DIETAS

10 f, 19

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net   Málaga 10 de enero de 2019

DIETAS

     

     No se preocupen. No voy a hablar de las que cobran algunos por el solo hecho de ir a trabajar.

 

Hoy me quiero referir a la obsesión por el peso, que sufrimos de forma inducida o de “motu propio”. Todo el mundo recurre a la báscula para descubrir que no es que le haya encogido la ropa; es que han engordado una media de tres kilos en las navidades.

 

Inmediatamente surgen los diversos planes de alimentación alternativa, sustentados en “especialistas” de todo tipo, que te indican una serie de alimentos milagrosos con los que se llega al final del primer mes de seguimiento con una respuesta lacónica a la pregunta clave: ¿Qué has perdido? Treinta días.

 

Un servidor está a régimen desde que nació. Primero la dictadura y después la democracia alternativa. Y de comidas también. La alcachofa, la ausencia de pan y azúcar, el Atkins, las barritas alimenticias, el Modifast, el Biomanán, la dieta del cartucho, etc.

 

Lo peor estriba en las alternativas que nos ofrecen los dietistas: Hoy dicen una cosa… para mañana decir lo contrario. Azúcar mala, sacarina buena… o viceversa. Aceite oliva sí, aceite oliva no. Pan si, pan no. Patatas sí, patatas no. “Pa” volverse loco. Al final lo más acertado es lo que decía el doctor Grande Covián: “Lo que adelgaza es lo que se queda en el plato”.

 

La última recomendación, que he recibido con alegría, reconoce que no es tan importante el peso ideal para los miembros del segmento de plata. Con no pasarse demasiado es suficiente. Los años te hacen descubrir que necesitas comer menos e hidratarte más. Y, sobre todo, para que nos sirva de consuelo, podemos observar que tenemos mejor aspecto cuando pesamos un poquito más de la cuenta que cuando estamos “chupados”.

 

Para terminar, una máxima que he descubierto por mí solito. “Los alimentos no engordan; los que engordamos somos nosotros”.

Suerte con las dietas… y poco caso a la báscula.

 

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ILUSIÓN

6 f, 19

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES               m.montescleries@telefonica.net

Málaga 7 de enero de 2019

ILUSIÓN

Se han empeñado en amargarnos la vida. Les sigue interesando más el tener que el ser.

    Hay muchos cenizos a los que les molesta todo lo que huela a cristianismo. Se afanan en cargarse la Semana Santa, la Navidad, los belenes y ahora, la han tomado con los Reyes Magos… y con los otros.

Lo han intentado suplantar con el tipo de las barbas que vuela en trineo y se bebe hasta los floreros. Los sacan en medio de cabalgatas llenas de seres extraños vestidos de cosas raras, bichos voladores que asustan a los niños y bailarinas diversas vestidas de Pedroche en fin de año. Lo de Madrid se pasa un montón. La cabalgata de Málaga ha sido este año una maravilla como espectáculo; lujosa, bien organizada… pero a mi entender con demasiada dedicación a la fantasía de todo tipo que, a veces, nos hace perder de vista lo esencial.

Añoro aquellas cabalgatas pobres, pero honradas, de mis años de infancia. Cuatro bateas con los Reyes Magos y el portal de Belén. Media docena de vespas de correos y un seiscientos con un megáfono proclamando la llegada de sus Majestades de Oriente. Caramelazos de menta y paraguas panza arriba.

En algunas familias aun se mantiene la ilusión. Aquella que nos hacía esperar con ansiedad la llegada de los reyes y sus regalos. Yo he visto entrar alguno por mi ventana a los seis años. Te traían una pelota de goma, un fort comanche y las cosas del colegio. O una pepona, dos vestiditos, cromos y… las cosas del colegio: un estuche (plumier) de dos pisos con lápices alpino, una goma milán y un lápiz tinta que te ponía negra la boca. A lo largo de mi vida he visto como un matrimonio de mayores -Pepe Jiménez y Carmina- se tiraban todo el otoño buscando, consultando a todos y preparando su regalo de Reyes.

