Un voluntario

5 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  6 de octubre de 2017

UN VOLUNTARIO    

 

    Después de estar presentando mi cuarta temporada en Onda Azul Radio bajo el título de “la Málaga solidaria”, a veces me pregunto –aunque jamás me ha preocupado el dato- quién y cuantos componen mi auditorio.

 

      Hoy he tenido una agradable sorpresa. A raíz del programa del pasado martes, en el que entrevisté a la responsable de una ONG malagueña dedicada a la formación total de niños de 4 a 16 años y sus madres (ALTAMAR), una persona se ha incorporado como voluntaria a las labores de esta asociación radicada en el barrio de la Trinidad.

 

El mundo del voluntariado es tan amplio que da cabida a cualquier persona de buena voluntad que desee ayudar a los demás. Un día me explicaron que “no todo el mundo sirve para todo, pero todo el mundo sirve para algo”.  La nómina de posibilidades para aprovechar el tiempo libre –o inventárselo- es tan amplia, que permite encontrar la dedicación adecuada para cualquier tipo de personalidad. Tan solo tenemos que abrir el buscador de nuestro portátil y poner la frase ONGs en Málaga. Todo un abanico de oportunidades de ser feliz haciendo felices a los demás se abre ante nosotros. Personalmente llevo entrevistadas a más de cien asociaciones de ayuda a lo largo de estos años.

 

En mi trabajo como voluntario comparto trabajo con individuos, aparentemente “pijos”, que lavan sábanas y sirven cafés a los más desfavorecidos; miembros de las fuerzas de seguridad que encadenan sus turnos con horas conduciendo furgonetas para recoger alimentos; universitarios que cambian la cafetería de la “uni” por tardes de acompañamiento a mayores o clases complementarias para niños de barrio; señoras de “cierta edad” que cambian el te y la peluquería por el cuidado de enfermos solitarios de su entorno; hospitales, casas de reposo de salud mental, presos, niños abandonados, enfermos terminales, comedores, lactantes, etc., son atendidos por esos voluntarios anónimos que les ayudan a soportar sus penurias.

 

Por otra parte, personal sanitario, formadores, arquitectos, religiosos y voluntarios en general se desplazan a países africanos, asiáticos y sudamericanos a llevar su ciencia, conocimientos, ayuda y consuelo. Centros de acogida de emigrantes en toda Europa funcionan porque miles de cooperantes dedican su esfuerzo a aliviar sus dificultades.

 

Un mapa de lugares a los que nos podemos incorporar sin realizar un esfuerzo descomunal y que dan visos de veracidad al precepto evangélico que nos habla de “recibir el ciento por uno”. Cada uno de mis entrevistados me ha confirmado la realidad de esa aseveración.

 

Los voluntarios son mi buena noticia de hoy. Se trata de cambiar aquello de “pasar el rato” por “vivir la vida”. Mi programa del martes ha sido útil. Alguien ha cambiado la seda por el percal.

                

 

  

 

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El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 2 de noviembre de 2017

LAS CABRAS EN EL CORRAL    

      

     Ayer participé en la Eucaristía que conmemora la fiesta de todos los Santos. El celebrante nos metió “las cabras en el corral”.

 

    Su tesis, bastante acertada por cierto, se basó en que cualquiera de los presentes nos podríamos encontrar en cualquier momento “al otro lado del charco”, lo cual nos debía de alegrar, siguiendo los deseos de Santa Teresa al decir “muero porque no muero”.

 

Personalmente no tengo ninguna prisa en incorporarme al censo de los “santos”. Quizás por mi jindama innata, o por el recuerdo de la única persona a la que he escuchado llamarla “Santa” en vida. Se trataba de una portera de un edificio en el que pasé gran parte de mi vida. La señora en cuestión se llamaba Fuensanta, pero rompió por “santa”. Con todo mi respeto, era una “bruja” de mucho cuidado que nos amargaba la vida y no nos dejaba subir solos en el ascensor.

 

Aparte de la broma “desengrasante”, tengo muy claro el censo de los Santos que han pasado por mi vida. A ellos dirijo mis peticiones. No rezo por ellos. Rezo con ellos. Ellos interceden por nosotros. Me he puesto a pensar en sus nombres, apellidos y caras. Pasan del centenar. Los otros, los del Santoral de la Iglesia seguro que lo son. Y estos también.

 

Ellos entendieron el mensaje y se colocaron entre los Bienaventurados. Los de la regla nemotécnica de mi colegio: “pomanllohanmilipapa”. Por cierto difiero del celebrante en su homilía de ayer. Las bienaventuranzas no son el camino; son la meta. El camino son las obras de misericordia. Esto me lo enseño mosén Buxarrais hace tiempo y no lo he olvidado.

