El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 2 de julio de 2020

 

     LO HEMOS PASADO MUY MAL

   Me refiero a aquellos pertenecientes al segmento de plata que hemos sufrido la pandemia.

 

    Ya me lo advertía mi hijo geriatra. Tienes que cuidarte que lo de la cuarentena. Esta situación tiene segundas, terceras y, hasta cuartas lecturas. Nos hemos preocupado cuidadosamente de no contaminarnos, nos hemos parapetado en nuestros cuarteles de invierno y hemos seguido rigurosamente los dictados de las autoridades sanitarias, civiles, militares y familiares.

 

Más la procesión ha ido por dentro. Las cuatro neuronas que nos quedan se han revolucionado. El caminar por las calles, el hablar con tus semejantes, el sentirte y ser útiles para los demás, son ejercicios para el cuerpo y la mente. La mía se había anquilosado. He tenido que recurrir a refuerzos psicológicos, terapéuticos y de voluntad.

 

Quince días después de la desconfinación estoy recuperando la “nueva normalidad” personal. Llevaba razón mi hijo médico. Los que nos encontramos en la tercera edad y pertenecemos al “segmento de plata”, habíamos descendido de división. Estábamos en la cuarta edad y en el “segmento de bronce”.

 

Hemos tenido que jugar la liguilla de ascenso. Es muy difícil y nos coge cansados y agobiados. Pero se puede. Nos va a costar… pero se puede. La mejor manera de mejorar es partir desde el convencimiento de que tenemos que hacerlo. Nuestros abuelos y nuestros padres superaron dos guerras mundiales y una incivil. Con la ayuda de Dios y nuestro esfuerzo podremos. No hay cuarentena que nos vuelque. Así que os animo a perder el miedo (no la precaución) y a volver a ser útiles. Aunque sea a distancia y por teléfono.

 

 

SELECTIVIDAD

28 f, 20

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net      Málaga 29 de junio de 2020 

 

SELECTIVIDAD

     La selectividad es una especie de purgatorio que han de pasar los estudiantes para acceder a la gloria universitaria.

     Este proceso selectivo ha pasado por diversas alternativas a lo largo de los muchos años de mi vida. El primero que recuerdo se remonta a los años cincuenta. Se trataba del curso preuniversitario. La elección de la carrera a estudiar posteriormente, se vinculaba a las posibilidades económicas de la familia del estudiante. Los que pertenecían a la clase media se tenían que conformar con los estudios superiores que se impartían en Málaga: Magisterio, Peritaje Industrial, Profesorado Mercantil o Graduado Social. Los que gozaban de más posibles, se matriculaban en Granada (la mayoría); en Sevilla o en Madrid.

Le siguieron un montón de alternativas en función del capricho del ministro de turno que desembocaron en la actual selectividad. Una prueba que está totalmente en contra de la vocación de los estudiantes, que salvo que sean unos superdotados, tienen que optar por las carreras que la suerte o la estadística les permitan. El aprobado está al alcance de la mayoría, pero las notas de corte hacen repetir esta prueba a aquellos que deseen aspirar a carreras con menos plazas.

Hay otra opción. Matricularse en universidades privadas para recibir los estudios que les gusten. Eso es muy caro. No está al alcance de la mayoría. Así que la gran mayoría, optan por seguir los estudios universitarios en la pública; son bastante caros, pero se pueden sobrellevar. Yo he podido.

Hoy quiero hace protagonista de mi buena noticia, a las pruebas de selectividad. A lo largo de la pasada etapa de confinamiento, por mor de la pandemia, dábamos poco por el buen fin de las mismas. Finalmente miles de estudiantes españoles, entre ellos dos nietos míos, se están enfrentado con unas pruebas que han preparado concienzudamente a lo largo de sus trece o catorce años de estudios previos.

Del examen de selectividad los alumnos suelen salir muy contentos. Después, a esperar con pánico las listas que recogen sus calificaciones. Venían bastante preparados del bachillerato, pero este examen, ay, este examen, puede ser definitivo en el planteamiento del resto de su vida.

Mi buena noticia de hoy es la presencia de esta juventud que se enfrenta a la selectividad para acceder masivamente a los estudios universitarios. Dentro de seis o siete años formaran ese grupo de profesionales que nos sacaran de esta crisis en que nos ha metido el maldito bicho.

 

                

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 25 de junio de 2020

¡POBRES JÓVENES!

Me refiero a aquellos cuyo único patrimonio es la juventud.