Mi buena noticia de hoy es que en mi casa seguimos manteniendo la tradición. Los Reyes Magos de Oriente siguen dejando regalos para todos. Por las esquinas se han ido escondiendo misteriosos paquetes que son aportados por los pajes de los reyes adultos. Esa mañana todos aparecen por casa. Nos juntamos unos cuarenta para realizar la ceremonia de entrega y apertura de los regalos. Un salón lleno. Una caja de pilas nuevas por si acaso. Unos cuantos roscones de Reyes con y sin nata. Chocolate y felicidad a gogó. Que no nos falte nunca. Amén.

 

Propósitos

3 f, 19

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net   Málaga 3 de enero de 2019

               PROPÓSITOS

     

     Iniciamos cada año con el planteamiento de unos propósitos maravillosos.

 

Y una vez más, cuando termine el mismo, podremos comprobar con desilusión que no hemos cumplido la mayoría de los mismos.

 

Esto no nos tiene que crear una mala conciencia. Los propósitos se formulan para intentar cumplirlos; pero después vienen los despropósitos y la realidad de cada día. El hombre propone… Por eso este año me he preocupado de meditar detenidamente mi propuesta de mejora de todos los aspectos de mi vida, a fin de no sentirme fracasado al final del 2019.

 

Mi primer propósito es muy a corto plazo. Solo por hoy… mantenerme vivo. Este es primordial. A la edad que manejamos, la supervivencia se consigue solo de milagro. En segundo lugar preocuparme más del metro cuadrado que me rodea que del resto de la humanidad; si no lo hago yo mismo, es muy difícil que otros lo puedan hacer.

 

No preocuparme –sino ocuparme- de las cosas que pasan. Para ello tengo que conseguir distanciarme de los telediarios, los políticos y los gurús sociales de las tertulias. Envenenan nuestras ideas –y lo que es peor, nuestras conciencias- y nos pontifican una cosa para al siguiente rato decirnos lo contrario.

 

Aceptar que el dinero no es fin, sino un medio. Los hijos vuelan solos y la seguridad social nos va a seguir manteniendo con nuestras hermosas pensiones. De hecho, aun podremos compartir un poco con los necesitados.

 

Finalmente, pensar más y hablar menos. Así tendremos la oportunidad de equivocarnos en menor medida. Escuchar, que es más difícil que opinar. Intentar amar al prójimo como a ti mismo y seguir contando con la presencia de Dios en tu vida. Todo ello compartiéndolo con las personas de tu entorno. La circunstancia de la que hablaba Ortega. El propósito común es más llevadero.

 

Como verán poca cosa. Decía Warren Bennis, -un pensador contemporáneo estadounidense-: “Las personas necesitan un propósito que tenga significado, Esa es nuestra razón de vivir. Con un propósito compartido, somos capaces de conseguir cualquier cosa”.

 

     Deseo a mis lectores del segmento de plata que les sirvan  estas letras como orientación y luego sigan proponiéndose lo que les de la gana. ¡Quién soy yo para meterme en sus vidas!

 

 

 

 

PLÁCIDO

30 f, 18

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES               m.montescleries@telefonica.net

Málaga 31 de diciembre de 2018

PLÁCIDO

      Soy un enamorado del cine de Berlanga. Siempre dice algo importante.

    En la pasada semana tuve la oportunidad de volver a ver, por enésima vez, esta película que recoge todo el estilo y la filosofía del genial cineasta valenciano.

“Plácido” (1961), es un ejemplo del neorrealismo hispano de los sesenta. Recoge todos los aspectos de una sociedad, recién sacada de una guerra civil, que lucha por la supervivencia. A muchos les parecerá una exageración. Pero cada uno de los detalles de una pobreza llevada con dignidad, nos llevan a retrotraernos a una parte de nuestra vida en la que firmábamos letras (siempre recordaré que mi primera máquina de escribir la pagué con letras de ochenta pesetas mensuales -menos de cuarenta céntimos de euro-. Si no pagabas… al notario, te embargaban el bien… y listo.

