La vía

16 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  17 de julio de 2017

 

LA VÍA

           Este es un término utilizado solamente por los naturales de esta zona y por aquellos que nos sentimos orgullosos de vivir en ella desde hace años.

 

Ese nombre le viene de aquellos años en que un viejo tren “de humo”, primero y un desvencijado automotor: “la cochinita” o “el pancho López, chiquito pero matón”, después, que de ambas formas era denominado, cruzaban la costa oriental malacitana camino de los altos de la axarquía adonde llegaba renqueante y enganchado a una cremallera que le depositaba en Ventas de Zafarraya.

 

La vía, por la que avanzaba con lentitud, partía de la estación sita en el puerto y continuaba delimitando la zona marítimo-terrestre hasta Torre del Mar, donde se adentraba por el interior, al otro lado de la carretera. A partir de 1968, fecha de clausura de la línea, dicha vía se convirtió en calle o carreterilla al principio y en paseo marítimo asfaltado o terrizo más tarde.

 

La vía es mi gimnasio. Mi ruta de marcha matutina se desarrolla en la torre de Benatgalbón, en la zona que va desde el arroyo de Granadillas (“puente romano”) hasta el cruce de Añoreta (antiguamente “casa Amalia”). Son tres kilómetros de un camino sin asfaltar ni urbanizar, polvoriento a veces, que recorremos a diario cientos de personas que pretendemos mantener un poco la forma y la dignidad que nos quitan el tinto de verano y los espetos de sardinas. Nos conocemos y respetamos casi todos y nos echamos de menos si nos perdemos de vista durante varios días.

 

La paz y la tranquilidad la rompen algunos ciclistas que creen que el Tour pasa por el arroyo de Benagalbón o corredores escapados del maratón de Nueva York. Algunos de ellos, dada su escasa preparación acaban en urgencias con esguinces, taquicardias y dolamas varias que les apartan de las exhibiciones por cierto tiempo.

 

Los recalcitrantes como yo disfrutamos del paseo a trote cochinero, sudamos como pollos y nos damos el primer baño, a las nueve de la mañana, que nos sabe a gloria. Un servidor de ustedes, que es bastante rezón, aprovecha la mitad del camino para desgranar, de forma un tanto rutinaria, las oraciones de la mañana a la ida y la vuelta, para disfrutar del paisaje e inventarme historias relacionadas con cuanto veo.

 

Por allí contemplamos a los coquineros, arrastrando sus rastrillos por el “banco”, con el que recogen esas coquinas que antiguamente extraíamos los niños simplemente arrastrando los pies por el fondo marino; los pescadores de caña, quejándose de la mala suerte que le ha hecho perder la captura soñada; las parejas de segunda vuelta, recuperándose de una noche de copas, promesas y algo más, que les ha llevado a la realidad del día a día y a tantas y tantas familias disfrazadas de diversas maneras; una “mujer orquesta”, que hace equilibrios para correr empujando un cochecito del que asoman los pies de un bebé, se sujeta con una mano el sombrero y con la otra empuja el carrito e intenta controlar un perro empeñado en regar las piedras del camino. Todo este mundillo pone en marcha mi imaginación mientras el baño marítimo y la ducha fresquita dan paso a la “rebaná” de pan, tan grande como la suela de la zapatilla del pívot de los Laikers, mojada en ese aceite oscuro y sabroso que te transporta a aquél molino jiennense de tu infancia.

 

¡Qué no me urbanicen la vía! ¡Virgencita, déjame como estoy! Mi vecino y amigo Clide, el policía de Scotland Yark jubilado y yo, seguiremos disfrutando de la mar en primera fila, sin terrazas ni establecimientos que nos impidan disfrutar de la vida primitiva. ¡La vía, ay, la vía! La vía nos da la vida. Es una buena, una excelente noticia para los que la disfrutamos. Chisss… no corráis la voz.

 

antes y ahora

 

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 13 de julio de 2017

MANSOS, NO MENSOS

        Cuando al comienzo de la Eucaristía dominical a la que acudo cada semana escucho la frase: “el Señor esté con ustedes” me siento feliz.

