El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 22 de junio de 2017

EL DESCANSO DEL GUERRERO

 

A la mayoría de las personas les parece que la vida del jubilado se desarrolla en un vivir relajadamente y sin ningún tipo de problemas. Nada más lejos de la realidad.

       

        Cuando se acaba la vida laboral de una persona y se incorpora a la “buena vida”, tiene que tener muy claro que la pertenencia al “segmento de plata” no siempre es un camino de rosas. Hayas trabajado en la calle o en las labores del hogar, cuando llega este momento, la disyuntiva vital proporciona no pocas dificultades al recién incorporado al “dolce far niente”. O eso se lo creen él o ella.

 

Inmediatamente se pasa al gremio de los cuidadores-transportistas de niños, reparadores de chapuzas, solucionadores de problemas con la administración y colas varias, o, directamente corredores de bolsa. Con la bolsa a cuestas en hipermercados y mercados.

 

Como ustedes comprenderán, esto es un trabajo nada remunerado y con el gasto económico y de fuerzas correspondiente. Algunos tenemos la suerte que pasamos a una segunda actividad como eméritos en las diversas profesiones o como voluntarios en las que descubrimos al jubilarnos. Seguimos trabajando… pero sin cobrar.

 

Esta actividad llena nuestra vida, pero también la cansa. A veces la agota. Seguimos siendo el colchón que recibe y amortigua todos los problemas. De los nuestros y de los demás. De nuestros hijos y de nuestros nietos. De los que siguen trabajando, porque creen que nos aburrimos muchísimo y no tenemos otra cosa que hacer.

 

Por todo lo anteriormente citado, se impone el descanso del guerrero. Las merecidas vacaciones. Y a mayor edad; más largas vacaciones. Este año no me conformo con menos de tres meses. Seguiré escribiendo lo que me apetezca, mejoraré mi dominó y gastaré los alrededores de mi casa caminando. El mar enfrente y la nada como obligación.

 

Así que, puretas de mi generación. Imitadme y tomaros lo que os pertenece. Al final os largarán algún niño de vez en cuando. Pero mantened el tipo cuanto podáis.

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 15 de junio de 2017

     ALLÁ DONDE ESTÉS…

    Se ha puesto de moda esta frase como colofón del discurso que se expresa cada vez que alguien pretende rendir un homenaje o un recuerdo a algún fallecido. 

 

     Con esta frase hecha se cubren las espaldas aquellos que no se quieren mojar manifestando sus creencias. Así quedan bien con todos. No nos damos cuenta de que con esta duda, razonable por otra parte y que pueden mantener los no creyentes, los católicos estamos olvidando la última parte del Credo que recoge las verdades fundamentales de la fe católica.

 

Los pertenecientes a este segmento estamos más cerca de descubrir lo que viene después de la muerte por una sencilla cuestión de edad. Por eso tenemos que plantearnos seriamente hasta donde llega nuestra certeza y lo que se deja en manos de nuestra fe. Aquí es donde tenemos que dar la talla. En este sentido es donde debemos de manifestarnos con rotundidad.

 

Días atrás me invitaron los miembros del Movimiento de Vida Ascendente de Málaga a su retiro anual de fin de curso. Más de medio centenar de “mayores y jubilados” que pertenecen a este colectivo asistieron a una Eucaristía seguida de un reconfortante almuerzo en Cártama Estación. El celebrante, en su homilía, nos recordó la importancia de vivir con intensidad nuestra edad, aceptar nuestras dificultades y la cercanía con los que se nos han marchado.

 

 

Los creyentes tenemos la esperanza y la certeza la experiencia de vivir la vida eterna y que en ella se encuentran cuantos nos han precedido. Creemos en la Resurrección de Jesús y por herencia de todos nosotros. Y así lo tenemos que manifestar. No decimos Padre Nuestro “allí donde estés”. A ver si de una vez llamamos a las cosas por su nombre. No somos cristianos “por si acaso”.

