Cincuenta años

10 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  11 de septiembre de 2017

Cincuenta años

   

 

      Es una cifra redonda. Corresponde al tiempo que ha transcurrido desde aquél día del verano del 67 en el que por primera vez me tuve que enfrentar con las auténticas dificultades de la vida. Era el día de la Virgen de la Victoria.

 

Hasta ese momento todo me había ido muy bien, estudios, milicia y carrera terminadas, trabajo estable, novia formal. El paraíso de cualquier veinteañero de mi generación. De repente todo se truncó. A mi padre le llegó el infarto galopante y todo cambió de la noche a la mañana. Pasé a ser cabeza de familia, responsable de la economía familiar y heredero de un trabajo que desconocía.

 

Esas circunstancias dan un giro de noventa grados a tus deseos e ilusiones; a tu forma de pensar y de vivir; en una palabra: trastocan tu futuro. Tuve que dejar Intelhorce para lanzarme a la vida de los negocios textiles e inventarme un trabajo que se basa mucho en lo personal, la constancia, el esfuerzo y la capacidad de riesgo.

 

Aquel muchacho divertido, miembro de la tuna, participante de las actividades de una gran pandilla -que en parte conservamos- cambió sus horarios, su forma de vivir, de divertirse y hasta de vestirse. Uniforme de chaqueta y corbata a diario.

 

Supongo que esta es una historia simple que habrán vivido muchas personas a vuestro alrededor o aquél que está leyendo estas letras. Pero es digna de tenerse en cuenta. Lo importante para aquellos a los que se le tuerce el destino, es saber poner al mal tiempo buena cara y asumir la realidad con gallardía.

 

Por eso hoy quiero resaltar en mi buena noticia los 22 años de ejemplo que me dio mi padre. Un hombre hecho a sí mismo, que se crió sin madre, que vivió la mili en la república, fue movilizado de nuevo en la guerra incivil, sobrevivió a las penurias de la vida de familia en la posguerra y formó, mantuvo y educó a sus hijos decentemente, en medio de muchas dificultades. Un hombre de aquella generación “de escopeta y perro” que pudo superar la situación muchos años después. Empezó a conducir con más de cincuenta años y murió con las botas puestas. El maldito infarto le pilló abriendo el maletón de muestras en un cliente.

 

Años después, la gente mayor del textil me sigue hablando con admiración de Manuel Montes Abolafia (1909-1967), un jiennense que encauzó mi vida con unos valores que me gustaría transmitir y que fue ejemplo como marido, como padre, como profesional, como cristiano y como hombre cabal. Hoy la estaría pasando canuta con tanto irresponsable e impresentable. Me consta que descansa en paz.

 

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HABLAR DE DIOS

7 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 7 de septiembre de 2017

HABLAR DE DIOS

      

    El 24 de febrero del 2012 me comprometí con unos amigos -y conmigo mismo- a escribir una columna semanal en la que recogiera las vicisitudes que sufrimos, los pertenecientes al “segmento de plata”, en nuestro encuentro con Dios y con los hermanos.

 

Han pasado cinco años y medio. Casi 200 “segmentos”. No he faltado ni un solo jueves a este contacto personal con mis lectores. Más o menos acertadamente he intentado transmitir mis sensaciones y elucubraciones nacidas de mis apreciaciones de los Evangelios y sus destinatarios. He procurado ser respetuoso con mi Iglesia, la que me ha transmitido la fe que intento mantener. He dado gratis lo que he recibido gratis y me siento muy satisfecho por todo ello.

 

Sin embargo, este ejercicio de recapacitación me ha hecho convertirme en un ser algo crítico con aquellos que, a tontas y a locas, sabiendo o ignorando peso y contenido, se lanzan a predicar desde todo tipo de foros, púlpitos incluidos. Observo como se manejan las palabras del Papa a gusto del consumidor y se vuelve a criterios, diatribas y descalificaciones propias de otros tiempos de tenebrismo y castigos de Dios.

