MIEDO

17 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 17 de agosto de 2017

MIEDO

       

     El miedo es libre. Cada uno puede administrar su propio miedo en la medida de sus posibilidades. Pero hay un miedo irrenunciable: el miedo a la muerte. En la homilía de la Ascensión, el celebrante, nos hizo recapacitar sobre el mismo.

 

        Dice el diccionario de la RAE que miedo es:

Angustia por un riesgo o daño real o imaginario. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

 

En una de esas películas españolas de la 2 de cada noche, José Bódalo, interpretando a un militar en la guerra de África, distinguía entre miedo y cobardía. El miedo es positivo y conduce a la superación; la cobardía es negativa y conduce al fracaso.

 

Personalmente estoy muy marcado por las circunstancias dolorosas que he vivido. La muerte prematura de mi padre y la de algunos amigos de mi edad, que he sufrido desde la cercanía, me han creado un sentimiento de miedo a lo inesperado que me cuesta mucho trabajo superar.

 

Y eso que creo que nos espera otra vida mejor al otro lado del transito, pero como decía el chiste: “Virgencita que me quede como estoy”. Después ya tendremos tiempo de disfrutar de la presencia de Dios.

 

Pero volviendo al miedo, creo que los mayores tenemos miedo especialmente a la muerte en vida. A la falta de proyectos y a la soledad. Por eso tenemos que prepararnos para combatirlo. Hemos de crear un entorno agradable y enriquecedor. Una tarea adecuada a nuestras posibilidades que nos permita ser y sentirnos útiles a los demás. Un calendario que nos saque de la abulia y la monotonía.

 

Ahí está el voluntariado y la formación para mayores. La lectura y el caminar. La conversación y el acompañamiento.

 

Seguiremos teniendo miedo a la enfermedad y a la muerte. Pero seguiremos siendo útiles y eficaces. Seguiremos estando vivos.

Nota del autor: menudo segmento me ha salido hoy más triste en plena feria; pero mi trabajo en el Teléfono de la Esperanza me marca de vez en cuando. Otra vez seré más alegre.

 

 

El ángel

10 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 10 de agosto de 2017

El ángel

       En cada uno de los grupos en los que he tenido un mínimo de poder decisorio he intentado, y a veces conseguido, proclamar la figura del ángel del grupo; aquella persona que pone su empeño en hacer la vida más fácil a los demás.

 

     La RAE dice en su segunda acepción: Ángel;Persona a la que se le atribuyen cualidades que se consideran propias de los ángeles, como la bondad, la inocencia, la belleza, etc”.

 

Basándonos en esta descripción, esta noche vamos a homenajear y proclamar como “ángel de este rincón”  a una persona que cumple estos requisitos; al ángel de nuestros veranos en la playa. Se trata de una viuda de cierta edad que vive en nuestra vecindad desde hace casi una veintena de años. Los primeros diez nos llamaba la atención el mimo y el cariño con el que trataba a su marido impedido –otro tipo extraordinario del que en su día dediqué un segmento- y al mismo tiempo como se preocupaba de sus nietos y de los de todos los demás.

 

Falleció desgraciadamente Pepe, su marido, y Manoli, que así se llama nuestro ángel de hoy, se dedicó por entero a todos los demás. No hace grandes cosas, pero la felicidad nace de los pequeños detalles. Convoca cada tarde para la merienda a todos los niños (tropecientos) del bloque para merendar “los tradicionales bollitos de Manoli”, que así los denominan mis nietos. No se le escapa un cumpleaños. Te hace regalos “porque sí”, te llama en el invierno de vez en cuando, siempre está dispuesta a echar una mano o estar pendiente de un niño en la playa.

 

Un ángel, de los que pasan por la vida sin hacer grandes cosas, pero haciéndolas todas bien. Por eso se merece nuestra atención y respeto. Nunca será Vip, nunca irá a un programa de la tele a maleducar, pero habrá dejado amor por diestro y siniestro. Allá por donde pasa. Por Caritas y la parroquia en el invierno y por nuestra bendita playa en el verano. Manoli: eres la más grande; eres nuestro ángel.

