La tortilla

20 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  21 de agosto de 2017

La tortilla

 

   Cada día surgen a nuestro alrededor –especialmente en los medios- expertos en cocina y en gastronomía. Todo el mundo sabe guisar y emplatar unos mini-platos que, por su escaso contenido, parecen más propios para animales de compañía que para personas.

 

Sin embargo –gracias a Dios- aun quedan las abuelas. Los que no hemos tenido la suerte de convivir con alguna de ellas, añoramos el no haber disfrutado de esa institución familiar que es esa especie de “arreglalotodo” que anda “huroneando” por la casa. Casi siempre protestando o regañando.

 

Tengo la oportunidad de convivir con muchos nietos y su abuela. Tengo nietos de invierno y de verano. Yo me entiendo. Ahora convivo con unos madrileños que se pasan todo el verano en este paraíso llamado Costa del Sol oriental. Se comen lo que no está en los escritos, pero también hacen su crítica gastronómica como todo hijo de vecino.

 

Ante la presencia de una tortilla de patatas de 20 CMS. de diámetro con apariencia de un ruedo taurino dorado, mi nieta Victoria exclamo: no se como la gente sueña con langostinos… yo sueño con tortillas como esta.

 

Sobran más comentarios. Quizás es que en la adolescencia se valoran mucho estas cosas. Me viene a la memoria la primera vez que entré en un mesón burgalés donde admiré un mostrador lleno de una docena de tortillas de contenidos diversos. Sin dudar, elegí una de cada. Cada uno tiene sus gustos y sus sabores. Yo pude sobrevivir a dos campamentos de milicias universitarias en Ronda a base de las tortillas de doce huevos que me confeccionaba mi madre cada domingo.

 

Nada de tortillas deconstruidas de los chef de la nueva cocina. Ni con cebolla ni sin cebolla. La tortilla de la abuela siempre es una buena noticia.

 

Nota del autor: Escribo con algo de humor por no llorar ante la barbarie y el horror de lo sucedido en Barcelona, en el estrecho, en Corea y en todo el mundo. Cada vez cuesta más trabajo encontrar una buena noticia.

 

 

 

                          

 

MIEDO

17 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 17 de agosto de 2017

MIEDO

       

     El miedo es libre. Cada uno puede administrar su propio miedo en la medida de sus posibilidades. Pero hay un miedo irrenunciable: el miedo a la muerte. En la homilía de la Ascensión, el celebrante, nos hizo recapacitar sobre el mismo.

 

        Dice el diccionario de la RAE que miedo es:

Angustia por un riesgo o daño real o imaginario. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

 

En una de esas películas españolas de la 2 de cada noche, José Bódalo, interpretando a un militar en la guerra de África, distinguía entre miedo y cobardía. El miedo es positivo y conduce a la superación; la cobardía es negativa y conduce al fracaso.

 

Personalmente estoy muy marcado por las circunstancias dolorosas que he vivido. La muerte prematura de mi padre y la de algunos amigos de mi edad, que he sufrido desde la cercanía, me han creado un sentimiento de miedo a lo inesperado que me cuesta mucho trabajo superar.

 

Y eso que creo que nos espera otra vida mejor al otro lado del transito, pero como decía el chiste: “Virgencita que me quede como estoy”. Después ya tendremos tiempo de disfrutar de la presencia de Dios.

 

Pero volviendo al miedo, creo que los mayores tenemos miedo especialmente a la muerte en vida. A la falta de proyectos y a la soledad. Por eso tenemos que prepararnos para combatirlo. Hemos de crear un entorno agradable y enriquecedor. Una tarea adecuada a nuestras posibilidades que nos permita ser y sentirnos útiles a los demás. Un calendario que nos saque de la abulia y la monotonía.

 

Ahí está el voluntariado y la formación para mayores. La lectura y el caminar. La conversación y el acompañamiento.

 

Seguiremos teniendo miedo a la enfermedad y a la muerte. Pero seguiremos siendo útiles y eficaces. Seguiremos estando vivos.

