El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 12 de octubre de 2017

ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE     

Nuestra existencia discurre entre ambas situaciones. Estas se producen sin solución de continuidad. ¿Estamos preparados?

 

    Un servidor de ustedes desde luego que no. La vida pasa cada vez más deprisa a nuestro alrededor y, una de dos, te conviertes en un inconsciente como la copa de un pino y pasas olímpicamente de todo, o sufres esta serie de cambios que, a veces, no puedes asimilar. Como habrán podido observar por mis escritos, me muevo en este segundo campo, lo que me hace estar constantemente en ascuas.

 

El martes fue un día de esos, mi amigo, enfermo, se cae y se fisura la cadera; en la radio me piden ayuda desesperada para localizar una familia de acogida para dos niños; nace un nuevo miembro de mi familia e, inesperadamente, surgen problemas ya casi solucionados. Mientras, en Cataluña, juegan a “ahora somos españoles, ahora no”; independencia por la cara o por co…”; banderas y grupos para allá y para acá; mozos, policías y civiles a la greña. Hasta desde los púlpitos se anima a la confrontación.

 

¡Hasta cuando! Y eso que procuro diferenciar entre lo accesorio, lo importante y lo esencial. Las banderías y los territorios son accesorios para mí. El bien común y el de mi familia son aspectos importantes. La vida y la felicidad de mi metro cuadrado son esenciales.

 

Hoy me han hablado de niños de Burkina Faso, un país perdido en medio del África profunda, allá por el sur del Sahara. Un grupo de amigos hemos decidido ayudarles. Un poco de leche nos hace más pobres y más solidarios. Cada día tiene su afán. Nos movemos entre la vida y la muerte. Pero amamos la vida… aunque nos da miedo.

 

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PENA

5 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 5 de octubre de 2017

PENA

       

Este es el sentimiento que me invade en estos días mientras observo como nos están amputando una parte de nuestra querida España.

 

    Pena por esa mayoría silenciosa que observa como los políticos se pegan, insultan y dividen desde unos sentimientos personales y la ambición de pasar a la historia como adalides de las libertades.

 

Pena por ver a esa piel de toro a la que se le ha amputado el brazo izquierdo, mientras el resto de los miembros se aprestan al fraccionamiento y la destrucción total.

 

Pena por ese montón de niños, jóvenes y mayores que se han echado a la calle impulsados por una propaganda que no dice toda la verdad, lo que es una gran mentira.

 

Pena por ese montón de amigos catalanes que he atesorado a lo largo de mi vida en estrecha relación comercial con ellos, por esas tierras tan maravillosas que he aprendido a recorrer y amar, por esos productos de las mismas que ahora quedan tan lejos de nosotros como las naranjas de la China.

 

Pena por esa Iglesia con la he convivido, en especial por ese Monasterio de la Murtra en el que he pasado extraordinarios momentos de comunión y cercanía.

Pena en general por todos. Por aquellos que nos sentimos ciudadanos del mundo y hermanos de todos sin distinción de sexo, edad, condición, nacionalidad u origen. Parece ser que se han empeñado en poner paredes al campo y hacernos sentir extranjeros en nuestra propia tierra.

 

Menos mal que mis padres ya no están entre nosotros. Ellos vivieron situaciones similares y sufrirían muchísimo pensando en lo que se nos avecina.

 

Llevo una semana sin atender a los informativos; creo que no me ofrecen nada positivo. Solo odio y enemistad. ¡Qué pena!

 

              

Puesta a punto

28 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 28 de septiembre de 2017

PUESTA A PUNTO

      

  Los seres humanos somos como los vehículos. Necesitamos pasar revisiones cada cierto tiempo para conseguir mantenernos dentro de unos parámetros convenientes para la salud. Análisis y revisiones médicas, son una especie de ITV de nuestras condiciones vitales.

 

Nuestro espíritu también precisa de pasarlo por el tamiz de la reflexión y la toma de decisiones para ponerlo en la mejor situación posible. Es lo que tantas veces se ha denominado como “ejercicios espirituales” que tantas veces hemos realizado con más o menos éxito en nuestra vida aquellos que nos consideramos creyentes.