A Plácido (Cassen) le pueden quitar su motocarro. Lucha hasta la extenuación por pagar la letra. El petimetre (José Luís López Vázquez), que intenta agradar a la familia de la novia, no para de exhibir su parentesco para que se la abran algunas puertas, “soy el hijo de fulano”. Las beatas, de abrigo de pieles y velo, haciendo “caridad”. Hasta el hermano, un poco disminuido y pillín, aporta sus ahorrillos y la cesta de Navidad que acaba de afanar.

Aparecen aquellos viejos servicios llenos de miseria y sexo barato. Aquellas exhibiciones de pobres famélicos que comían jamón cuando ellos -o el jamón- estaban malos. Aquellos motocarros que pululaban por Málaga en sustitución de los triciclos y los carrillos de mano.

El traslado del pobre, casado a la fuerza y fallecido inmediatamente, en un motocarro con la estrella de Navidad, es el colmo de una situación, hoy en día insólita, que muchos hemos vivido de cerca en nuestros barrios “del puente pallá”.

La última escena recoge todo el sentido de la trama. La frase del comerciante que recupera su “cesta robada” da luz y norte a la situación: “que sois unos muertos de hambre”.

Mi buena noticia de hoy se basa en que podemos vivir aquellos momentos con nostalgia, sentimiento e incluso vergüenza. Pero no podemos perder de vista que hemos superado una época con mucho esfuerzo. Un ejemplo para unas nuevas generaciones que lo han tenido todo mucho más fácil y que no valoran la tenacidad ni la superación de las adversidades. Una generación que basa su información en las redes y en el teléfono móvil.

Mi buena noticia de hoy es que los que fuimos testigos de aquella forma de vivir, intentamos frenar un movimiento pendular hacia el consumismo (mucho peor que el comunismo) y procuramos transmitir los valores fundamentales del respeto, la familia y la amistad. Pero seguimos sin ser valorados.

          

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES               m.montescleries@telefonica.net

Málaga 24 de diciembre de 2018

ESTA NOCHE ES NOCHEBUENA

      “Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad…”

    “Saca la bota María que me voy a emborrachar”. Así cantaba la segunda estrofa del viejo villancico nacido del pueblo sencillo. Hoy ya no circulan las botas de vino; ni tampoco las personas políticamente correctas cantan villancicos.

Hace unos días en un programa, que presume de “progre”, dirigido por Buenafuente, un público “modelno” reía las payasadas del susodicho Andreu referentes a la Navidad. El, por otra parte, excelente comunicador, leía con soltura en el telepronter el discurso que le habían preparado sus guionistas.

En un momento de su perorata, el Señor Buenafuente se carcajeó de aquellos que nos gusta que los adornos callejeros se basen en la fuente de todo: el nacimiento de Jesús. Decía en su alocución que ya se ve claramente por los signos externos que es Navidad; que sobran las referencias cristianas en el mismo; que es suficiente con que se vea regalos, luces, aglomeración de público; pero no decía el porqué de su petición: quieren quitar la esencia de la Navidad.

Su tesis fue después complementada con las opiniones de una periodista de solera: Nieves Concostrina, que redondeó la noche no dejando títere con cabeza. Se cargó de un plumazo a todas las dinastías reales y puso a los Papas de “aquella manera”. Generalizando… que es gerundio.

Aunque a algunos les fastidia, seguimos celebrando la llegada a este mundo del Hijo de Dios y eso lo entienden perfectamente los niños y aquellos, creyentes o no, que reconocemos la evidencia de una forma de vivir el amor, la familia, la amistad y la buena voluntad. Tenemos un Papa –Francisco- que es un ejemplo para todos nosotros de cordura, fe y bien hacer. Del cual me siento muy orgulloso. Con permiso de la señora Concostrina.

Así que les transmito de nuevo mi buena noticia de hoy: “Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad… lo pasaremos muy bien, sin llegar a emborrachar”  (Perdón por la birria de ripio).     

                                   

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net Málaga

20 de diciembre de 2018

          

UN TEMPLO EN NUEVA YORK

     

     Aquel día recibí un ejemplo que no olvidaré jamás.