 

           

             

Los elegidos

3 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 3 de agosto de 2017

Los elegidos

       No se agota mi capacidad de sorpresa ante la autocomplacencia y el desparpajo con el que se despachan muchos de los que van como “enterados” a la tele.

 

Últimamente estoy siguiendo un programa de nueva creación que se emite en Telecinco bajo el título de Mad in Spain. No engañan a nadie. La palabra “mad” traducida al castellano significa loco-a, tonto-a, o algo por el estilo.

 

Abordan temas serios –aparentemente- que se convierten en un circo por la intervención de los participantes de la mesa o, de forma “espontánea”, por “expertos” intercalados entre el público. Ni que decir tiene que la mesa la componen lo mejor de los restos de “Sálvame” y algún ex – famoso en busca de recuperar el sitio en la pomada.

 

El último programa emitido abordó entre otros la propensión al robo que tenemos los españoles. Especialmente la clase política. Pero cuando preguntaron por los pequeños hurtos, los “sinpa”, etc., levantó el brazo casi todo el mundo. “el que es infiel en lo poco, no lo es en lo mucho… porque no puede” (cita de un servidor).

 

Pero el colmo del desatino llegó cuando una emperifollada señora, que se auto titulaba “pija”, “bien vestida” y “de clase privilegiada”, dijo sin pestañear que “Dios no nos hace a todos iguales”. De ahí en adelante el follón. El presentador dijo una cita equivocada, la llamó “especie de fascista”, un par de tertulianos que deben su fama a ser hijos de… y alguna que otra adicción montaron en cólera, se rasgaron las filasterias y se mesaron los cabellos. La señora se consideraba entre los elegidos.

 

Con lo fácil que nos lo pone el Evangelio y las palabras de Jesús. Tratar al prójimo como a ti mismo. Todos somos hijos de Dios, hermanos de Cristo y templos vivos del Espíritu Santo. Todos somos  iguales a los ojos de Dios. Pero habrán podido observar que casi nadie se confiesa como creyente ante los demás. Mucho menos en la televisión. Eso sí. Ateo se autodenominan muchos a la menor oportunidad. Sonaron al fondo palabras de solidaridad, justicia, reparto equitativo que fueron acalladas por el “glamour” la libertad de bañar a un perro con agua mineral o de gastar porque “lo gano”. Podrían profundizar en “como la gano”.

 

En fin; otra lección para nuestra querida España que la estamos educando en la zafiedad y en la pérdida de valores. No quiero entrar en algunas intervenciones en este programa y en la mayoría de las de esta cadena. Es lo que gusta al público. “Panem et circenses”. Hemos evolucionado. A peor. Mientras, los capítulos del cinco al siete de San Mateo… muertos de risa.

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 27 de julio de 2017

LAS CHICAS DE ORO

       Soy un gran aficionado al cine. Disfruto muchísimo con el cine español; especialmente el de la postguerra incivil.

 

Me trago todas las películas de la 2 de las 10 de la noche. Su visión me permite observar, no sin asombro, la velocidad endiablada con la que han cambiado los tiempos y las costumbres de nuestra vieja España.

 

Hoy me voy a detener en los mayores, especialmente en esas mujeres de “cierta edad” que me recuerdan a mi abuela, allá por los años cincuenta, sentada en una silla de anea, en aquél largo pasillo de nuestra casa perchelera, ataviada de negro riguroso, con un coquillo blanco y un niño o una labor de croché en las manos.

 

Nunca la vi salir a la calle, ni de visita tan siquiera. Así vivían nuestras mayores. Cuando se quedaban viudas solo les quedaba el templo o la casa. Posteriormente, allá por finales de los 90, aparecieron en nuestras teles cuatro señoras mayores (unas más que otras), que escandalizaron a nuestros estamentos. Se trata de las protagonistas de la comedia de situación “Las chicas de oro”. Eran cuatro mujeres de características bastante bien definidas. Tres viudas y una divorciada con muchas ganas de vivir. Ropas modernas, novios, entradas y salidas, copas, etc.

