El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 9 de agosto de 2018

¿DE PEDRO?… O DE PABLO

Llevamos más de 2000 años con la misma historia.

 

A lo largo de la segunda parte del Nuevo Testamento se nos narra la disputa encarnizada entre los seguidores de ambos Apóstoles en función de su manera de enfocar el Evangelio de Jesús. Al final, se trata de una diferencia de criterios entre “conservadores y progresistas”. ¡Que casualidad, como los políticos de ahora!

 

Han pasado veinte siglos y seguimos en las mismas. No por parte del pueblo llano y sencillo, que cree casi todo cuanto le dicen, sino de aquellos que tienen y mantienen el criterio y presumen de la posesión de la verdad. Integristas acérrimos y progresistas desatados mantienen las posturas propias contra viento y marea, mientras descalifican a los contrarios.

 

El problema surge cuando en la misma homilía se nos dice una cosa y la contraria. Cuando nos hablan del palo vertical de la cruz como único camino y del palo horizontal como algo accesorio que tenemos que dejar en las manos de Dios. Al mismo tiempo se nos habla de la multiplicación de los panes y los peces, donde el dar de comer a los hermanos es indispensable.

 

Salen peregrinaciones hacia los lugares de culto, muchas veces como algo mágico, y de expediciones al África profunda para llevar lo indispensable a hermanos peor tratados por la vida que nosotros.

 

Al final me quedo con la Y. Son necesarios unos y otros. Pero para eso no hace falta descalificar a nadie. Hay que seguir a Jesús. “Venid benditos de mi padre porque…”. “Velad y orad”. Etc. Pero también hay que tener muy en cuenta LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS. A nuestras costas llegan pateras todos lo días que no se acogen con novenas. Al final, a los que no tenemos el suficiente criterio nos vuelven locos. Después nos preguntamos por que se quedan vacíos los templos. Creo que porque los llenamos de incienso, pompas, boatos y palabras… palabras y palabras.

 

Pero… ¿Quién soy yo para reprochar nada a nadie? Pues uno más de aquellos que buscamos el Amor de Dios que nos llega a través de los hermanos. La barca de Pedro es acogedora. Pero prefiero caerme por delante –que alguien me recogerá- que quedarme atrás y perderme en la estela de lo que pudo ser. Amén.

 

Nota.- Si alguien se creía que iba a hablar de los políticos se ha equivocado por completo.

 

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El torero

2 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 2 de agosto de 2018

EL TORERO

   Corría  la primavera de 1990 cuando el entonces Obispo de Málaga, Don Ramón Buxarrais Ventura, nos envió a un grupo de malagueños a recordarles el Evangelio a un grupo de  emigrantes españoles en Suiza.

Con amor y temblor nos embarcamos en la tarea seis “bestias de Yhaveh” cargados de ilusión y de deseos de transmitirles el Evangelio a aquellos hermanos de la zona del Valais, encabezados por el misionero español Ángel García del Valle.

En aquel encuentro celebrado en un refugio alpino, rodeado de nieve por todas partes, nos encontramos con una familia, la de nuestro amigo Antonio, que quería conocer mejor al Señor; pero todos juntos. De hecho la hija y su novio recibieron también el cursillo prematrimonial.

En un momento de aquel encuentro Antonio “el torero”, el protagonista de este segmento, nos relató su vida. Había salido de su Macael natal en busca de oportunidades para realizar su vocación taurina. Después de muchas vueltas –y muchos fracasos-, como un hijo pródigo redivido, aterrizó en la zona de Martigny, un lugar famoso por sus trabajos en la piedra y el mármol. Dio con la horma de su zapato. Se casó y creó una familia. Mientras los hombres trabajaban en las canteras, las mujeres laboraban en la industria relojera. En los años posteriores centraron sus vidas e hicieron una fortunita que les permitió volver a su tierra almeriense de Macael y montar varios negocios.

Tuvimos oportunidad de vernos en varias ocasiones después, allí en Macael, donde “el torero” conservaba la imagen de la Virgen de la Victoria que llevamos en una visita a Suiza. Después pasaron los años y, como con tantos, perdimos el contacto.

