MILAGRO DE LA VIDA

 

      Este fin de semana he asistido a unas jornadas de Comunicación en Granada. En esta ocasión se trataba de analizar el tema de la inmigración desde el punto de vista de los medios. Con excelente criterio, el lema elegido para el encuentro era: “La mirada de los otros”.  Durante el mismo se ofreció un homenaje al periodista polaco Ryszard Kapiscinski, ya fallecido. Este escritor se considera el padre del periodismo de solidaridad por sus trabajos en el tercer mundo. “Ser reportero, comentaba en su día, significa respetar a otro ser humano en su propia privacidad, personalidad y escala de valores. Se trata de transmitir la imagen del mundo autentica y verdadera. No una colección de estereotipos”.

 

    Vivimos en el mundo de lo políticamente correcto. No se comenta lo que pasa, sino lo que “toca que pase”. La opinión publicada crea e influye en la opinión pública. Pero siguen pasando cosas. Nos rasgamos las vestiduras con la paridad en los gobiernos, en los trabajos y en las oportunidades. Miles de personas soplamos desde nuestras casas para intentar apagar una llama olímpica que representa cualquier cosa, menos acercamiento entre los pueblos. Mientras, nos llegan noticias como esta que nos suministra la agencia Reuter el 22 de Abril:

Tres perros callejeros rescatan a una recién nacida india

       Cientos de aldeanos han acudido en masa a una localidad remota del Estado de Bihar, en el este de India, para ver a una recién nacida que había sido abandonada por su madre en un montículo de barro y encontrada posteriormente gracias a tres perros callejeros, según informaron fuentes oficiales.

   Los habitantes de esta localidad encontraron al bebé cubierto de barro gracias a los ladridos de los perros. “Los perros removieron la tierra y comenzaron a ladrar, después el bebé empezó a llorar, lo que llamó la atención de los aldeanos”, declaró Ram Narayah Sahani, un oficial superior del Gobierno, desde el distrito de Samastipur, en la provincia de Bihar. “La niña está llorando pero a salvo, en los brazos del matrimonio sin hijos que la ha adoptado”, añadió.

   La Policía, que está buscando a la madre, baraja la posibilidad de que abandonase a la niña para que muriese.

   El aborto selectivo de niñas, ilegal en India, se lleva a cabo con frecuencia debido a que los niños tienen mayores posibilidades de ser el sustento familiar y a que las familias tienen que pagar grandes dotes para casar a sus hijas. Según Naciones Unidas, cada día se efectúan 2.000 abortos de niñas en India.  

       Hasta aquí, una noticia de agencia que ha pasado desapercibida. Los periodistas estamos más pendientes de la defensa del lince en Andalucía que de tantos niños (especialmente niñas), que ni siguiera tienen derecho a la vida en países donde sobran armas y faltan sentimientos. Cada día me encuentro con mujeres inmigrantes  hispanoamericanas cuyos únicos derecho es el de prestar trabajos marginales. Cuando quedan embarazadas, ni siquiera eso. Son abandonadas, ellas y sus hijos, a su suerte, que pasa por encontrar personas o instituciones solidarias que alivien sus problemas.

       Mi buena noticia de hoy -cuando hay perros que son mejores que algunos seres humanos-, es que aun quedan un montón de comunicadores, que siguiendo el camino trazado por Kapiscinski nos preocupamos de esas personas del tercer y  cuarto mundo, los cuales ya no viven tan solo en continentes lejanos. Los tenemos también en nuestro entorno. Y los hombres de buena voluntad, como si fuéramos perros callejeros, tenemos que buscar entre los montones de barro y devolverles a una vida digna. Noticias como esta nos hacen ponernos las pilas. Nos decía la vieja militante socialista catalana Nuria Gispert en el encuentro de Granada: Cada vez creo menos en los políticos y más en las instituciones de voluntarios”. Y añadía una cita cuyo origen no reveló:  Lo que se gaste el Estado en cultura se lo ahorrrará en cárceles.