 

Me he acordado de ellas mirando a mi alrededor; dada mi edad, estoy rodeado de mujeres talluditas, que se visten muy bien, se arreglan, salen a cenar, teatros, conciertos… En mi periplo teatral, tenemos en nuestra compañía una señora de más de ochenta años, la insuperable Cloti, así como varias que son de casi de mi quinta. En la playa cada vez observo más caminantes rápidas y bañistas temerarias con los años en que otrora se retiraban a un rincón de las casas o a una mesa de camilla perenne.

 

Ya hace varios años hice un estudio para la universidad sobre los mayores malagueños. Descubrí que no paran. Viajan, cantan, escriben, bailan, se enamoran, juegan, hacen todo tipo de ejercicio y deportes. La leche. Por eso proclamo que me encanta el “segmento de plata”, al que pertenezco; especialmente al de las mujeres, que han evolucionado más y más aprisa que los hombres.

 

Lo cual no es óbice ni cortapisa para que sigan asistiendo a los templos y recordando a sus fallecidos, pero sin un excesivo culto a la muerte y al recuerdo. El cristianismo es una religión de vivos. De vivos felices a cualquier edad.

 

El hijo

20 f, 17

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 20 de julio de 2017

EL HIJO

        Los telediarios están llenos de malas noticias. Los programas que se cubren bajo el nombre general de “realitys” reflejan cada día lo peor de nuestra sociedad.

 

Por ello me he empeñado, con más voluntad que éxito, en resaltar las circunstancias agradables y edificantes con las que me voy encontrando a lo largo de mí deambular por el mundo. Hoy les voy a hablar de un hijo.

 

Es vecino mío, cuarentón largo, vive solo con su madre, viuda desde hace años cuya mente anda flotando entre la demencia senil y el Alzheimer. Se trata de una familia que no tiene hijas. Un póquer de varones con muchas obligaciones, que han delegado en el que es objeto de mi atención, que está soltero,  para que cuide de la madre.

 

Desde mi atalaya puedo otear sus movimientos medidos. El mimo con el que, al atardecer, la lleva a la playa y la sienta en un banco durante un buen rato. Cómo, posteriormente, la instala en la puerta de su casa y le pone una mesita con la cena. A eso de las diez de la noche, la lleva hacia adentro, le enciende la televisión a todo trapo y así, un día tras otro.

 

Gente corriente… o no. El otro día se armó un alboroto con la llegada a su casa de un par de ambulancias llenas de sanitarios ataviados con monos rojos. La madre había tenido un desmayo. Reanimación, cuidados adecuados y a seguir la rutina. El hijo me miró con una sonrisa agradecida mientras levantaba el pulgar como signo de éxito. Gente corriente. De la que no va a Telecinco a vivir de sus vergüenzas.

 

Decía el Papa Francisco: “Un pueblo que no custodia a los abuelos, un pueblo que no respeta a los abuelos, no tiene futuro, porque no tiene memoria, ha perdido la memoria”.  “Los que cuidan a los mayores con amor, colaboran al bien de la sociedad”. “No podemos pasar por alto en felicitar a todas las personas que realizan una honorable labor en dedicarse al cuidado de los ancianos en todos los ambientes, sea en sus hogares, casas de retiros u hospitales”.

 

      Nada más que añadir. Voto a mi vecino Jorge para hijo del año.

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 13 de julio de 2017

MANSOS, NO MENSOS

        Cuando al comienzo de la Eucaristía dominical a la que acudo cada semana escucho la frase: “el Señor esté con ustedes” me siento feliz.

 

Es un indicio claro de que algún sacerdote de allende los mares se ha incorporado a nuestra comunidad para cubrir las vacaciones de los prestes titulares. Los curas hispanos “importados” son muy especiales desde el principio de la celebración. Comienzan diciendo: “el Señor esté con ustedes”. Después una misa gozosa. Se puede observar el cuidado y la unción con los que se preocupan de los cánticos, la liturgia en general y, sobre todo, de la homilía.