Hace unos días recibí una nota lacónica de su hija: “mi padre está mu malico, reza por él”. Así lo hemos hecho. Pero esta nota me ha permitido recordar que aquellos esfuerzos, aquella locura, no cayeron en vano. Una pequeña aportación desde Málaga, de esos hoy denostados e incomprendidos, desde dentro y desde fuera, “Cursillos de Cristiandad”, permitió a un ciento de hispano-suizos de todas las regiones recordar que son hijos de Dios, hermanos de Cristo y templos vivos del Espíritu Santo.

Que Dios bendiga al “torero”, a Chema y Boni, a Julio Palacios y a tantos otros que se fiaron de Dios a través de nuestra modesta intervención y su vida cambió para siempre.

Foto de nuestra llorada Maribel, Valentín y Antonio El torero

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 26 de julio de 2018

EL HOMBRE MAYOR Y EL DOMINÓ

      A lo largo de cada verano, aprovecho las largas mañanas de asueto para jugar unas cuantas partidas de dominó en el Hogar de Mayores cercano.

     La competencia allí es terrible. Nos tienen clasificados de tercera, segunda y primera categoría. Algunos de los más sobresalientes se autocalifican como “maestros del dominó”. Jamás se rebajan a jugar con ninguno que no sea de su “clase”.

Cada mes de julio, procedente de la cercana Sevilla, se incorpora a las partidas un hombre-nacido aquí- más que octogenario. El trabajo le envió a aquellos lares hace más de sesenta años. No tuvo la precaución, como recomendaba mi amigo Antonio Checa, de aprender a jugar al dominó en su día. Por lo tanto su jubilación cojea de esa pata.

Por consiguiente, es el peor jugador de dominó del mundo. Como allí se juega a compañeros, los de primera, los de segunda, incluso los de tercera huyen de él como de la peste. Se equivoca siempre y pierde hasta las pestañas. A la hora en que suele llegar, los presentes empiezan a mirar los periódicos, hacerse los locos o negarle directamente la posibilidad de jugar con ellos.

He observado que, por otra parte, hay dos o tres buenos samaritanos que aceptan su invitación o incluso se la ofrecen. Saben que van a ser perdedores en el juego, pero felices en la compañía de este hombre, viudo, al que se le murió su único hijo, con un solo nieto al que adora, mientras él vive aquí acogido por un familiar.

Hoy marcho dispuesto al sacrificio; al escarnio general por el palizón recibido. Que me quiten lo bailado. La sonrisilla picarona de este hombre, sordo como una tapia, que te cuenta la misma historia en distintas ocasiones y que, cuando se siente feliz, canturrea por lo bajini coplas de su tiempo.

Dicen que nadie es más feliz que cuando hace felices a los demás. Yo lo certifico. Aunque pase a la lista negra de los jugadores de dominó. ¡Qué me quiten lo disfrutado!

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 19 de julio de 2018

UNA LUZ QUE NUNCA SE APAGA

      La primera vez que me embarqué en serio –hace de esto muchos años- me sorprendió la imagen de la Virgen del Carmen en un lugar privilegiado del buque.

    

      En aquellos días inicié una aventura a instancias de un buen amigo. Se trataba de “meter en verea” al hijo del jefe de maquinas de un barco mercante que hacía su singladura entre Sevilla, Barcelona, Islas Canarias y de nuevo a Sevilla. Llevaba coches y traía plátanos.

Al presentarme al capitán, este, muy orgulloso, me enseño la imagen de una Virgen del Carmen que se encontraba al lado del puente. Me dijo “esta luz es la única que no se apaga jamás en mi barco”. Y me acogió con cariño. Aproveché aquellas tres semanas “de luz” para aconsejar a aquel chaval que hoy se ha convertido en un excelente padre de familia.