 

Hay tan solo una etapa de la vida en la que se quiere ser mayor a costa de lo que sea; se trata de la que transcurre durante la infancia y la adolescencia. En esos años se aspira a ser mayor pronto, para poder “disfrutar” de libertad y de vicios mayores o menores. Pasados los veinte años solo queremos ser una especie de “retrato de Dorian Gray”. Nos empeñamos en dejar de ser calvos recuperando la cabellera en misteriosos viajes a Turquía. Se someten a operaciones de todas las partes del cuerpo que acaban recauchutando los mismos a base de succiones e inyecciones. Depilaciones con láser que te permiten tener menos vellos que una muñeca. Etc. Etc.

 

Cuando la riqueza solo se basa en lo externo, se pierde gran parte de la posibilidad de mejorar la mente y los conocimientos queramos o no queramos. Sin un beneficio notable. El temor a la vejez acaba siendo precursor de una pobreza de recursos intelectuales y de valores, basada en la escasa explotación de las posibilidades del ser humano de adquirir un mínimo de sabiduría.

 

Esta pobreza se manifiesta en declaraciones de “personas mediáticas” cuya fama e influencia la han conseguido a través de un culto al cuerpo y a la juventud. No le dan importancia al sufrimiento de aquellos mayores -que les han cuidado en su primera etapa- que ahora tienen que vivir asustados y confinados por una pandemia que para los jóvenes apenas tiene importancia y que, para los mayores, es mortal.

 

Creo que sería conveniente que los jóvenes recapacitaran y tuvieran en cuenta que son los gestores actuales de la situación. Que un poco de sacrificio por su parte nos permitirá conservar la salud y la vida a sus mayores. Que no todo es belleza, gimnasio y juventud.

 

Creo que es muy importante el culto a la belleza y al cuerpo, pero lo es mucho más el vivir cada una de las etapas de la vida con todas sus consecuencias. Aprovechándolas como si fuera la última y agradeciendo a Dios la posibilidad de ser hijos, padres y abuelos de generaciones de seres humanos que permitirá la conservación de este maravilloso mundo.

 

Que conste que no estoy en contra de la juventud. Estoy rodeado de jóvenes maravillosos. Me refiero a aquellos que basan su riqueza en parecer. No en ser. Y especialmente los que quieren ser eternamente jóvenes sin serlo.

 

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net      Málaga 22 de junio de 2020 

 

NO TENGÁIS MIEDO

    Soy un tipo medroso. Tengo miedo al futuro, a la enfermedad y a la muerte.

    Supongo que me sucede lo mismo que a la mayoría de ustedes. Todos tenemos miedo al dolor y a lo desconocido. Los medios de comunicación tampoco nos ayudan demasiado.

En las lecturas de la Misa de hoy, el evangelista Mateo recoge la frase de Jesús a sus discípulos “no tengáis miedo”, la repite en dos ocasiones.

    Jesús nos dice a los hombres que valemos mucho. Que tan solo tengamos miedo a los que pueden matar el alma. Y ahí está el problema. Cuantos asesinatos se cometen cada día dejando morir de hambre a una parte de la humanidad mientras que algunos nadan en la abundancia. Cuantos asesinatos se cometen en la integridad de aquellos que caen en manos de los falsos profetas, los propagadores de noticias falsas, los vendedores de la honra propia o de los demás a cambio de una paga que no les da la felicidad.

Tenemos que tener miedo a ese enemigo solapado que nos acosa con el dinero, el poder o el prestigio. Ese sentimiento negativo que nos atosiga con un egoísmo que acrecienta nuestra mala leche.

La buena noticia de hoy, nunca mejor dicho, nace de la enseñanza de ese judío, nacido hace muchos años en un país pobre, que nos dejó su enseñanza y su forma de vivir. A Él y a su palabra no debemos tenerle miedo. Siempre está de parte de los que sufren. Siempre está a tu lado. Lo notes o no. Que se lo pregunten a los que han estado sin su familia en los hospitales padeciendo el Covid 19. De pronto alguien les cogía su mano desde el anonimato de la mascarilla. Eso es Dios.

 

                  

GILIPUERTAS

17 f, 20

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 18 de junio de 2020

GILIPUERTAS

   Si buscas la definición que recoge la RAE sobre el título de este artículo, te encontrarás que se trata del eufemismo de una palabrota.

