Fiesta sorpresa

30 f, 15

El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries m.montescleries@telefonica.net

Málaga 30 de julio de 2015

FIESTA SORPRESA

Entre las celebraciones habituales a las que hemos asistido los pertenecientes al segmento de plata no se encuentran las fiestas sorpresas. En nuestros tiempos, normalmente, todo el mundo sabía lo que se iba a celebrar, el sitio para el evento y los asistentes al mismo. La filmografía americana nos ha ido transmitiendo, como en tantas otras cosas, la costumbre de celebrar en ocasiones extraordinarias tales como cumpleaños, santos, aniversarios o jubilación, una fiesta cuyas características todos conocen menos el “ojomeneado”. Se trata de la fiesta sorpresa.

 

He tenido la suerte de resistir en este mundo durante los últimos setenta años. El pasado día 25 me la pegaron con queso como corresponde a un pardillo como yo. Me invitaron a una fiesta en casa de uno de mis hijos que vive fuera de Málaga, pero que pasa sus vacaciones aquí en una casita en la playa y, a regañadientes, me dirigí a ella con el estoicismo de asistir a una fiesta infantil.

 

Al pasar por la puerta de la casa, una multitud enfervorizada me recibió con pancartas, abrazos y ovaciones. Me quedé aturdido unos segundos mientras mi disco duro procesaba la situación. Miraba a un lado y otro y me encontraba con amigos recientes y antiguos, muy antiguos; familiares cercanos y de media distancia; amigos llegados de todas partes. De vez en cuando se abría la cancela y entraba alguien muy querido con sonrisa de lado a lado. Llamadas de aquellos que no tenían posibilidad de venir, etc. La consecuencia… la propia de un hombre duro como yo. Acabé llorando como una magdalena. El momento dramático se trunco en cómico cuando uno de los niños asistentes rompió una toma de agua y el geiser consiguiente baño a todos y arruinó el peinado de las damas.

 

El mejor regalo que pude recibir fue un libro lleno de fotos en las que se recogía momentos de mi vida en los últimos setenta años en los que me encontraba en momentos puntuales junto a alguno de los asistentes. Cada uno de ellos con una dedicatoria. Acabamos con parlamentos enternecedores y aun no me he podido recuperar del todo de esta celebración.

 

Era de la opinión de que los pertenecientes al segmento de plata nos encontramos curados de espanto y pocas cosas nos pueden sorprender. Mentira. La capacidad de asombro nos permitirá sentirnos vivos y útiles mientras permanezcamos en este mundo. Doy fe.

 

“Jóvenes” pertenecientes al segmento. Organizad festorros como este cada vez que podáis. Vale la pena. Me han dado otros setenta años de vida entre todos. Hurra por los inventores de mi fiesta sorpresa. Estos de la foto son los más cercanos. Bebidas incluidas.

 

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Desde mi atalaya

26 f, 15

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 27 de julio de 2015

Desde mi atalaya

En los meses de estío me convierto en una especie de vigía. Un descendiente de aquellos que poblaron las diversas torres que se encuentran a lo largo de la costa malagueña y que permanecían alertas ante el ataque marítimo de los sarracenos. Mi caso  es distinto. Cada tarde me pongo a leer o escribir en mi terraza, mientras, contemplo el ir y venir de las olas, las embarcaciones o los bañistas.

 

El espectáculo vespertino se caracteriza especialmente por el desalojo de los lugares playeros conquistados durante todo el día a fuerza de toldos, toldillas, sombrillas, tiendas de campaña y similares. Se aprovechan los últimos rescoldos de las barbacoas y se reparten los últimos cogotazos a los niños que se manifiestan remisos a pasar por las duchas playeras y comunitarias.

 

La buena noticia me llega a través de los encuentros familiares veraniegos. De todas las partes de Europa o de las regiones norteñas de lo que algunos seguimos considerando España, nos llegan padres, hijos, sobrinos, nietos, cuñados, etc., que se vuelven a encontrar en el merendero o el charnaque, en el bar playero o el restaurante con pretensiones.