Esa luz es la que ilumina a toda la gente de la mar de las distintas costas españolas llenas de capillas y templos con su imagen. En cada una de ellas, desde las lejanas Islas Canarias hasta las costas catalanas, pasando por los miles de pueblos marineros que circundan nuestras costas, la pasean por la mar a mediados de Julio. Los pescadores de altura, de copos, de traineras, de bacas, de trasmallos, jabegas, traíñas, etc., se reúnen junto a los viejos marengos alrededor de la Reina de los Mares; esté la mar blanca o brame el temporal. A ellos les da lo mismo. Los pobres curas que se embarcan con amor y temblor pasan un mal rato, pero acaban por disfrutar lo mismo que cuantos seguimos la procesión embarcados, nadando o caminando por la playa.

Esta devoción a la Virgen del Carmen nace del monte Carmelo, allá por Israel, donde la Virgen se le apareció a un inglés en medio de las cruzadas en el siglo XIII. Le entregó el hábito y el escapulario y allí montó el primer convento de la orden. Posteriormente la oración de los marinos ante sus escapularios en momentos difíciles y su posterior salvación del peligro, les hizo hacerse devotos de la Virgen del Carmen hasta el punto de que el Papa Sixto V la incluyó en las letanías.

La Virgen del Carmen tiene sus mediadores en todos los conventos de Carmelitas que dedican sus oraciones y sacrificios a la salvación de un mundo que apenas les comprende. Yo sigo navegando por la vida bajo la especial influencia de las carmelitas descalzas de San Fernando. Se que ellas no se olvidan de mi familia… ni del resto del mundo. Tienen amor para todos.

Seguiré diciendo con mis amigos de la mar: “Salve Reina de los Mares”. Qué no nos falte nunca tu luz.

 

 

 

 

MILAGROS

15 f, 18

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                        16 de julio de 2018

 

MILAGROS

 

       Casi todo el mundo cree que los milagros son el resultado de aplicar fórmulas mágicas o de la intervención directa de Dios.

 

Hace años que conozco la vieja anécdota del granjero americano que en medio de una fuerte inundación se negó a aceptar sucesivamente: la ayuda de una lancha neumática, un barco de rescate de los bomberos y, finalmente, de un helicóptero. En las tres ocasiones decía que confiaba en el Señor; que Él le salvaría. Consecuentemente se ahogo y al llegar al cielo se quejó al Padre indicando que se había puesto en sus manos y que Este no lo había ayudado. Dios le contestó diciendo: “¿qué no te he ayudado? Si te he mandado una lancha, un barco y un helicóptero”.

 

Esta anécdota me permite respaldar los dos últimos milagros a los que he asistido. Dos amigos, dos que son casi mis hermanos, están padeciendo la “terrible enfermedad” desde hace años. Uno de ellos con cáncer de piel, de próstata y de pulmón. Le llamo ayer y está de nuevo en forma y dispuesto a seguir luchando por los demás. El segundo con un cáncer de páncreas desde hace ¡más de dos años! Y ahora parece que está mucho mejor y le van a operar para eliminar “el bicho”.

 

Detrás de estas situaciones está el milagro de Dios, que deja en manos y el talento del hombre la solución de los problemas temporales. “Se lo alquila a los valientes”, como decíamos en ocasiones. Los médicos luchan denodadamente dentro de las posibilidades que le permiten las mínimas e insuficientes inversiones de los estados en investigación, mientras contemplan como los “pródigos” políticos se gastan “el manso” en defensa, en desenterrar y enterrar muertos, en latrocinios y comisiones, en mítines y banderas.

 

No hace muchos años, este milagro no se habría producido. Pero en este caso, la fe y la confianza en Dios de ambos enfermos ha puesto talento, eficacia y medios en manos de los médicos y ahí están ellos para certificarlo. Dios se lo pague a Dios. El milagro de la medicina, en este caso, es mi buena noticia de hoy.

 

                         

 

         

 

 

  

EL ESPOSO

12 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 12 de julio de 2018

EL ESPOSO

      Se ha puesto de moda una palabra que cada vez que la escucho me remueve las tripas. Se denomina al marido o a la esposa como “Mi pareja”.

