Cine de verano

29 f, 10

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                   Málaga 16 de Agosto de 2010

                       m.montescleries@telefonica.net

 

UNA DEL OESTE  

Para mi amigo y compañero de oficio y de gustos, el periodista cartameño Antonio Ismael Aragón

         Desde el momento en que pisé la facultad de Ciencias de la Comunicación de Málaga se removieron en mi interior todos los sueños y vivencias de una ya lejana juventud. Una etapa de mi vida, en la que la televisión aparece a última hora (y en hogares ajenos),  llena de programas dobles en los cines de mi entorno: Capitol, Avenida, Duque, Moderno, Cayri, -al Plus no nos dejaban ir nuestros padres-, Royal, etc. En sus salas de invierno o las terrazas de verano (al atardecer simultaneo, rezaban los carteles), nos tragábamos unos maravillosos programas dobles que jugaban con el gusto de los espectadores –que por otra parte, disfrutábamos con todo lo que se proyectara-, largándonos una de “amores” y otra de guerra, del oeste o de romanos (aun no se había inventado el termino importado y pedante de “peplum”). Así, todos contentos.

          Mi gusto por ir al cine –ojo he dicho ir, no ver películas- ha desaparecido con la implantación de salas neveras-comedores. En invierno y verano hay que ir con pasamontañas. Asimismo, los espectadores actuales, parece que en vez de ir al cine han ido a comer a “El tintero”; no paran de sacar y rumiar comida. Por otra parte, las películas de hoy (salvo honrosas excepciones) son complicadas, duras, violentas sin motivo, cochinas y aburridas. Cada vez me gustan menos.

        Por eso, cuando revisé en la facultad la historia del cine y me encontré con Kapra, Nieves Conde, Berlanga, Cecil B de Mille, Ford o Mann, entre muchos otros, me sentí a mis anchas. Recuperaba el cine que a mí me gustaba. Mi Buena Noticia de hoy se basa en las películas que nos han ofrecido las distintas cadenas durante este verano. Se han ahorrado una pasta en llevar a “Belenestebanes” para contar sus aventuras y se han hinchado de programar buenas películas antiguas de un coste económico. Especialmente, se han volcado con las del genero “western”, las del oeste de toda la vida, las de “combois” que decíamos, castellanizando el cowboys original.

       Este verano me he puesto a modo. Protagonistas buenos, que realmente lo son; malos, malísimos; rubias de bote despampanantes; indios malvados y tontorrones; colts de seis tiros que disparan diecisiete balas; cabalgadas en las que el caballo del malo lleva el freno puesto; sheriffs “acongojados”, o por el contrario, ganadores de la medalla al mérito. Etc. Etc. Todo ello ha ido desfilando ante mis ojos cansados de tanta telebasura.

      Las películas del Oeste de antes acababan siempre bien. El bueno ganaba y se casaba con la rubia. El malo moría –casi siempre bocabajo en un río al que caía baleado y despeñado por una ladera-. Finalmente, el solitario, montaba en su caballo y se perdía por el horizonte mientras se ponía el sol y se oía silbar una balada…

     He recuperado este verano a Gary Cooper, Robert Mitchum, Alan Ladd, Steward Granger, John Wayne, Burt Lancaster, Kirk Douglas, Charlton Heston, Dean Martin, Richard Widmark, Anthony Quinn, Doris Day, Olivia de Havilland, Glenn Ford… hasta Tony Leblanc y Ozores. Me han hecho volver a las sillas de anea de las viejas terrazas de verano y a las gaseosas Polo. Me han hecho reírme, emocionarme, aplaudir y disfrutar de un par de horas de entretenimiento cada día. –Nota para los iniciados: me quedo con “Fort Apache”-.

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LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                   Málaga 16 de Agosto de 2010

                       m.montescleries@telefonica.net

 

ESE MARAVILLOSO PERSONAL…

        No he investigado sobre la diferencia semántica existente entre las palabras gente y personal. Es más, creo que ambas palabras son sinónimas, Aunque en mi lenguaje malagueño-trinitario, la palabra personal, significa gente querida, gente cercana: mí querida gente.