      Me ha dicho un pajarito que el Obispo Buxarraix, se ha empeñado, junto a un grupo de seglares, en montar una escuela profesional para mujeres en Nador. Genio y figura. Menos preocupación por los pañuelos, y más dedicación a lo que contienen. A las mujeres del tercer mundo solo las puede salvar la promoción y la cultura.  Hay muchas mujeres enterradas en vida en un mundo lleno de teléfonos móviles y falto de conocimientos. Estos son los milagros que necesitan.


  

m.montescleries@telefonica.net

 

 

TERTULIÓDROMOS

 

          Pertenezco a una generación en la que los niños éramos fieles a nuestros gustos. Un maniqueísmo, que nos llevaba a ser del Madrid o del Barça; de la Expiración o de la Esperanza; de Antonio Ordóñez o del Cordobés; de los Beattles o de los Rollings. En el aspecto cultural, pasaba lo mismo. O te tirabas la vida jugando al fútbol en la “parcela”, o recorrías las escasas bibliotecas malagueñas hambreando cultura en los libros que, desgraciadamente, aun no estaban en casi ninguna casa.

 

       Esa afición a leer, me hizo conocer toda la galería de novelas de aventuras, de misterio y de ciencia ficción a mi alcance, terminé aterrizando en la novela costumbrista española, en la que me quedé enganchado. De mayor he tenido acceso a toda clase de libros, unos me han llenado más y otros menos, pero todos han sido de alguna forma un tesoro para mí. Lo que sucede es que las imágenes que se proyectan en un niño, o en un adolescente, quedan grabadas para siempre.

 

        El relato detallado de la tertulia decimonónica o de la primera mitad del siglo XX, reflejada en las novelas de la época, me hacía imaginar unas reboticas, unos cafés, unas trastiendas, unas barberías, unas casas de citas… que eran una antesala del Parnaso, un hervidero de comentarios políticos o un paritorio de literatos e intelectuales. En mi casa comentaban que era famosa la tertulia política de la tienda de mi abuelo Enrique en su tienda de curtidos –que recuerdos- en la hoy finiquitada calle de los Mártires. ¡Cuánto hubiera dado yo por estar por allí en un rinconcillo!

 

     Afortunadamente, todavía quedan hoy reductos aislados, <voy a inventar una palabra: la que recoge el título de este artículo, tertuliódromo>, en los que las personas comentan lo divino y lo humano desde el respeto y el “savoir faire”. Conozco varias de ellas que se encuentran fuera del ámbito de las instituciones culturales al estilo de los viejos ateneos. Uno de ellos, el cual me llama poderosamente la atención, se trata de la cafetería “El Jardín”, en los alrededores de la Catedral de Málaga. Al fondo del local y pegada a una pared, hay una mesa con una capacidad de diez plazas ampliable a doce como máximo. El tamaño ideal. En la parte posterior de la mesa, una foto de cada uno de  los grupos que se suelen ubicar en ella. Son de lo más variopinto. Un acuerdo tácito, les hace respetar el día y horario de los demás y no invaden “su terreno”. Cuando el verano aprieta, y a regañadientes, consienten, no sin fuertes reticencias, a sentarse en la terraza exterior, lo que, en su opinión, cosa que les molesta mucho, les asemeja a los turistas en busca de los monumentos cercanos. Hay tertulias de escritores, femeninas, mixtas, de compañeros de colegio jubilados, de gente del teatro y del cine, de amigos del tango, de la música en general, de la náutica… Quedan pocos reductos como este. Un lugar, en cuyas reuniones se cumplen sobradamente las características de la tertulia recogidas en una enciclopedia virtual: “Una tertulia de buen nivel suele ser un instrumento educativo de primer orden y lo primero que se aprende en ellas es tolerancia y sentido crítico. Por otra parte, una tertulia permite a los interesados por un tema amistar y estrechar relaciones con los de su gremio y enriquecer su cultura, y a los neófitos aprender de los más experimentados y conocer informalmente a las personas de su esfera”. Justo lo que no consiguen cumplir jamás las tertulias mediáticas, cuyo fin principal es cultivar el ego y el mesianismo de sus componentes.