 

La primera vez que me sorprendí en un templo parroquial me sucedió en un viaje apostólico a Suiza. Nos desplazamos a la ciudad de Thun, cercana a Interlaken. El misionero español, Ángel García del Valle, que nos había facilitado el encuentro con los emigrantes hispanos, nos presentó al Párroco. Este solo hablaba alemán, pero nos entendimos con el sacristán que era italiano.

Nos abrieron las puertas de toda la parroquia y nos alojaron en el refugio anti-atómico que tenían en los sótanos. Dicho refugio estaba perfectamente habilitado para vivir en él, con todo tipo de servicios, hasta un quirófano. Allí dormíamos, pero cocinábamos en un local dentro de la parroquia donde había un teatro, un restaurante, una guardería y un gran salón de actos. Una maravilla.

Toda esta instalación quedó en mantillas ante la parroquia, llena de irlandeses, en la que hace varios años, acudí a celebrar la eucaristía dominical en un templo ubicado al norte de Manhattan. Me encontré con un altar en el que esperaba un grupo de cuerda, unos cantantes y un celebrante que, al descubrirme en la primera fila, y al observar mi presencia, se me acerco para ofrecerse y preguntar el porqué de mi estancia allí. Le informé adecuadamente y, después de la comunión, me presentó al resto de sus feligreses haciéndome subir al altar.

Al terminar la celebración me enseñó el resto de la parroquia en cuyos bajos se ubicaba una discoteca juvenil en la que sonaba rock a todo trapo. Me invitó a un café antes de despedirme y me volví a mi hotel con una sana envidia pensando que así debían ser todas nuestras parroquias; acogedoras, serviciales, cercanas y abiertas a los jóvenes y sus actividades lúdicas.

Tan solo me conformaría con la presencia en las parroquias malagueñas de un pequeño equipo de acogida que permita a los visitantes no habituales, o los necesitados de algún servicio, el no sentirse como gallinas en corral ajeno, ni desamparados.

Creo que ahí tenemos un servicio que realizar los mayores. Presentarnos con media hora de adelanto a las celebraciones, y poder realizar estas funciones coordinados por el equipo parroquial.

Feliz Navidad para todos.

 

 

 

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES m.montescleries@telefonica.net                           Málaga 17 de diciembre de 2018

LA COMIDA DE EMPRESA

Me da igual que sea comida o cena. Siempre puede acabar como el rosario de la aurora.

(Si no que se lo digan a esos trabajadores de una empresa constructora, cuyo autobús se ha caído por un terraplén camino de la celebración. Menos mal que no ha habido problemas graves).

Se han puesto de moda las celebraciones navideñas de las empresas. En un día determinado, siempre alrededor de estas fechas, un grupo de trabajadores, capitaneado por algún jefe o jefecillo, se reúnen para compartir el pan, la sal y múltiples libaciones de bebidas espirituosas y de alto calibre.

La cosa suele comenzar con la llegada de todos los comensales engalanados para la ocasión. Alguno descubre que aquél ser que anda tras el ordenador, es una bella moza que une sus conocimientos informáticos a una belleza apreciable. De pronto alguien observa que el conductor de la furgoneta podía presentarse a un certamen de modelos masculinos. El común de los mortales sigue descubriendo que el jefe es un tirano antes, durante y después del trabajo.

A medida que los efluvios del alcohol van haciendo su efecto y todo el mundo está harto de aperitivos esperando el solomillo, el personal se va desprendiendo de corbatas y abalorios. En una palabra, se va desmelenando. El gracioso de turno comienza a contar los mismos chistes de cada año y el malvado Carabel (que en todas partes lo hay) comienza a lanzar subrepticiamente migas de pan que crean un clima bélico que acaba a bollazo limpio.

Una vez restablecida la calma, deglutido el solomillo y saboreado los postres, comienzan los discursos inaguantables (pero que hay que aguantar) mientras comienza a circular el cava y las bebidas de grueso calado. Todo acaba a las seis de la tarde o a las seis de la mañana (según corresponda) con abrazos, besos y en algunos casos (los menos) una relación más que amistosa… o algún divorcio.

