Propósitos

3 f, 19

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net   Málaga 3 de enero de 2019

               PROPÓSITOS

     

     Iniciamos cada año con el planteamiento de unos propósitos maravillosos.

 

Y una vez más, cuando termine el mismo, podremos comprobar con desilusión que no hemos cumplido la mayoría de los mismos.

 

Esto no nos tiene que crear una mala conciencia. Los propósitos se formulan para intentar cumplirlos; pero después vienen los despropósitos y la realidad de cada día. El hombre propone… Por eso este año me he preocupado de meditar detenidamente mi propuesta de mejora de todos los aspectos de mi vida, a fin de no sentirme fracasado al final del 2019.

 

Mi primer propósito es muy a corto plazo. Solo por hoy… mantenerme vivo. Este es primordial. A la edad que manejamos, la supervivencia se consigue solo de milagro. En segundo lugar preocuparme más del metro cuadrado que me rodea que del resto de la humanidad; si no lo hago yo mismo, es muy difícil que otros lo puedan hacer.

 

No preocuparme –sino ocuparme- de las cosas que pasan. Para ello tengo que conseguir distanciarme de los telediarios, los políticos y los gurús sociales de las tertulias. Envenenan nuestras ideas –y lo que es peor, nuestras conciencias- y nos pontifican una cosa para al siguiente rato decirnos lo contrario.

 

Aceptar que el dinero no es fin, sino un medio. Los hijos vuelan solos y la seguridad social nos va a seguir manteniendo con nuestras hermosas pensiones. De hecho, aun podremos compartir un poco con los necesitados.

 

Finalmente, pensar más y hablar menos. Así tendremos la oportunidad de equivocarnos en menor medida. Escuchar, que es más difícil que opinar. Intentar amar al prójimo como a ti mismo y seguir contando con la presencia de Dios en tu vida. Todo ello compartiéndolo con las personas de tu entorno. La circunstancia de la que hablaba Ortega. El propósito común es más llevadero.

 

Como verán poca cosa. Decía Warren Bennis, -un pensador contemporáneo estadounidense-: “Las personas necesitan un propósito que tenga significado, Esa es nuestra razón de vivir. Con un propósito compartido, somos capaces de conseguir cualquier cosa”.

 

     Deseo a mis lectores del segmento de plata que les sirvan  estas letras como orientación y luego sigan proponiéndose lo que les de la gana. ¡Quién soy yo para meterme en sus vidas!

 

 

 

 

Anuncios

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net Málaga 6 de diciembre de 2018

          

            ESTAD DESPIERTOS

     

     Este es un cartel que no he visto en un “after” precisamente.

 

     Me lo he encontrado en una residencia de mayores. En el Buen Samaritano; una residencia asistida que se encuentra en Churriana y es regentada por Caritas. En ella hay más de medio centenar de plazas, de ellas, una docena esta ocupada por sacerdotes mayores que lo necesitan.

Algunos miércoles acudo a compartir la Eucaristía con ellos. Es precioso, pero doloroso, el ver a personas de una gran categoría intelectual, humana y religiosa, sometidos a la esclavitud de un bastón, un carrito o el bracete de alguna auxiliar que los traslada con mimo.

Cuando uno acude a uno de estos centros, espera encontrarse con un grupo de ancianos achacosos que se encuentran en las últimas. No es cierto. Cantan con brío y celebran la Eucaristía con fervor e intensidad. El que tuvo… retuvo.

En un lado del altar me he encontrado con un cartel que recoge la cita de San Lucas en su capítulo 21, 36-37 “Estad despiertos… ante las cosas que van a suceder”.

Queridos lectores. Muchos mayores están más despiertos de lo que parece aunque simulen estar soñolientos. Viven en otra dimensión. En las de sus recuerdos.

Por eso les haré caso. Permaneceré despierto. Haciendo poco caso a los telediarios y a las promesas interesadas. Más pendiente de mí y de los que me rodean. Despiertos en pleno Adviento. Esperando su Venida.