 

 

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 8 de junio de 2017

MARISTAS Y AGUSTINOS

 

       A mediados de los cincuenta del pasado siglo los niños pertenecientes a la clase media malagueña teníamos dos opciones para recibir la educación en un colegio regido por religiosos: maristas o agustinos. “Mariscos o Langostinos” como nos denominábamos unos a otros despectiva y cariñosamente.

 

En Málaga también existían otros colegios privados. El de los jesuitas en el Palo, dedicado en su mayoría al internado, que acogía a los alumnos más elitistas de toda Andalucía. También estaba el Patronato de San José y el Colegio Salesiano con una orientación más laboral y otros muchos de carácter público. El ingreso lo hice en la preparatoria de calle Cabello y después fui a la Escuela de Comercio durante ocho años. Por consiguiente solo disfruté de la experiencia agustiniana tan solo durante dos cursos. No había dinero para más. En “la tercera y la cuarta” del viejo colegio de San Agustín, aprendí a rezar el Rosario, me confirmé y me acostumbré a celebrar el domingo con la Eucaristía. Compromiso al que no he faltado en toda mi vida.

 

En estos días coincide la celebración de los cien años de presencia de los Hermanos Maristas en Málaga y una de las comidas anuales entre antiguos alumnos de los agustinos, a la que he asistido en alguna ocasión, que se convoca periódicamente con una gran asistencia de “puretas” de distintas etapas.

 

Esta circunstancia me ha hecho agradecer, una vez más, el esfuerzo de mis padres por acercarme a un tipo de formación que después me he permitido transmitir a mis hijos y mis nietos. Casi todos ellos han recibido  su primera enseñanza y bachillerato en el colegio agustiniano de “los Olivos”. Allí han recibido la primera comunión, se han confirmado y casado gran parte de ellos.

 

En estos días he leído como diversos colectivos intentan apartar a sus niños de ningún tipo de vinculación con la Iglesia Católica. Incluida la enseñanza. Se han buscado, sin ningún éxito, ceremonias sustitutivas de la celebración de los distintos sacramentos. Sin ir más lejos, el municipio del Rincón de la Victoria, tan querido por mí, ha visto como su “acto de tránsito de la infancia a la preadolescencia” que sustituye a la Primera Comunión, ha tenido un escaso éxito: Tan solo dos “actos”… por 124 primeras comuniones. Tampoco se ha cubierto de gloria (a mi modesto entender) los que han buscado esta denominación. Con el “bautismo civil” ha sucedido lo mismo. Los hechos se comentan por si mismos.

 

Puedo decir, con conocimiento de causa, que los colegios de inspiración religiosa tienen sus defectos, pero también sus virtudes, que son muchas. Su forma de enfocar la enseñanza y el ambiente que se respira, marcan para siempre. Todos recordamos por sus nombres o apodos a aquellos religiosos y profesores que dedicaron lo mejor de su vida a transmitir a unos adolescentes el espíritu de Marcelino Champagnat, San Agustín, San Juan Bosco, San Ignacio de Loyola, etc. Mis ejemplos más cercanos: el Padre Andrés Llordén o el más reciente Padre Jesús Luís Galdeano, ambos agustinos.

 

Casi todos los autodenominados “progresistas” critican con dureza estas enseñanzas. Yo no tengo más remedio que proclamar con alegría que han sido un puntal muy fuerte y positivo en la educación de mi familia. Antes conocía muy bien a los “langostinos”. Hoy por hoy colaboro con la fundación Marcelino Champagnat de los “mariscos”. Un banderín de enganche para los jóvenes de las familias más necesitadas de los barrios marginales malagueños. Grandes colegios y grandes educadores.

            

 

 

San Agustín y Maristas de Málaga

    

Está escrito

1 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 1 de junio de 2017

ESTÁ ESCRITO

 

       Soy de la opinión de que todo lo que te ha pasado, te pasa y te puede suceder, tiene cabida y explicación en esos cuatro testimonios-testamento de Jesús denominados Evangelios o Hechos de los Apóstoles.