       Hoy voy a comentarles lo que me transmite el “personal” que invade el recinto ferial en las noches malagueñas de un caluroso agosto. Un personal que pasa, como si no tuviera nada que ver con ellos, de las contiendas “perejileras” con “mon ami, le Roi de Maroc”; de las luchas fraticidas –navaja en mano o en la faja- de los socialistas madrileños; de los homenajes en Barcelona a los terroristas y del petardo de equipo que está confeccionando el Málaga. Un personal que no “echa cuentas” de las tormentas de verano –llenas de pedriscos e inundaciones- que gracias a Dios no nos han tocado esta vez; que pasa sin inmutarse con el hecho de que en la Malagueta se siguen burlando de los aficionados; que sabiamente barrunta que el Gobierno no sabe que hacer… ni la oposición tampoco.

     ¿Dónde está la buena noticia de hoy? Buena pregunta. Para un servidor la transmite dicho personal. Ese mundo anónimo que no sale en las fotos de la Rotativa… pero que llena el Real de la Feria de Málaga noche tras noche. Padres con niños muy pequeños (por cierto, ¿han visto Vds. cuantos gemelos nacen en Málaga en los últimos tiempos?, parece ser que los malagueños han cogido el truquillo para tener los niños de dos en dos). Abuelos plagados de nietos exprimidores de carteras. Familias enteras de los barrios malacitanos, en cuyos brazos, torsos y espaldas se puede ver un muestrario completo de los tatuajes habidos y por haber. Separados… con niños de fin de semana. Indumentos -cuya estética es muy discutible- basados en las chanclas, las camisetas y los pantalones bermudas, para los hombres, y los escotes ombligueros, minifaldas y abalorios para las mujeres. Vendedores de todo tipo, raza, color y nacionalidad. Feriantes extraños con atuendos góticos, etc. etc.

  Todos ellos –dejo aparte los del botellón, que encuentro totalmente fuera de lugar y de clasificación- son el personal. Mi maravilloso personal. Esas familias que este año se han apretado el cinturón y han tirado de bocadillo, de “papa asá”, de hamburguesa y de coca-cola familiar. Esos que han localizado las casetas con rebaja en las tapas. Aquellos que me han recordado los tiempos en que cantábamos verdiales  en las peñas a cambio de “suministro”.

    He visto a la gente bailar una especie de conga moderna. Una fila interminable que sale por una puerta de la caseta y entra por la siguiente. He contemplado a mayores, jóvenes y niños mezclados sin orden y con concierto.  He admirado a los que bailan salsa, merengue y cachondeito hasta reventar. Me he deleitado con una orquesta con su “yambar” y su vocalista. El personal, es una gente que se divierte con botellines de agua y algún cubata. Tiesos, pero felices. Sin futuro y casi sin presente, pero alegres.

    Los hombres siguen reuniéndose en la Plaza de la Constitución, debajo del reloj, para comentar la faena, que casi ninguno ha visto,  esa tarde en la Malagueta. Los abueletes siguen saliendo de la caseta del Renque, donde han sido soberbiamente agasajados por el Ayuntamiento, ávidos de baile y de una vida que se les antoja corta. Los niños siguen soñando con el globo (este año de Bob-esponja) que, como siempre, se les ha volado.

     Pero siempre nos queda la orquesta. Sí, la del “yambar”, el teclado y el vocalista. La que ataca con brío “Paquito el chocolatero”. Todos a bailar. Queda mucho invierno por delante y muchas tonterías que escuchar por parte de los salvadores de la patria. Año de elecciones: Año de mentiras. Pero hasta entonces, mientras el cuerpo y el bolsillo aguante “Carpe diem”. Mañana… Dios dirá. Viva el personal.

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                   Málaga 16 de Agosto de 2010

                       m.montescleries@telefonica.net

 

EL CABALLO DEL “RETRATISTA”

        Estoy convencido de que en algún otro momento y con motivo de alguna otra feria, o porque sí, bien he publicado algo, o bien  he manifestado en alguna intervención pública, mi inmediata asociación de ideas entre la feria y el caballo de cartón del retratista.

      Dicen, los que saben de esto, que las cosas o los sucesos que se viven en la infancia quedan indelebles en la mente. Esto es lo que me pasa con la feria. Tengo que reconocer que soy un “feriadicto”. Mis primeros recuerdos evocan una feria con frío, pocas luces de colores y escasas atracciones. Una feria de aceitunas y vino manchego, de mucho andar y poco gastar. Pero siempre alegre. Me refiero a la feria de San Lucas en Jaén de finales de los cuarenta. La última del año en España. La que da paso a la vuelta al campo de los aceituneros altivos. La de mi niñez y las manos protectoras de mis padres.