 

    No me gusta hablar mal. Pero es que hay veces que la situación del mundo que te rodea te impele a calificar con palabras malsonantes a determinados individuos. No les llamo ciudadanos. El ciudadano es un ser comprensivo que convive con sus vecinos y procura hacerle a todos la vida más feliz. El ciudadano es educado, amable, respetuoso con sus mayores y sus tradiciones, transmisor de buenos sentimientos y mejores actitudes.

 

Cuando miras a tu alrededor te encuentras con un montón de individuos (lo siento, me niego a poner “e individuas”), que han olvidado sus orígenes, a los que odian y desprecian por completo. A consecuencia del problema racial de los Estados Unidos, han surgido movimientos de solidaridad con la raza negra, bastante encomiables, por el resto de los países “civilizados”. ¿El cómo? Eso es harina de otro costal. Como siempre, algunos “individuos” han aprovechado para hacer de las suyas.

 

Inmediatamente han surgido los “gilipuertas” de turno, que quieren reescribir la historia y reniegan de cuantos logros han conseguido aquellos que se han preocupado por luchar por su tierra o por sus gentes. Se han propuesto defenestrar a todo aquél que la sociedad ha decidido destacar con una estatua, una calle o una pintura.

 

Van a tener que quemar el Prado o el Louvre. Echar abajo el Vaticano o la Catedral de Burgos. Demoler la estatua de Lincoln o las Pirámides de Egipto. Gilipuertas en acción.

 

Cuando consigan limpiar el “saloon” del Parlamento de armas y drogas, se plantearán volver a limpiar las calles de nombres execrables. Ya se hizo hace años cuando se cambió en alguna ciudad nombres como el de Calle de la Concepción por “cuesta del piojo”. Siguen destrozando todo cuanto huela a historia o creencias. ¡Cómo me acuerdo de aquella Enciclopedia Álvarez! Ahora tendría que recoger una nueva edad posterior a la Contemporánea. Se denominará “La edad de todo a tomar por saco”. Todo en manos del “homo gilipuerticus”.

 

 

 

 

MEMORIAS

14 f, 20

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net      Málaga 15 de junio de 2020 

 

MEMORIAS

   A cierta edad se pierde bastante el pudor.

       No me refiero al miedo a la desnudez del cuerpo. En este caso estoy hablando del autorrespeto que nos impide transmitir nuestros sentimientos o pensamientos en la mayoría de las ocasiones.

El que escribe acaba por revelar lo que bulle en el interior de su mente. A veces le sucede como cuando se está en el hospital. Llega un momento en que no le importa mostrar sus “vergüenzas” a la primera persona con bata que pase por allí. Aunque sea la limpiadora. Cuando te pones a escribir comienzas a desvelar tus “historias” como si estuvieras hablando contigo mismo.

Hemos pasado tres meses muy duros. Cada uno de nosotros se ha escapado de su soledad como ha podido. Yo he optado por contar mi vida a mis amigos. Con la excusa de componer una especie de diario de batalla contra la pandemia, he publicado un folletín con ochenta episodios o capítulos. En el mismo he revelado muchas cosas de mi vida, casi todas. Cualquier relato, aunque se intente evitar, siempre se nutre de situaciones autobiográficas. En el presente caso, no solo he querido evitarlo, sino que me he propuesto profundizar en mi memoria para no dejarme nada atrás.

Sigo en ello, ahora he optado por redactar mi proceso en la adaptación a la “nueva normalidad”. Continúo escribiendo un capítulo diario, en el que entremezclo situaciones de mi vida pasada, presente y futura. Tengo materia para muchos capítulos.

La buena noticia de hoy se basa en que ha cundido mi ejemplo. Tengo tres lectores que han procedido a actuar como yo y me envían sus pensamientos a diario. Creo que este es un sano ejercicio para nuestra mente, nuestro espíritu y nuestra memoria. Muy recomendable para los que estamos mayores o muy mayores. Tan solo uno, de los que reciben mis escritos, me ha mandado a esparragar. Por considerarme pesado. Algunos otros se hacen eco de alguna de las cosas que transmito, pero, sobre todo, personalmente, lleno parte de mi vida. Tengo una hija que dice que ahora me conoce mucho mejor: otra buena noticia.

     No me digan que estoy medio chalado. Los famosos, los influencers y los gurús de la comunicación, se tiran todo el día haciéndose fotitos y diciendo chorradas por twitter o por instagram. Yo lo hago al viejo estilo y con más sustancia. Perdonen que me auto defienda. Si no me comprenden, con no leerme, es suficiente. Sigo pensando que, más o menos interesantes, llevo diecisiete años transmitiéndoles buenas noticias. Me siento orgulloso y feliz.