 

Un día me enseñaron a recurrir a la Sagrada Escritura ante cualquier “papeleta” que se me presentara en la vida. Jamás me ha decepcionado. Suelo recurrir a la experiencia de hacer pasar el día a día por el tamiz de la predicación de Jesús a lo largo de sus tres años de vida pública. En ella se te advierte de las dificultades que vas a sufrir en su seguimiento y lo  incomprendido que te vas a encontrar en multitud de ocasiones. Lo curioso estriba en que muchos de los que te rodean, consideran normales las recomendaciones egoístas y agresivas de los “gurús” de nuestra época y sin embargo estiman trasnochados e incoherentes los criterios evangélicos basados en el amor y en las obras de misericordia.

 

Hace poco comentaba con un amigo mi experiencia durante mis diversas etapas de formación, familiares o laborales. Difícilmente puedo recordar situaciones negativas, malos tragos o rechazo de ningún tipo. Cuando se trata del desempeño  de mis actividades como miembro de la Iglesia, hay veces que las he pasado canutas. Siempre por dimes y diretes que me hacen recordar el miedo que tienen los historiadores al “fuego amigo”.

 

He llegado a la conclusión de que esto “entra en el sueldo”.  Jesús es nuestro ejemplo en ello. Te tienen puesto en el filo de la navaja y esperan el menor fallo o vacilación para poner de manifiesto ese “pero” que tira por tierra toda tu buena voluntad. En esos momentos, aunque te apoyen los que te conocen bien, te sientes solo, porque la masa es cobarde y busca la zona confortable. El cristianismo es capacidad de riesgo y salto al vació de la fe. Aunque te partas la cara o te la partan. Igual da.

 

Lo que me consuela es saber que en mi vida intuyo, ya era hora, una de los bienaventuranzas. He sido perseguido más veces por causa de la búsqueda de la justicia de Dios que por la de los hombres. Algo es algo. Termina el Evangelio de San Mateo que proclamábamos el domingo: Y sabed que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Por eso deduzco de lo que está escrito: Nunca estaremos solos.

 

 

                   

Dar la cara

28 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  29 de mayo de 2017

DAR LA CARA

 

      Estamos acostumbrados a escuchar declaraciones de todo tipo en las que se pontifica sobre cualquier tema. Posteriormente, el mantenerlas con los actos… es harina de otro costal.

 

      Llega a mis manos una de esas noticias que pasan desapercibidas debido a la lejanía de su procedencia y su escasa repercusión en la política o la economía “occidentales”. Me entero de la misma a través del semanario Alfa y Omega. Su titular es muy revelador: “En Bangassou, República Centroafricana, Monseñor Aguirre acoge a 2.000 musulmanes: <La situación puede volver a estallar>” indica el prelado cordobés.

 

Juan José Aguirre es Obispo de esta ciudad de 35.000 habitantes con una marcada separación entre las diversas etnias y las distintas confesiones religiosas. “Los musulmanes alojados en la catedral están traumatizados por el asesinato de su imán. Pero han encontrado esperanza gracias al apoyo de monseñor Aguirre. Si no hubiera sido por el obispo español, todos habrían sido asesinados. La Iglesia católica ha dado ejemplo del amor de Dios», dice a Alfa y Omega el portavoz del Colectivo de Musulmanes Centroafricanos”.

 

Continúa diciendo la entrevista: El 13 de mayo unos 2.300 hombres bien armados y organizados llegaron a la ciudad… Se definían como un grupo de autodefensa. Mayoritariamente cristianos, decían plantar cara a la violencia que desde comienzos de año siembra en la zona un grupo escindido de las milicias seleka, formadas sobre todo por musulmanes. «Estos grupos de autodefensa meten a todos los musulmanes en el mismo saco, y se han mostrado igual de criminales que los otros», lamenta Aguirre… Los milicianos atacaron Tokoyo, un barrio musulmán. Sus habitantes buscaron refugio en la mezquita central, y comenzó el asedio. Al día siguiente, monseñor Aguirre se dirigió allí para negociar con los milicianos y proteger a los asediados. «Hice de escudo [humano] muchas horas. Nadie me disparó. Pero a los musulmanes les disparaban como a conejos», contó luego”.