 

La suelen preparar con parábolas de su tierra y referencias a lo más sencillo de su país. El pasado sábado hablaba de los mansos u pronunció la frase: “hay que ser mansos, no mensos”. La frase requería explicación. Y el celebrante nos la dio. La palabra menso es de uso corriente en México, la tierra de nuestro cura, pero poco pronunciada en España. Me recordó a ese gran actor, muy admirado por mí, que fue Mario Moreno “Cantinflas” que en su película “El padrecito”, de 1974, hace bastantes referencias a este adjetivo que, como recalcó el celebrante, no es despreciativo; significa estar “un poco despistado”.

 

En la vida del cristiano nos toca muchas veces hacernos el “menso”; lo que es otra forma de poner la otra mejilla. Pero una cosa es hacerse y otra ser. Cándidos como palomas y astutos como serpientes. Por eso los mansos entrarán en el Reino de los Cielos no por ser tontos (mensos), sino por “sufrir con paciencia las flaquezas de nuestro prójimo”. O prójima. Que hay que ser “políticamente correcto”.

 

Bienvenidos esos curas que traen aire fresco de las Américas. Gozan de un lenguaje muy llano y poco rebuscado y menos lugares comunes que nuestros sacerdotes agobiados durante el verano por un  montón de celebraciones que les llevan a veces a caer en la rutina.

 

El año pasado aprendí a decir “cobijita” (mantita). Este año el cura mejicano me ha hecho recordar a mi admirado “Cantinflas” que en “el padrecito” decía verdades como puños. Hay que ser “manso, no menso”.

 

 

Aberasturi

6 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 6 de julio de 2017

ABERASTURI

        Soy seguidor desde hace años de este extraordinario periodista todoterreno. Ha tocado todos los palos de la información, pero en el que más ha destacado, según mi opinión,  ha sido en la radio.

 

        En ella, su extraordinaria voz, su excelente dicción y, sobre todo, la poesía que llevan implícitos todos sus comentarios, han permitido que participara y dirigiera con éxito diversos programas. Ha pasado por todas las grandes emisoras de radio, distintas cadenas de televisión y varias redacciones de diarios de tirada nacional. Pero yo me sigo quedando con sus intervenciones a modo de contrapunto que ha realizado, y sigue realizando como segundo de a bordo de distintos espacios radiofónicos. En la actualidad ejerce su oficio en Radio Nacional en los programas de fin de semana emitidos bajo el título de “no es un día cualquiera” con Pepa Fernández.

 

      Desde siempre se han traslucido en sus intervenciones un poso de amargura motivado por su situación familiar. Había hablado en ocasiones de ella, pero ha sido mucho más explicito en su intervención en el programa de Risto Mejide: “All you need is love… o no”, comentando su libro: “Como explicarte el mundo”, donde narra el drama de su vida al lado de su hijo nacido con parálisis cerebral.

 

El presentador Mejide trataba de profundizar en el dolor de Aberasturi y, de hecho lo consiguió. En las palabras de Aberasturi se reflejaba la ausencia de justificación del porqué de la enfermedad de su hijo, llegando a manifestar que en diversas ocasiones pensó en que no debería de continuar viviendo. Su búsqueda infructuosa del Dios de la razón no le permite su encuentro con la razón de vivir de ese muchacho que ha estado en muchas ocasiones al borde de la muerte y que se aferra a la vida amparándose en el amor de sus padres o su hermano.

 

Su vida es una constante pregunta que da significado a su situación de tristeza y desesperación. ¿Porqué a mi? Una incógnita que no tiene respuesta desde la ausencia de la fe. Andrés se mueve en el mundo del agnosticismo, pese a su formación familiar y cultural dentro de un mundo cristiano.

 

Si no contamos con la mínima fe en la vida eterna, seguiremos sin entender como podemos vivir en una sociedad llena de hambre, guerras, enfermedades y mala leche. Hace años me decía alguien una frase que quedó grabada en mi mente: “Dios creó el mundo y se lo alquila a los valientes”. Hay que ser muy valiente para afrontar la realidad de cada día. Sobre todo cuanto te toca a ti la de arena.

 

Lo que si me consta, porque lo vivo cada día, es que muchos de esos “renglones torcidos de Dios” son la felicidad, el estímulo y el motivo para vivir de muchas familias que han sabido enfocar con valentía los avatares de una vida que, casi siempre, se desarrolla en un valle de lágrimas.