 

Es un indicio claro de que algún sacerdote de allende los mares se ha incorporado a nuestra comunidad para cubrir las vacaciones de los prestes titulares. Los curas hispanos “importados” son muy especiales desde el principio de la celebración. Comienzan diciendo: “el Señor esté con ustedes”. Después una misa gozosa. Se puede observar el cuidado y la unción con los que se preocupan de los cánticos, la liturgia en general y, sobre todo, de la homilía.

 

La suelen preparar con parábolas de su tierra y referencias a lo más sencillo de su país. El pasado sábado hablaba de los mansos u pronunció la frase: “hay que ser mansos, no mensos”. La frase requería explicación. Y el celebrante nos la dio. La palabra menso es de uso corriente en México, la tierra de nuestro cura, pero poco pronunciada en España. Me recordó a ese gran actor, muy admirado por mí, que fue Mario Moreno “Cantinflas” que en su película “El padrecito”, de 1974, hace bastantes referencias a este adjetivo que, como recalcó el celebrante, no es despreciativo; significa estar “un poco despistado”.

 

En la vida del cristiano nos toca muchas veces hacernos el “menso”; lo que es otra forma de poner la otra mejilla. Pero una cosa es hacerse y otra ser. Cándidos como palomas y astutos como serpientes. Por eso los mansos entrarán en el Reino de los Cielos no por ser tontos (mensos), sino por “sufrir con paciencia las flaquezas de nuestro prójimo”. O prójima. Que hay que ser “políticamente correcto”.

 

Bienvenidos esos curas que traen aire fresco de las Américas. Gozan de un lenguaje muy llano y poco rebuscado y menos lugares comunes que nuestros sacerdotes agobiados durante el verano por un  montón de celebraciones que les llevan a veces a caer en la rutina.

 

El año pasado aprendí a decir “cobijita” (mantita). Este año el cura mejicano me ha hecho recordar a mi admirado “Cantinflas” que en “el padrecito” decía verdades como puños. Hay que ser “manso, no menso”.

 

 

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  10 de julio de 2017

 

WEDDING PLANNER (O MANAGER)

           Se ha puesto de moda; que le vamos a hacer. Yo pensaba que después de las casamenteras del “violinista en el tejado” y dada la escasa propensión al matrimonio de las generaciones actuales, dicho trabajo había pasado a la noche de los sueños.

 

Nada de eso, cada vez hay menos bodas “por la iglesia”, pero proliferan los casorios “por lo civil”, “por lo criminal”, o juramentándose ante el director de la banda del pueblo. Lo importante es la celebración. Y ahí entran los personajes, oficios y dedicaciones que se recogen bajo el paraguas de la denominación que da título a esta buena noticia.

 

La chispa luminosa se asomó a mi mente el pasado viernes al anochecer. Como si de un hongo se tratase, apareció en medio de la playa una pequeña carpa que amparaba a una familia vestida de blanco. Todos se fotografiaban bajo la escasa luz reinante. En la mezcolanza humana no se distinguían bien los contrayentes. Gritaron los vivas correspondientes y se comieron y bebieron el manso hasta altas horas. Me pareció unas boda.

 

Sé, porque lo he intentado explicar muchas veces, que una boda es un contrato con dos protagonistas principales –los contrayentes- y un testigo cualificado. Este puede ser representante de la Iglesia (Sacramento del matrimonio), de la comunidad civil, un miembro destacado de otras religiones o creencias, un jefe Papúa o un patriarca gitano, entre otros. Todos ellos dan fe del suceso. La comunidad lo disfruta y propaga la noticia. Además hay una ceremonia previa que también goza de un gran predicamento: la petición de mano a la americana y con cámaras por medio. Puede ser en un partido de futbol, una corrida de toros, un concierto o la maratón de Alfarnate. El caso es ponerse de rodillas, hacer el “ridi” y entregar un anillo.