 

 

 

 

dav

LA TESIS

16 f, 18

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 17 de septiembre de 2018

m.montescleries@telefonica.net

 

La tesis

Cuando escucho hablar de las tesis, se me ponen los nervios de punta.

 

No sé si es cuestión de cara o de poca vergüenza, pero cuando me entero del cachondeo que hay montado con las tesis y los masters, se me ponen los nervios de punta y no se si cortarme las venas o dejármelas crecer.

 

Hablo con conocimiento de causa. Allá por junio del 2006 y con mi flamante título de Licenciado en Comunicación Audiovisual, me presenté a la profesora que me había acompañado en dichos estudios preguntándole por mi futuro en la Universidad. Ella me recomendó que me doctorara. Que redactara una tesis sobre los problemas de la humanidad y mi inquietud por la solidaridad de los humanos.

 

Ni corto ni perezoso me matriculé en los cursos de doctorado. Dos años en el departamento de Periodismo de la UMA en los que asistía a clases por las tardes, de lunes a viernes, y me sometía a unos escrutinios sobre las materias dictadas a fin de cada curso. Una tarea preciosa y enriquecedora que fue forjando mi actitud como investigador y desgranando las diversas materias a las que podía encaminar mí trabajo.

 

Finalmente, y de acuerdo con mis directores de tesis –dos a falta de uno- Juan Francisco Gutiérrez y María de los Ángeles Cabrera-, decidí investigar sobre la influencia de los medios de difusión sobre los mayores en Málaga. También y a causa de mis crisis psicológicas ante la ingente labor a desarrollar, fui ayudado por el profesor de Psicología Marcos Ruiz, buen amigo por otra parte.

 

Aprobados con excelente nota los cursos de Doctorado inicié la redacción de la tesis doctoral que me ocupó durante los siguientes ¡cuatro años! Doscientas encuestas a mayores de todas las zonas de Málaga y su provincia. Una serie de entrevistas con profesionales de todos los campos relacionados con los medios y los mayores malagueños. Viajes a Madrid, Sevilla y otras provincias españolas para obtener datos. Miles de tutorías y discusiones con los directores de la tesis. Bibliografía abundantísima. Elección del tribunal formado por catedráticos de periodismo de diversas universidades españolas y finalmente, el 30 de junio de 2012, la defensa de la tesis. Yo solito. Mi, me, conmigo. CUM LAUDE.

 

Veo lo que está pasando y se me cae la cara de vergüenza. De aquellos cientos que empezamos juntos la carrera solo una media docena llegamos a la meta. Familias, trabajos y diversión olvidados. Todo para que te impongan una muceta y una beca y un birrete. Un título en lugar preeminente y un orgullo para ti y para tu familia.

 

El recuerdo de aquel día es para mí UNA BUENA NOTICIA. El haber servido para aportar algo a la cultura y la sociedad es una buena noticia. Para eso se trabaja en las tesis doctorales. No para llenar curriculum.

 

El leer con temblor mi trabajo ante mi esposa, mis hijos, mis nietos, mis familiares y mis amigos fue una sensación que no se si podrán sentir esos… que han comprado, han trampeado o han inventado un trabajo único e irrepetible para la sociedad. Habrán medrado con ello, pero se merecen mi más completa indiferencia. Con su pan se lo coman.

 

 

 

 

 

Dios es amor

28 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 28 de junio de 2018

DIOS ES AMOR

 

          Si aplicamos la propiedad conmutativa, el amor es Dios.

 

Esta frase, sin la consiguiente explicación, puede parecer un poco simplista y aventurada. Todo es cuestión de semántica. La palabra amor ha sido tan tergiversada y prostituida que se le llama amor a cualquier cosa. Se habla de “hacer el amor” a la relación carnal de cualquier tipo. El amor no se hace sin reciprocidad, se vive en el encuentro desinteresado y de entrega al prójimo, entonces, el amor de Dios está en medio.