 

 

  

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 11 de junio de 2020

LA EDAD NO IMPORTA

   Aunque parezca mentira, tengo amigos que son más mayores que yo.

 

Siempre he procurado arrimarme y aprender de aquellos que tienen una edad más provecta que la mía. Ahora que me encuentro a finales de mi etapa como perteneciente al “segmento de plata”, sigo contando con el consejo, la sabiduría y la amistad de varios amigos pertenecientes al que yo denominaría como “segmento de platino”. Son tan sabios, que no han perdido su capacidad de aprender y su firme convicción de seguir transmitiendo su ciencia a través de todos los medios a su alcance. Ahora aprovechando las redes sociales.

 

Tengo la suerte de compartir amistad, fe y conversación con un hombre ilustrado que se encuentra ya en una edad avanzada. Se trata del Ilmo. Señor D. Francisco García Mota.  Pese a su diferencia de edad con este modesto plumilla (15 años), conservamos una vieja amistad que se inició (creo que el no se acordará) en un coloquio-tertulia sobre la Semana Santa en la vieja Peña Malaguista. Allí mantuvimos criterios diferentes… desde el respeto. Y hasta hoy. En estos tiempos, durante el verano, nos vemos algo más, durante el resto del año le mando lo que escribo y me contesta a veces.

 

Mi amigo Paco, todo un personaje de la Iglesia Malagueña, es sacerdote desde  1954, maestro de enseñanza primaria, licenciado en teología pastoral, prelado de honor de su Santidad, Monseñor, Canónigo de la S.I. Catedral, Doctor en Ciencias de la Educación, Profesor Jubilado de Teoría e Historia, de la Educación de la Universidad de Málaga, Profesor jubilado del Seminario, hijo predilecto de Cortes de la frontera, hijo adoptivo de Gaucín, Miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, Etc. Etc. Tiene una calle con su nombre en Málaga y una plaza en Gaucín.

Con ese curriculum se entretiene en escribir cada mañana, de madrugada, un pensamiento basado en su meditación personal. Unas pocas frases llenas de vida y de testimonio personal. Lo sube a Facebook y nos hace pensar a todos cuantos le seguimos.

Ole por él. Genio y figura. Me siento muy orgulloso de ser su amigo y discípulo.

 

 

 

AÑO BISIESTO

7 f, 20

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net      Málaga 8 de junio de 2020 

 

AÑO BISIESTO

   Año bisiesto… año siniestro. Así dice el refranero popular.

Esta calificación no es de ayer ni de hoy. En un año bisiesto se inventó la guillotina, fallecieron Shakespeare y Cervantes, se hundió el Titanic y otras muchas desgracias hasta llegar a este año 2020 que hasta ahora nada más que nos ha dado disgustos. Muchas coincidencias.

Dirán mis lectores que “menuda buena noticia”. No se asusten, este título es una especie de entradilla para ponernos en situación. “No hay mal que cien años dure”, dice el refrán. Los malpensados continúan diciendo: “ni cuerpo que lo resista”. Y aquí viene La buena noticia de hoy. Hemos resistido.

Podemos constatar que además de cuantos han permitido que sobrevivamos estos tres meses (sanitarios, fuerzas de seguridad, transportistas, tiendas de alimentación, etc.), tenemos que reconocer que los que nos hemos pasado este trimestre confinados en casa, nos hemos portado de una forma extraordinaria. Esto ha permitido parar, templar y mandar el bicho, a hacer puñetas (por el momento).

La humanidad ha salido reforzada de este terrible problema. A escala más cercana, los españoles, andaluces y malagueños nos hemos portado. Hemos aprendido cosas que teníamos olvidadas, hemos recuperado viejas y buenas costumbres; sin tocarnos, hemos estado más cerca que nunca, hemos aplaudido cada día a los que nos estaban ayudando desde fuera, hemos vuelto a conectar con amigos casi perdidos, y nos hemos acercado más a Dios. Al dios de cada uno. Las casas han sido, por lo general, un ejemplo de convivencia entre los cónyuges y las distintas generaciones. En una palabra, somos mejores. A ver si nos dura.

Resumiendo hemos aprendido de nuevo a querer. A querer a cambio de nada. A sonreír. A manifestar públicamente nuestros sentimientos. A creer en la humanidad. ¡Qué buena noticia!

 

                    

LA IDENTIDAD

4 f, 20

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 4 de junio de 2020

 

LA IDENTIDAD

   Los miembros del “segmento de plata” tenemos que recuperar nuestra identidad.