 

Cuando yo me casé, allá por los tiempos de Maricastaña, esa labor de preparación de la boda la realizaban los contrayentes y consistía en: enseñar la casa, poner una lista de boda, invitar a los familiares y amigos, contratar el templo y las flores, buscar al celebrante amigo, vestirse ambos de forma tradicional, celebrar los esponsales y llevarse a los invitados a un restaurante a fin de agotar las últimas pesetas que te quedaban.

 

Posteriormente he tenido la suerte de seguir asistiendo a muchas bodas. Con más implicación en la de mis ocho hijos. El festorro ha ido in crescendo. La primera y la segunda de ellas fue muy parecida a la nuestra; la tercera con chaqués y tracas en la puerta; la cuarta con una celebración en medio de una especie de selva. Etc., etc.

 

De ahí en adelante innovaciones hasta llegar a la última; drones volando por encima de los participantes, caminos de antorchas, bailes “populares” a toque de corneta por las distintas mesas… El acabose. Una autentica preciosidad en medio de una batalla provocada por el famoso manager que no nos dejaba tranquilos. Al final, a las tantas, llega la liberación del chaqué, del chaleco y de la corbata.

 

Menos mal que no me quedan hijos por casar. Si no, podría morir en el empeño. Pero no hay mal que por bien no venga. He disfrutado de las ocho como de la primera. El grupo familiar ha ido progresando. La foto ya es panorámica, pero las bodas son siempre una BUENA NOTICIA.

 

Ya sea en un templo, en la calle, en el campo o en la playa, siempre habrá una pareja feliz que disfrute junto a los suyos del día más bonito de su vida. Después vendrá el proyecto común o las dificultades. Pero con wedding planners o sin él, los planes de vida los tendrán que diseñar día a día. Suerte para todos. La forma es importante, pero el fondo: “mirar ambos en la misma dirección” es lo esencial.

 

Mi hija María del Mar y sus padres.

Aberasturi

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El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 6 de julio de 2017

ABERASTURI

        Soy seguidor desde hace años de este extraordinario periodista todoterreno. Ha tocado todos los palos de la información, pero en el que más ha destacado, según mi opinión,  ha sido en la radio.

 

        En ella, su extraordinaria voz, su excelente dicción y, sobre todo, la poesía que llevan implícitos todos sus comentarios, han permitido que participara y dirigiera con éxito diversos programas. Ha pasado por todas las grandes emisoras de radio, distintas cadenas de televisión y varias redacciones de diarios de tirada nacional. Pero yo me sigo quedando con sus intervenciones a modo de contrapunto que ha realizado, y sigue realizando como segundo de a bordo de distintos espacios radiofónicos. En la actualidad ejerce su oficio en Radio Nacional en los programas de fin de semana emitidos bajo el título de “no es un día cualquiera” con Pepa Fernández.

 

      Desde siempre se han traslucido en sus intervenciones un poso de amargura motivado por su situación familiar. Había hablado en ocasiones de ella, pero ha sido mucho más explicito en su intervención en el programa de Risto Mejide: “All you need is love… o no”, comentando su libro: “Como explicarte el mundo”, donde narra el drama de su vida al lado de su hijo nacido con parálisis cerebral.

 

El presentador Mejide trataba de profundizar en el dolor de Aberasturi y, de hecho lo consiguió. En las palabras de Aberasturi se reflejaba la ausencia de justificación del porqué de la enfermedad de su hijo, llegando a manifestar que en diversas ocasiones pensó en que no debería de continuar viviendo. Su búsqueda infructuosa del Dios de la razón no le permite su encuentro con la razón de vivir de ese muchacho que ha estado en muchas ocasiones al borde de la muerte y que se aferra a la vida amparándose en el amor de sus padres o su hermano.

 

Su vida es una constante pregunta que da significado a su situación de tristeza y desesperación. ¿Porqué a mi? Una incógnita que no tiene respuesta desde la ausencia de la fe. Andrés se mueve en el mundo del agnosticismo, pese a su formación familiar y cultural dentro de un mundo cristiano.