 

Seguiré escuchando a Aberasturi. Él intuye la luz. A la pregunta, lógica por otra parte, del presentador: “¿qué será de su hijo cuando faltes tú?, contestó con gran lucidez: “¿qué será de mí si faltara él?

 

     El padre Dios no les abandonará a ninguno de los dos. Estoy seguro.  Rezo por Andrés Aberasturi y su hijo.

 

 

(Foto diario el Mundo)

 

             

        

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 22 de junio de 2017

EL DESCANSO DEL GUERRERO

 

A la mayoría de las personas les parece que la vida del jubilado se desarrolla en un vivir relajadamente y sin ningún tipo de problemas. Nada más lejos de la realidad.

       

        Cuando se acaba la vida laboral de una persona y se incorpora a la “buena vida”, tiene que tener muy claro que la pertenencia al “segmento de plata” no siempre es un camino de rosas. Hayas trabajado en la calle o en las labores del hogar, cuando llega este momento, la disyuntiva vital proporciona no pocas dificultades al recién incorporado al “dolce far niente”. O eso se lo creen él o ella.

 

Inmediatamente se pasa al gremio de los cuidadores-transportistas de niños, reparadores de chapuzas, solucionadores de problemas con la administración y colas varias, o, directamente corredores de bolsa. Con la bolsa a cuestas en hipermercados y mercados.

 

Como ustedes comprenderán, esto es un trabajo nada remunerado y con el gasto económico y de fuerzas correspondiente. Algunos tenemos la suerte que pasamos a una segunda actividad como eméritos en las diversas profesiones o como voluntarios en las que descubrimos al jubilarnos. Seguimos trabajando… pero sin cobrar.

 

Esta actividad llena nuestra vida, pero también la cansa. A veces la agota. Seguimos siendo el colchón que recibe y amortigua todos los problemas. De los nuestros y de los demás. De nuestros hijos y de nuestros nietos. De los que siguen trabajando, porque creen que nos aburrimos muchísimo y no tenemos otra cosa que hacer.

 

Por todo lo anteriormente citado, se impone el descanso del guerrero. Las merecidas vacaciones. Y a mayor edad; más largas vacaciones. Este año no me conformo con menos de tres meses. Seguiré escribiendo lo que me apetezca, mejoraré mi dominó y gastaré los alrededores de mi casa caminando. El mar enfrente y la nada como obligación.

 

Así que, puretas de mi generación. Imitadme y tomaros lo que os pertenece. Al final os largarán algún niño de vez en cuando. Pero mantened el tipo cuanto podáis.

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 15 de junio de 2017

     ALLÁ DONDE ESTÉS…

    Se ha puesto de moda esta frase como colofón del discurso que se expresa cada vez que alguien pretende rendir un homenaje o un recuerdo a algún fallecido. 

 

     Con esta frase hecha se cubren las espaldas aquellos que no se quieren mojar manifestando sus creencias. Así quedan bien con todos. No nos damos cuenta de que con esta duda, razonable por otra parte y que pueden mantener los no creyentes, los católicos estamos olvidando la última parte del Credo que recoge las verdades fundamentales de la fe católica.

 

Los pertenecientes a este segmento estamos más cerca de descubrir lo que viene después de la muerte por una sencilla cuestión de edad. Por eso tenemos que plantearnos seriamente hasta donde llega nuestra certeza y lo que se deja en manos de nuestra fe. Aquí es donde tenemos que dar la talla. En este sentido es donde debemos de manifestarnos con rotundidad.

 

Días atrás me invitaron los miembros del Movimiento de Vida Ascendente de Málaga a su retiro anual de fin de curso. Más de medio centenar de “mayores y jubilados” que pertenecen a este colectivo asistieron a una Eucaristía seguida de un reconfortante almuerzo en Cártama Estación. El celebrante, en su homilía, nos recordó la importancia de vivir con intensidad nuestra edad, aceptar nuestras dificultades y la cercanía con los que se nos han marchado.