 

Ayer llegué a emocionarme. A lo largo de los años de observación he llegado a conocer a los diversos grupos que bajan a la playa siempre a la misma hora y que se colocan  también en el mismo sitio. Echaba de menos a una señora, cuyo marido conozco, que viene cada año desde los alrededores de Olot en Gerona. El marido me decía que tenía muchos problemas para caminar. Pero el pasado jueves observé una especie de procesión laica camino de la orilla. Varios fuertes y aguerridos caballeros transportaban a hombros a la señora impedida hasta el mismo rebalaje. Una ovación colectiva acogió la llegada de la comitiva y cuantos estaban alrededor se acercaron a saludar a la señora, por otra parte jubilosa.

 

Que fácil es hacer feliz a los que nos rodean. A veces cuanto se puede conseguir con un pequeño esfuerzo y mucha imaginación. Mientras tanto, otros, salvadores de la patria, se dedican a borrar nombres y defenestrar estatuas. Si la mala leche se cambiara por buenas ideas otro gallo nos cantaría. De lo de la fiesta sorpresa de mi cumpleaños… hablaré otro día. A eso hay que echarle de comer aparte.

 

 

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El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries m.montescleries@telefonica.net

Málaga 23 de julio de 2015

PROFESIONES DE RIESGO

Hace unos días me encontré con unos padres ilusionados con los estudios de su hija. La joven había cursado el primer curso de Ciencias de la Comunicación en una universidad privada. Por cierto con unos resultados excelentes. La chica se acercó a mí pensando que yo era un  periodista curtido en mil batallas, pero se encontró con un periodista viejo en vez de un viejo periodista… pero con mucha vocación. Le hice ver el berenjenal en que se metía al proyectar su vida hacia una profesión difícil y de alto riesgo. O así lo creo yo.

 

Posteriormente, para cerciorarme de mi aseveración, recurrí a los sabios conocimientos de la red Internet y descubrí con estupor que entre las profesiones de riesgo no se encuentra la de periodista. No estoy conforme con dicha apreciación. Estimo que el trabajo de comunicador está sometido a peligros de todo tipo. Unos materiales y otros de conciencia. Una vez más estamos lamentando el secuestro de varios periodistas españoles en Siria, con el consiguiente temor a las consecuencias del mismo. Se trata de jóvenes pero aguerridos periodistas; free-lance que desarrollan su labor en el ojo del huracán. Estos riesgos en zonas conflictivas y los que se corren en la búsqueda de noticias en zonas aparentemente tranquilas (que también los hay), amén de la costumbre de culpabilizar al mensajero del problema motivo del mensaje, son las circunstancias que hacen de la bendita dedicación de acercar la realidad del mundo al común de los mortales una profesión peligrosa.

 

En otro sentido, también se padece el riesgo de perder la libertad de expresión mediatizada por la ideología de la empresa editora de la noticia. Las teorías de la comunicación recogen la diferencia entre la verdad pública y la publicada. Indefectiblemente los empresarios vuelcan su ideología en la presentación de las noticias… “matizándolas” de acuerdo con sus preferencias. El comunicador tiene que pasar por el aro si quiere conservar el empleo. Tan solo hay que comparar los telediarios o las editoriales de los periódicos para observar como se puede cambiar el tamaño, el lugar o el lugar de la presentación de unos hechos a gusto del emisor.

 

Pienso que, a pesar de todo, sigue habiendo periodistas dignos, con criterio y con libertad, que siguen proclamando a los cuatro vientos la verdad de lo sucedido. Tenemos grandes ejemplos a lo largo de los tiempos de comunicadores dignos que consiguen manifestar la realidad a cambio de perder dinero, poder o prestigio. Como en todos los aspectos de la vida.

 

De todas formas, me siento muy orgulloso de esta profesión y de esos compañeros que día tras día se juegan la vida para transmitir la verdad de lo que sucede en los lugares más peligrosos para contrarrestar la propaganda que nos pretende transmitir lo que a algunos le interesa.

 

De manifestarse creyente hablaré en otra ocasión.

 

periodista

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 20 de julio de 2015

La paga “der deciocho”

A la mayoría de los que tengan acceso a esta “buena noticia” les sonará a chino mandarín el título de la misma. Tan solo traerá recuerdos a aquellos que vivimos en aquella Málaga de los 40 a los 70 del siglo pasado. Eran años de penuria, de pobreza y de sufrimiento. Pero esta situación no conseguía vencer el espíritu festivo y disfrutón de los malagueños y de aquellos que aun sin serlo nos consideramos como tales.