 

Mis padres naturales y mis padres en la fe me han marcado el camino. Ojalá yo lo pueda seguir. Este camino saca “mis cabras del corral”. Fuera miedos. Él nos espera.

 

 

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  30 de octubre de 2017

MIS AMIGOS CATALANES   

 

    Mi vida comercial y personal ha estado unida a lo largo de medio centenar de años a la industria textil catalana y, por consiguiente, a los catalanes.

 

       Esta circunstancia me ha permitido crear y cultivar una excelente amistad que tan solo ha difuminado la lejanía, la enfermedad y, desgraciadamente el fallecimiento de muchos de ellos.

 

A los veintidós años decidí cambiar la seda por el percal y la contabilidad por los trapos. Me lancé a la aventura de pasar de la seguridad de una gran empresa a la inseguridad del autónomo como representante especializado en el ramo textil.

 

Comencé a representar a una empresa sevillana, otra valenciana y varias más pequeñas de Cataluña. Al cerrar la andaluza, me lancé a buscar más variedad en todo el noreste español, de manera que comenzando por Santa Pau (Gerona), pasando por Mataró y Sardañola acababa en plena Alta de San Pedro barcelonesa.

 

Genero de punto exterior, interiores, prendas de baño, calcetines, prendas deportivas, faldas y vestidos, abrigos, pijamas, pañuelos, mantas, toallas, sabanas bordadas, mantelerías, tejidos, albornoces, cortinas, tapicerías, corsetería… Todo aquello que basaba su producción en el ramo textil. Como consecuencia se creó una especie de unión entre Cataluña y Andalucía en la que yo era el pasillo.

 

Entonces pude descubrir como los catalanes eran felices entre los andaluces y viceversa. Muchas de esas industrias catalanas estaban en mano de andaluces o de hijos de andaluces nacidos en Cataluña. Por otra parte, Mataró o Sardañola estaban plagadas de malagueños y en los telares o las máquinas de coser se hablaba catalán con acento andaluz o andaluz con acento catalán.

 

Se me viene a la memoria nombres de amigos de aquellas tierras que conocían mejor que muchos de nosotros “casa el guardia”, “er Goaqui”, “er cabra”, “Miguelito er cariñoso” o “el refectorium”. Venían buscando la sopa viña AB o el tronco de rape de Casa Curro, los chanquetes de Antonio Martín o las delicias de todo tipo de casa Frutos.

 

Traian una lista de clientes y otra de “lugares” a visitar entre operación comercial y pedido a la talega. Descubrieron la partida de dominó a pie de playa con los clientes, tomando helado de Lauri regado de agua de fuego. La dura vida que nos pegábamos, mientras ayudábamos al crecimiento económico de nuestra querida España.

 

Me atrevo a poner nombres y apellidos: Luís Más, Ramón Cabasa, Luís García Torrent,  Jaime Vallcorba, la familia Guasch, Sampons, Antonio Aleñá, Salvador Méndez, Agustí Viñas, Javier Beltrán, José Colomer, Xavier Tudó, Jesús Verdaguer… gentes con la que he compartido el pan, la sal, el negocio y la conversación. Dialogo y respeto. Amistad y recuerdo.

 

Hoy mi buena noticia se basa en el recuerdo. Dios quiera que volvamos a los viejos tiempos de la cooperación y la concordia. Si el señor Rufián o el poco honorable “Puigdemont primero, el indeciso” nos lo permiten. Hoy por hoy han decidido romper la baraja. Con su pan se la coman.

 

     Yo sigo pensando que nos están liando entre todos. Siento vergüenza ajena al verlos pavonearse mientras siembran discordia y división. Yo seguiré sin ver un telediario ni una tertulia política. EL no oírlos es mi buena noticia. Me quedo con los anuncios sencillos de aquellos productos que vendíamos.

            

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 26 de octubre de 2017

TIEMPOS DIFÍCILES -2-    

Hace más de cinco años escribía un artículo con este mismo título basándome en la situación de aquél, por entonces, año complicado.

 

He vuelto a releerlo y, curiosamente, no se ha solucionado nada de cuanto se destacaba entonces. Es más, se le han añadido una serie de circunstancias que hacen aun más laboriosa su solución.

 

Hablaba por entonces de las complicaciones que trae consigo la familia moderna. Estas se han acentuado. Hoy por hoy cada vez se confía menos en la institución familiar, se divorcian más personas que las que se casan, la natalidad está por los suelos y los nuevos modelos de convivencia campan por sus respetos.