 

Después de cincuenta años de búsqueda de la Verdad, he llegado a mi pequeña verdad, basada en la misericordia de Dios y el amor que Él nos tiene y que tenemos que hacer llegar a todos sus hijos. Cada día me cuesta más trabajo condenar o rechazar a nada ni a nadie. Cada vez me cuesta más trabajo cuantificar el encuentro con el Señor en minutos de oración, en número de rosarios y comuniones y en  fechas señaladas. Cada día me siento más libre y más en sintonía con ese Dios infinitamente bueno que mandó a su Hijo para liberarnos. De una forma especial a los pecadores que hacemos lo que no debemos y no hacemos lo que deberíamos hacer.

 

Espero haber tenido cuidado en lo que he dicho y no escandalizado a nadie. Espero que los que saben más que yo, en sus homilías, no sigan presentando tan solo al Dios castigador que tanto nos ha costado desechar. Dios es amor y perdón.

 

CONTADOR

3 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  4 de septiembre de 2017

Contador

 

       Allá por los años de mi infancia y juventud, cuando el (NODO) “el mundo entero al alcance de todos los españoles” nos presentaba una España en blanco y negro, pudimos ver a un ciclista acostumbrado a subir las cuestas de Toledo cargado con dos cántaros de leche.

 

     Le vimos pararse en la cima de una etapa del tour para tomar un helado mientras esperaba a sus perseguidores. Era Federico Martín Bahamontes.

 

Algo así me pareció ver el pasado jueves observando con entusiasmo como un Alberto Contador, en la última etapa de su carrera como ciclista profesional, tiraba de garra y de coraje y subía las empinadas cuestas del Torcal dejando atrás a lo más granado del ciclismo mundial.

 

La Mancha es tierra de Quijotes. De grandes hombres, artistas y deportistas. Gente sencilla como Contador y Bahamontes en el ciclismo, Iniesta y Morientes en el futbol, José Mota en la tele, etc. Gente salida de la base en una tierra dura y sin grandes recursos.

 

Contador es mi buena noticia de hoy. Ha entrado como ganador en los campos Eliseos, en Milán y en Madrid. Ha ganado todo lo que se puede ganar en ciclismo. A los 38 años ha decidido retirarse de la competición, pero a lo grande. En el Torcal y en la Pandora. Subiendo hasta reventar, dando la talla ante un extraordinario Froome.

 

Lo mejor de todo se basa en su sencillez. Desde su pueblo Pinto ha creado la fundación Alberto Contador para promocionar el ciclismo juvenil. Una buena noticia de un deportista. Ya era hora.

 

Pero….

31 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 31 de agosto de 2017

PERO…

       

     Además de ser el fruto indeterminado del peral, ¿Por cierto es pero o pera? La palabra “pero” es una conjunción inquietante.

 

     Ya el diccionario advierte la mala leche de la palabrita al considerarla conjunción adversativa. Es decir, una conjunción que cambia el sentido de todo cuando le antecede.

 

He sufrido en mis propias carnes el sentimiento de frustración que se recibe cuando te llenan de elogios, en público o en privado, en tu presencia o en tu ausencia, cuando finalmente continúan diciendo o escribiendo… pero.

 

    Se va al traste cuanto de bueno o de positivo se haya dicho anteriormente. Ese pero elimina por completo lo anteriormente elogiado. Lo hacemos muy a menudo. Parece que nos molestan las bondades o los méritos del citado e inmediatamente los contraponemos con algún pero que le quite calidad a lo mencionado.

 

El pero también nos sirve como excusa para justificar el condicional que termina siendo una negación. Yo haría pero…; me gustaría acompañarte, o ayudarte pero… Al final es que ni voy, ni hago, ni quiero porque no me da la gana.

 

Pienso que los mayores debemos ir podando los peros de nuestro huerto; dejándonos de excusas que nos quedan cuatro pelados. Y si no nos gusta alguna cosa, lo decimos sin reparo. Pero… voy a cambiar todo el sentido a lo anteriormente dicho. Lo mejor es quedarnos con lo bueno de todos los demás y aceptar sin peros sus defectos. El amor y la comprensión se basan en aceptar los errores y las dificultades de los demás. El obviarlos y no resaltarlos. Alguien escribía hace años: Si no puedes alabar… cállate.

 

Espero que no pongan muchos peros a este segmento.

 

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  28 de agosto de 2017

Un campeón de natación

 

   Supongo que elegirán como candidatos para el próximo Príncipe de Asturias del deporte, a lo más granado del escaparate deportivo mundial: Usain Bolt, Rafael Nadal, Mireia Belmonte o Carolina Martín. Yo, tengo mi propio favorito.