En dichos tiempos se instituyó una paga extraordinaria que se entregaba el 18 de julio por motivos “patrióticos”. Esta era una retribución que se tenía gastada de antemano con los anticipos, lo fiado y lo que se le debía al ditero, pero, oh milagro, entre todos los familiares se juntaban los pocos cuartos que costaba el comprar una sandía gorda, los avios para una tortilla de papas, una ensalada de tomate, cuatro filetes empanados y una garrafa de tinto. Con todo ello se organizaba un viaje a las cercanas playas a bordo de bicicletas, triciclos, bateas o camiones abiertos. En dichos vehículos se embarcaba a los abuelos –con su correspondiente silla de anea- los niños chicos y el perro. El resto… a golpe de alpargata.

Familias completas, que digo, corralones completos, del Perchel, la Trinidad, Capuchinos o Huelin, se desplazaban al lugar elegido de buena mañana. Se enterraba la sandía en el “rebalae” y se untaba a los excursionistas de un revoltillo de aceite y vinagre que en vez de oler a marismo olía a ensalada. Con una sabana vieja y dos cañas, cogidas de la cercana vía, se montaba el “chozajo”. El día culminaba cuando se iba retirando el sol y acabado el tinto. Los compadres tenían una media en el hoyo de las agujas y las mujeres estaban hartas de niños y de borrachines. Vuelta a la batea y al corralón con las espaldas achicharradas y un motivo para recordar durante los siguientes 365 días. Una España en blanco y negro.

Hoy en día ha desaparecido la paga “der deciocho”, las bateas y las camionetas sin techo; los triciclos y los carrillos de mano. Pero siguen existiendo esas familias malagueñas reconvertidas en “domingueros”, con sombrillas  y barbacoas, con coches y furgonetas. Siguen acudiendo a las playas a machacar esa paga -que ahora han cobrado a final de junio- en los merenderos o en el supermercado. A beberse el contenido de las neveras portátiles y comerse el manso. A disfrutar, como hemos venido haciendo desde el principio de los tiempos, de las playas y del sol malagueños. Hoy con protección 50 y con bañadores de última hora. Ahora mismo están llegando a mis aledaños. Una buena noticia. Tenemos una España de colores.

CORRALON

La plaka

12 f, 15

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 13 de julio de 2015

LA PLAKA

Hoy me siento contento porque parece ser que el problema de Grecia se va solucionando. A lo largo de los últimos años, especialmente en el transcurso del 2015, la situación del pueblo heleno se ha ido deteriorando hasta el punto de peligrar su permanencia en la Europa del euro.

Soy un admirador de ese pueblo mediterráneo, abierto, tranquilo, acogedor y un poco pasota. Tuve la suerte de visitarlo detenidamente hace años. Antes del 2000 y de las últimas vicisitudes políticas. Tan solo me alarmó la presencia de un carro de combate en la salida del Aeropuerto de Atenas. Después… tranquilidad, taxis compartidos, autobuses en los que no paga nadie (a la italiana), mucha historia, pese a la rapiña británica y de cuantos han pasado por allí y una población parecida a la andaluza… pero hablando raro. (Ojo, pero casi todo el mundo habla “inglés de los montes”).

Sus islas, sus playas, sus fiestas, sus tertulias llenas de botellas de cerveza de medio litro que trasiegan a pelo, sin una tapa que llevarse a los labios; sus noches de sirtaki para turistas, (una especie de sardana a la griega que se puede bailar por cualquiera sin excesiva dificultad), todo ello te hace pasar unas vacaciones inolvidables.

En aquel viaje, de la mano del Petesa, en el que nos acompañaba alguno de los compañeros de columna en el Diario de la Torre, descubrimos que la historia del mundo conocido se puede observar en las diversas capas dejadas por el trascurso de los tiempos. Así lo pudimos ver en Corinto o en la misma Atenas. Observamos desde arriba el Paso de las Termópilas  y subimos con la lengua fuera a la  Acrópolis, las obras del Partenón y el templo de la Diosa Nike. La de las zapatillas americanas.