 

En otro apartado me refería a la situación económica. Curiosamente cada vez se habla menos de la crisis. Y, una de dos, o esta se va superando, o el lío político en el que andamos metidos nos tapa la persistencia de la misma. Que se lo digan a los empresarios catalanes que van quedando. Solo les falta que la SEAT coja el portante y se desplace a otra zona de España, para que se queden a cuatro velas.

 

Los mayores vemos la situación con desasosiego. Hemos vivido la posguerra, la dictadura, la nueva democracia y lo de ahora con el miedo, transmitido por nuestros padres, de volver a las andadas. Pues ya hemos vuelto. Los reinos de taifas proliferan y los salvadores de la patria (o las patrias) surgen como hongos. Al final tendremos que recurrir a la manida frase de “Virgencita que me quede como estoy”.

 

Pero es que me indigna escuchar las frases tales como “presos políticos”, “asilo político”!, “Cataluña –norte y sur-“, “Euskalerría” o “viva Cartagena”. Decía el clásico “divide y vencerás”. Estamos perdiendo más que el Málaga C.F.

 

¿Que podemos hacer? Agua y ajo. Preocuparnos más de nuestro metro cuadrado y transmitir paciencia y comprensión a esa mayoría silenciosa que lo único que quiere es paz y tranquilidad. Menos banderas y más viviendas, empleos y sanidad.

 

Decía una vieja canción: “no te puedo querer… porqué no sientes lo que yo siento”. No estoy de acuerdo. Creo que se puede querer al que no piense como yo. Pero eso es para nota. Edad tenemos para conseguirlo. Lo malo es que me da la impresión que los que tienen que decidir no están por la labor. Yo creo que se puede.

 

 

 

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  23 de octubre de 2017

LA MALDITA ENFERMEDAD   

 

     A lo largo de la historia se han declarado pandemias que han diezmado la población de grandes zonas del mundo. Lepra, viruela, tifus, peste, tuberculosis y toda clase de gripes denominadas con el gentilicio del país del que proceden.

 

    En estos últimos años, posteriores a las grandes guerras del siglo XX, podemos recordar con terror la polio y el sida. Ambas, gracias a Dios, erradicadas o mejoradas con vacunas y tratamientos. Pero persiste la maldita enfermedad que asusta solo con su nombre: el cáncer.

 

    Miento, asustaba. Hoy se puede hablar de él con naturalidad. Conocemos a miles de personas que han padecido diversos tipos de tumores malignos y que han evolucionado hacia la salud, completa o casi completa, con tratamientos quirúrgicos y, o, quimioterapia y medicamentos complementarios. Salvo casos concretos, la literatura médica habla de supervivencias, después de los cinco años, que van del 50 al 100% de los casos. Dependiendo del lugar y la virulencia.

 

Esta semana se ha hablado mucho de la “mardita enfermedá” coincidiendo con el día mundial del cáncer de mama. Una enfermedad que se llevó por delante a muchas de nuestras antepasadas y algún antepasado, dado que los hombres también lo padecen. Nos han llegado excelentes noticias a través de los medios; miles de de ejemplos de mujeres que lo han superado gracias a la ciencia y a la voluntad. Deportistas, bailarinas, amas de casa, políticas, etc., han superado la etapa del pañuelo o la peluca y hoy vuelven a ser mujeres bellas y útiles a la sociedad.

 

Mi buena noticia de hoy lo es a medias. Se investiga a fondo en el tratamiento y la erradicación de la maldita enfermedad, cuyo nombre cada vez asusta menos; pero creo modestamente que no se hace con los medios y la intensidad necesaria. Barrunto que si el dinero que nos gastamos en armas, en publicidad política y en parecer más jóvenes y más guapos, lo dedicáramos a la investigación, esta puñetera enfermedad sería atacada de una forma casi definitiva. Así lo hemos visto en el caso de los tratamientos contra el sida que han sido muy eficaces.

 

Por eso animo a los investigadores y terapeutas de la rama oncológica a seguir luchando con el amor y la dedicación que lo están haciendo hasta ahora. Doy fe de ello. Se de primera mano del esfuerzo económico y humano que están realizando con alguien muy cercano a mí. Dios se lo paga con los resultados, nuestro agradecimiento y su satisfacción propia. Y yo lo proclamo.

 

 

Santa Bárbara

19 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 19 de octubre de 2017

SANTA BARBARA     

      Dice el dicho popular que “nadie se acuerda de Santa Bárbara hasta que no truena”.

