido por los años de sol y mar, se encuentra surcado por arrugas propias de sus más de ochenta años. El cuerpo enjuto y nervoso mantiene el vigor propio de un hombre que ha trabajado duro desde que tiene uso de razón.

 

La carrera de marengo tenía casi siempre el mismo recorrido; apenas aprendían lo mínimo en la escuela, se arrimaban a la playa para participar en las labores de la pesca. En las costas malagueñas  (siempre hablo de tiempos pasados, hoy no queda nada de esto) salvo que se trabajara en barcos de altura o se enrolaran en traíñas con base en los puertos de la zona, el marinero se transformaba en marengo. Salía en las bacas o sardinales (a vela y remo) al atardecer y volvía por la mañana con el “botín” pescado. Cuando no había otra posibilidad –que era casi siempre- se dedicaban a sembrar el rebalaje de copos y boliches que suministraban de prima o de alba los chanquetes, jureles y boquerones que surtían a los merenderos así como a las amas de casa que compraban sus ranchos en el boliche directamente.

 

Mi amigo Juan, que vivía en las casillas del barrio de pescadores junto a un montón de viejos amigos con los que compartí el copo y la tralla, siguió la tradición. Después de “iniciar la carrera” en la playa como tantos otros, sirvió en la marina, allá por las islas afortunadas, estuvo enrolado en un montón de barcos de pesca en los caladeros atlánticos y mediterráneos y, finalmente, consiguió hacerse de un pequeño pesquero: “el Bambi”, con el que colmó sus deseos como patrón. Se jubiló y vive esta última y hermosa etapa junto a la mar. Cada mañana camina varios kilómetros por la orilla para recobrar el salitre que pueda haber perdido al cruzar la carretera.

 

     Mi buena noticia de hoy es que mi amigo Juan, entre otros marengos rinconeros jubilados, ha recibido un merecido homenaje con motivo de la pasada festividad de la Virgen del Carmen. Les han entregado un recuerdo y han posado en una foto histórica que recoge las figuras de los últimos marengos del Rincón de la Victoria.

 

                               

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El torero

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El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 2 de agosto de 2018

EL TORERO

   Corría  la primavera de 1990 cuando el entonces Obispo de Málaga, Don Ramón Buxarrais Ventura, nos envió a un grupo de malagueños a recordarles el Evangelio a un grupo de  emigrantes españoles en Suiza.

Con amor y temblor nos embarcamos en la tarea seis “bestias de Yhaveh” cargados de ilusión y de deseos de transmitirles el Evangelio a aquellos hermanos de la zona del Valais, encabezados por el misionero español Ángel García del Valle.

En aquel encuentro celebrado en un refugio alpino, rodeado de nieve por todas partes, nos encontramos con una familia, la de nuestro amigo Antonio, que quería conocer mejor al Señor; pero todos juntos. De hecho la hija y su novio recibieron también el cursillo prematrimonial.

En un momento de aquel encuentro Antonio “el torero”, el protagonista de este segmento, nos relató su vida. Había salido de su Macael natal en busca de oportunidades para realizar su vocación taurina. Después de muchas vueltas –y muchos fracasos-, como un hijo pródigo redivido, aterrizó en la zona de Martigny, un lugar famoso por sus trabajos en la piedra y el mármol. Dio con la horma de su zapato. Se casó y creó una familia. Mientras los hombres trabajaban en las canteras, las mujeres laboraban en la industria relojera. En los años posteriores centraron sus vidas e hicieron una fortunita que les permitió volver a su tierra almeriense de Macael y montar varios negocios.

Tuvimos oportunidad de vernos en varias ocasiones después, allí en Macael, donde “el torero” conservaba la imagen de la Virgen de la Victoria que llevamos en una visita a Suiza. Después pasaron los años y, como con tantos, perdimos el contacto.

Hace unos días recibí una nota lacónica de su hija: “mi padre está mu malico, reza por él”. Así lo hemos hecho. Pero esta nota me ha permitido recordar que aquellos esfuerzos, aquella locura, no cayeron en vano. Una pequeña aportación desde Málaga, de esos hoy denostados e incomprendidos, desde dentro y desde fuera, “Cursillos de Cristiandad”, permitió a un ciento de hispano-suizos de todas las regiones recordar que son hijos de Dios, hermanos de Cristo y templos vivos del Espíritu Santo.