Los jubilados celebramos otro tipo de comidas. Son comidas nostálgicas en las que vemos como estamos hechos unas tartanas, en la que comprobamos como falta alguno y volvemos a recordar aquellos tiempos en los que compartíamos un trabajo, un proyecto y un futuro. Hablamos de nuestra familia, tiramos del móvil para enseñar orgullosos nuestro último nieto y nos volvemos a poner piripis, lo que nospermite sentirnos jóvenes comparándonos con el que tenemos al lado.

Mi buena noticia es que he vuelto a comer con mis compañeros de Intelhorce. Aquellos con los que me inicié en la vida laboral a mediados de los sesenta. Creamos la mejor empresa de Málaga y una de las mejores factorías textiles de España. La deficiente gestión y las envidias empresariales de todo tipo acabaron con esta industria pionera en muchos sentidos. De allí tuvimos que salir, por diversas circunstancias, excelentes profesionales que han vivido una trayectoria laboral satisfactoria en diversos terrenos.

Por eso proclamo solemnemente que vale la pena. Aunque solo sea por estar un rato juntos, lejos de todo tipo de influencias y de presiones; donde podamos rememorar lo vivido y soñar con un futuro en el que podamos decir como el chiste: ¡Virgencita, que me quede como estoy!

                                                    

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net Málaga 13 de diciembre de 2018

          

La navidad de los sesenta

     

Es saludable recordar viejos tiempos

    Días pasados fui invitado por un amigo periodista a la preparación de un programa de radio dedicado a la Navidad. Supongo que, dada mi provecta edad, apeló a mis recuerdos de aquellos años sesenta y setenta del ¡siglo pasado!, que se pierden en la inmensidad de los tiempos prehistóricos y desconocidos por los menos mayores.

Me preguntaba por mi entorno de la época. Yo le hablaba de la tómbola en la Plaza de la Constitución, los puestos en “tenguerengue” instalados en la calle Compañía, Cisneros y Especerías, de aquellos “caballos a dos pesetas” con las orejas de cartón, que se caían al primer contacto con la lluvia; de los motoristas de lata, con una cuerda que se estropeaba a las primeras de cambio; de las peponas con una cara rubicunda; de los “tratos” para la compra del pavo vivo en la Plaza de Félix Sáenz; del Teatro Chino en el Pasillo de Santo Domingo y de tantas otras vivencias que los niños de entonces –sin tele ni plays- experimentábamos en la calle.

Le hablaba del olor de la cocina familiar, donde bajo la dirección de la abuela Encarna, se preparaba y se freía la masa de los borrachuelos, con un olor a anís y matalahúva que te impregnaba para todas las Navidades. Del pollo que guisaba mi madre para el día de Navidad, con unas muslos más fuertes que los de Messi. Entonces se celebraba de forma decreciente la nochebuena y los tres días de “pascuas”, porque hasta San Antón… pascuas son. Supongo que era pascua hasta que se agotaban los borrachuelos, los mantecados y el cerete de higos que quedaba en la reserva.

Recuerdo de los niños de San Idelfonso con la cantinela “diez mil pesetas”… y los aguinaldos. ¡Ay que buenos aguinaldos (“aguilando” decíamos entonces) de abuelos, padres tíos y cuantos se nos pusieran a tiro! Nos surtía de pecunio para ir a los programas dobles del Avenida o el Capitol. Para comprarnos un merengue extraordinario en el quiosquillo de Puerta Nueva o para comprar el sillín de la bici que nos habían “mangao” en la parcela mientras jugábamos al futbol.

Tiempos maravillosos de villancicos y pastorales, de comidas extraordinarias en la que aparecía el vino de rioja y la botella del Gaitero, de la presencia de padres y abuelos que ya no están con nosotros. La voz de Doña Concha Piquer hablando de una Navidad en Nueva York o de Antonio Machín cantado a la Navidad.

En fin, tiempos para recordar y para convivir con el presente. Para reivindicar unas fiestas que nos hacían mejores personas y que hoy, desgraciadamente, son para consumir y para renegar de lo único que es gratis total.