Nota del autor: menudo segmento me ha salido hoy más triste en plena feria; pero mi trabajo en el Teléfono de la Esperanza me marca de vez en cuando. Otra vez seré más alegre.

 

 

LA FERIA

13 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  14 de agosto de 2017

La feria

 

   Los italianos llaman fiera a la feria.  No sé el porqué, pero me lo supongo. Algunas veces la feria se nos va de las manos. Vuelve el “botellódromo”.

 

Tampoco es para pedir su prohibición, ni considerarla un caldo de cultivo para todos los males. Estimo que el secreto está en la moderación y el respeto. El pasarlo bien no tiene que estar reñido con el mantener las formas.

 

Hoy por hoy no soy muy “feriante”, pero reconozco haberlo sido en grado superlativo. Vivo en Málaga desde los siete años y he visitado y disfrutado de los distintos reales que se han ido sucediendo en el tiempo, desde aquél primero que recuerdo con Antonio Machín cantando en Martiricos, hasta los distintos emplazamientos posteriores que han culminado en el espacio ferial permanente del Cortijo de Torres.

 

Me quedo con la feria en el Parque. Aquella que montaron el Alcalde García Grana y el concejal de fiestas Pepe Jiménez. Era un disfrutón el poder desembocar, tras una tarde de toros, en aquél parque lleno de casetas a lado y lado. Transcurrían los años sesenta, años en los que vivíamos plenamente nuestra juventud de estudios, milicias, primer trabajo y la novia. Una sucesión de imágenes que te transportan a los cuba-libres a duro, el patio victoriano, los pollos asados y la caseta de Castellblanch, donde siempre acabábamos con cava gratuito.

 

Eran otros tiempos; menos dinero, andando a todas partes, toros en el tendido 6 con sol y moscas. Antonio Ordóñez y Luis Miguel, Diego Puerta, el Viti, Manolo Segura, Cesar Rincón… para que seguir, no se puede vivir de recuerdos. Posteriormente, también viví una época preciosa, ya en el sitio actual, colaborando con el Petesa en la caseta de los mayores el famoso Oasis Juvenil. Allí lleve varios años al Obispo Buxarrais y pude ver un intento de acercamiento a su mesa de Jesús Gil tras el lío de las fiestas de Marbella. Para escribir un libro o hacer una película tipo Berlanga.

 

Estimo que la feria del centro –que fue un gran invento de los comerciantes de la zona- se nos ha ido de las manos y se ha convertido en una vorágine de copas y coplas en camiseta. (Me parece que estoy hablando como un viejo. ¡Contra!, lo que soy).

 

Mi buena noticia de hoy me la traen esos recuerdos que hoy se harán vida en mis nietos. Siguen buscando con ilusión el tren de los escobazos y el “látigo Pérez”. Poniéndose de grana y oro para hacerse la tradicional foto con el caballo de cartón del fotógrafo cordobés.

 

 

 

El ángel

10 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 10 de agosto de 2017

El ángel

       En cada uno de los grupos en los que he tenido un mínimo de poder decisorio he intentado, y a veces conseguido, proclamar la figura del ángel del grupo; aquella persona que pone su empeño en hacer la vida más fácil a los demás.

 

     La RAE dice en su segunda acepción: Ángel;Persona a la que se le atribuyen cualidades que se consideran propias de los ángeles, como la bondad, la inocencia, la belleza, etc”.

 

Basándonos en esta descripción, esta noche vamos a homenajear y proclamar como “ángel de este rincón”  a una persona que cumple estos requisitos; al ángel de nuestros veranos en la playa. Se trata de una viuda de cierta edad que vive en nuestra vecindad desde hace casi una veintena de años. Los primeros diez nos llamaba la atención el mimo y el cariño con el que trataba a su marido impedido –otro tipo extraordinario del que en su día dediqué un segmento- y al mismo tiempo como se preocupaba de sus nietos y de los de todos los demás.