Que Dios bendiga al “torero”, a Chema y Boni, a Julio Palacios y a tantos otros que se fiaron de Dios a través de nuestra modesta intervención y su vida cambió para siempre.

Foto de nuestra llorada Maribel, Valentín y Antonio El torero

 

EL ECLIPSE

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La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                           30 de julio de 2018

 

EL ECLIPSE

 

     

   El mundo entero esperaba con expectación la aparición del eclipse de luna denominado: “Luna de sangre”.

 

    Los medios de difusión se han encargado de propagar la visión de este fenómeno que se produce en contadas ocasiones. La tarde veraniega hizo presente en las playas de nuestra Málaga de una multitud de personas deseosas de contemplar como la luna –que acababa de salir por el este- se iba tiñendo de rojo progresivamente y después adquiriendo su luz y brillo habitual.

 

En mi paraíso particular –Torre de Benagalbón- nos reunimos cuantos pudimos, pertrechados de prismáticos, comestibles y “bebestibles”. Sufrimos una pequeña desilusión; las brumas del anochecer nos ocultaron la salida de la luna por un buen rato. Finalmente, cerca de las once pudimos intuir el contorno lunar a base de muchos esfuerzos y, por fin, sentirnos orgullosos de haber presenciado el fenómeno.

 

Mi buena noticia de hoy es doble. En primer lugar, me la proporciona ese policía local antequerano (Manuel Martín) que cumplió doblemente su misión. En su momento, deteniendo a ese pobre chaval, vencido por las adicciones, que le agredió mordiéndole en un dedo. Después, cuando recibió la indemnización a  la que fue condenado el agresor a los padres del chico en proceso de rehabilitación. Un gesto que podía protagonizar la frase de Concepción Arenal: “Odia el delito y compadece al delincuente”. Su gesta fue “eclipsada” por las trifulcas políticas y la llegada masiva de inmigrantes. O porque no interesa nada lo bueno.

 

Enhorabuena al policía antequerano y a tantos otros que velan por la ley y el orden, maltratados a veces por la incomprensión y no demasiado bien pagados por su trabajo.

 

Y enhorabuena al protagonista de mi segunda buena noticia de hoy. El admirable autor de la foto del eclipse más cachonda que me podía imaginar. Merece todo mi reconocimiento.

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 26 de julio de 2018

EL HOMBRE MAYOR Y EL DOMINÓ

      A lo largo de cada verano, aprovecho las largas mañanas de asueto para jugar unas cuantas partidas de dominó en el Hogar de Mayores cercano.

     La competencia allí es terrible. Nos tienen clasificados de tercera, segunda y primera categoría. Algunos de los más sobresalientes se autocalifican como “maestros del dominó”. Jamás se rebajan a jugar con ninguno que no sea de su “clase”.

Cada mes de julio, procedente de la cercana Sevilla, se incorpora a las partidas un hombre-nacido aquí- más que octogenario. El trabajo le envió a aquellos lares hace más de sesenta años. No tuvo la precaución, como recomendaba mi amigo Antonio Checa, de aprender a jugar al dominó en su día. Por lo tanto su jubilación cojea de esa pata.

Por consiguiente, es el peor jugador de dominó del mundo. Como allí se juega a compañeros, los de primera, los de segunda, incluso los de tercera huyen de él como de la peste. Se equivoca siempre y pierde hasta las pestañas. A la hora en que suele llegar, los presentes empiezan a mirar los periódicos, hacerse los locos o negarle directamente la posibilidad de jugar con ellos.

He observado que, por otra parte, hay dos o tres buenos samaritanos que aceptan su invitación o incluso se la ofrecen. Saben que van a ser perdedores en el juego, pero felices en la compañía de este hombre, viudo, al que se le murió su único hijo, con un solo nieto al que adora, mientras él vive aquí acogido por un familiar.

Hoy marcho dispuesto al sacrificio; al escarnio general por el palizón recibido. Que me quiten lo bailado. La sonrisilla picarona de este hombre, sordo como una tapia, que te cuenta la misma historia en distintas ocasiones y que, cuando se siente feliz, canturrea por lo bajini coplas de su tiempo.

Dicen que nadie es más feliz que cuando hace felices a los demás. Yo lo certifico. Aunque pase a la lista negra de los jugadores de dominó. ¡Qué me quiten lo disfrutado!

 

 

Cayetano

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La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                       23 de julio de 2018

 

CAYETANO

 

      Es de Ronda y se llama Cayetano. Vive a caballo entre Málaga y las islas afortunadas.