 

Una triste noticia… Seguimos con las guerras basadas en la religión como escusa: Durante la guerra, Bangassou «fue una isla en medio del mar –explica Miguel Aguirre, hermano del obispo y presidente de la Fundación Bangassou–. Los conflictos se solucionaban sin violencia en los grupos de intermediación que creó [el obispo] con evangélicos y musulmanes. Observadores de la ONU quisieron verlo por si se podía reproducir en otros sitios».

 

     Mi buena noticia de hoy: “En los últimos días, los dos mil “huéspedes” acogidos «han encontrado esperanza gracias al apoyo material y psicológico de monseñor Aguirre, que estaba incluso dispuesto a sacrificarse para salvarlos. Dicen que si no hubiera sido por él, todos habrían sido asesinados. La Iglesia católica ha dado ejemplo del amor de Dios».

 

     Parece ser que algunas cosas las hacemos bien. Que se lo pregunten a Ramón Burgueño, un cura de nuestra diócesis que ha llegado recientemente a Ghana, cargado de ilusiones y con un contenedor de objetos útiles para los niños de aquellas tierras. Ambos están dando la cara.

Ramón Burgueño (1º izqda.)                          Monseñor Aguirre

 

 

 

 

 

                               

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 25 de mayo de 2017

JUVENTUD, DIVINO TESORO

 

     Esta semana he tenido la oportunidad de coincidir con jóvenes en varias ocasiones. Como casi siempre que me encuentro con cualquier colectivo, en este caso los “teenagers”, me han impresionado muy favorablemente.

 

El ser joven es un privilegio escasamente apreciado por el que goza del mismo. A muchos de ellos les parece una especie de cuarentena que hay que pasar lo más pronto posible para acceder a lo que ellos estiman que son los beneficios de la madurez. ¡Qué gran error! En mi opinión  hay que estrujar al completo las posibilidades de cada etapa de la vida que, desgraciadamente, ya no volverá a disfrutarse.

 

Volviendo a mis encuentros, estos han sido tres. El primero el pasado sábado. Me pidieron que impartiera un taller de comunicación y periodismo a tres grupos de chavales provenientes de distintos estamentos de la Diócesis de Málaga. A todos les presenté las virtudes y defectos de los medios de comunicación y los comunicadores, así como la sinergia desarrollada por los medios de difusión de la diócesis malacitana. Finalmente, les pedí redactaran una noticia sobre lo sucedido a lo largo de aquella mañana. El resultado fue esperanzador, chavales de ambos sexos, de 14 a 18 años, provenientes de colegios públicos y confesionales, de parroquias y movimientos, captaron rápidamente los beneficios que pueden reportar el uso de los medios para la evangelización moderna, que no es más que la continuación de la transmisión del mensaje, en principio realizada a través de los evangelios, los hechos de los apóstoles y los escritos de la Iglesia en general. Esta nueva singladura consiste es una especie de transmisión oral y visual, tal como la realizada desde siempre, pero aprovechando los medios de comunicación de ahora. Una buena experiencia.

 

El martes tuve mi clase habitual con mis alumnos empeñados en acceder a un puesto en la administración compatible con sus dificultades físicas o mentales. Un colectivo lleno de esperanza, voluntad y ganas de ser miembros activos y útiles de nuestra sociedad. Otra maravilla. No le tienen miedo a nada.