 

La televisión se ha adueñado de nuestras, casas, nuestras vidas, nuestras ideas y hasta nuestros deseos. Vivo en un hogar lleno de gente en la que se ven toda clase de programas. Espacios basados en citas a ciegas y emparejamientos a lo que salga, dicen hablar de amor; programas que hablan de mujeres y hombres a los que tratan como ganado selecto, de emparejamientos a prueba y de jóvenes “ninis”. Usan como leitmotiv el amor.

 

       El colmo lo ponen esos programas en lo que se compra lo peor de cada familia y se airean sus miserias. Lo dicen claramente: envíennos “pillados” de famosos, que les pagaremos por ello. Su éxito se basa en hundir familias completas; las de los presentadores incluidas. También ponen el amor por excusa.

 

Pero de vez en cuando surge un  programa en el que vez surgir el AMOR con mayúsculas, el que entendemos todos y que nos hace aflorar las lagrimas de alegría al observar la felicidad de los otros. En este caso se trata del “Master chef” del pasado lunes. En el fragor del programa, trajeron a los familiares de los participantes a que concursaran con ellos. Una madre rusa se encontró con su hija; una hija cubana vio aparecer a su madre desde el Caribe; una hija recibió a su padre y un hijo se encontró con el suyo; una pareja de novios se reencontró, y finalmente, un concursante se reunió con su esposa y su hijo pequeño.

 

Allí afloró el amor del bueno, las lágrimas surgieron sin quererlo de los ojos de los chefs del programa, de los participantes y porqué no, de muchos de los espectadores, empezando por mí. Fueron unos momentos tan emocionantes, tan densos, que transmitieron una felicidad que te acerca al amor de Dios. Y en consecuencia a Dios.

 

En la posguerra se hablaba de café, café-café y café por la salud de mi madre. En la tele se habla mucho de amor con minúsculas, de amor propio (que es justamente lo contrario de amar) y, de vez en cuando de amor verdadero. De ese con el que se puede aplicar la propiedad conmutativa. Ese amor es Dios entre nosotros.

 

 

masterchef

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                        El “aguilando”                                                             

                                                      Málaga  25 de diciembre de 2017

 

“Si no me das el “aguilando”

al niño le voy a pedir

que te entre un dolor de muelas

que no te deje dormir.

Al chiquiliqui,

al chiquilicuando;

de aquí no me voy

sin el “aguilando”

 

       Así cantábamos los niños de los cincuenta alrededor de aquellos nacimientos de corcho y papel mojado, con ríos de plata confeccionados con el papel de plata de los chocolates y figuras de todos los tamaños, como si de se tratara de uno de los viajes de Gulliver.

El aguinaldo era una de las fuentes de financiación de los niños de la época. Recorríamos las casas de los parientes y amigos más cercanos, incluyendo aquellos vecinos “pudientes”, que contribuían a la modesta economía de aquellos niños sin paga (aun no se había inventado esa costumbre) para acceder a los gastos extraordinarios navideños de aquellos tiernos infantes que vivíamos y jugábamos en la calle; sin televisión, móviles ni tabletas; sin ordenadores ni ropa de marca; con camisetas de pelillo y zapatos de Segarra. Con una tómbola de caridad en la plaza de todos los nombres (según la etapa política) en la que por una peseta podías aspirar a una muñeca de cartón o una cacerola.

Yo invertía en libros. La colección ”pulga” de relatos. El anuario del “siete fechas” (los clásicos le denominaban el “siete mentiras”) que me daba lectura para quince días. También me compraba varias novelas de Marcial Lafuente Estefanía; un escritor que conseguía sacar siete u ocho disparos de un revolver de seis balas. Como mucho unas sesiones dobles en el Avenida o el Capitol.