La buena noticia de hoy me la produce la noticia que el país seguirá abierto a todos sus visitantes, ofreciéndoles noches de whiskys a dólar en las terrazas de los altos de los hoteles y la posibilidad de perderse en los vericuetos de La Plaka, el mercadillo intemporal y siempre cambiante similar a los de Jerusalén o Estambul. Allí te puedes hacer en una hora una camisa típica a medida o unas sandalias de luengas correas al estilo local. Puedes comprar especias o joyas. Recuerdos que van a todo el mundo en forma de muñecos vestidos a la usanza griega o soldaditos de los que custodian el palacio del gobierno.

Creo que el resto de Europa le debe devolver al pueblo heleno la cultura que desparramó durante siglos por el Mediterráneo en forma de visitas, de ayuda, de estimulo y de comprensión. Muchos años de mala gestión se pueden superar. Al menos eso espero. Así sea.   

 

 

partenon

Experiencia

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El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries m.montescleries@telefonica.net

Málaga 9 de julio de 2015

¿EXPERIENCIA?

Dicen que la experiencia se adquiere con los años. El diccionario de la RAE en su tercera acepción la considera como Conocimiento de la vida adquirido por las circunstancias o situaciones vividas”. Parece que la humanidad sigue sin enterarse. No solo el burro es el animal capaz de tropezar dos veces en la misma piedra. También el hombre, una vez tras otra, sigue cayendo en los mismos errores y la humanidad se empeña en buscar situaciones difíciles apenas se ha rehecho de la anterior. El dramaturgo Jardiel Poncela, con su sorna habitual, decía “Se llama experiencia a una cadena de errores.” 

 

En esas estamos. Un día tras otro observamos desde nuestra corta “experiencia”, fundamentada en la cantidad de años vividos, como los seres humanos nos empeñamos en dividirnos hasta el punto de atomizarnos, en lugar de entender que unidos somos más fuertes, más listos y, sobre todo más eficaces.

 

Todo el proceso actual se basa en ser más que el otro, bajo la apariencia de ser “distinto” que el otro. El siglo XX consiguió enfrentar a los europeos en primer lugar, y a todo el mundo después, en una guerra innecesaria con todas las secuelas en forma de conflictos locales  que sigue dejando. Pero no escarmentamos. En la vieja Europa estamos a punto de convertir una guerra ideológica, económica y cultural en algo más peligroso y lesivo, especialmente para los países y personas menos afortunados, como en todas las ocasiones.

 

En estas situaciones difíciles, siempre surgen los salvadores de la patria que se convierten de liberadores en dictadores y que terminan salvando solo a los “suyos”. Ejemplos tenemos a montones en todo el mundo. Los “ricos” de Europa, parece que han olvidado cuando tuvimos que auparlos entre todos a la situación de privilegio en que se encuentran ahora. Los helenos, siguen sin darse cuenta que la democracia es algo más que reunirse y debatir en la plaza Sintagma. También deben trabajar, pagar impuestos y no esperar que se les perdonen deudas por la cara, con la amenaza que “si no me das la pelota, no juego”.

 

Los del “segmento de plata” tenemos cierta experiencia. Nacimos en la posguerra. Escuchamos a nuestros padres comentar las vivencias de una guerra incivil, a cuya posible reedición tenían pánico, pasamos penurias por la falta de alimentos, cultura y democracia. Nos manejaron primero para un lado y después justamente para el contrario. Estamos como en una final de Copa Davis sin saber a que lado dirigirnos. Al final que nos queda. Nuestra familia, nuestros amigos y, sobre todo, Dios, que aparece en todas partes a nuestro alrededor. Mi experiencia con Él me demuestra que nunca te falla.

 

 

 experiencia

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 6 de julio de 2015

CENTROS DE MAYORES

 

Hace años que conozco diversos centros de mayores de Málaga y la provincia. Cada uno tiene su propio estilo y en cada uno de ellos impera una forma de entender la vida después de la jubilación. En todos se cuenta con una excelente biblioteca llena de información pasada y reciente. Pueden disponer de ordenadores, red wi-fi, cursos de formación, talleres de memoria, trabajos manuales, comidas y bebidas a precios accesibles, juegos y, sobre todo… amistad y compañía. He visto como a primeras horas de la mañana están en las puertas esperando la apertura de los mismos y como los apuran hasta el último momento.