Apelo una vez más a que tiremos de aquello que nos hizo felices y lo pongamos en práctica en nuestro campo de influencia, en nuestro metro cuadrado. Así nuestros nietos podrán contar en su día como sonaba la Calle Larios iluminada y como se ponían de comer, de reír y de amar allá por la Navidad del 2018.

 

 

Tómbola “vintage”. Foto de Archivocti uma.es

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES m.montescleries@telefonica.net                           Málaga 10 de diciembre de 2018

CUATRO DOCENAS DE AÑOS

Los cuento por docenas para que parezcan menos.

El pasado día ocho se cumplieron cuarenta y ocho años del día en que mi mujer y yo contrajimos matrimonio. Parece que fue ayer, pero nuestro matrimonio ya ha durado más que la Constitución… y con menos reglas. Luces y sombras; problemas y alegrías, éxitos y fracasos; desgracias y golpes de fortuna. Paz y guerrillas. Cuarenta y ocho maravillosos años.

Si hacemos caso del precepto bíblico “por sus hechos les conoceréis”, pienso que hemos superado la prueba con nota. Ocho hijos, dieciocho nietos, una vida profesional y familiar plena, y para colmo… una jubilación llena de contenido y ciertamente productiva.

Sé que esto es “una buena noticia” tan solo para los míos. Entiendo que al resto de los mortales se le da un ardite nuestra experiencia, pero hoy quiero recordar aquél día de la Inmaculada de 1970 en el que el granizo inundó las calles malagueñas cubiertas de una capa blanca que presagiaba una serie de caídas -que sufrieron los invitados-, así como un corte de luz que nos obligó a celebrar la boda a dos velas e iluminados por las luces que proyectaba el vehículo de los Denis -en el que llego la novia- dirigidas al interior del templo.

Ya han pasado 23 años desde que celebramos las bodas de plata; nos queda cuarto y mitad para las de oro. Pero por si acaso las hemos celebrado con todos los nuestros como si no hubiera mañana. (Por cierto, he buscado en Internet y he descubierto que a los 48 años se celebran las “bodas de feldespato” -ya tan solo nos faltan las de cuarzo y mica negra para llegar a las de granito, que son a los 90 años-).

Termino mi “buena noticia de hoy”. Les deseo a los “puretas” de mi generación que celebren todo lo que puedan. Aniversarios, cumpleaños y “no cumpleaños” como decía en Alicia en el país de las maravillas. Que nos quedan tres pelados y hay que aprovecharlos. (Los de Sálvame disfrutan manifestando sus miserias. Nosotros nuestras alegrías).

 

 

 

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net Málaga 6 de diciembre de 2018

          

            ESTAD DESPIERTOS

     

     Este es un cartel que no he visto en un “after” precisamente.

 

     Me lo he encontrado en una residencia de mayores. En el Buen Samaritano; una residencia asistida que se encuentra en Churriana y es regentada por Caritas. En ella hay más de medio centenar de plazas, de ellas, una docena esta ocupada por sacerdotes mayores que lo necesitan.

Algunos miércoles acudo a compartir la Eucaristía con ellos. Es precioso, pero doloroso, el ver a personas de una gran categoría intelectual, humana y religiosa, sometidos a la esclavitud de un bastón, un carrito o el bracete de alguna auxiliar que los traslada con mimo.

Cuando uno acude a uno de estos centros, espera encontrarse con un grupo de ancianos achacosos que se encuentran en las últimas. No es cierto. Cantan con brío y celebran la Eucaristía con fervor e intensidad. El que tuvo… retuvo.

En un lado del altar me he encontrado con un cartel que recoge la cita de San Lucas en su capítulo 21, 36-37 “Estad despiertos… ante las cosas que van a suceder”.

Queridos lectores. Muchos mayores están más despiertos de lo que parece aunque simulen estar soñolientos. Viven en otra dimensión. En las de sus recuerdos.

Por eso les haré caso. Permaneceré despierto. Haciendo poco caso a los telediarios y a las promesas interesadas. Más pendiente de mí y de los que me rodean. Despiertos en pleno Adviento. Esperando su Venida.

 

 

 

 

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