Mis hijos heredaron la costumbre… y la poca vergüenza. En estos días mi madre y mis tías (una soltera y otra viuda) les ponían en cola y les largaban un “verde” per capita. Pepe, el número cinco, pretendía cada año aprovecharse de la deficiente visión de tan provectas damas, e intentaba pasar dos veces, ora con gafas o sin ellas o, en el desesperado último caso, con un casco de motorista. Jamás coló. Los billetes estaban contados.

¿Porqué les cuento esto? Porque hoy es Navidad. Porque estoy harto de noticias políticas y deportivas. Porque estoy harto de tristezas y peleas familiares. Porque vale la pena que vivamos un poco del recuerdo de los momentos felices.

Mi buena noticia es que hoy Navidad. Felicidades a todos por todo. A ver si conseguimos alargar la paz y los buenos deseos como aquél “aguilando”.

        aguinaldo            

                        

 

                      

La buena leche

21 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 14 de diciembre de 2017

 

LA BUENA LECHE

    Hace unos días escuchaba la aclaración de un profesor de historia del arte señalando la diferencia entre las imágenes de las Vírgenes románicas y las góticas. Basaba su tesis en la mirada de la Madre hacia adelante, en el primer caso, y hacia el Niño en el segundo.

   Bien traído, como diría el clásico. Si tienen la curiosidad de abrir Internet por la página correspondiente, podrán observar la diferencia. Especialmente a lo concerniente a la iconografía de la Virgen de la Buena Leche. Una imagen de la que soy devoto desde siempre.

La buena leche se recibe en los primeros calostros, en la infancia, en el colegio y sobre todo, en la familia. Es un alimento, primero para el estomago y después para el espíritu. Hablando de Espíritu, no he podido entender mejor al Espíritu Santo que cuando se le identifica con el sentimiento positivo que emana del encuentro con Jesús a través de los Evangelios o de la conciencia. (Por supuesto que el demonio se reconoce en la “malaleche”).

Transmitir la “malaleche” es fácil. Es un recurso cuando estamos agriados y repartimos nuestras frustraciones alrededor. Recibir la buena leche consiste en dejarse mirar con amor –como las Vírgenes góticas- por Dios; consolados por Jesús o acompañado por tu familia y tus semejantes. Aprovechemos la Navidad. Es tiempo de Buena Leche.

 

virgen-leche

Seiscientos

4 f, 17

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 4 de mayo de 2017

SEISCIENTOS

 

      Un número redondo. Pero con un profundo significado para mí y para mi entorno. Es el último eslabón de una cadena iniciada en 1959 y que ha significado un hito incomparable en la Iglesia de Málaga.

 

     Cuando el pasado lunes nuestro Obispo daba el “podéis ir en paz” en la clausura del cursillo 600 de la Diócesis de Málaga, los que llevamos muchos años en este servicio pudimos vivir la sensación de “misión cumplida”.

 

Allá por mayo de 1970, un joven inexperto, soltero y despistado cruzo el túnel de Villa San Pedro para incorporarse al cursillo nº 161. Ese pipiolo, que soy yo, ha vivido e primera persona la historia de estos 47 años y 440 cursillos en los que ha participado en más de un ciento de ellos desde dentro y el resto desde el servicio exterior.

 

Creo que esta dedicación me autoriza a calificar como extraordinariamente útil este servicio de primera evangelización  que el movimiento de cursillos de cristiandad ha prestado a la Iglesia de Málaga. Podemos presumir  que por nuestros encuentros han pasado la gran mayoría de los que viven la Iglesia desde dentro, han nutrido las parroquias, los movimientos y las organizaciones no gubernamentales al servicio de los más necesitados.

 

El cursillo es un instrumento, entre otros muchos, de la Iglesia. Especialmente preparado para la primera y la nueva evangelización y un baluarte en la defensa de la familia y la aportación positiva en todos los campos; el vocacional, el laboral, el comunitario e incluso el lúdico.