 

En Málaga tenemos canarios enjaulados que nos alegran con sus trinos; en La Orotava tienen a un malagueño, casi-enjaulado por la nostalgia. Se trata de mi viejo amigo Cayetano. Uno de los chaveas que conocí en aquel patio de los jesuitas de calle Pozos Dulces en el que jugábamos al futbol como si del Nou Camp se tratase.

 

Cayetano intentó volar en el mundo de la restauración en aquel chiringuito en  los montes llamado pomposamente: “Don Pollo”. Allí celebré mi despedida de soltero (con cierto recato, no como las animaladas de ahora). Y allí se dejó sus cuartos y parte de sus ilusiones mi amigo Cayetano.

 

Se fue lejos, aunque siempre ha estado cerca. Un día apareció en la comida de los primeros viernes que celebramos aquellos “niños” de los Estanislaos, con la apariencia de un indiano recién llegado de las Américas; pelo blanco y recio, bigote a juego, sombrero de palma y un mazo de puros en la mano que repartía de forma pródiga.

 

En unos días volveremos a disfrutar de su presencia. En el merendero de la playa de La Marina, en la Torre de Benagalbón, donde hay puros con su vitola, y en la comida que celebraremos en su honor, aunque no sea primer viernes. Cayetano lee con fruición cuanto escribo por y para Málaga. Nunca me falta su comentario excesivamente elogioso para mis merecimientos. Nunca olvido a su padre (bancario en “el Monte”), a sus hermanos y a su hermana que me sorprendió un día al verla de monja en un convento.

 

Cayetano Mejías Farrugia; un buen tipo que se merece ocupar hoy mi buena noticia por estar y por ser. Por estar siempre con nosotros, aun en la distancia y por ser amigo y buena gente.

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 19 de julio de 2018

UNA LUZ QUE NUNCA SE APAGA

      La primera vez que me embarqué en serio –hace de esto muchos años- me sorprendió la imagen de la Virgen del Carmen en un lugar privilegiado del buque.

    

      En aquellos días inicié una aventura a instancias de un buen amigo. Se trataba de “meter en verea” al hijo del jefe de maquinas de un barco mercante que hacía su singladura entre Sevilla, Barcelona, Islas Canarias y de nuevo a Sevilla. Llevaba coches y traía plátanos.

Al presentarme al capitán, este, muy orgulloso, me enseño la imagen de una Virgen del Carmen que se encontraba al lado del puente. Me dijo “esta luz es la única que no se apaga jamás en mi barco”. Y me acogió con cariño. Aproveché aquellas tres semanas “de luz” para aconsejar a aquel chaval que hoy se ha convertido en un excelente padre de familia.

Esa luz es la que ilumina a toda la gente de la mar de las distintas costas españolas llenas de capillas y templos con su imagen. En cada una de ellas, desde las lejanas Islas Canarias hasta las costas catalanas, pasando por los miles de pueblos marineros que circundan nuestras costas, la pasean por la mar a mediados de Julio. Los pescadores de altura, de copos, de traineras, de bacas, de trasmallos, jabegas, traíñas, etc., se reúnen junto a los viejos marengos alrededor de la Reina de los Mares; esté la mar blanca o brame el temporal. A ellos les da lo mismo. Los pobres curas que se embarcan con amor y temblor pasan un mal rato, pero acaban por disfrutar lo mismo que cuantos seguimos la procesión embarcados, nadando o caminando por la playa.

Esta devoción a la Virgen del Carmen nace del monte Carmelo, allá por Israel, donde la Virgen se le apareció a un inglés en medio de las cruzadas en el siglo XIII. Le entregó el hábito y el escapulario y allí montó el primer convento de la orden. Posteriormente la oración de los marinos ante sus escapularios en momentos difíciles y su posterior salvación del peligro, les hizo hacerse devotos de la Virgen del Carmen hasta el punto de que el Papa Sixto V la incluyó en las letanías.

La Virgen del Carmen tiene sus mediadores en todos los conventos de Carmelitas que dedican sus oraciones y sacrificios a la salvación de un mundo que apenas les comprende. Yo sigo navegando por la vida bajo la especial influencia de las carmelitas descalzas de San Fernando. Se que ellas no se olvidan de mi familia… ni del resto del mundo. Tienen amor para todos.

Seguiré diciendo con mis amigos de la mar: “Salve Reina de los Mares”. Qué no nos falte nunca tu luz.