 

Hay otro tipo de “ejercicio espiritual” que consiste en la participación en las actividades de grupos de vida los cuales no necesitan esperar a ciertas fechas concretas para ponerse en marcha. La Iglesia Católica nos ofrece movimientos específicos para cada una de las etapas de la vida. En el caso concreto del “segmento de plata” se trata de su incorporación al “Movimiento de Vida Ascendente”.

 

    Si quieren conocer mejor dicho movimiento, tienen la oportunidad de asistir a las conferencias que se desarrollarán de los días 3 al 6 de octubre, ambos incluidos, en la casa Diocesana en horario de mañana y tarde. A las mismas asistirán participantes y ponentes de Andalucía Oriental.

 

Vida Ascendente nació en Francia, en 1952, en varias parroquias de los alrededores de París, que comenzaron a reunirse en pequeños grupos de personas mayores para orar y profundizar en las exigencias de su fe. Orientados y alentados por monseñor Courbe, obispo auxiliar de Parí­s, esta práctica fue extendiéndose en otras parroquias de Francia, y en 1962, año de la apertura del Concilio Vaticano II, el Movimiento fue aprobado por el episcopado francés con la denominación de «Vie Montante».

 

Vida Ascendente  se implantó en España en el Año 1979, y hoy está funcionando ya en todas las diócesis. En Málaga está radicado ya en muchas parroquias.

 

Pienso que sería una buena idea el aprovechar estos días para hacer una “buena puesta a punto” en nuestra vida espiritual. Para ello nos vendrá muy bien el acudir a este encuentro.

 

la vida sigue

21 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  18 de septiembre de 2017

LA VIDA SIGUE

   

 

Escribo esta reflexión sin saber si algún día será publicada. Entro en mi tercera semana en la que no dispongo de Internet. Pero, curiosamente, la vida sigue.

 

      Aunque he renunciado por completo a recibir información política, aunque en vez de ver los telediarios me estoy inflando a observar subastas de trasteros en manos de norteamericanos que no se encuentran muy allá, aunque cambio de dial cuando las emisoras desgranan sus informativos, me siguen llegando noticias desesperanzadoras de la situación del noreste de la antiguamente llamada España.

 

No voy a caer den el error. Ni voy a hablar de “las Españas” ni de la fiesta taurina a la que también le quedan tres pelados. Pero la vida sigue. He leído un artículo en el diario Sur que les recomiendo. En él, se recuerda a D. Ramón Buxarrais Ventura, Obispo emérito feliz y hoy conviviendo con los pobres de Melilla. Tengo la suerte de conectar con él con frecuencia. Incluso de visitarle. Aun recuerdo la entrevista televisiva de casi una hora que le hice para Onda Azul hace un par de años. Don Ramón siempre es una buena noticia.

 

La otra buena noticia es que hay vida después del Internet. Se puede vivir (mal) sin acceso a las www. Con el correo del móvil y con el WhatsApp se va tirando. Pero me pregunto ¿porqué puñetas los señores de MoviStar (antes telefónica) son tan inaccesibles? Es imposible tener un dialogo con alguien que pueda decidir y piense en algo más que un cuestionario basado en una pobreza de idioma.

 

Será una buena noticia de verdad cuando este artículo llegue a sus manos. Es señal de que me habrán devuelto mi línea telefónica secuestrada por la técnica desde hace quince días. Espero que, por lo menos, vuelva a casa por navidad. Mientras, la vida sigue.

 

  1. Finalmente los señores de Movistar se han apiadado de mí. Ya mde puedo poner en comunicación con Vds.

 

                      

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 21 de septiembre de 2017

     CADA DÍA TIENE SU AFÁN                                                    

   De vez en cuando nos encontramos en la encrucijada ante la pregunta ¿qué hacer?

 

La respuesta se encuentra recogida en la frase de San Mateo (6-25) que nos indica explícitamente que cada día tiene su afán. Es decir, que tenemos que estar atentos a lo que sucede a nuestro alrededor porque, en cada momento, el Espíritu nos irá diciendo claramente lo que tenemos que hacer.