 

He tenido la suerte de vivir el cursillo 600 desde dentro. Tan complicado y maravilloso como todos los anteriores. Los que he podido vivir en Málaga, Huelva, Jaén, Almería, Valencia, Suiza o Bélgica. 47 años dan mucho juego. Me voy a jubilar de este servicio. Como decía San Pablo (y salvando las distancias) ya he recorrido el camino. Ahora hay que dar paso a otros que tienen más fuerza y nuevos métodos. Pero garantizo mi presencia en cada Clausura, cada Vía-Crucis, cada Ultreya o cada acto en el que pueda aportar algo y recibir mucho.

 

Enhorabuena a los treinta participantes del cursillo 600. Hoy ha empezado la mejor parte de vuestras vidas.

 

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

 

Málaga 3 de abril de 2017

 

m.montescleries@telefonica.net

 

EL ARBOL DE TU VIDA

Un título sugerente tras el que se esconde un excelente programa de televisión presentado por una extraordinaria periodista: Toñi Moreno.

 

De vez en cuando, quizás en demasiadas pocas ocasiones para mi gusto, nos encontramos con un programa de televisión que se puede considerar por este modesto periodista como merecedor de llamarse “buena noticia”. En este caso se trata del programa de Antena 3 recuperado para la programación de los martes: El árbol de tu vida”.

 

Todos conocemos las vicisitudes que ha pasado en su recorrido profesional la andaluza Toñi Moreno. Ha sido vapuleada a veces por la crítica por hacer lo que hace mejor que nadie: programas humanos en los que se mete a fondo desde su corazón. Quizás es que ella misma es una “buena noticia” y como tal un bicho raro en unos medios en los que vende la chabacanería y la mala leche.

 

En el programa que hizo a nuestro paisano Antonio Banderas lo bordó. Sin concesiones a la galería ni a lo políticamente correcto. Se topó con un fuera de serie que quizás es mejor persona que actor. ¡Y mira que es bueno! No necesito mucho para sacar lo mejor de nuestro paisano y humanizar a una persona que tiene todas las papeletas para ser un VIP en su aspecto más peyorativo. Nos planteó la presencia de un hombre distinto, brillante, que pone en práctica todas las artes y que las hace bien, de bajarse a lo cotidiano y hablar, moverse y actuar como cualquier persona corriente que se encuentre con nosotros.

 

Enhorabuena a ambos… y a Dani Rovira, otro malagueño con dos… narices, que ha llegado a Roma en bicicleta pedaleando por una buena causa: recaudar fondos para la investigación y dar visibilidad al síndrome de Rett, una enfermedad rara que afecta fundamentalmente a niñas y ocasiona alteraciones en el desarrollo neurológico.  Ha acompañado al padre de la niña y otros dos viajeros que grabarán un documental sobre el tema.

 

No hay dos sin tres. Felicidades a mi hija mayor Anapi. Hoy cumple cuarenta años. Difíciles, pero vividos intensamente. Hoy ha recibido su premio en forma de un día maravilloso. Disculpen. Pero los hijos son siempre buenas noticias. Son ramas del árbol de nuestra vida.

 

 

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

 

Málaga 12 DE DICIEMBRE de 2016

 

m.montescleries@telefonica.net

 

TRABAJO EN CADENA

 

 

Parece ser que el trabajo en cadena lo inventaron los americanos de la factoría Ford allá por los tiempos del cuplé. Aquello cambió la industria del motor.

 

El método es muy eficaz para aligerar las tareas. Se utiliza para mejorar los sistemas de producción, montaje y embalaje. Precisa de una coordinación y un desarrollo exquisitos. Cuando funciona bien da gusto observar su desarrollo.

 

Esta semana he tenido la oportunidad de presenciar “in situ” las labores de un grupo de voluntarios (trabajadores que no cobran) clasificando los alimentos y artículos de aseo y limpieza recaudados durante la pasada gran recogida para el Banco de Alimentos Malagueños (BANCOSOL). Un trabajo en cadena perfectamente coordinado.