 

Falleció desgraciadamente Pepe, su marido, y Manoli, que así se llama nuestro ángel de hoy, se dedicó por entero a todos los demás. No hace grandes cosas, pero la felicidad nace de los pequeños detalles. Convoca cada tarde para la merienda a todos los niños (tropecientos) del bloque para merendar “los tradicionales bollitos de Manoli”, que así los denominan mis nietos. No se le escapa un cumpleaños. Te hace regalos “porque sí”, te llama en el invierno de vez en cuando, siempre está dispuesta a echar una mano o estar pendiente de un niño en la playa.

 

Un ángel, de los que pasan por la vida sin hacer grandes cosas, pero haciéndolas todas bien. Por eso se merece nuestra atención y respeto. Nunca será Vip, nunca irá a un programa de la tele a maleducar, pero habrá dejado amor por diestro y siniestro. Allá por donde pasa. Por Caritas y la parroquia en el invierno y por nuestra bendita playa en el verano. Manoli: eres la más grande; eres nuestro ángel.

 

           

             

La comunidad

6 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  7 de agosto de 2017

 

La comunidad

La palabra comunidad nos dice algo, pero es necesario acompañarla de un apellido para desvelar el misterio que se oculta tras este sustantivo.

 

          Podemos hablar de comunidades económicas, religiosas, familiares, políticas e incluso comerciales. Pero hoy me quiero referir a las que recoge la primera acepción de la RAE: 1.Conjunto de personas que viven juntas bajo ciertas reglas… etc.”. Yo añado; juntas pero no revueltas; cada uno en su casa y Dios en la de todos. Como comprenderán me refiero a las comunidades de vecinos.

 

         Pertenezco a dos de ellas. Una en Málaga capital y otra en la costa oriental. A la del Puerto de la Torre me incorporé hace más de cuarenta años. He asistido a sus reuniones con cierta regularidad, hasta el punto de haber actuado como presidente en una legislatura. Con esta experiencia, acabe tan cansado, que no he vuelto a aparecer por sus reuniones.

 

Sin embargo, acudo cada año a la asamblea anual reglamentaria que se celebra en la casa de la playa en la que poseo un pequeño apartamento. No sería necesario asistir a la misma para saber que va a pasar; en cada ocasión en que nos reunimos a deliberar, se suceden las mismas preguntas,  interpelaciones, reproches, acusaciones veladas y las broncas sordas. Al final, nunca llega la sangre al río. Se acuerda hacerlo todo muy bien durante el próximo año, pagar las cuotas religiosamente, no consumir agua como si de nosotros dependiera el futuro de la humanidad y convertir a los tiernos infantes en una convención de jugadores de ajedrez.

 

Alguna vez me hacen recordar a cierta serie de la tele, pero al final, todo queda en una sucesión de recomendaciones que permitan descansar un mínimo de horas y pasarlo lo mejor posible sin fastidiar a los demás. Lo peor de todo, es que nos estamos haciendo viejos, se va quedando alguno por el camino y en cualquier momento no vamos a necesitar el añorado ascensor. Me conformo pensando que las escaleras me ayudan a mantenerme en forma.

 

     Mi buena noticia de hoy se basa en que, mal que bien, vivimos en comunidad; compartimos paellas, postres y productos de nuestras ciudades de origen; nos bebemos algunas cervecitas heladas en cuanto tenemos ocasión; celebramos por lo menos una cena y tropecientos cumpleaños a lo largo del verano. Salimos por grupos a comer gazpachuelo o espetos y nos sentimos miembros de algo más que una comunidad vociferante y policial. Terminamos siendo amigos.

 

 

 

      

 

Los elegidos

3 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 3 de agosto de 2017

Los elegidos

       No se agota mi capacidad de sorpresa ante la autocomplacencia y el desparpajo con el que se despachan muchos de los que van como “enterados” a la tele.

 

Últimamente estoy siguiendo un programa de nueva creación que se emite en Telecinco bajo el título de Mad in Spain. No engañan a nadie. La palabra “mad” traducida al castellano significa loco-a, tonto-a, o algo por el estilo.