 

       Dentro del movimiento antimatrimonial y antifamiliar que se ha puesto en boga, aquellos que se quieren incorporar al carro del “modernismo” se cuidan muy mucho de hablar de marido y mujer o esposo y esposa. Es más, aquellos que están unidos por el vínculo matrimonial quieren esconderlo detrás del vocablo “pareja” para intentar hacerlo invisible.

 

Hoy quiero homenajear al esposo. Gracias a los avances de la ciencia y el cuidado personal, las expectativas y realidades de prolongación de la vida son notorias. Por otra parte, la supervivencia de hombres y mujeres se va equilibrando. Antes, quizás por la diferencia de edad -los hombres casi siempre son mayores que sus mujeres a la hora de casarse-, había más esposas que cuidaban de sus maridos enfermos que lo contrario. De hecho, en algunas ocasiones he escrito de mujeres admirables abnegadas cuidadoras de sus maridos.

 

Este verano vengo observando desde mi mirador playero como dos extraordinarios maridos cuidan de sus esposas delicadas de salud; con amor y temblor, con delicadeza y profesionalidad. Estoy seguro que ninguno de ellos habla de “su pareja”. Se dedican en cuerpo y alma a cuidar a la madre de sus hijos y la esposa con la que se casaron para amarla y respetarla en la salud y en la enfermedad.

 

No quiero dejar pasar la alegría de la noticia del rescate del equipo de futbol de chavales perdidos en una cueva tailandesa, por lo que me he sentido más feliz que si hubiera llegado España a la final. Esto es un homenaje a la vida. Pero también lo es, y mucho más por su persistencia en el tiempo, el trabajo silencioso y constante de esos maridos que día a día mantienen a sus esposas con el trato y la dedicación que no podrían recibir de ningún otro tipo de asistencia. Esto es luchar por la igualdad. Este es un ejemplo para los hombres que, como yo, nos consideramos unos inútiles en las tareas cotidianas. Nos tenemos que espabilar.

 

EL MUNDIAL

5 f, 18

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 5 de julio de 2018

EL MUNDIAL

      Decía Johan Cruyff que cuando los futbolistas de ambos equipos se encomendaban a Dios le creaban un problema al Supremo Hacedor; ¿a quién hacía caso?

 

Este ingenioso pensamiento me ha venido a la mente presenciando los partidos del mundial de futbol de este año. Para los españoles –y siguiendo la moda de los políticos de resaltar los dos géneros- ha acontecido el mundial y la mundial. Prácticamente hemos caído en una de las más profundas depresiones de nuestra historia debido a la debacle acontecida con nuestra selección.

 

Ya nos maliciábamos algo por el estilo cuando, prácticamente, le dimos más importancia a la defenestración del entrenador que a la caída del gobierno. Los periódicos se han hinchado de hablarnos de futbol y mientras, nos están dejando de nuevo una España que no la va a conocer ni la madre que la parió. Y que conste que nos lo teníamos bien merecido. No se puede gobernar peor ni ejercitar la oposición con menos garantía. Que pase lo que Dios quiera.

 

Volviéndome a referir al dios futbol, le vengo a considerar como un “remake” del viejo truco de los romanos: “panem et circenses”. Los países africanos y americanos -del centro o del sur-, han empeñado todos sus escasos recursos en montar y acompañar selecciones nacionales que les hicieran parecer importantes en la escala internacional. Los europeos de siempre y el Brasil de Pelé los han puesto en su sitio… y a nosotros, también. Con referencia a España había sonado la flauta por casualidad. Los equipos españoles son brillantes porque basan sus plantillas en el dinero y las figuras de todos los países. Cuando nos dejan solos… somos lo que somos.

 

Guardaremos las banderas y las camisetas para otra ocasión. Volveremos a tararear, cuando no chiflar, el himno nacional mientras no nos pongamos de acuerdo para decir cantando que nos gusta España. El patriotismo en España es como el cristianismo: para fechas determinadas. Guardaremos las camisetas como guardamos los capirotes y los trajes de comunión de un año para otro.