 

Allá por el 2008 escribía un comentario referente a dicho banco: UN BANCO CON MUCHO INTERÉS. En esta entidad no se puede operar por Internet ni recoger los intereses en efectivo. En este caso hay que aparecer en persona, remangarse, apelar a la buena voluntad de las gentes y hacerse cargo de sus aportaciones. Cuando los bancos apenas dan el 1 por ciento de interés, la ayuda a los demás premia con el ciento por uno.

 

Bancosol ha tenido que ampliar sus instalaciones, en el malagueño polígono Trevenez, con el alquiler de una gran nave. En ella, en turnos de cuarenta personas voluntarias, realizan su trabajo con desbordante alegría y la dirección y coordinación de dos puntales del Banco, Jesús y José María (que curioso: casi un portal de Belén). Mientras, furgonetas y camiones llenas de alimento, salen en dirección a las entidades de reparto que llevan a cabo el trabajo final de distribución a los beneficiarios.

 

La buena noticia estriba en esta ocasión en el valor añadido de las aportaciones realizadas. Se ha entendido el mensaje. No solo van garbanzos, pasta y lentejas. Aceite, queso, chacinas, conservas, etc. han llenado los carros de la solidaridad y van a llegar a las casas de los más desfavorecidos. Esto es predicar y dar trigo. BANCOSOL: un banco con mucho interés.

bancosol

 

EL SEGMENTO DE PLATA

Por Manuel Montes  m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 20 de octubre de 2016

EL UNO POR CIENTO

 

Tenemos  muy presente el precepto evangélico que nos habla de recibir el ciento por uno. Pero hay veces que tenemos que conformarnos con el uno por ciento.

 

Cada día estoy más convencido de la capacidad humana para afrontar con valentía y decisión los malos tiempos –que, por cierto, lo han sido todos desde siempre-. El paso de los años  debería habernos dado más confianza en la bondad de las personas, pero necesitamos meter la “mano en el costado” para fiarnos de los demás. Seguimos pensando que esto no tiene arreglo.

 

Esta torpe reflexión viene a mi mente tras la entrevista que he mantenido en mi programa de radio esta semana. He podido conocer más a fondo la labor del proyecto “Suman 2 más”. Una idea de la Fundación Marcelino Champagnat en el ámbito de la provincia marista andaluza, que ha fructificado en una hermosa realidad. Un centenar de jóvenes de ambos sexos por una parte, incluidos en el colectivo de afectados por discapacidad intelectual, y por otra, los pertenecientes a familias en riesgo de exclusión social, sujetos de una segunda oportunidad. Ambos grupos han realizado y están realizando cursos de formación aplicados a sus propias características vitales.

 

Durante el pasado año, medio centenar de aspirantes a plazas de ordenanzas de la administración, con discapacidad intelectual, se prepararon, en las propias aulas del colegio marista, para presentarse a las oposiciones de ordenanzas de la administración. Un grupo de ellos, que estaban lo suficientemente preparado para ese empeño, se batieron el cobre con otros quince mil aspirantes en Madrid. Uno de ellos está a punto de conseguir esa ansiada plaza.

 

Mientras otra nueva tanda de estudiantes ilusionados ya ha comenzado su preparación. Especialmente aquellos del colectivo en riesgo de exclusión. Asisten a unos talleres de formación, en unas extraordinarias instalaciones inauguradas recientemente, en los campos de la serigrafía y estampación, artes gráficas y educación secundaria para adultos (el campo de trabajo se extiende de los 18 a los 35 años).

 

Un esfuerzo loable en un país en el que estamos muy acostumbrados a aquello de “melón y tajada en mano”. Una labor de formación a largo plazo y resultados inciertos. Pero lo importante es sembrar. Alguien recogerá.

 

Lo cierto y verdadero es que, de momento, ya se ha recogido el uno por ciento. Que maravilla. Ah, y desde el empeño de personas miembros de esa Iglesia de Jesús tan denostada. Vale la pena. Un joven malagueño ha visto fructificar el esfuerzo entre muchos que se han quedado por el camino.

 

marcelino-cham