         Después, la emigración. Málaga y Martiricos. Antonio Machín y los partidos de futbol-manguera de los bomberos en la Acera de la Marina. Posteriormente, el Parque, el Patio Victoriano, la caseta del Castellblanch, los cuba-libres a duro y los pollos asados. Paseo Marítimo, Prolongación de la Alameda y finalmente Cortijo de Torres.

        Yo siempre me quedaré con el Parque. Nunca tendremos un espacio más bonito que ese, ni una feria más cercana y más alegre que aquella. Para mí, lo de la feria de día, que comenzó siendo una gran idea, se ha convertido en un gran botellón y una merdellonada.

       A la feria he ido vestido de marengo, con uniforme de Milicias, con chaqueta y corbata, con polo o camisa. Jamás con chanclas o pantalón corto. Buscando novia, con novia, recién casado –sin niños-, con niños, con muchos niños, con nieto y con muchos nietos. Con dinero o tieso. Es lo mismo.

      Pero ahora, hablemos de la buena noticia. El hilo conductor de todas las ferias y de tantos años: El caballo de cartón del fotógrafo y los puestos de turrón. De los segundos tengo poco que decir. Creo que están los mismos que iban por el Jaén de mi infancia con la única diferencia que entonces tenían luces de carburo y ahora son eléctricas (¿han visto que bombillotas llevan?). El turrón… creo que es el mismo. Jamás he visto a nadie comprar turrón en la feria. Del caballo de cartón del “retratista” sí puedo dar más información. Creo que también es el mismo de mi infancia, pero el fotógrafo ha cambiado. Los últimos quince o veinte años, viene de Córdoba un hombre bajito, empurado de farias constantemente. La visita a su tenderete es mi único “leitmotiv” feriante. Cada año, y ya son muchos, recojo a toda la familia que puedo, la traslado a la feria y la agrupo alrededor del caballo de cartón en el que monto al más pequeño de los presentes. Una vez conseguido el empeño, procedo a posar con ellos en un “arretrato” que exhibo orgullosamente en mi galería de Montes Ilustres.

        Satisfecho de haber cumplido esta misión, la feria ya no tiene mayor interés para mí. Vuelvo orgulloso con mi papelito para recoger las fotos al día siguiente y me siento pagado de mi familia y del caballo de cartón. Temo que cualquier día se jubilen, el caballo o el fotógrafo o ambos a la vez, y no les vuelva a ver más. Entonces acabará para mí la feria de Málaga. Por consiguiente, declaro solemnemente el caballo de cartón del fotógrafo como especie protegida. El día en que desaparezca, se me acabará el motivo para volver al turrón y a la foto de mi infancia. He dicho.

Mar afuera

8 f, 10

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                   Málaga 8 de julio de 2010

                       m.montescleries@telefonica.net

 

VIVIR EN UN BALCÓN

   Los noticiarios de estos días recogen lo que yo llamaría “serpientes de verano” contemporáneas. Antaño, cuando las noticias políticas no existían, (aún  no sé si es porque no había noticias, no había políticos o no nos enterábamos de nada), cada verano los periódicos, los “partes” y los telediarios, hablaban del monstruo del lago Ness, de los ovnis, y de los “escandalosos” bikinis de B.B.

   Hoy sí, hogaño, se habla mucho de política, pero ¡ojo!, no de la política de verdad. Se comentan las conjunciones planetarias, las persecuciones a los toristas y las huelgas de los “mal-pagados” controladores. Sabemos más del periplo de la Señora Obama and daughter, que de la situación del paro y de la economía. Gracias a Dios, y para salvaguardar la consuetudinaria hospitalidad española, los pelotas oficiales y pseudo-oficiales se han preocupado de enviarle a Mistress Obama (“Sra. Mojama” en calé) toda suerte de viandas por si la maltratan en el hotelucho en el que está “recogida”. Y mis niños del “Biberódromo” sin potitos porque no hay presupuesto.

    Pero yo a lo mío. A mi Buena Noticia de hoy. Se trata de la presencia de un vecino de mi refugio de verano. Él vive permanentemente en un balcón. Desde las diez de la mañana hasta que se va el último rayo de sol permanece en dicho espacio mirando a la playa y contemplando la bahía de Málaga desde Chilches hasta Torremolinos. Es un “voyeur” a la fuerza. Una maldita enfermedad lo tiene totalmente inmovilizado desde hace decenas de años. Un caso muy similar al del protagonista de aquella película “Mar adentro”. Pero con más narices. Él y, sobre todo, su familia. Detrás de un hombre fuerte de espíritu hay el apoyo de unos familiares que lo hacen todo con él y para él. Con naturalidad es cuidado por su esposa e hijos y rodeado por sus nietos que conviven con su problema con alegría y entereza.