 

Nada que ver con aquella imagen de la viejecita haciendo crochet en la silla de anea o el hombre mayor sentado en el banco hora tras hora. Los mayores se han espabilado. Se encuentran más cercanos a los protagonistas de aquella deliciosa película americana –Cocoon, 1985- que planteaba la revolución cultural, sexual (aun sin conocer la Viagra), emocional y deportiva de los mayores, que a los ancianitos de bastón, coquillo o boina de la posguerra.

 

        La buena noticia de hoy me la proporciona la revista editada por el Centro de Mayores Málaga Trinidad, que recibo desde que colaboré con ellos, con motivo de un curso de iniciación al periodismo que les impartí. Como siempre, aprendí más de ellos que ellos de este humilde escribidor. Dicha revista recoge, amén de un excelente ejercicio del periodismo y la poesía, las diversas actividades que realizan. He podido contemplar setentones de ambos sexos haciendo gimnasia, tocando las castañuelas o la bandurria, arreglando centros de flores o cantando en coro. Les he visto dialogando, discutiendo y reivindicando, aprendiendo judo o informática y jugando al ajedrez o al billar como los ángeles. Allí VIVEN no VEGETAN, comen e, incluso, también se enamoran.

 

No solo se encuentran dichos centros en Málaga capital o en sus barrios. He podido visitar lugares similares en Ronda, Antequera, Torre del Mar, Vélez-Málaga, Alhaurín o Mijas. Pero quiero acabar esta semblanza con el de La Torre de Benagalbón, un lugar encantador, lleno de expertos en dominó, gritones y entrañables, donde paso las mañanas del verano entre gente corriente y cercana. Como verán el árbol de la puerta es todo un símbolo. Añoso, cuidado, bello y frondoso. Todo un ejemplo.

 

 

 

centro mayoresd

El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries m.montescleries@telefonica.net

Málaga 2 de julio de 2015

AQUÉL DÍA EN SUIZA…

El  pasado domingo asistía  a la celebración dominical en la que se proclamó el Evangelio de San Marcos que recoge la curación de la hija de Jairo. En medio de la homilía giré la mirada y descubrí la amplia sonrisa de unas caras conocidas. Un matrimonio que se encontraba en los bancos inmediatos me miraba con cara de felicidad. Inmediatamente puse en marcha las cuatro neuronas que me quedan y las conecté con el Evangelio proclamado y las personas a las que había descubierto. Se trataba de Julio y Pepita.

 

Me trasladé inmediatamente al Cantón Valais en Suiza. A Monthey, Saint Maurice, Martigny y Sión; lugares donde cientos de españoles emigrantes se reúnen alrededor de las Misiones católicas y las casas de España. El matrimonio al que descubrí en la misa de Lo Cea, Julio y Pepita, nos prestaron su cuarto y su cama en la primera visita de evangelización que realizamos a esas tierras entrañables. Posteriormente, cinco o seis veces más nos desplazamos a dichs lugares y nos reunimos para celebrar Cursillos de Cristiandad con emigrantes españoles, portugueses, italianos y sudamericanos.

 

En aquella primera visita, conseguimos, junto al capellán de aquella zona –Ángel Gómez del Valle- que fue quien nos fichó, la proeza de reunir a un grupo de hombres y mujeres en un refugio de alta montaña –Le Vatican- nombre premonitorio, en el que estuvimos tres días bloqueados por la nieve. En esos tres días, en plena Semana Santa, los cinco “baldaos” que nos desplazamos allí pronunciamos en diversas ocasiones las palabras recogidas del Evangelio y transmitidas en nombre de Jesús. Los resultados fueron tremendos. Aquellas familias que vivían muy bien en medio de la soledad compartida, se unieron y se reunieron, se produjeron reacciones extraordinarias y alguno que otro o que otra-  que se creían muertos, se levantaron y encontraron el camino de la paz y de la verdad.

 

El ser mayor tiene eso, que, de vez en cuando, descubres que muchas cosas –“casualidades”- que pasan a tu alrededor, te permiten pasar de la fe a la certeza. Julio y Pepita, que volvieron a Málaga me lo confirmaron el otro día. Valió la pena aquella semana en Los Alpes. Siempre vale la pena.

 

monthey