 

Finalmente he estado ayudando a  seleccionar candidatos a trabajar en una empresa de comidas rápidas. Hemos entrevistado a dos docenas de jóvenes de 18 a 30 años, provenientes de las zonas más deprimidas económicamente de Málaga. Unas vidas llenas de carencias y dificultades pero plenas de ilusión y ganas de trabajar. Unas vidas recorridas a demasiada velocidad y dentro de un ambiente hostil. Me han impresionado por su decisión, su compromiso con la vida y sus ganas de sacar la cabeza de un hábitat determinado por sus circunstancias. Un compendio de situaciones difíciles y de esperanzas. Cuanto bien podríamos hacer formando a estos jóvenes (en eso estamos), creando empleo para ellos y saliéndonos de las subvenciones y la “buena voluntad” para llegar a la justicia y las igualdad.

 

A poco que pongamos de nuestra parte, el futuro será prometedor para estas generaciones que vienen con fuerza. Tres grupos muy diferentes. Que piensan más en el ser que en el tener. Que con nuestra ayuda pueden crear un mundo mejor.

 

 

 

GETAFE

18 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 18 de mayo de 2017

GETAFE

 

     

    Getafe es una población muy grande -un tanto destartalada- situada en el sur de Madrid y a unos 13 kilómetros de la Puerta del Sol.

 

Se encuentra a los lados del camino de Madrid a Toledo, lo que le ha hecho testigo de la historia de España, especialmente desde el siglo XIV con los movimientos de los Reyes castellanos hacia la conquista de los territorios ocupados por los árabes. En el siglo XX tiene un gran despliegue industrial y económico marcado por la creación de la escuela de Aviación Civil y la construcción del monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, ambos en la década de 1910-20. A partir de los años cincuenta del pasado siglo se montaron varias industrias importantes en esta zona. En 1988 se instaló en Getafe la Universidad Carlos III.

 

Su situación en medio de viejos caminos, entre la Mancha, Extremadura, Andalucía y la corte, han convertido a esta población en una especie de Babel llena de acentos y de inmigrantes de todo tipo. Para colmo, el boom actual de llegada de foráneos procedentes de Sudamérica, África y los países del este, han completado la miscelánea de razas y lenguajes en una especie de fusión muy bien llevada y aceptada por todos. Algo más que una ciudad dormitorio de la Villa y Corte.

 

A esa ciudad acudo con regularidad. En ella vive mi hijo mayor y toda su familia. Sus tres hijos han nacido, estudian y crecen en un barrio popular asentado en viviendas de protección oficial que rodean la Parroquia de San Rafael. A ella he acudido una vez más con motivo de la primera comunión de mi nieto Carlos.

 

Este  centro parroquial está regido por los Hijos de la Caridad. Una Orden de origen francés con el siguiente objetivo principal según su propia definición: “Los Hijos de la Caridad somos una Congregación de religiosos pastores, reconocida por Roma, fundada por el siervo de Dios Juan Emilio Anizan en París en 1918 para la evangelización de los barrios populares y pobres en las afueras de las grandes ciudades”. En Getafe lo bordan. Ya en algún momento me he referido a dicha parroquia, sus carteles y su altar “del hermano”, lleno de latas de conservas, de macarrones y de detergentes. Un lugar para las ofrendas a los más necesitados.

 

Nueve niños recibieron la primera comunión (alguno de nombre impronunciable, de los que no pongo la foto por aquello del derecho a la imagen de los menores). Sus ancestros: africanos, sudamericanos, andaluces, extremeños o getafenses. Su nexo de unión: una excelente preparación catequética y un párroco que es fiel reflejo de su comunidad. Ameno, cercano, sencillo, adaptado a los neocomulgantes y a su familias. Una celebración sencilla, sin prisas y participativa. Todo con el uso de pantalla, coros y micrófonos adaptados, que invitaban a dejar de ser espectadores para pasar a ser actores en la celebración. Una hora que se pasó en un suspiro y llenó de lágrimas los ojos de más de uno.

 

Para colmo una celebración “lúdica” en el sitio adecuado: el convento de Santa Juana de la Cruz en Cubas de la Sagra. Un lugar donde acudían desde Carlos V hasta Don Juan de Austria en busca de paz y de consejo allá por los finales del siglo XV y principios del XVI. Allá tienen una casa de oración y de encuentros las monjas Clarisas en medio de la estepa castellana.