 

Abordan temas serios –aparentemente- que se convierten en un circo por la intervención de los participantes de la mesa o, de forma “espontánea”, por “expertos” intercalados entre el público. Ni que decir tiene que la mesa la componen lo mejor de los restos de “Sálvame” y algún ex – famoso en busca de recuperar el sitio en la pomada.

 

El último programa emitido abordó entre otros la propensión al robo que tenemos los españoles. Especialmente la clase política. Pero cuando preguntaron por los pequeños hurtos, los “sinpa”, etc., levantó el brazo casi todo el mundo. “el que es infiel en lo poco, no lo es en lo mucho… porque no puede” (cita de un servidor).

 

Pero el colmo del desatino llegó cuando una emperifollada señora, que se auto titulaba “pija”, “bien vestida” y “de clase privilegiada”, dijo sin pestañear que “Dios no nos hace a todos iguales”. De ahí en adelante el follón. El presentador dijo una cita equivocada, la llamó “especie de fascista”, un par de tertulianos que deben su fama a ser hijos de… y alguna que otra adicción montaron en cólera, se rasgaron las filasterias y se mesaron los cabellos. La señora se consideraba entre los elegidos.

 

Con lo fácil que nos lo pone el Evangelio y las palabras de Jesús. Tratar al prójimo como a ti mismo. Todos somos hijos de Dios, hermanos de Cristo y templos vivos del Espíritu Santo. Todos somos  iguales a los ojos de Dios. Pero habrán podido observar que casi nadie se confiesa como creyente ante los demás. Mucho menos en la televisión. Eso sí. Ateo se autodenominan muchos a la menor oportunidad. Sonaron al fondo palabras de solidaridad, justicia, reparto equitativo que fueron acalladas por el “glamour” la libertad de bañar a un perro con agua mineral o de gastar porque “lo gano”. Podrían profundizar en “como la gano”.

 

En fin; otra lección para nuestra querida España que la estamos educando en la zafiedad y en la pérdida de valores. No quiero entrar en algunas intervenciones en este programa y en la mayoría de las de esta cadena. Es lo que gusta al público. “Panem et circenses”. Hemos evolucionado. A peor. Mientras, los capítulos del cinco al siete de San Mateo… muertos de risa.

 

 

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  31 de julio de 2017

 

Una malagueña en Cincinnati

           Recibo de vez en cuando noticias de una chica malagueña que, como tantos otros, tuvo que abandonar nuestro país en busca de un lugar donde desarrollar su talento.

 

La conocí a través de su madre, una extremeña conquistadora y valiente. Pasaban una etapa, que ya duraba demasiado, de dificultades económicas llevadas con dignidad y sin perder la compostura. Tres hijos en edad de formación y una búsqueda de recursos a base de remangarse y meterle mano a lo que fuera.

 

Nuestra protagonista de la buena noticia de hoy tenía apenas dieciocho años y era lista como el hambre. Se la recomendé a unos comerciantes amigos y a los pocos días ya había recorrido varios puestos en escala ascendente. Finalmente, y cuando ya estaba encargada de la gestión de una de las empresas decidió coger los bártulos y cruzar el charco.

 

No se como lo consiguió, pero me lo imagino. Aterrizó en Cincinnati en el estado de Ohio norteamericano y se puso a estudiar y a trabajar. Carrera universitaria brillante, la boda en España durante una corta escapada con su “americano” G (celebrada por todos sus amigos en el inolvidable Miguelito “el cariñoso”, lleno de banderines de USA y España) y de nuevo a luchar hasta el momento actual.

 

Su vida, amén de ser madre de familia, le ha permitido obtener una licenciatura en psicología, cursos postgrado, trabajar en un banco en el área de mercados emergentes, en especial la estrategia en mercados hispanos, campañas de marketing en español, conseguir que en todo el estado de Ohio se pudiera elegir la opción en castellano en los cajeros y en las páginas Web. Conferencias sobre estrategias en los mercados emergentes, etc. Finalmente, obtener una plaza de profesora de estrategia comercial en la Universidad de Cincinnati.