 

 

Los creyentes tenemos la esperanza y la certeza la experiencia de vivir la vida eterna y que en ella se encuentran cuantos nos han precedido. Creemos en la Resurrección de Jesús y por herencia de todos nosotros. Y así lo tenemos que manifestar. No decimos Padre Nuestro “allí donde estés”. A ver si de una vez llamamos a las cosas por su nombre. No somos cristianos “por si acaso”.

 

 

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 8 de junio de 2017

MARISTAS Y AGUSTINOS

 

       A mediados de los cincuenta del pasado siglo los niños pertenecientes a la clase media malagueña teníamos dos opciones para recibir la educación en un colegio regido por religiosos: maristas o agustinos. “Mariscos o Langostinos” como nos denominábamos unos a otros despectiva y cariñosamente.

 

En Málaga también existían otros colegios privados. El de los jesuitas en el Palo, dedicado en su mayoría al internado, que acogía a los alumnos más elitistas de toda Andalucía. También estaba el Patronato de San José y el Colegio Salesiano con una orientación más laboral y otros muchos de carácter público. El ingreso lo hice en la preparatoria de calle Cabello y después fui a la Escuela de Comercio durante ocho años. Por consiguiente solo disfruté de la experiencia agustiniana tan solo durante dos cursos. No había dinero para más. En “la tercera y la cuarta” del viejo colegio de San Agustín, aprendí a rezar el Rosario, me confirmé y me acostumbré a celebrar el domingo con la Eucaristía. Compromiso al que no he faltado en toda mi vida.

 

En estos días coincide la celebración de los cien años de presencia de los Hermanos Maristas en Málaga y una de las comidas anuales entre antiguos alumnos de los agustinos, a la que he asistido en alguna ocasión, que se convoca periódicamente con una gran asistencia de “puretas” de distintas etapas.

 

Esta circunstancia me ha hecho agradecer, una vez más, el esfuerzo de mis padres por acercarme a un tipo de formación que después me he permitido transmitir a mis hijos y mis nietos. Casi todos ellos han recibido  su primera enseñanza y bachillerato en el colegio agustiniano de “los Olivos”. Allí han recibido la primera comunión, se han confirmado y casado gran parte de ellos.

 

En estos días he leído como diversos colectivos intentan apartar a sus niños de ningún tipo de vinculación con la Iglesia Católica. Incluida la enseñanza. Se han buscado, sin ningún éxito, ceremonias sustitutivas de la celebración de los distintos sacramentos. Sin ir más lejos, el municipio del Rincón de la Victoria, tan querido por mí, ha visto como su “acto de tránsito de la infancia a la preadolescencia” que sustituye a la Primera Comunión, ha tenido un escaso éxito: Tan solo dos “actos”… por 124 primeras comuniones. Tampoco se ha cubierto de gloria (a mi modesto entender) los que han buscado esta denominación. Con el “bautismo civil” ha sucedido lo mismo. Los hechos se comentan por si mismos.

 

Puedo decir, con conocimiento de causa, que los colegios de inspiración religiosa tienen sus defectos, pero también sus virtudes, que son muchas. Su forma de enfocar la enseñanza y el ambiente que se respira, marcan para siempre. Todos recordamos por sus nombres o apodos a aquellos religiosos y profesores que dedicaron lo mejor de su vida a transmitir a unos adolescentes el espíritu de Marcelino Champagnat, San Agustín, San Juan Bosco, San Ignacio de Loyola, etc. Mis ejemplos más cercanos: el Padre Andrés Llordén o el más reciente Padre Jesús Luís Galdeano, ambos agustinos.

 

Casi todos los autodenominados “progresistas” critican con dureza estas enseñanzas. Yo no tengo más remedio que proclamar con alegría que han sido un puntal muy fuerte y positivo en la educación de mi familia. Antes conocía muy bien a los “langostinos”. Hoy por hoy colaboro con la fundación Marcelino Champagnat de los “mariscos”. Un banderín de enganche para los jóvenes de las familias más necesitadas de los barrios marginales malagueños. Grandes colegios y grandes educadores.

            

 

 

San Agustín y Maristas de Málaga