 

Os he contado otra “batallita” del abuelo. Pero es que de lo que abunda el corazón habla la boca y escribe el ordenador. Solo me quedé con ganas de recomendarles a los de mi quinta que no olviden la segunda comunión y las siguientes. Que no se quede todo en un día esplendido y memorable. Esos niños son el futuro de nuestra Iglesia. Con comunidades como las de San Rafael de Getafe es bastante probable que cuajen en buenos cristianos. Ellos han entendido muy bien las recomendaciones de nuestro Papa Francisco: “la evangelización de los barrios populares y pobres en las afueras de las grandes ciudades”.

 

 

 

 

LA BUENA NOTICIA

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 11 de mayo de 2017

LA OTRA CARA DEL FUTBOL

 

      El pasado martes disfruté de un partido de futbol extraordinario. Al no importarme nada ninguno de los equipos, me pude librar de la tensión propia del forofo.

    

Esta laxitud me permitió atender a las explicaciones, algunas veces demasiado prolijas, de los comentaristas que subrayaban las intervenciones de los jugadores y la vida y milagros de cada uno.

 

Como uno está siempre con el oído atento a cualquier atisbo de noticia agradable, tomé nota del comentario sobre un jugador que daba estopa a diestro y siniestro pero que en la vida de la calle era un bendito.

 

Me fui raudo a Internet y me encontré con la siguiente noticia publicada en el digital Minuto 1 (M 1) en el pasado mes de Enero:

 

Dos futbolistas argentinos, de Juventus y Torino respectivamente, tuvieron un gran gesto con los más necesitados de una ciudad italiana. En medio del frío polar que azota a gran parte de Europa, los futbolistas argentinos Paulo Dybala y Juan Iturbe tuvieron un gran gesto: repartieron frazadas y mantas a los “sin techo” de la ciudad de Turín para combatir las bajas temperaturas que acechan en Italia”.

 

Turín no es precisamente la Costa del Sol. La cercanía de los Alpes y la situación propia de la ciudad obliga a llevar abrigo hasta en el mes de junio. En Enero y durmiendo a la intemperie ya me dirán.

 

Los futbolistas, como los deportistas de élite, los toreros o los diversos artistas que hacen fortuna con rapidez, están muy atentos a lo que pasa con los pobres. Especialmente si sus propias familias son de extracción humilde. Por eso vemos como la lista de los que dedican parte de sus ingresos a ayudas y fundaciones solidarias contiene los nombres de los más famosos y de primera fila: Messi, Beckham o E´too, por ejemplo.

 

A esa lista debemos unir ahora estos dos argentinos solidarios. Han llevado las mantas en propia mano a los que viven a la intemperie. Me han recordado a nuestras gentes de calor y café. Agradecen la manta, pero necesitan la mirada, la conversación y la mano amiga.

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 11 de mayo de 2017

LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO

 

    

Esta frase hecha se corresponde con una realidad. No hay más que poner a prueba tus recursos, dar rienda a tu capacidad de riesgo y pensar un poco en los demás para encontrarte más solo que la una.

 

Nuestros padres, escarmentados por una situación vivida a lo largo del pasado siglo XX, nos recomendaban siempre: “no te signifiques, no te apuntes a nada, no aparezcas en ninguna lista, ni para bien ni para mal”. Cuando se es joven se hace caso omiso a todas estas recomendaciones, por el solo hecho de venir de los mayores y sonar a imposición. Cuando se es mayor, dependiendo del grado de madurez mental y psicológica, se vuelve a arriesgar uno en función del compromiso que tengas contigo mismo o con los otros, a los que consideramos nuestros hermanos. Entonces vuelves a jugarte el pellejo -tu madre o tu mujer te dirían “sin necesidad”- y vives la incomprensión de los que ven en todo actitudes torticeras y segundas intenciones. Cuesta trabajo entender que se hagan las cosas por amor a Dios y a tus hermanos.