 

Si vamos mirando con atención lo que se encuentra a nuestro alrededor, sin prejuicios ni itinerarios marcados, llegaremos a lo que comentaba el hoy denostado José María Pemán en el Divino Impaciente: “La virtud más evidente, es hacer sencillamente, lo que tenemos que hacer”.

 

     Cuando acaba el verano y tenemos que volver a la rutina habitual nos encontramos un poco desubicados. Basta con ponerse al “loro” y observar en que podemos ser útiles. Sin darte cuenta, de pronto, te encontraras de nuevo con la vida llena de proyectos, realizaciones y necesidades.

 

Entonces procede a actuar como me indica mi esposa cuando me ve agobiado: “una cosa detrás de otra”. De pronto descubres que se puede actuar sin agobios. Sin prisa… pero sin pausa. Os puedo decir que, aunque he renunciado a algunas cosas, mi vida, inmediatamente, se ha vuelto a ocupar de una manera efectiva y creo que eficaz. Espero que así sea. Y estaré atento, porque “cada día tiene su afán”.

 cada día tiene su afán

                    

 

 

Vuelta al tajo

14 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 14 de septiembre de 2017

VUELTA AL TAJO

      

    Los pertenecientes al “segmento de plata”, pese a que nos encontramos en el status de “jubilados”, no estamos siempre de vacaciones.

 

Volvemos al tajo como todos. Nuestro trabajo en “la bolsa” y como “traidores” se pone en marcha de nuevo. Sí; aquello de “coge la bolsa y me haces la compra” o “tráeme a los niños del colegio” entra en el pan nuestro de cada día.

 

Ya se ha acabado aquella generación de “abuelitos” paseando por el parque o haciendo croché. Hoy en día estamos totalmente activos, hacemos deporte y trabajamos activamente en las tareas domésticas, en asociaciones de ayuda o en la educación de la próxima generación o la siguiente.

 

Por ello, por lo menos para mí, se ha acabado la caminata y el baño de primera hora de la mañana, las tres partidas de dominó, el baño del mediodía y la siesta solemne.

 

A partir de mañana volverán las actividades en las que los mayores estamos involucrados de una manera imprescindible. Tan solo hay que echar un vistazo a las calles en las horas de más afluencia. Mayores a una prudente velocidad que no van de paseo. Van a realizar sus tareas. Acudid a Caritas, Banco de Alimentos o algún otro voluntariado: mayores.

¡Que decidles de la formación! Las aulas de las universidades y los cursos para mayores se llenan de profesores eméritos y estudiantes en la tercera etapa de su vida. Cada vez hay más alumnos en los cursos de crecimiento personal, informática, idiomas y tantos otros. Los estudios de formación para catequistas, estudios bíblicos, etc., están llenos de mayores, que después forman parte de los equipos de catequistas y evangelizadores.

 

Por eso estimo que es muy importante el “segmento de plata”. Nos tiene la sociedad a su servicio durante quince o veinte años. Que nos cuiden. Somos muy importantes para la sociedad. Les dejo; tengo que hacer una mudanza.

 

Cincuenta años

10 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  11 de septiembre de 2017

Cincuenta años

   

 

      Es una cifra redonda. Corresponde al tiempo que ha transcurrido desde aquél día del verano del 67 en el que por primera vez me tuve que enfrentar con las auténticas dificultades de la vida. Era el día de la Virgen de la Victoria.

 

Hasta ese momento todo me había ido muy bien, estudios, milicia y carrera terminadas, trabajo estable, novia formal. El paraíso de cualquier veinteañero de mi generación. De repente todo se truncó. A mi padre le llegó el infarto galopante y todo cambió de la noche a la mañana. Pasé a ser cabeza de familia, responsable de la economía familiar y heredero de un trabajo que desconocía.

 

Esas circunstancias dan un giro de noventa grados a tus deseos e ilusiones; a tu forma de pensar y de vivir; en una palabra: trastocan tu futuro. Tuve que dejar Intelhorce para lanzarme a la vida de los negocios textiles e inventarme un trabajo que se basa mucho en lo personal, la constancia, el esfuerzo y la capacidad de riesgo.