 

Hasta aquí, a grandes rasgos, una historia como tantas otras, llena de esfuerzo, de lucha y de triunfo. Otra forma de exportar España. Otra forma de servir de ejemplo de “supervivencia” sin salir en la tele ni recurrir a la exhibición y el insulto.

 

Hoy, en mi buena noticia, he querido presentar a mi buena amiga G.N.T. y a su madre R.T. Hoy están juntas en Cincinnati, pero muy pronto esa abuela coraje se encontrará de nuevo en Málaga para ser un ejemplo callado de mujer, de esposa, de hermana, de madre, de abuela y, para mí especialmente, de amiga; R, la que se pone los pantalones de cuadros cuando es necesario. Por cierto, son tan sencillas que se niegan a que ponga sus nombres completos. Pero toda la gente de mi alrededor las conoce muy bien. Enhorabuena.

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 27 de julio de 2017

LAS CHICAS DE ORO

       Soy un gran aficionado al cine. Disfruto muchísimo con el cine español; especialmente el de la postguerra incivil.

 

Me trago todas las películas de la 2 de las 10 de la noche. Su visión me permite observar, no sin asombro, la velocidad endiablada con la que han cambiado los tiempos y las costumbres de nuestra vieja España.

 

Hoy me voy a detener en los mayores, especialmente en esas mujeres de “cierta edad” que me recuerdan a mi abuela, allá por los años cincuenta, sentada en una silla de anea, en aquél largo pasillo de nuestra casa perchelera, ataviada de negro riguroso, con un coquillo blanco y un niño o una labor de croché en las manos.

 

Nunca la vi salir a la calle, ni de visita tan siquiera. Así vivían nuestras mayores. Cuando se quedaban viudas solo les quedaba el templo o la casa. Posteriormente, allá por finales de los 90, aparecieron en nuestras teles cuatro señoras mayores (unas más que otras), que escandalizaron a nuestros estamentos. Se trata de las protagonistas de la comedia de situación “Las chicas de oro”. Eran cuatro mujeres de características bastante bien definidas. Tres viudas y una divorciada con muchas ganas de vivir. Ropas modernas, novios, entradas y salidas, copas, etc.

 

Me he acordado de ellas mirando a mi alrededor; dada mi edad, estoy rodeado de mujeres talluditas, que se visten muy bien, se arreglan, salen a cenar, teatros, conciertos… En mi periplo teatral, tenemos en nuestra compañía una señora de más de ochenta años, la insuperable Cloti, así como varias que son de casi de mi quinta. En la playa cada vez observo más caminantes rápidas y bañistas temerarias con los años en que otrora se retiraban a un rincón de las casas o a una mesa de camilla perenne.

 

Ya hace varios años hice un estudio para la universidad sobre los mayores malagueños. Descubrí que no paran. Viajan, cantan, escriben, bailan, se enamoran, juegan, hacen todo tipo de ejercicio y deportes. La leche. Por eso proclamo que me encanta el “segmento de plata”, al que pertenezco; especialmente al de las mujeres, que han evolucionado más y más aprisa que los hombres.

 

Lo cual no es óbice ni cortapisa para que sigan asistiendo a los templos y recordando a sus fallecidos, pero sin un excesivo culto a la muerte y al recuerdo. El cristianismo es una religión de vivos. De vivos felices a cualquier edad.

 

Un “mitá”

23 f, 17

La buena noticia

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga  24 de julio de 2017

 

UN “MITÁ”

           Hace años me encontraba en la bella ciudad de Santa Pau (Gerona), cerca del Pirineo catalán. Entré en un bar a desayunar y pedí automáticamente “un mitad” y un “pitufo catalana”.