 

       Se trata de Fernando Álvarez, un deportista gaditano de mi edad, que antes de salir en su carrera de 200 metros braza, categoría veteranos, que se celebraba en Budapest el pasado 19 de agosto, permaneció impertérrito y en silencio durante un minuto en memoria de los fallecidos en el atentado de Barcelona. La organización, y como consecuencia, el resto de los participantes pasaron de dicho homenaje y, a mi entender, se cubrieron de gloria.

 

Se puede suponer los esfuerzos físicos y económicos que habrán supuesto para este gaditano del club natación Cádiz el asistir a este campeonato. Le ha dado lo mismo. Ha mantenido su figura y en ese minuto ha batido todos los récords de solidaridad como deportista y como persona.

 

Un gran ejemplo para esos profesionales del deporte que acaban devorados por el ego y los millones. Esos que se venden al mejor postor o desprecian la bandera que les representa.

 

De Cádiz salen otras cosas amén de constituciones, comparsas y personas con toda la gracia del mundo. Allí acampa un deportista como la copa de un pino. Una buena noticia para todos nosotros en el día de hoy. Fernando Álvarez. Ole, ole y ole y al que no diga ole…

 

 

                     

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 24 de agosto de 2017

VIVO… DE MILAGRO

      

     Antes respondíamos a la pregunta -¿Cómo estás?- con la frase hecha: bien, regular o tirando. Hoy respondo sin pensar: vivo… de milagro.

 

En estos tiempos, ya no quedan sitios tranquilos ni poco peligrosos. Que se lo digan a los viandantes de las Ramblas barcelonesas o del paseo marítimo de Cambrils. La calle se ha convertido en un campo de minas generalizado, en el que te juegas la vida a cada paso.

 

Se trata de no estar en ese sitio y en esa hora en el momento oportuno (inoportuno en este caso). Le podemos llamar azar, casualidad o destino. La realidad es que el primer peligro que tiene nuestra existencia es el estar vivos. Por eso cuando en cualquier encuentro o conversación me preguntan que como me encuentro, siempre respondo de la misma manera: –vivo… de milagro, que ya es mucho en los tiempos que vivimos-.

 

A lo largo de mi ya dilatada vida, he pasado momentos difíciles, viajes largos y peligrosos, accidentes de coche, periplos marineros, vuelos con suspense… Conozco cuatro continentes y no estoy siempre de viaje porque a mi mujer se le quitaron las ganas en un vuelo a Londres en el que estuvo a punto de diñarla.

 

Este año había programado visitar la India para conocer la realidad de la fundación Vicente Ferrer. El viaje surgió a raíz de una entrevista que realicé al delegado de dicha fundación en Málaga. Me ofreció dos posibilidades: en agosto o en diciembre. Opté por la segunda fecha. Me había preparado el pasaporte y estaba a punto de comenzar a vacunarme. Poco después me entero del accidente que ha costado la vida a alguno de los participantes de la primera tanda. El miedo me ha podido.

 

En estos días han pasado por mi mente las horas que he pasado caminando por las ramblas… o por calle Larios… o por el paseo marítimo del Rincón. A esos placeres no voy a renunciar, pero por el momento aplazo mi viaje a la India… por si acaso. Soy un poco “pupas”. Si hay que perder una maleta es la mía. Si interroga a alguien la policía israelí… me toca a mí. Si pincho en el momento inoportuno… soy yo.

 

Seguiré hablando o escribiendo bien de la fundación Vicente Ferrer. Se lo merecen. Pero no voy a tentar al destino. Me quedan muchas cosas que hacer en esta bendita tierra mientras siga vivo… de milagro.

 

                  

La tortilla

20 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  21 de agosto de 2017

La tortilla

 

   Cada día surgen a nuestro alrededor –especialmente en los medios- expertos en cocina y en gastronomía. Todo el mundo sabe guisar y emplatar unos mini-platos que, por su escaso contenido, parecen más propios para animales de compañía que para personas.