 

      Cuando tuve que guardar cama hace un año porque sufrí una caída, ni hijo médico me insistió en la necesidad de levantarme en cuanto pudiera. Afirmaba que cada día que pasemos en cama nos costará una posterior semana de rehabilitación.

 

Con el tema del confinamiento nos ha sucedido algo semejante a los mayores. De hecho, decidí descender de división y militar en el “segmento de bronce”. Ahora estoy en plena rehabilitación mental y física. Es muy difícil adaptarse a la “nueva normalidad” sin desprenderse del trauma con el que nos ha marcado la reclusión.

 

Supongo que a los demás mayores les pasa como a mí. Nos consideramos una especie de apestados temerosos del encuentro con los demás. Nos sentimos ignorados por aquellos que no se sienten amenazados por la pandemia y viven sin tener en cuenta que nos pueden llevar a una vuelta a las andadas con su ignorancia y falta de solidaridad.

 

Los mayores necesitamos un tratamiento psicológico para la vuelta a la realidad de cada día. Para asumir la lejanía real de nuestros seres queridos, al abrazo a nuestros nietos y a la conversación cercana y reposada. El sábado voy a visitar a un amigo y me voy a llevar un papel y un lápiz para conseguir cierta intimidad en nuestra conversación a una distancia de dos metros.

 

Reconozco que a veces me paso. Quizás tendré que recurrir al auxilio de la página diseñada para este caso por el Teléfono de la Esperanza: compartevida.es. Necesito, y creo que muchos de mis lectores también lo necesitan, un apoyo ante la etapa que se nos avecina. Todavía nos están vedadas muchas de las actividades que ocupaban todo nuestro tiempo antes de primeros de marzo. Tendremos que buscar alternativas que nos permitan integrarnos en la sociedad. Aunque sea con guantes y mascarilla. Tenemos que ganarnos a pulso nuestro viejo “segmento de plata”.

 

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net      Málaga 1 de junio de 2020 

 

EN LAS CUESTAS ARRIBA…

   En las cuestas arriba quiero ver al mulo… que las cuestas abajo, yo me las subo.

    No se me quita de la mente este dicho popular y campestre. Describe una realidad. En los momentos difíciles es cuando se ve si una persona mete el hombro de verdad. Cuando no lo hace para aprovechar la ocasión, ni para salir en la foto. Con motivo de la desescalada en la pandemia que vivimos, se van a “retratar” muchos de aquellos que no han dudado en salir a los balcones, asistir a manifestaciones o cantar bellas melodías ante los medios de comunicación. Ahora les quiero ver a pie del cañón.

Ya se está notando el cansancio. Y, sobre todo, se está observando el aumento exponencial de las familias necesitadas a consecuencia del paro, los ertes, el cierre de empresas y de fronteras, el bajón del turismo y la madre que los parió. El capital no tiene corazón. Si una empresa no es rentable en un sitio, se traslada a otro y se acabó.

Al final los necesitados van a parar a los mismos de siempre. A los denostados creyentes que nos hemos tomado en serio lo de dar a comer al hambriento y vestir al desnudo. Y ahí tenemos a Cáritas, al comedor de Santo Domingo, a las cofradías y a tantos otros que vemos como tenemos que redoblar nuestros esfuerzos ante la avalancha que se nos avecina.

Hoy quiero resaltar el trabajo de dos entidades que se hacen merecedoras de protagonizar mi buena noticia de hoy. El comedor social “Yo soy tú” y la ONG “Más nunca es menos”.

    El Comedor social “Yo soy tú” situado en Miraflores de los Ángeles está sirviendo comidas a alrededor de 1.000 familias de la zona. No sé de donde saca Emilio y sus colaboradores tanto alimento, pero ahí están desde hace años. Un montón de malagueños reciben hoy unos menús completos que alivian su situación.

La ONG “Más nunca es menos” nació para apoyar a los niños de Costa de Marfil. En esa tarea continúan, pero, en la actualidad, han detectado las necesidades que sufren en su entorno malagueño en Intelhorce, Los Prados y La Huertecilla. Han transformado el templo de la Parroquia de la Visitación de Nuestra Señora en un almacén desde el que reparten los alimentos que les llegan desde diversos lugares. Nunca ha estado el Señor más venerado que en la atención a sus hijos necesitados. Allí se celebra, también, otra eucaristía.

Un olé por ambas entidades. Son una buena noticia. Están ahí en las cuestas arriba.