LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES

CLERIES

Málaga 29 de septiembre de 2008

 

m.montescleries@telefonica.net

 

LA SONRISA

 

       Hacer reír es relativamente fácil. Basta con que hagamos algo fuera de lo corriente, que demos un tropezón, que hagamos el ridículo con una frase indebida o cometamos un error manifiesto para que provoquemos la risa.

 

        El verbo reír va acompañado desgraciadamente de la preposición de. El rico idioma castellano nos permite utilizar otro verbo que a mi me gusta usar mucho más. Sonreír. Este verbo se acompaña con la partícula con. Y esto trae consigo una gran diferencia. No es lo mismo “reírse de” que “sonreír con”.

 

        Los psicólogos conocen muy bien estas situaciones. Y aplican sus consecuencias. He recibido una invitación del Teléfono de la Esperanza para asistir a un curso de Risoterapia que se celebra estos días en un hotel de la costa. Me parece muy acertado. Al mal tiempo, buena cara. A situaciones conflictivas, sonrisas al canto.

 

       Mi buena noticia de hoy me la ha transmitido un celador del Hospital Clínico de Málaga. ¡Un lugar complicado! Para más INRI, el hecho observado se produjo en un pasillo frente a la puerta de los quirófanos. Allí se encuentran una serie de asientos metálicos, adosados a la pared, donde se agolpan los familiares de los enfermos que están siendo operados y, por otra parte, los pacientes que van a ser sometidos a pruebas digestivas  del tipo de: gastroscopias, rectoscopias, radiografías de contraste y otras lindezas por el estilo.

 

         El pasado jueves me encontraba allí acompañando a un familiar que tenía que ser sometido a una de estas pruebas. Durante tres horas vi deambular por aquella zona todo tipo de personajes y de historias. Preocupación en las caras de los enfermos y sus familiares así como palabras de ánimo por parte de los cirujanos a los familiares una vez concluidas las operaciones. De vez en cuando, celadores de las diversas plantas trasladaban a los internados que necesitaban hacerse pruebas, ora en silla de ruedas, ora en las propias camas.

 

        Intempestivamente, oí una especie de mini-bocina que se acercaba. Un celador que transportaba una camilla la hacía sonar para hacer que se abriera un hueco entre la multitud arremolinada en el pasillo. Ubicó a su enfermo en un lugar adecuado y comenzó a hablarle con tanta gracia que consiguió trocar su cara de preocupación en una sonrisa. Así estuvo hasta que condujo el enfermo a la sala de pruebas.

 

      Me miró con cara de complicidad y me dijo como justificándose –vienen muy asustados-. Aprovechó el tiempo de espera para entablar conversación y tranquilizar a cuantos le rodeábamos, recogió su enfermo, sonó la trompetilla y desapareció por los pasillos.

 

       Trabajo bien hecho. Un artista. Puso sonrisas en el dolor y la preocupación. Decía Blasetti, “Una sonrisa cuesta menos que la electricidad, pero llena la casa con más luz”. Una sonrisa significa mucho. Enriquece a quien la recibe; sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo pero su recuerdo, a veces, nunca se borra. Definitivamente, tengo que aprender a sonreír. A llorar nos enseñan los telediarios.

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LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 22 de Septiembre de 2008

m.montescleries@telefonica.net

 

EL SECRETO ESTÁ EN LA Y

 

 

          En los primeros tiempos de la televisión era frecuente la emisión de un anuncio que proclamaba las excelencias de un aceite de oliva andaluz basándose en la principal característica que le diferenciaba de los demás. El secreto estaba en la Y; la letra con que comenzaba el nombre de la empresa fabricante.

 

         Hago referencia a este viejo anuncio cada vez que se plantea una controversia del estilo de: “esto o lo otro”. En el Quijote también surge una situación de este tipo cuando discuten en la venta si un vino sabe a cuero o a hierro. Al investigar, descubren que hay una llave que se había colado en el pellejo de vino… la llave llevaba una cinta de cuero amarrada. Los dos llevaban razón.

 

         En el Diario de la Torre, periódico digital en el que colaboro, se ha planteado una controversia tras la homilía del vicario del pueblo dirigida a sus fieles. En ella manifestaba su inquietud tras permanecer una temporada en Bolivia sustituyendo al Obispo dimisionario Castellanos. En sus palabras el celebrante transmitió su percepción de un país dominado por la pobreza en el que desde hace años los católicos españoles estamos intentando ayudar con fondos que consigan crear escuelas, hospitales y pozos.

 

         Como los seres humanos somos olvidadizos, especialmente en el conocimiento de problemas ajenos que, a veces, son solucionables en gran parte por la solidaridad, los voluntarios que se encuentran en aquella zona encargan encarecidamente a cuantos vuelven para acá, que  nos recuerden su situación y que una cifra que aquí nos parece modesta para ellos es un “Potosí” que les permite afrontar un proyecto con unos resultados espectaculares.