 

Aquel muchacho divertido, miembro de la tuna, participante de las actividades de una gran pandilla -que en parte conservamos- cambió sus horarios, su forma de vivir, de divertirse y hasta de vestirse. Uniforme de chaqueta y corbata a diario.

 

Supongo que esta es una historia simple que habrán vivido muchas personas a vuestro alrededor o aquél que está leyendo estas letras. Pero es digna de tenerse en cuenta. Lo importante para aquellos a los que se le tuerce el destino, es saber poner al mal tiempo buena cara y asumir la realidad con gallardía.

 

Por eso hoy quiero resaltar en mi buena noticia los 22 años de ejemplo que me dio mi padre. Un hombre hecho a sí mismo, que se crió sin madre, que vivió la mili en la república, fue movilizado de nuevo en la guerra incivil, sobrevivió a las penurias de la vida de familia en la posguerra y formó, mantuvo y educó a sus hijos decentemente, en medio de muchas dificultades. Un hombre de aquella generación “de escopeta y perro” que pudo superar la situación muchos años después. Empezó a conducir con más de cincuenta años y murió con las botas puestas. El maldito infarto le pilló abriendo el maletón de muestras en un cliente.

 

Años después, la gente mayor del textil me sigue hablando con admiración de Manuel Montes Abolafia (1909-1967), un jiennense que encauzó mi vida con unos valores que me gustaría transmitir y que fue ejemplo como marido, como padre, como profesional, como cristiano y como hombre cabal. Hoy la estaría pasando canuta con tanto irresponsable e impresentable. Me consta que descansa en paz.

 

HABLAR DE DIOS

7 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 7 de septiembre de 2017

HABLAR DE DIOS

      

    El 24 de febrero del 2012 me comprometí con unos amigos -y conmigo mismo- a escribir una columna semanal en la que recogiera las vicisitudes que sufrimos, los pertenecientes al “segmento de plata”, en nuestro encuentro con Dios y con los hermanos.

 

Han pasado cinco años y medio. Casi 200 “segmentos”. No he faltado ni un solo jueves a este contacto personal con mis lectores. Más o menos acertadamente he intentado transmitir mis sensaciones y elucubraciones nacidas de mis apreciaciones de los Evangelios y sus destinatarios. He procurado ser respetuoso con mi Iglesia, la que me ha transmitido la fe que intento mantener. He dado gratis lo que he recibido gratis y me siento muy satisfecho por todo ello.

 

Sin embargo, este ejercicio de recapacitación me ha hecho convertirme en un ser algo crítico con aquellos que, a tontas y a locas, sabiendo o ignorando peso y contenido, se lanzan a predicar desde todo tipo de foros, púlpitos incluidos. Observo como se manejan las palabras del Papa a gusto del consumidor y se vuelve a criterios, diatribas y descalificaciones propias de otros tiempos de tenebrismo y castigos de Dios.

 

Después de cincuenta años de búsqueda de la Verdad, he llegado a mi pequeña verdad, basada en la misericordia de Dios y el amor que Él nos tiene y que tenemos que hacer llegar a todos sus hijos. Cada día me cuesta más trabajo condenar o rechazar a nada ni a nadie. Cada vez me cuesta más trabajo cuantificar el encuentro con el Señor en minutos de oración, en número de rosarios y comuniones y en  fechas señaladas. Cada día me siento más libre y más en sintonía con ese Dios infinitamente bueno que mandó a su Hijo para liberarnos. De una forma especial a los pecadores que hacemos lo que no debemos y no hacemos lo que deberíamos hacer.

 

Espero haber tenido cuidado en lo que he dicho y no escandalizado a nadie. Espero que los que saben más que yo, en sus homilías, no sigan presentando tan solo al Dios castigador que tanto nos ha costado desechar. Dios es amor y perdón.

 

Pero….

31 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 31 de agosto de 2017

PERO…

       

     Además de ser el fruto indeterminado del peral, ¿Por cierto es pero o pera? La palabra “pero” es una conjunción inquietante.