 

Sin embargo –gracias a Dios- aun quedan las abuelas. Los que no hemos tenido la suerte de convivir con alguna de ellas, añoramos el no haber disfrutado de esa institución familiar que es esa especie de “arreglalotodo” que anda “huroneando” por la casa. Casi siempre protestando o regañando.

 

Tengo la oportunidad de convivir con muchos nietos y su abuela. Tengo nietos de invierno y de verano. Yo me entiendo. Ahora convivo con unos madrileños que se pasan todo el verano en este paraíso llamado Costa del Sol oriental. Se comen lo que no está en los escritos, pero también hacen su crítica gastronómica como todo hijo de vecino.

 

Ante la presencia de una tortilla de patatas de 20 CMS. de diámetro con apariencia de un ruedo taurino dorado, mi nieta Victoria exclamo: no se como la gente sueña con langostinos… yo sueño con tortillas como esta.

 

Sobran más comentarios. Quizás es que en la adolescencia se valoran mucho estas cosas. Me viene a la memoria la primera vez que entré en un mesón burgalés donde admiré un mostrador lleno de una docena de tortillas de contenidos diversos. Sin dudar, elegí una de cada. Cada uno tiene sus gustos y sus sabores. Yo pude sobrevivir a dos campamentos de milicias universitarias en Ronda a base de las tortillas de doce huevos que me confeccionaba mi madre cada domingo.

 

Nada de tortillas deconstruidas de los chef de la nueva cocina. Ni con cebolla ni sin cebolla. La tortilla de la abuela siempre es una buena noticia.

 

Nota del autor: Escribo con algo de humor por no llorar ante la barbarie y el horror de lo sucedido en Barcelona, en el estrecho, en Corea y en todo el mundo. Cada vez cuesta más trabajo encontrar una buena noticia.

 

 

 

                          

 

MIEDO

17 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 17 de agosto de 2017

MIEDO

       

     El miedo es libre. Cada uno puede administrar su propio miedo en la medida de sus posibilidades. Pero hay un miedo irrenunciable: el miedo a la muerte. En la homilía de la Ascensión, el celebrante, nos hizo recapacitar sobre el mismo.

 

        Dice el diccionario de la RAE que miedo es:

Angustia por un riesgo o daño real o imaginario. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

 

En una de esas películas españolas de la 2 de cada noche, José Bódalo, interpretando a un militar en la guerra de África, distinguía entre miedo y cobardía. El miedo es positivo y conduce a la superación; la cobardía es negativa y conduce al fracaso.

 

Personalmente estoy muy marcado por las circunstancias dolorosas que he vivido. La muerte prematura de mi padre y la de algunos amigos de mi edad, que he sufrido desde la cercanía, me han creado un sentimiento de miedo a lo inesperado que me cuesta mucho trabajo superar.

 

Y eso que creo que nos espera otra vida mejor al otro lado del transito, pero como decía el chiste: “Virgencita que me quede como estoy”. Después ya tendremos tiempo de disfrutar de la presencia de Dios.

 

Pero volviendo al miedo, creo que los mayores tenemos miedo especialmente a la muerte en vida. A la falta de proyectos y a la soledad. Por eso tenemos que prepararnos para combatirlo. Hemos de crear un entorno agradable y enriquecedor. Una tarea adecuada a nuestras posibilidades que nos permita ser y sentirnos útiles a los demás. Un calendario que nos saque de la abulia y la monotonía.

 

Ahí está el voluntariado y la formación para mayores. La lectura y el caminar. La conversación y el acompañamiento.

 

Seguiremos teniendo miedo a la enfermedad y a la muerte. Pero seguiremos siendo útiles y eficaces. Seguiremos estando vivos.

Nota del autor: menudo segmento me ha salido hoy más triste en plena feria; pero mi trabajo en el Teléfono de la Esperanza me marca de vez en cuando. Otra vez seré más alegre.

 

 

LA FERIA

13 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  14 de agosto de 2017

La feria

 

   Los italianos llaman fiera a la feria.  No sé el porqué, pero me lo supongo. Algunas veces la feria se nos va de las manos. Vuelve el “botellódromo”.

 

Tampoco es para pedir su prohibición, ni considerarla un caldo de cultivo para todos los males. Estimo que el secreto está en la moderación y el respeto. El pasarlo bien no tiene que estar reñido con el mantener las formas.