 

        El cura de Alhaurín, con el problema fresco en su retina y en su corazón, no ha hecho más que transmitirlo a su grey. Se ha armado el cisco. ¡El cura ha recordado a sus fieles que a lo mejor los Sagrados Titulares de las cofradías locales no les importa que este año se comparta algo de sus fondos con los hermanos bolivianos! Esta situación me suena. La única vez que me han invitado a un pregón cofradiero dije algo por el estilo y aun no me han vuelto a hablar. En la cofradía de Málaga a la que pertenezco aduje algo parecido y me tacharon de demagogo y comunista (eran otros tiempos).

 

        Ahora soy menos radical. Aunque sigo pensando que sobran muchas torres, grandes templos, explosiones de piedad e imágenes recargadas, entiendo a quienes le parece que deben continuar manteniéndose. Bastante tengo con ser consecuente con mi conciencia para inmiscuirme en la de los demás. Pero el profeta es el que anuncia y denuncia. Y el párroco ha cumplido con su vocación y su deber. Y yo le apoyo totalmente.

 

        Vuelvo al anuncio con que iniciaba este escrito. El secreto está en la Y. Seguir dando culto y procesión a nuestros titulares lo más dignamente posible, con todo el esplendor que se merecen y compartir con los más necesitados lo que nos falta. Sobrarnos en estos tiempos, nos sobra poco. Pero estoy convencido que si este año hay menos velas, menos flores y menos música en Alhaurín porque dichos fondos sirven para dar cultura, salud y comida a nuestros hermanos bolivianos, Jesús y su Madre, que son procesionados  espléndidamente en las calles alhaurinas, van a reinar también en el Altiplano en forma de escuelas y hospitales para los hermanos que así vean aliviada su pobreza.

 

       La Iglesia es muy grande, en ella cabe casi todo, lo importante es que cada uno de los que la formamos seamos consecuentes con el Evangelio y nuestras conciencias formadas en él. Lo de la riqueza de la Iglesia Institución es otro tema. A la jerarquía lo que es de la jerarquía y a la Iglesia de a pie lo que es nuestro. Estoy seguro que los bienes acumulados a lo largo de siglos son un problema para el Pueblo de Dios. Pero Él nos iluminará. Mientras,… cultos, procesiones y compartir con los más pobres. El secreto esta en la y. Quitamos un poquito de aquí que se convertirá en mucho para allí.

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES

             15 de Septiembre de 2008

 m.montescleries@telefonica.net

NO SE HA ACABADO EL MUNDO

 

          Durante la semana pasada nos han estado dando la lata con la probabilidad de que se produjera un nuevo big-bang en nuestro viejo y cansado planeta. El motivo de dicho temor era la puesta en marcha de un macro acelerador de partículas que han estado instalando durante muchos años en el subsuelo de la frontera franco-suiza. Más o menos, los agoreros pronosticaron una nueva especie humana: “el homus a hacer puñetas”. Han arrancado el “bicho” y no ha pasado nada.

 

        El aparatito de marras se extiende en círculo en el subsuelo de uno de los parajes más bellos del mundo con una longitud de 27 Km. y ha costado la friolera de entre 6.000  y 8.000 millones de dólares, (alrededor de 800.000 millones de pesetas). Y lo curioso es que no saben explicar para que vaya a servir. Uno de los científicos que lo controlan compara su servicio al descubrimiento de América: “Colón partió buscando una cosa y encontró otra”. Me deja muy tranquilo.

 

       Entretanto, leo en la prensa local que se va a instalar un nuevo acelerador de partículas en el Hospital Clínico de Málaga, con un presupuesto de 2’5 millones de euros (unos 400 millones de pesetas). Con este nuevo servicio atenderán a unos 400 enfermos oncológicos que están pendientes de tratamiento. ¡Cuantas instalaciones para evitar muertes  y aliviar el dolor  se  podrían subvencionar con una pequeña parte de lo que se gasta en “defensa”, en congresos y reuniones que no sirven para nada y en baladronadas y pamplinas de todo tipo que se dirigen los “altos mandatarios” de los distintos países! ¿Por qué no se callan?

 

      Nuestro ministro de Sanidad, que cada vez me recuerda más a la “sonrisa del régimen”, parece que ha abandonado sus preferencias por la investigación en los islotes hepáticos, que tanto bien puede hacer a los diabéticos, para dedicarse a buscar la forma de clarear nuestro país los dos extremos del recorrido de la vida. Ampliando, y prácticamente liberando, la ley del aborto y propiciando la muerte rápida de los que “insinúen un mal resfriado”.