 

     Ya el diccionario advierte la mala leche de la palabrita al considerarla conjunción adversativa. Es decir, una conjunción que cambia el sentido de todo cuando le antecede.

 

He sufrido en mis propias carnes el sentimiento de frustración que se recibe cuando te llenan de elogios, en público o en privado, en tu presencia o en tu ausencia, cuando finalmente continúan diciendo o escribiendo… pero.

 

    Se va al traste cuanto de bueno o de positivo se haya dicho anteriormente. Ese pero elimina por completo lo anteriormente elogiado. Lo hacemos muy a menudo. Parece que nos molestan las bondades o los méritos del citado e inmediatamente los contraponemos con algún pero que le quite calidad a lo mencionado.

 

El pero también nos sirve como excusa para justificar el condicional que termina siendo una negación. Yo haría pero…; me gustaría acompañarte, o ayudarte pero… Al final es que ni voy, ni hago, ni quiero porque no me da la gana.

 

Pienso que los mayores debemos ir podando los peros de nuestro huerto; dejándonos de excusas que nos quedan cuatro pelados. Y si no nos gusta alguna cosa, lo decimos sin reparo. Pero… voy a cambiar todo el sentido a lo anteriormente dicho. Lo mejor es quedarnos con lo bueno de todos los demás y aceptar sin peros sus defectos. El amor y la comprensión se basan en aceptar los errores y las dificultades de los demás. El obviarlos y no resaltarlos. Alguien escribía hace años: Si no puedes alabar… cállate.

 

Espero que no pongan muchos peros a este segmento.

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 24 de agosto de 2017

VIVO… DE MILAGRO

      

     Antes respondíamos a la pregunta -¿Cómo estás?- con la frase hecha: bien, regular o tirando. Hoy respondo sin pensar: vivo… de milagro.

 

En estos tiempos, ya no quedan sitios tranquilos ni poco peligrosos. Que se lo digan a los viandantes de las Ramblas barcelonesas o del paseo marítimo de Cambrils. La calle se ha convertido en un campo de minas generalizado, en el que te juegas la vida a cada paso.

 

Se trata de no estar en ese sitio y en esa hora en el momento oportuno (inoportuno en este caso). Le podemos llamar azar, casualidad o destino. La realidad es que el primer peligro que tiene nuestra existencia es el estar vivos. Por eso cuando en cualquier encuentro o conversación me preguntan que como me encuentro, siempre respondo de la misma manera: –vivo… de milagro, que ya es mucho en los tiempos que vivimos-.

 

A lo largo de mi ya dilatada vida, he pasado momentos difíciles, viajes largos y peligrosos, accidentes de coche, periplos marineros, vuelos con suspense… Conozco cuatro continentes y no estoy siempre de viaje porque a mi mujer se le quitaron las ganas en un vuelo a Londres en el que estuvo a punto de diñarla.

 

Este año había programado visitar la India para conocer la realidad de la fundación Vicente Ferrer. El viaje surgió a raíz de una entrevista que realicé al delegado de dicha fundación en Málaga. Me ofreció dos posibilidades: en agosto o en diciembre. Opté por la segunda fecha. Me había preparado el pasaporte y estaba a punto de comenzar a vacunarme. Poco después me entero del accidente que ha costado la vida a alguno de los participantes de la primera tanda. El miedo me ha podido.

 

En estos días han pasado por mi mente las horas que he pasado caminando por las ramblas… o por calle Larios… o por el paseo marítimo del Rincón. A esos placeres no voy a renunciar, pero por el momento aplazo mi viaje a la India… por si acaso. Soy un poco “pupas”. Si hay que perder una maleta es la mía. Si interroga a alguien la policía israelí… me toca a mí. Si pincho en el momento inoportuno… soy yo.

 

Seguiré hablando o escribiendo bien de la fundación Vicente Ferrer. Se lo merecen. Pero no voy a tentar al destino. Me quedan muchas cosas que hacer en esta bendita tierra mientras siga vivo… de milagro.