 

Si no contamos con la mínima fe en la vida eterna, seguiremos sin entender como podemos vivir en una sociedad llena de hambre, guerras, enfermedades y mala leche. Hace años me decía alguien una frase que quedó grabada en mi mente: “Dios creó el mundo y se lo alquila a los valientes”. Hay que ser muy valiente para afrontar la realidad de cada día. Sobre todo cuanto te toca a ti la de arena.

 

Lo que si me consta, porque lo vivo cada día, es que muchos de esos “renglones torcidos de Dios” son la felicidad, el estímulo y el motivo para vivir de muchas familias que han sabido enfocar con valentía los avatares de una vida que, casi siempre, se desarrolla en un valle de lágrimas.

 

Seguiré escuchando a Aberasturi. Él intuye la luz. A la pregunta, lógica por otra parte, del presentador: “¿qué será de su hijo cuando faltes tú?, contestó con gran lucidez: “¿qué será de mí si faltara él?

 

     El padre Dios no les abandonará a ninguno de los dos. Estoy seguro.  Rezo por Andrés Aberasturi y su hijo.

 

 

(Foto diario el Mundo)

 

             

        

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  3 de julio de 2017

Ya está el copo lleno

 

Por desgracia no me puedo referir a aquella especie de velo negro que traía prendido en su fondo pececitos de plata en forma de chanquetes o de boqueroncitos de “alba” o de “prima”.

 

         Esos copos de los años setenta, en los que humildemente aportaba mi técnica y experiencia como marengo de tralla, se perdieron en la noche de los tiempos. Hoy me refiero a la llegada de los vecinos a los apartamentos que me rodean en mi paraíso veraniego.

 

Cuando nos volvemos a ver nos engañamos mintiendo como bellacos al expresar la admiración por lo bien que estamos. La verdad es que nos encontramos un año más viejos, con más achaques y sufriendo por la ausencia de alguno que se ha quedado por el camino de un invierno más.

 

La buena noticia es que estamos aquí de nuevo. En mi familia con dos niñas más y otro en camino. Los vecinos con niños que se hacen mayores y mayores que disfrutan de la jubilación. En la playa hordas de bañistas (domingueros o no) que gozan de un vehiculo, sombrillas, barbacoas y cacharros de todo tipo que despliegan junto a la mar mediterránea.

 

Nada de aquél tren de humo de mi infancia, los merenderos a los que se llevaba la comida y la vuelta andando desde la estación del puerto hasta la lejana casa. Hoy, gracias a Dios, todos tenemos acceso a la playa con todas las comodidades y un gasto mínimo. El sol y la mar… gratis total.

 

Bienvenidos sean mis vecinos veraniegos. Mi compañero de dominó, Pepe, que ha estado entrenando todo el invierno en su Antequera. Ganaremos lo que podamos. Y yo, vuestro humilde servidor, abriré la playa cada mañana a primera hora. Después del baño de las nueve, les diré el estado y temperatura de la mar salada. Y, allá a la una y pico, ayudaré a bañarse a las damas impenitentes que siguen sin aprender a nadar. Esto es vida. El verano es una buena noticia.

 

                 

                                                                                                                           que          

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 29 de junio de 2017

¿QUÉ HARÍAMOS SIN FACEBOOK?

 

El martes se dispararon todas las alarmas. Unos piratas informáticos dominaban las redes. Recordé la frase escuchada al vuelo: “Eres más largo que un día sin “WhatsApp”.

       

        Vino a mi memoria aquel día de finales de los setenta en que me mudé a mi domicilio actual en las afueras de Málaga. Solicité un teléfono, tan necesario en mi profesión, y me emplazaron para que lo reclamara pasado un año. Por si había suerte. Y la tuve.

En la esquina de mi calle había una cabina. A ella me agarraba por las mañanas para realizar las consultas a mis fabricantes y clientes. Las llamadas entrantes las recibía en el teléfono de mi madre, a más de dos kilómetros y ¡no moría en el empeño! Claro que hay que tener en cuenta que había que pedir una conferencia para hablar con Cártama. Que queréis que os diga.