 

Hoy por hoy no soy muy “feriante”, pero reconozco haberlo sido en grado superlativo. Vivo en Málaga desde los siete años y he visitado y disfrutado de los distintos reales que se han ido sucediendo en el tiempo, desde aquél primero que recuerdo con Antonio Machín cantando en Martiricos, hasta los distintos emplazamientos posteriores que han culminado en el espacio ferial permanente del Cortijo de Torres.

 

Me quedo con la feria en el Parque. Aquella que montaron el Alcalde García Grana y el concejal de fiestas Pepe Jiménez. Era un disfrutón el poder desembocar, tras una tarde de toros, en aquél parque lleno de casetas a lado y lado. Transcurrían los años sesenta, años en los que vivíamos plenamente nuestra juventud de estudios, milicias, primer trabajo y la novia. Una sucesión de imágenes que te transportan a los cuba-libres a duro, el patio victoriano, los pollos asados y la caseta de Castellblanch, donde siempre acabábamos con cava gratuito.

 

Eran otros tiempos; menos dinero, andando a todas partes, toros en el tendido 6 con sol y moscas. Antonio Ordóñez y Luis Miguel, Diego Puerta, el Viti, Manolo Segura, Cesar Rincón… para que seguir, no se puede vivir de recuerdos. Posteriormente, también viví una época preciosa, ya en el sitio actual, colaborando con el Petesa en la caseta de los mayores el famoso Oasis Juvenil. Allí lleve varios años al Obispo Buxarrais y pude ver un intento de acercamiento a su mesa de Jesús Gil tras el lío de las fiestas de Marbella. Para escribir un libro o hacer una película tipo Berlanga.

 

Estimo que la feria del centro –que fue un gran invento de los comerciantes de la zona- se nos ha ido de las manos y se ha convertido en una vorágine de copas y coplas en camiseta. (Me parece que estoy hablando como un viejo. ¡Contra!, lo que soy).

 

Mi buena noticia de hoy me la traen esos recuerdos que hoy se harán vida en mis nietos. Siguen buscando con ilusión el tren de los escobazos y el “látigo Pérez”. Poniéndose de grana y oro para hacerse la tradicional foto con el caballo de cartón del fotógrafo cordobés.

 

 

 

El ángel

10 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 10 de agosto de 2017

El ángel

       En cada uno de los grupos en los que he tenido un mínimo de poder decisorio he intentado, y a veces conseguido, proclamar la figura del ángel del grupo; aquella persona que pone su empeño en hacer la vida más fácil a los demás.

 

     La RAE dice en su segunda acepción: Ángel;Persona a la que se le atribuyen cualidades que se consideran propias de los ángeles, como la bondad, la inocencia, la belleza, etc”.

 

Basándonos en esta descripción, esta noche vamos a homenajear y proclamar como “ángel de este rincón”  a una persona que cumple estos requisitos; al ángel de nuestros veranos en la playa. Se trata de una viuda de cierta edad que vive en nuestra vecindad desde hace casi una veintena de años. Los primeros diez nos llamaba la atención el mimo y el cariño con el que trataba a su marido impedido –otro tipo extraordinario del que en su día dediqué un segmento- y al mismo tiempo como se preocupaba de sus nietos y de los de todos los demás.

 

Falleció desgraciadamente Pepe, su marido, y Manoli, que así se llama nuestro ángel de hoy, se dedicó por entero a todos los demás. No hace grandes cosas, pero la felicidad nace de los pequeños detalles. Convoca cada tarde para la merienda a todos los niños (tropecientos) del bloque para merendar “los tradicionales bollitos de Manoli”, que así los denominan mis nietos. No se le escapa un cumpleaños. Te hace regalos “porque sí”, te llama en el invierno de vez en cuando, siempre está dispuesta a echar una mano o estar pendiente de un niño en la playa.

 

Un ángel, de los que pasan por la vida sin hacer grandes cosas, pero haciéndolas todas bien. Por eso se merece nuestra atención y respeto. Nunca será Vip, nunca irá a un programa de la tele a maleducar, pero habrá dejado amor por diestro y siniestro. Allá por donde pasa. Por Caritas y la parroquia en el invierno y por nuestra bendita playa en el verano. Manoli: eres la más grande; eres nuestro ángel.