 

El camarero me miro con cara de extrañeza y me volvió a preguntar. ¿Qué bols? O algo por el estilo. Le contesté que un mitad y un bollito pequeño con aceite,  tomate y jamón. Se fue con el “careto” puesto y al rato me trajo el bollito a la catalana y ¡un bitter kas! ¡Si le llego a pedir “tejeringos” llama a los mozos de escuadra!

 

Descubrí que en el resto de España no nos entienden. Con lo fácil que es hablar en malagueño. Por eso me parece una buena noticia la presencia de cuatro universitarios malagueños que se presentaron en el programa de Antena 3: BOOM para propagar dicho lenguaje. Su nombre de guerra: “aliquindoi”.

 

No ganaron. Se presentaron contra cuatro profesionales de los concursos televisivos con más mili que Cascorro. Pero dejaron bien alto el pabellón. Hablaron de “chorrarse y chorraera”, mejor que windsurf y otras americanadas. Sus contrincantes se quedaron “aciguataos”; como si les hubieran dado una “capuana” o castigado con un “gazpacho” en el “paderón der puente”.

 

Los malagueños, “ennortaos”, se dijeron: “amonos que nos vamos a mohar”, estos “notas” nos “van a engorilar”, pero no quedemos como unos “merdellones” ni unos “maharas”. Así que menos “mamoneo” que estamos hasta los “mismísimos” de estos “mangurrinos”. Este concurso no es jugar al “poli-ladro”, ni quedar como unos “alobaos” ante estos “conveníos”. Así que vendremos otra vez que “encarte”…  “Chicuis humo”.

 

Se marcharon “to” felices y contentos a tomarse un “sequipedro” con una “ligerita” de tapa. Satisfechos de haber reivindicado nuestro lenguaje. A mí, criado en calle Mármoles, entre el Perchel y la Trinidad, estos estudiantes malagueños me han rejuvenecido y llevado al lenguaje de la calle malagueña que se debe conservar. Una buena noticia.

 

                

 

 

 

El hijo

20 f, 17

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 20 de julio de 2017

EL HIJO

        Los telediarios están llenos de malas noticias. Los programas que se cubren bajo el nombre general de “realitys” reflejan cada día lo peor de nuestra sociedad.

 

Por ello me he empeñado, con más voluntad que éxito, en resaltar las circunstancias agradables y edificantes con las que me voy encontrando a lo largo de mí deambular por el mundo. Hoy les voy a hablar de un hijo.

 

Es vecino mío, cuarentón largo, vive solo con su madre, viuda desde hace años cuya mente anda flotando entre la demencia senil y el Alzheimer. Se trata de una familia que no tiene hijas. Un póquer de varones con muchas obligaciones, que han delegado en el que es objeto de mi atención, que está soltero,  para que cuide de la madre.

 

Desde mi atalaya puedo otear sus movimientos medidos. El mimo con el que, al atardecer, la lleva a la playa y la sienta en un banco durante un buen rato. Cómo, posteriormente, la instala en la puerta de su casa y le pone una mesita con la cena. A eso de las diez de la noche, la lleva hacia adentro, le enciende la televisión a todo trapo y así, un día tras otro.

 

Gente corriente… o no. El otro día se armó un alboroto con la llegada a su casa de un par de ambulancias llenas de sanitarios ataviados con monos rojos. La madre había tenido un desmayo. Reanimación, cuidados adecuados y a seguir la rutina. El hijo me miró con una sonrisa agradecida mientras levantaba el pulgar como signo de éxito. Gente corriente. De la que no va a Telecinco a vivir de sus vergüenzas.

 

Decía el Papa Francisco: “Un pueblo que no custodia a los abuelos, un pueblo que no respeta a los abuelos, no tiene futuro, porque no tiene memoria, ha perdido la memoria”.  “Los que cuidan a los mayores con amor, colaboran al bien de la sociedad”. “No podemos pasar por alto en felicitar a todas las personas que realizan una honorable labor en dedicarse al cuidado de los ancianos en todos los ambientes, sea en sus hogares, casas de retiros u hospitales”.

 

      Nada más que añadir. Voto a mi vecino Jorge para hijo del año.