 

El progreso en las comunicaciones ha llegado de una forma desorbitada. Y nos está costando trabajo el digerirlo. No concebimos salir de casa sin el “móvil”. Estamos comiendo, o caminando, o conversando, sin parar de echar miradas furtivas al telefonito de marras.

 

En los restaurantes “progres” han tenido que crear un emplazamiento especial en la mesa para ubicar el cacharrito que colocamos en el mejor sitio, aunque no quepa el pan. Nos pasamos el almuerzo hablando con alguien de fuera sin que se moleste ninguno de los comensales. Ellos están haciendo lo mismo.

 

He llegado a la conclusión que nos tenemos que someter a una cura de teléfono, como en su día tuvimos que hacer con la tele. No se puede consentir que se acceda a los contenidos del maldito cacharro, mirándolo con detenimiento de diez a quince veces cada hora. Doscientas diarias, porque algo dormimos.

 

Hagamos la prueba de no hacerle caso al “bicho” durante seis o siete horas. Nos llegará el “mono”. Pero seamos fuertes. Les dejo, me parece que ha sonado el correo, el WhatsApp o el Facebook. Hace diez minutos que no le echo un vistazo.  Malditos “hackers”; nos quieren amargar la vida.

 

¡BOOM!

25 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  26 de junio de 2017

¡BOOM!

 

A las ocho de la tarde, cada día que puedo, me apresto a disfrutar de dicho programa de Antena 3 que presenta Juanra Bonet. Su visualización me permite comprobar mi deficiente cultura y la mucha que tienen algunos concursantes.

 

         He podido observar que ha nacido una nueva profesión con bastantes adeptos: la de concursante de televisión. Después de la de tertuliano, es la que más caras desconocidas ha trocado en presencias permanentes en nuestras pantallas. Todo ha cambiado desde el viejo “un millón para el mejor”.

         Volviendo a ¡BOOM!, programa que titula este comentario, en ocasiones refresca mi mente y le suministra una buena noticia. En este caso se trata de la pregunta (que por cierto, no supieron contestar) que hicieron a uno de los grupos que fueron eliminados durante la pasada semana. La pregunta era más o menos: ¿Cual de estas ciudades es la única española entre las diez ciudades europeas con mayor calidad de vida?

Los concursantes salieron por los cerros de Úbeda y la bomba estalló. Como estalló mi indignación al comprobar el poco partido que los malagueños estamos sacando de esta circunstancia. La noticia fue publicada en Enero de 2016 por el diario Sur con el siguiente encabezamiento:

MÁLAGA ES LA ÚNICA CIUDAD ESPAÑOLA ENTRE LAS DIEZ CIUDADES EUROPEAS CON MAYOR CALIDAD DE VIDA.

       El último Eurobarómetro de la Comisión Europea analiza aspectos como las infraestructuras, las oportunidades laborales o la integración de extranjeros.

Continúa diciendo:

El estudio, que recoge la percepción de los ciudadanos europeos sobre la calidad de vida en sus ciudades, analiza aspectos como el estado de las infraestructuras y servicios, las oportunidades laborales, la situación de la vivienda, la integración de los extranjeros y el sentimiento de seguridad. También recoge la opinión sobre la contaminación ambiental, los espacios verdes o la limpieza.

Es decir: todo o casi todo. Aunque ya algo pasada, esta es una Buena noticia que han rescatado los guionistas de boom para conocimiento general. Mientras, los munícipes peleándose por encontrar defectos y decisiones que aburran al personal y les transmita deseos de no venir o de largarse de esta ciudad que quieren presentar como madrastra.

Mi colega Luís Santiago, una vez más, me dirá que peco de optimista. Lleva razón, por eso escribo buenas noticias. Pero acaban de llegar unos amigos míos italianos que llevaban años sin venir por Málaga. Están hipnotizados. Dicen que esta ciudad se ha convertido en una de las más bellas del mundo. Ole. Con el cambio experimentado en año y medio creo que estaremos más arriba en la lista. El sexto o el séptimo. En la gloria bendita.