     Pepe, que así se llama mi vecino, es un forofo de la tele, le gusta el futbol, cuenta chistes malísimos con una sonrisilla maliciosa, ojea con fruición al “personal” femenino y vive. Para mí es todo un ejemplo a imitar. Es un claro exponente de que se trata de vivir con intensidad lo que se tiene y no sufrir con lo que nos falta.

    No es el mismo sentimiento que nos producen esas personas que toman vacaciones dentro de sus permanentes vacaciones a los que contemplamos embobados como si “hubieran descubierto Europa”. Mientras tanto, a los catorce morenitos que han llegado estos días a nuestras costas en unas barquitas de plástico o a los que quieren cruzar el estrecho a nado -y no por deporte- que les vayan dando.

   Me quedo con Pepe y su vida plena. Llena sobre todo de una mujer que lo cuida y lo disfruta. Llena de mar y de luces. Ole por Manoli. Ella es su plenitud.

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 2 de Agosto de 2010

m.montescleries@telefonica.net

SOLO ANTE EL PELIGRO

    Cada día se presentan más ocasiones en las que uno se siente “solo ante el peligro”. Hay veces que la cosa no tiene transcendencia. Por ejemplo: cuando tienes que poner la ficha decisiva en el dominó, tienes dos para elegir, has olvidado por completo lo que ha jugado tu compañero y, desgraciadamente, un ciento de mirones te rodean por doquier ávidos de afearte el “gravísimo” error que acabas de cometer.

    En otras ocasiones te sientes como el torero catalán Serafín Martín en medio de las Ramblas. Un grupo de vociferantes abortistas, corredores de “bous” embolados y ensogados en los pueblos de toda Cataluña, le rodearán para increparle por “asesino” y por “españolista”. “Solo ante el peligro”.

    Te sientes “solo ante el peligro” cuando manifiestas la incoherencia entre lo que pensamos, hacemos y decimos algunos cristianos. Quizás los más relevantes. Cuando hice público mi estupor por la designación de determinado malagueño ilustre como pregonero de Semana Santa, los tertulianos que me rodeaban me miraron “de hito en hito” (como decían las novelas antiguas) y me despreciaron e ignoraron inmediatamente por carca.

     Nuestro Presidente, Sr. Zapatero, no se encuentra nunca “solo ante el peligro”. Por dos razones: primera, siempre tiene a su alrededor a su corte de “Pajines” con el incensario  a mano; segunda, nunca  siente el peligro. Todo son buenas noticias y brotes verdes. Se frena el descenso de la economía y la subida del paro. Pero solo son cuatro millones seiscientos mil parados. Podían ser seis.

    El resto de los mortales capeamos el temporal como podemos, seguimos esperando que la segunda venida del dios dólar, (léase Obama and family), unida en conjunción planetaria con la del jeque que nos va a traer en jaque, propicie las ristras de longanizas con las que podamos atar los perros de la crisis.

    Mi buena noticia de hoy la recibo de la televisión. Esta semana han repuesto en una cadena de TDT la famosa y autentica película de 1.952 “Solo ante el peligro”. Sí, aquella de Gary Cooper y una jovencísima Grace Kelly, en la que el pueblo de cobardes sale a aclamar al libertador una vez que ha pasado la bulla. (De que me suena esto). Por lo menos en el cine, la verdad y la justicia resplandece. El “bueno” puede a un montón de malos que, milagrosamente, se van poniendo uno a uno en el punto de mira para ir siendo eliminados.

    Ya no se hacen películas de esas. Hoy el cine refleja la realidad de la vida. El malo triunfa y liga con la tipa peligrosa que ya sale en pelotas en la primera escena. Se presenta a unos religiosos corruptos y pederastas, se matan un par de docenas de personas y se acaba presentando la familia “modelna” (pongan Vds. la que quieran: mono-bi o poli parental y homo-bi o poli sexual) y a vivir que son tres días. La corte de donantes de premios al cine la llenaran de colgajos y prebendas y nos la podrán como cine experimental en la dos.

    Me quedo con John Wayne, Gary Cooper, Richard Widmark, Grace Kelly o Sofía Loren. Y porqué no, con Pepe Isbert o Laurita Valenzuela. Ellos nos planteaban héroes admirables e imitables. Eran una BUENA NOTICIA.