 

      Esta semana nos hemos hartado de acordarnos de Santa Bárbara. Entre martes y miércoles han caído chuzos de punta. Santa Bárbara se hizo famosa por la presencia de un rayo en el momento de su decapitación, que por cierto mató a su padre que era el verdugo,  como culmen de su martirio. Los artilleros la han elegido por patrona recordando el ruido de los truenos (la santabárbara es una parte de las naves donde se guarda la munición); es una Santa muy famosa en muchos pueblos europeos de los que es patrona y en Oriente próximo donde se le tiene mucha devoción.

 

Pero yo me he acordado de santa Bárbara por otros motivos. He tenido que visitar el Hospital Materno de Málaga con motivo del nacimiento de mi nieto número diecisiete. En la espera da tiempo a todo, pero sobre todo, a mí que me gusta mucho huronear, me ha permitido leer con detenimiento las placas de agradecimiento a los facultativos y personal sanitario y a una serie de Imágenes Sagradas. Especialmente a Jesús Cautivo.

 

Cuando escuchas a los tertulianos (dioses sentenciadores de las ondas) que el hablar de lo trascendente, es como ellos denominan “viejuno”, te entra la risa. El ser creyente está casi mal visto. Llega un momento en que nos cuesta trabajo el dar razones de nuestra fe. Esto se supera con los cultos externos basados en las grandes fiestas, Semana Santa y Navidades, pero que no comprometen a nada y se tratan de “otra cosa” que la fe que se manifiesta en el Credo.

 

Pero cuando empieza a tronar en nuestras vidas… recurrimos a aquello que nos enseñaron nuestros mayores y hacemos promesas y propósitos que cumplimos o no. No se nos quita de la boca el ¡Ay Dios mío! El “Oh my God” que escuchamos de los angloparlantes.

 

La verdad es que Dios nace en nosotros de dentro a fuera. Pienso que si lo dejásemos aflorar en más ocasiones nos iría mucho mejor.

 

 

Cartel que he podido copiar del  Materno

 

 

 

 

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  16 de octubre de 2017

QUE NO NOS TOQUEN LOS…

   

 

     Los españoles somos indisciplinados, anárquicos, iconoclastas, broncosos, dejados, veletas… Aplaudimos a los mismos que denostamos; subimos a los altares a los que crucificamos. Somos… españoles.

 

    Pero hay algo que nos enerva (ahora se dice “nos pone de los nervios”). Y es que nos toquen los co… o los ova… Desde los tiempos de Viriato y compañía hasta nuestros días, pasando por el dos de Mayo, el 23 F y otras tantas fechas, en el momento en que nos los han tocado, hemos saltado como fieras y nos hemos puesto de acuerdo contra los tocahuevos.

 

En el noreste de nuestra España se han creído que a los españoles se nos puede engañar de cualquier manera. No somos demasiado cultos, pero inteligentes…, las vemos venir a la primera. Queriendo dividirnos han conseguido justo lo contrario. Jamás he visto a los españoles tan unidos como en aquél 23 F y en esta semana. No he vuelto a ver tantas banderas españolas en los balcones y en las calles desde que ganamos el Mundial.

 

El gran fracaso de las cabezas pensantes -con excesivo pelo para mi gusto- de los separatistas, ha sido el conseguir que salieran a la calle esos miembros de la mayoría silenciosa que no se hace presente hasta que notan que les están trasteando en los bajos. He disfrutado viendo mis queridas calles barcelonesas llenos de banderas españolas y catalanas juntas, incluso revueltas y unidas.

 

El pueblo español, en general, son para mi hoy la buena noticia. Una vez más hemos dado la talla y nos hemos agrupado alrededor de lo nuestro, no nos gusta demasiado a veces, pero es lo nuestro. Los independistas seguirán adelante,  pero van a darse de frente con unos españoles a los que no nos gustan las imposiciones. Y si consiguen sus propósitos allá ellos. Se van a quedar más solos que la una y más tristes que una juerga a base de sardanas. He dicho.

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 12 de octubre de 2017

ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE     

Nuestra existencia discurre entre ambas situaciones. Estas se producen sin solución de continuidad. ¿Estamos preparados?

 

    Un servidor de ustedes desde luego que no. La vida pasa cada vez más deprisa a nuestro alrededor y, una de dos, te conviertes en un inconsciente como la copa de un pino y pasas olímpicamente de todo, o sufres esta serie de cambios que, a veces, no puedes asimilar. Como habrán podido observar por mis escritos, me muevo en este segundo campo, lo que me hace estar constantemente en ascuas.