 

Los países más pobres y menos prepotentes han seguido encomendándose a Dios –especialmente los americanos- o a Alá los pertenecientes al Islam. Después lo que ha mandado ha sido el balón y los goles. Curiosamente los espectadores han sido un ejemplo de convivencia, de cordura y ¡hasta de limpieza! Algunos han dejado los estadios inmaculados. No se si por miedo al GULAG o por educación cívica.

 

Pero que conste que no estoy triste por el ridículo del mundial. Estoy triste por los cientos de inmigrantes que se hacinan en los polideportivos. ¡Eso sí que es un problema!

 

 

 

 

Dios es amor

28 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 28 de junio de 2018

DIOS ES AMOR

 

          Si aplicamos la propiedad conmutativa, el amor es Dios.

 

Esta frase, sin la consiguiente explicación, puede parecer un poco simplista y aventurada. Todo es cuestión de semántica. La palabra amor ha sido tan tergiversada y prostituida que se le llama amor a cualquier cosa. Se habla de “hacer el amor” a la relación carnal de cualquier tipo. El amor no se hace sin reciprocidad, se vive en el encuentro desinteresado y de entrega al prójimo, entonces, el amor de Dios está en medio.

 

La televisión se ha adueñado de nuestras, casas, nuestras vidas, nuestras ideas y hasta nuestros deseos. Vivo en un hogar lleno de gente en la que se ven toda clase de programas. Espacios basados en citas a ciegas y emparejamientos a lo que salga, dicen hablar de amor; programas que hablan de mujeres y hombres a los que tratan como ganado selecto, de emparejamientos a prueba y de jóvenes “ninis”. Usan como leitmotiv el amor.

 

       El colmo lo ponen esos programas en lo que se compra lo peor de cada familia y se airean sus miserias. Lo dicen claramente: envíennos “pillados” de famosos, que les pagaremos por ello. Su éxito se basa en hundir familias completas; las de los presentadores incluidas. También ponen el amor por excusa.

 

Pero de vez en cuando surge un  programa en el que vez surgir el AMOR con mayúsculas, el que entendemos todos y que nos hace aflorar las lagrimas de alegría al observar la felicidad de los otros. En este caso se trata del “Master chef” del pasado lunes. En el fragor del programa, trajeron a los familiares de los participantes a que concursaran con ellos. Una madre rusa se encontró con su hija; una hija cubana vio aparecer a su madre desde el Caribe; una hija recibió a su padre y un hijo se encontró con el suyo; una pareja de novios se reencontró, y finalmente, un concursante se reunió con su esposa y su hijo pequeño.

 

Allí afloró el amor del bueno, las lágrimas surgieron sin quererlo de los ojos de los chefs del programa, de los participantes y porqué no, de muchos de los espectadores, empezando por mí. Fueron unos momentos tan emocionantes, tan densos, que transmitieron una felicidad que te acerca al amor de Dios. Y en consecuencia a Dios.

 

En la posguerra se hablaba de café, café-café y café por la salud de mi madre. En la tele se habla mucho de amor con minúsculas, de amor propio (que es justamente lo contrario de amar) y, de vez en cuando de amor verdadero. De ese con el que se puede aplicar la propiedad conmutativa. Ese amor es Dios entre nosotros.

 

 

masterchef

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 21 de junio de 2018

EL SECRETO ESTÁ EN LA Y

 

          En muchas ocasiones en las que me encuentro con una confrontación entre dos posturas radicales, recurro al anuncio de un aceite de oliva -de una excelente calidad, por cierto-, que se basaba en la Y. Decía, más o menos: “el secreto está en la Y”.