 

 

 

 

 

 

 

               

 

 

         

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 22 de junio de 2017

EL DESCANSO DEL GUERRERO

 

A la mayoría de las personas les parece que la vida del jubilado se desarrolla en un vivir relajadamente y sin ningún tipo de problemas. Nada más lejos de la realidad.

       

        Cuando se acaba la vida laboral de una persona y se incorpora a la “buena vida”, tiene que tener muy claro que la pertenencia al “segmento de plata” no siempre es un camino de rosas. Hayas trabajado en la calle o en las labores del hogar, cuando llega este momento, la disyuntiva vital proporciona no pocas dificultades al recién incorporado al “dolce far niente”. O eso se lo creen él o ella.

 

Inmediatamente se pasa al gremio de los cuidadores-transportistas de niños, reparadores de chapuzas, solucionadores de problemas con la administración y colas varias, o, directamente corredores de bolsa. Con la bolsa a cuestas en hipermercados y mercados.

 

Como ustedes comprenderán, esto es un trabajo nada remunerado y con el gasto económico y de fuerzas correspondiente. Algunos tenemos la suerte que pasamos a una segunda actividad como eméritos en las diversas profesiones o como voluntarios en las que descubrimos al jubilarnos. Seguimos trabajando… pero sin cobrar.

 

Esta actividad llena nuestra vida, pero también la cansa. A veces la agota. Seguimos siendo el colchón que recibe y amortigua todos los problemas. De los nuestros y de los demás. De nuestros hijos y de nuestros nietos. De los que siguen trabajando, porque creen que nos aburrimos muchísimo y no tenemos otra cosa que hacer.

 

Por todo lo anteriormente citado, se impone el descanso del guerrero. Las merecidas vacaciones. Y a mayor edad; más largas vacaciones. Este año no me conformo con menos de tres meses. Seguiré escribiendo lo que me apetezca, mejoraré mi dominó y gastaré los alrededores de mi casa caminando. El mar enfrente y la nada como obligación.

 

Así que, puretas de mi generación. Imitadme y tomaros lo que os pertenece. Al final os largarán algún niño de vez en cuando. Pero mantened el tipo cuanto podáis.

Yo estuve allí

18 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  19 de junio de 2017

Yo estuve allí

 

Aquél día, quince de junio de 1977, hacía menos calor que en este “ferrojunio” del 2017. Menos temperatura en la atmósfera pero la misma o superior en el ambiente.

 

Todos esperábamos con ilusión aquellas primeras elecciones que iban a dar paso a la democracia (dentro de lo que cabe). Un grupo de amigos (que como siempre, me tocó comandar, “en comunidad no enseñes tu habilidad”) nos encargamos de crear una especie de oficina de control de la información de las mesas y nombramiento de apoderados e interventores en la capital y los distintos pueblos de la provincia de Málaga por cuenta de la UCD, a petición de nuestro amigo Pepe García, que fue proclamado diputado en aquellas elecciones..

 

Montamos el chiringuito lejos de las oficinas centrales de calle Larios para evitar interferencias. Paco Villodres, único candidato al Senado por la UCD elegido posteriormente, nos cedió un despacho en la calle Duquesa de Parcent que convertimos por poco dinero y con mucha imaginación, en una oficina electoral al estilo de las que habíamos visto en las películas americanas.

 

Nuestra misión era conectar con todos los pueblos y localizar alguien que nos informara de los mítines, primero y los resultados de las urnas, después. Aun no se habían perdido las viejas malas costumbres. Alguno de los corresponsales cerraba la conversación con un “a tus órdenes” que chirriaba en nuestros oídos.

 

Aquél jueves, 14 de junio de 1977, me eché a la calle muy temprano provisto de una credencial de apoderado importante que me permitía acceder a todos los colegios. Me dediqué a visitar los que pude. Las colas eran más grandes que las de promesas del Cautivo. Recuerdo el colegio Bergamín, en la Avenida de Barcelona, que estaba a punto de ser objeto de un motín o asonada. Los policías daban de vez en cuando un par de chillidos que llevaban un poco de orden al tumulto. No llegó la sangre al río. Finalmente pudo votar todo el que quiso.