 

         Soy un enamorado de las tertulias-tertulias. Fomentan la amistad y la cultura.  Decía el poeta americano Emerson: “un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta”, un ejercicio que se realiza con frecuencia en estos encuentros. Pero lo mejor de una buena tertulia es el respeto dentro de una discrepancia manifestada. Decía Lope de Vega: “más quiero ser entendido que defendido”.  Para mi la buena noticia de hoy se basa en la existencia de un espacio en el que se aprende a hablar, dialogar, respetar y, sobre todo, a escuchar. La asignatura pendiente de muchos de nosotros.

 

 

 

LA BUENA NOTICIA

m.montescleries@telefonica.net

 

 

 

LA EDAD DE PLATA

 

         Desde hace casi tres años vengo investigando sobre los mayores. Al principio lo hacía como si se tratara de una observación desde detrás de un cristal. Pero el paso del tiempo me ha conducido a traspasar la mampara de los años e ingresar en lo que he venido a denominar edad de plata.

 

        Cuando uno es joven, y desde la perspectiva de los 20 a los 40 años, se observa a los mayores como unos seres sin futuro y a veces sin presente. Se cree que a partir de la  edad de jubilación solo se está para sopitas y ni siquiera buen vino.

 

        La investigación en la que estoy embarcado, sobre los mayores y la televisión, me ha llevado a realizar un trabajo de campo en el que he de confeccionar unas encuestas sobre la realidad del mundo de las personas que se encuentran en la Edad de Plata. Y las llamo así porque es casi tan dorada como la de los adultos, pero el paso del tiempo ha quitado mucho del oropel, que solo es apariencia, y dejado ese poso de plata vieja y repujada por el tiempo.

 

       Esta semana he andado fisgoneando por el Centro de Mayores Trinidad. Un edificio perfectamente diseñado y dotado para cubrir las necesidades de los usiarios que acoge en su extraordinario edificio. A unas horas de la mañana en que muchos jóvenes, y algunos adultos, están todavía desperezándose, riadas de mayores van ocupando los distintos espacios del Centro.

 

        Unos hacen gimnasia, otros aprenden baile flamenco, rondallas, informática, confección de revistas, talleres de poesía, de pintura, de teatro, de manualidades, viajes, senderismo, ajedrez, billar, juegos de salón y algunas otras que posiblemente omito. Pero todo ello, con una energía y unas ganas de vivir envidiables.

 

      Las buena noticia de hoy, es que gracias a Dios, ya no nos preceden esas viejas de coquillo y silla de anea ni esos viejos de cachaba y banco del parque. Los mayores que se encuentran entre los 60 y 80 años le han encontrado el pulso a la vida y la disfrutan totalmente.

 

        Decía El filósofo alemán Schopenhauer: “Los primeros cuarenta años de nuestra vida nos dan el texto;  los treinta siguientes, el comentario”. Es totalmente cierto. Estos dignos representantes de la edad de plata se parecen a esos instrumentos desgastados por el  uso, pero que sabiendo manejarlos con cuidado, son capaces de arrancar de sus cuerdas una música suave y enternecedora.

 

       Y a mi se me ocurre, ¿porqué no hay centros así para los jóvenes?, ¿porqué en vez de destinar fondos a “botellódromos” y “movida”! no se crean centros para jóvenes con  estas características en los barrios? Quizás ya existen. Pero yo no veo riadas de jóvenes que, con método, dirección y constancia, desarrollen un montón de actividades que les hagan crecer como seres humanos. Posiblemente mejoraría bastante su escala de valores.

 

         Pero siguiendo con los de mi “quinta”. Ingmar Bergman, el sueco de mis primeras películas de arte y ensayo aseveraba: “Envejecer es como escalar una montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”. Los activos “chavales” de la Trinidad me han dado envidia. Su campo de actividades se ha abierto de una forma muy significada. Cuando sea mayor, es decir, pasado mañana, quiero ser como ellos.