 

Este proceso tiene su coste. A lo largo de mi dilatada vida, de la que he dedicado una gran parte a la primera evangelización, me he encontrado con situaciones difíciles provocadas por la falsa interpretación de tu servicio por parte de aquel a quién dedicas tu esfuerzo… o los que le rodean.

 

Entonces hay que tirar de la oración y del acompañamiento del que murió en la Cruz en medio de la soledad. Seguro que te acompañan los amigos y los familiares, pero ese último kilómetro, cuando te abandonan las fuerzas y sufres la tentación de abandonar y mandarlo todo a hacer puñetas, lo tienes que recorrer solo y con la cruz a cuestas. El único cireneo que tienes es el propio Jesús de Nazaret que no te abandona.

 

Decididamente, termino esta reflexión -que comparto con mis lectores que, con seguridad, han sufrido en algún momento estas sensaciones- con la certeza que nunca se está solo del todo. Te acompañan esos que desde el cielo te entienden y te apoyan como nadie. Ellos pasaron en su día por esta situación.

 

 

 

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

                                                                     Málaga 2 de mayo de 2017

PARARSE Y PENSAR (Repetición)

Por tercera vez en estas buenas noticias apelo a la tolerancia de mis lectores redactando un artículo que no es más que la continuación de una idea que siempre ronda sobre mi cabeza. Se trata del tercero que escribo con este título.

     Este escrito, se trata del número 805 de los que llevo publicados en mi modesto blog y en diversos medios de difusión escrita y digital. Creo que por segunda vez no llega a mis lectores un lunes, pero es que he pasado el puente parado y pensando.

     Para seguir en esta brecha, antiguamente denominada “valle de lágrimas” necesito pararme y pensar por lo menos una vez al año. Me sienta mejor que una prolongada estancia en uno de esos balnearios con spa y sopicaldos.

En la vida, aunque nosotros no queramos, nos hemos enganchado a lo que nos rodea, como si de una reata de ganado nos envolviera. Hay veces que me siento como esas ovejas que son rodeadas por perros ladradores o por pastores vociferantes que les obligan a pensar y hacer lo que les dicen. El ruido y el sistema nos llevan a entrar por la puerta del redil que se nos impone. En estas circunstancias es muy difícil remar contracorriente o salirse de la masa.

En todos los aspectos de nuestra vida -especialmente ahora, cuando las redes sociales y los medios de difusión nos bombardean con lo que tenemos que sentir, vivir o creer- nos sentimos manipulados e impelidos por la vorágines de sensaciones, consignas e ideas políticamente correctas.

Por eso de vez en cuando me paro. Para eso está el puente de la “Fiesta del trabajo”. Pararse es apagar la tele y el teléfono. Olvidarse del ordenador y los periódicos y dejar la mente en blanco. Como esas viejas pantallas de cine que asomaban tras los telones de los viejos teatros. En términos modernos: resetear tu disco duro y librar nuestra mente de ruidos y de virus.

Y pienso. Una vez que te has puesto a cero, y aquí viene mi buena noticia de hoy, te pones a pensar. Sí. Eso que significa dejar que brote de tu cerebro y de tu corazón cuanto de noble y de positivo hay en él. Recordar todo lo bueno que has vivido, olvidar todo lo malo que te ha pasado, (como los recuerdos de la mili o de la infancia, tan solo recordamos los buenos momentos). Vivir el hoy intensamente, aprovechar las maravillas que nos ofrece el mundo que nos rodea y, finalmente, dejar el futuro en las manos de Dios o del destino, según creencias.

Yo me he parado y he pensado este fin de semana. Por primera vez en muchos años mi buena noticia no ha estado en vuestras manos el lunes. Ni me he acordado. Me he rodeado de buena gente que ha sido una buena noticia para mí. Espero muchos más de la vida y de los encuentros. Así que, el año próximo, o cuando lo necesite, me volveré a parar y pensar.