 

El martes fue un día de esos, mi amigo, enfermo, se cae y se fisura la cadera; en la radio me piden ayuda desesperada para localizar una familia de acogida para dos niños; nace un nuevo miembro de mi familia e, inesperadamente, surgen problemas ya casi solucionados. Mientras, en Cataluña, juegan a “ahora somos españoles, ahora no”; independencia por la cara o por co…”; banderas y grupos para allá y para acá; mozos, policías y civiles a la greña. Hasta desde los púlpitos se anima a la confrontación.

 

¡Hasta cuando! Y eso que procuro diferenciar entre lo accesorio, lo importante y lo esencial. Las banderías y los territorios son accesorios para mí. El bien común y el de mi familia son aspectos importantes. La vida y la felicidad de mi metro cuadrado son esenciales.

 

Hoy me han hablado de niños de Burkina Faso, un país perdido en medio del África profunda, allá por el sur del Sahara. Un grupo de amigos hemos decidido ayudarles. Un poco de leche nos hace más pobres y más solidarios. Cada día tiene su afán. Nos movemos entre la vida y la muerte. Pero amamos la vida… aunque nos da miedo.

 

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  9 de octubre de 2017

SONRÍA, POR FAVOR

   

 

     Hay que echarle bemoles para pedir a mis lectores una sonrisa con la que está cayendo, pero hay que poner al mal tiempo… buena cara y seguir las indicaciones del día de la sonrisa que se celebró a escala mundial el pasado viernes.

 

Es muy difícil conseguir una sonrisa. La risa abierta y la carcajada son consecuencias de una situación concreta que provoca la hilaridad; vienen de fuera a dentro. La sonrisa es algo más meditado, algo que surge del interior y se proyecta al exterior.

 

La sonrisa es una sensación, una forma de ser, una actitud abierta y solidaria. Se ríe de la gente, se sonríe con la gente. La carcajada mosquea, la sonrisa acoge y acompaña.

 

La pasada semana participé en una representación teatral con un grupo de aficionados al que pertenezco. Mi papel, de acuerdo con mis capacidades, era pequeño. Solo intervenía en dos pequeñas escenas del primer y tercer acto. La obra era de Buero Vallejo: “Día de fiesta”. El autor y por consiguiente, los actores, consiguen integrar al público en las vivencias de un grupo de pobres de la posguerra. Personas que mantienen sus penalidades y su hambre con dignidad: vestidos ajados,  chaquetas y gorras.

 

La sonrisa, mezclada con alguna lagrimilla, imperó entre los espectadores, pero, sobre todo, entre los actores, a los que contemple entre bambalinas como disfrutaron siendo felices y haciendo felices a los demás. Entre verdades como puños y “morcillas”. Entre olvido de los problemas personales y sentimiento de cercanía con los espectadores. Entre sediciones y seducciones.

 

Una sencilla historia, como todas mis buenas noticias, pero basada en una vivencia personal. El escribir estas letras ha permitido que una sonrisa aflorara a mis labios. Y espero que a los de mis lectores. Me ha hecho recordar aquella campaña de hace muchos años: Smile please, sonría por favor.

 

                            

PENA

5 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 5 de octubre de 2017

PENA

       

Este es el sentimiento que me invade en estos días mientras observo como nos están amputando una parte de nuestra querida España.

 

    Pena por esa mayoría silenciosa que observa como los políticos se pegan, insultan y dividen desde unos sentimientos personales y la ambición de pasar a la historia como adalides de las libertades.

 

Pena por ver a esa piel de toro a la que se le ha amputado el brazo izquierdo, mientras el resto de los miembros se aprestan al fraccionamiento y la destrucción total.

 

Pena por ese montón de niños, jóvenes y mayores que se han echado a la calle impulsados por una propaganda que no dice toda la verdad, lo que es una gran mentira.

 

Pena por ese montón de amigos catalanes que he atesorado a lo largo de mi vida en estrecha relación comercial con ellos, por esas tierras tan maravillosas que he aprendido a recorrer y amar, por esos productos de las mismas que ahora quedan tan lejos de nosotros como las naranjas de la China.

 

Pena por esa Iglesia con la he convivido, en especial por ese Monasterio de la Murtra en el que he pasado extraordinarios momentos de comunión y cercanía.

Pena en general por todos. Por aquellos que nos sentimos ciudadanos del mundo y hermanos de todos sin distinción de sexo, edad, condición, nacionalidad u origen. Parece ser que se han empeñado en poner paredes al campo y hacernos sentir extranjeros en nuestra propia tierra.

 

Menos mal que mis padres ya no están entre nosotros. Ellos vivieron situaciones similares y sufrirían muchísimo pensando en lo que se nos avecina.

 

Llevo una semana sin atender a los informativos; creo que no me ofrecen nada positivo. Solo odio y enemistad. ¡Qué pena!