 

          La buena noticia consiste en que la gran mayoría de los médicos no están por la labor. Cada día surgen más voces discrepantes entre los que han dedicado su formación a salvar vidas. El protocolo de muerte digna se lleva años aplicando en los hospitales y clínicas a los enfermos terminales. Cada vez se consiguen hacer viables a más niños prematuros y con problemas. Vamos, que por sus hechos los conocemos.

 

        No se ha acabado el mundo. Los agoreros nos lo anuncian día tras otro y siempre hay alguien que se lo cree. Sin embargo, yo confío en el futuro. Ayer recibí la foto de una nieta mía de tres años en su primer día de colegio. Una generación nueva que, a la vuelta de treinta años, va a manejar el mundo. Yo no lo veré, pero confío en que lo harán mejor que nosotros. Anatole France, el escritor galo, escribía a principios del siglo XX: “El futuro está oculto detrás de los hombres que lo hacen”. El porvenir, como siempre está en nuestras manos.

       Decía Gandhi: “Si piensas que todo el mundo anda mal, no te olvides que en el mundo te encuentras también tú”. Nuestros talentos los podemos dedicar al bien o al mal. Ahí esta la libertad del hombre.

 

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga, 8 de Septiembre de 2008

m.montescleries@telefonica.net

 

 

VENTIUN GRAMOS BIEN APROVECHADOS

 

 

            Mariposeando por Internet descubro un artículo aparecido en el diario mejicano La Crónica de Hoy y firmado por Rigoberto Aranda, en el que recoge un descubrimiento científico que ha despertado mi interés. Se que es un tema viejo, y que hace tiempo que Alejandro González Iñárritu realizó una película basada en el mismo tema con bastante éxito. Pero las circunstancias me han hecho volver sobre este asunto.

 

            Y es que, a buenas horas mangas verdes, han descubierto que el alma existe… y que pesa 21 gramos. Bueno, no afirman categóricamente que su concepto de alma se identifica con el de los creyentes. Dice el artículo de marras: “El alma existe. No en términos metafísicos, sino concreta y científicamente. Está situada en la marea de neurotransmisores y los recovecos de las estructuras cerebrales. Esos 21 gramos que se desvanecen cuando morimos y que mantienen nuestra conciencia activa; ese espíritu apenas perceptible que, según los creyentes va al cielo o al limbo. Esa quimera, ese suspiro, ya tiene explicación científica. Los primeros esbozos de lo que ahora sabemos, fueron resultado de años de investigación de un hombre irrepetible en la historia de la ciencia. Francis Crick, el mismo físico metido a biólogo que ganó el Premio Nóbel en 1962 por describir, junto con James Watson, la estructura tridimensional de doble hélice del ADN en 1953, dedicó más de 50 años a buscar lo que podemos entender como alma y que algunos llaman conciencia”… Etc.

 

          Con este poético lenguaje, despacha el “cuate” Rigoberto Aranda la respuesta al mayor interrogante que se ha planteado la humanidad. El experimento consistió en síntesis, en pesar a un ser humano antes y después de cesar la actividad cerebral, obteniendo los 21 gramos por la diferencia de peso. Ubican el alma en el cerebro… etc., etc.

 

           Yo me venía maliciando que el alma existe, por esto y por aquello, y porque me lo dice el corazón y la fe. Lo que no estoy de acuerdo es en lo del peso. Es imposible que puedan pesar tan solo 21 gramos la cantidad de vivencias, de sentimientos y de capacidad de generar bondad (o maldad) del ser humano. Pienso que  la “caja negra” del ser humano es como esos mini-ordenadores que nos sorprenden por su capacidad. Es más, se amplia la capacidad de amar  con solo necesitarlo. El problema es que la humanidad se dedica más a rellenar el espacio de odio que de amor.

 

           El viernes celebrábamos la festividad de Teresa de Calcuta. Un minúsculo cuerpecillo fue capaz de generar un sentimiento mundial de solidaridad. ¡Que 21 gramos más bien aprovechados! Lo bueno que tiene el alma de los hombres de buena voluntad,  es que se queda flotando entre nosotros y a nuestra disposición. Y cualquiera puede injertar los buenos sentimientos que emana y transformarlos e incrementarlos en nuestro interior. Lo del ciento por uno.

 

          Mientras, los sesudos y sesudas miembros y miembras de nuestro gobierno se rompen las meninges inventando la forma de hacernos ver lo sana que es la “interrupción terapéutica del embarazo” o la “muerte digna a la carta”. Aborto y eutanasia a gogó. Vida o muerte. Y lo hacen con los mismos 21 gramos de marras. Y del paro y  de la crisis… nada,

 

          Mi buena noticia de hoy. Esta semana hemos vuelto a abrir el Biberódromo. Diez niños más se han enganchado de “nuestras ubres”. Y las puertas abiertas. Otra forma de utilizar los 21 gramos. Decía Aristóteles: El alma es aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos”. Tenemos que aprovecharla.

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