 

Los candidatos de la UCD habían evaluado bastante mal las encuestas de voto. Se las prometían muy felices, en especial algún candidato al Senado. A medida que nos llegaban los informes la euforia fue decreciendo. Los que se daban cuenta de sus escasas posibilidades iban desapareciendo de las sedes. Al final nos quedamos casi solos, pero enteros. Salvo alguno que no supo digerir la realidad.

 

Los pueblos más grandes informaban; los más pequeños, donde había ganado de calle el PSOE, ni siquiera se molestaron en llamar. A las doce cerramos el chiringuito, con más pena que gloria, y volvimos a nuestros domicilios. Tan solo me volví a reunir con el staff de la UCD en una comida, celebrada días después en las faldas del castillo de Gibralfaro, a la que asistieron los elegidos y tres o cuatro personas más en la que reconocieron nuestro trabajo.

 

Allí acabó mi implicación política. Después me volvieron a llamar para diversas ocupaciones a las que me negué en rotundo. Tan solo participé de aquellas Unidades de Acción Ciudadana que se montaron al estilo de las asociaciones de vecinos. Tuvieron una vida corta. Tan solo sirvieron para traer la antena del UHF a Málaga, suceso que expliqué en otro artículo.

 

Mi buena noticia de hoy me la ofrecen ese grupo de entusiastas de todos los partidos e ideología que entendimos la posibilidad de dar rienda suelta a nuestra libertad de elegir a nuestros políticos y defenestrarlos si no lo hacen bien. Éramos de una generación que no había vivido la guerra incivil y nos encontrábamos poco contaminados por el rencor. Ahora parece que se reverdecen los viejos odios. Nos conocíamos casi todos. Habíamos estudiado o trabajado juntos. Hablábamos con naturalidad de nuestras ideas y decidimos, en vez de enseñar los puños y las manos abiertas de distinta forma, bajarlas y acercarnos los unos a los otros para poner en marcha los “otros cuarenta años” más fructíferos de la historia de España.

 

Ojala volvamos a la concordia y el reconocimiento desde el respeto. A podernos mirar sin odio y a tener unos políticos que nos unan. No que nos enfrenten los unos con los otros. Así debe ser. Aquél día yo estuve allí.

 

 

Foto Diario Sur

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 15 de junio de 2017

     ALLÁ DONDE ESTÉS…

    Se ha puesto de moda esta frase como colofón del discurso que se expresa cada vez que alguien pretende rendir un homenaje o un recuerdo a algún fallecido. 

 

     Con esta frase hecha se cubren las espaldas aquellos que no se quieren mojar manifestando sus creencias. Así quedan bien con todos. No nos damos cuenta de que con esta duda, razonable por otra parte y que pueden mantener los no creyentes, los católicos estamos olvidando la última parte del Credo que recoge las verdades fundamentales de la fe católica.

 

Los pertenecientes a este segmento estamos más cerca de descubrir lo que viene después de la muerte por una sencilla cuestión de edad. Por eso tenemos que plantearnos seriamente hasta donde llega nuestra certeza y lo que se deja en manos de nuestra fe. Aquí es donde tenemos que dar la talla. En este sentido es donde debemos de manifestarnos con rotundidad.

 

Días atrás me invitaron los miembros del Movimiento de Vida Ascendente de Málaga a su retiro anual de fin de curso. Más de medio centenar de “mayores y jubilados” que pertenecen a este colectivo asistieron a una Eucaristía seguida de un reconfortante almuerzo en Cártama Estación. El celebrante, en su homilía, nos recordó la importancia de vivir con intensidad nuestra edad, aceptar nuestras dificultades y la cercanía con los que se nos han marchado.

 

 

Los creyentes tenemos la esperanza y la certeza la experiencia de vivir la vida eterna y que en ella se encuentran cuantos nos han precedido. Creemos en la Resurrección de Jesús y por herencia de todos nosotros. Y así lo tenemos que manifestar. No decimos Padre Nuestro “allí donde estés”. A ver si de una vez llamamos a las cosas por su nombre. No somos cristianos “por si acaso”.