 

    La semana pasaba les hablaba de la acogida por el pueblo español del “Aquarius” de una forma elogiosa. Ha sido una excelente operación que ha culminado de una forma bastante aceptable. Mientras, sigo recibiendo notas de la Cruz Roja malagueña en las que me indican el resultado de las operaciones de salvamento realizadas desde Málaga cada día. El pasado martes recibo la siguiente:

 “Buenos días, compañeros/as, Os informamos del balance de la atención anoche en el puerto de Málaga de 166 personas subsaharianas rescatadas de varias pateras (155 hombres -entre ellos, 1 menor- y 11 mujeres-, entre ellas, 1 embarazada y 1 menor-): 3 traslados a hospital. Gracias, saludos”.

 

Nada más en la escueta nota que me envía Miguel Prada desde la Cruz Roja. Así cada día. Por otra parte hablo con Francisco Cansino, de la CEAR (comisión española de ayuda al refugiado). Allí también están desbordados. No tiene tiempo ni de quejarse.

 

El resto de España parece que, después del rescate mediático del Aquarius, mira hacia otro lado a ver si hace buen tiempo. Miles de subsaharianos esperan la oportunidad de jugarse la vida en lanchas de plástico para encontrar “el dorado” del Madrid y del Barcelona y la vida muelle de los europeos.

 

Al final, cuando se agotan los medios, dejan a los inmigrantes en las carreteras y que se busquen la vida. Yo no tengo la solución, pero, por lo menos, hago patente mi solidaridad con esos miembros de los barcos de rescate de Salvamento Marítimo, los benditos miembros de la Cruz Roja y los hospitales que acogen a estas criaturas que luchan por la supervivencia.

 

Un segmento triste el de hoy. Pero termino con el recuerdo del anuncio de marras. “El secreto está en la Y”. España se tiene que volcar con los náufragos del Aquarius… Y… con todos los demás que llegan cada día a la Costa del Sol y de las pateras.   (Foto de Cruz Roja).

 

            

 

               

Aquarius

14 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 14 de junio de 2018

AQUARIUS

    Hoy habla todo el mundo de ese bendito barco que surca el Mediterráneo para librar del hambre o de la muerte a ese grupo de hermanos nuestros que solo han cometido el delito de nacer en un sitio lleno de pobreza.

 

    En un día en que el tema Lopetegui parece que va a hundir los cimientos de España -cuando apenas llevamos una decena de días con un nuevo gobierno- los brazos de los españoles, gracias a Dios, se alargan hacia ese grupo de hermanos que deambulaban por el Mediterráneo como la “falsa monea”. Los “avanzados y democráticos” países del Mare Nostrum miraban hacia otro lado y justificaban su actitud culpando a todo el mundo menos a su falta de solidaridad. ¿Qué hubieran hecho estos estados si se tratara de los náufragos de uno de los buques de lujo que surcan nuestras costas?

 

Los españoles, empezando por el gobierno, hemos dado la talla. De todas las creencias y comunidades surgen voces y gestos de acogida para esos pobres africanos redimidos hoy, entre otros, por la intervención de los medios. Sin ellos y la publicidad consiguiente, todavía andarían dando vueltas por el Mediterráneo como una especie de barco fantasma. ¡Hasta una cadena hotelera se ha ofrecido para dar empleo a una docena de ellos!

 

Espero que se siga el mismo procedimiento con el goteo diario de pateras que llegan a nuestras costas y que, de una vez por todas, se trabaje en el tema en su origen. Creo que si se mejora la vida en sus países africanos, con muchas posibilidades de desarrollo, si reciben la ayuda adecuada, no tendrán que abandonarlos de mala manera.

 

Así lo ha entendido un cura de nuestra Diócesis, Ramón Burgueño, que está trabajando, dentro de sus posibilidades, por hacer más feliz la vida de una parte de un pequeño pueblo de Costa de Marfil adonde está llevando escuelas, sanidad y los medios para subsistir y crecer por si mismos.

 

Creo que como siempre hay está la solución. “Muchos poquitos… hacen un muchito”. Un pueblo con futuro, es una patera menos que atender. Mientras, bienvenidos los trasladados por el Aquarius. Ojala encuentren aquí la paz y la tranquilidad que no tienen en sus países de origen. Lopetegui y Huertas han caído. El Aquarius sigue.