 

 

 

 

MILAGROS

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La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                        16 de julio de 2018

 

MILAGROS

 

       Casi todo el mundo cree que los milagros son el resultado de aplicar fórmulas mágicas o de la intervención directa de Dios.

 

Hace años que conozco la vieja anécdota del granjero americano que en medio de una fuerte inundación se negó a aceptar sucesivamente: la ayuda de una lancha neumática, un barco de rescate de los bomberos y, finalmente, de un helicóptero. En las tres ocasiones decía que confiaba en el Señor; que Él le salvaría. Consecuentemente se ahogo y al llegar al cielo se quejó al Padre indicando que se había puesto en sus manos y que Este no lo había ayudado. Dios le contestó diciendo: “¿qué no te he ayudado? Si te he mandado una lancha, un barco y un helicóptero”.

 

Esta anécdota me permite respaldar los dos últimos milagros a los que he asistido. Dos amigos, dos que son casi mis hermanos, están padeciendo la “terrible enfermedad” desde hace años. Uno de ellos con cáncer de piel, de próstata y de pulmón. Le llamo ayer y está de nuevo en forma y dispuesto a seguir luchando por los demás. El segundo con un cáncer de páncreas desde hace ¡más de dos años! Y ahora parece que está mucho mejor y le van a operar para eliminar “el bicho”.

 

Detrás de estas situaciones está el milagro de Dios, que deja en manos y el talento del hombre la solución de los problemas temporales. “Se lo alquila a los valientes”, como decíamos en ocasiones. Los médicos luchan denodadamente dentro de las posibilidades que le permiten las mínimas e insuficientes inversiones de los estados en investigación, mientras contemplan como los “pródigos” políticos se gastan “el manso” en defensa, en desenterrar y enterrar muertos, en latrocinios y comisiones, en mítines y banderas.

 

No hace muchos años, este milagro no se habría producido. Pero en este caso, la fe y la confianza en Dios de ambos enfermos ha puesto talento, eficacia y medios en manos de los médicos y ahí están ellos para certificarlo. Dios se lo pague a Dios. El milagro de la medicina, en este caso, es mi buena noticia de hoy.

 

                         

 

         

 

 

  

EL ESPOSO

12 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 12 de julio de 2018

EL ESPOSO

      Se ha puesto de moda una palabra que cada vez que la escucho me remueve las tripas. Se denomina al marido o a la esposa como “Mi pareja”.

 

       Dentro del movimiento antimatrimonial y antifamiliar que se ha puesto en boga, aquellos que se quieren incorporar al carro del “modernismo” se cuidan muy mucho de hablar de marido y mujer o esposo y esposa. Es más, aquellos que están unidos por el vínculo matrimonial quieren esconderlo detrás del vocablo “pareja” para intentar hacerlo invisible.

 

Hoy quiero homenajear al esposo. Gracias a los avances de la ciencia y el cuidado personal, las expectativas y realidades de prolongación de la vida son notorias. Por otra parte, la supervivencia de hombres y mujeres se va equilibrando. Antes, quizás por la diferencia de edad -los hombres casi siempre son mayores que sus mujeres a la hora de casarse-, había más esposas que cuidaban de sus maridos enfermos que lo contrario. De hecho, en algunas ocasiones he escrito de mujeres admirables abnegadas cuidadoras de sus maridos.

 

Este verano vengo observando desde mi mirador playero como dos extraordinarios maridos cuidan de sus esposas delicadas de salud; con amor y temblor, con delicadeza y profesionalidad. Estoy seguro que ninguno de ellos habla de “su pareja”. Se dedican en cuerpo y alma a cuidar a la madre de sus hijos y la esposa con la que se casaron para amarla y respetarla en la salud y en la enfermedad.

 

No quiero dejar pasar la alegría de la noticia del rescate del equipo de futbol de chavales perdidos en una cueva tailandesa, por lo que me he sentido más feliz que si hubiera llegado España a la final. Esto es un homenaje a la vida. Pero también lo es, y mucho más por su persistencia en el tiempo, el trabajo silencioso y constante de esos maridos que día a día mantienen a sus esposas con el trato y la dedicación que no podrían recibir de ningún otro tipo de asistencia. Esto es luchar por la igualdad. Este es un ejemplo para los hombres que, como yo, nos consideramos unos inútiles en las tareas cotidianas. Nos tenemos que espabilar.