periodistas

28 f, 18

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

PERIODISTAS

                                                      Málaga  29 de enero de 2018

 

       Soy periodista; por lo menos eso dice el título que tanto trabajo me costó conseguir allá por el año 2006.

    

     Sin embargo alguno de los que así se autodenominan no se cortan en manifestar que periodista: “es aquel que escribe en los periódicos”, o en los blogs, o en la hoja parroquial, o dice sandeces en una tertulia, con el único mérito de haberse acostado con fulano o fulana.

 

Desde siempre he tenido un gran respeto por esta profesión, lo que me ha llevado a formarme adecuadamente para hacer uso de la misma. Durante los primeros seis años de mi etapa de jubilado procuré recibir los estudios apropiados en la UMA, primero en comunicación audiovisual y después en periodismo.

 

¿A qué viene este preámbulo? Sencillamente a las sensaciones que me produjo la asistencia a la misa que cada año el Obispado Malacitano celebra en honor de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas, a la que no falto ningún año. Por cierto, con escasa repercusión en los medios de difusión locales que no dudan en magnificar el día del dromedario o de los adoradores del gusano de seda. Nuestro patrón… Cosas veredes.

 

Ya han pasado diez años desde aquella primera vez en que me incorporé con amor y temblor a la Asociación de la Prensa de Málaga. Entonces me sentí un tanto desplazado por mi desconocimiento de los medios y de los integrantes del colectivo periodístico. A la comida con la que nos obsequió dicha Asociación asistieron no menos de 100 comensales. Me arrimé a la vieja guardia, que eran de mi edad o mayores que yo, que me acogió como si fuera uno de ellos.

 

Posteriormente se ha ido reduciendo el número de asistentes a dichos actos, en especial a la misa. Este año solo nos reunimos unos treinta en la Parroquia del Sagrario. La mayoría jubilados llenos de experiencia y amor por la profesión. Uno de los jóvenes, Antonio José Guerrero, director de “El sol de Antequera” homenajeado por su trayectoria, manifestó sus experiencias en un periódico que cumple los cien años y terminó confesando su militancia católica.

 

Comprendo que las nuevas generaciones estén por otro tipo de ideas y de celebraciones. Pero creo que todos debemos conmemorar nuestra pertenencia a esta bendita profesión que nos permite, a imitación de lo que hizo en su día San Francisco de Sales, formar, informar y entretener a nuestros coetáneos de una forma veraz y desinteresada. Entonces, con notitas por debajo de las puertas, hoy, desde los distintos medios de comunicación de los que disponemos.

 

La buena noticia de hoy me la transmiten esos viejos periodistas que yo, con los años que tengo, leía cuando era niño en aquellos diarios Sur, la Tarde y la Hoja del lunes, o escuchaba en las radios Nacional o Juventud. Algunos, desde sus más de 90 años siguen apareciendo en esa foto de familia que cada año guardo con ilusión. Para mí la buena noticia de hoy es que yo soy periodista.

 

       

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Perdonar

25 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 25 de enero de 2018

PERDONAR

        Ante tantas declaraciones, llenas de soberbia pero vacías de verdad, en las que se proclama: “olvido pero no perdono” o “perdono pero no olvido”, me han emocionado por su valor humano las realizadas por el padre de Diana Quer.

 

       Carlos Herrera realizó días pasados una excelente entrevista, como todas las que hace, a Juan Carlos Quer, el padre de la joven asesinada cuyo cadáver ha sido descubierto recientemente tras la declaración de su asesino que ha entrado en prisión pendiente de juicio. Amén de sus pretensiones de justicia basada en la prisión perpetua y revisable, el entrevistado comentó su llamada de perdón a la madre del tal “el Chicle”. Está señora no dudó en expresar su repulsa ante la monstruosidad cometida por su hijo.

 

Creo que es más fácil pedir perdón que perdonar. Es obvio; el pedir perdón lleva implícito un sentimiento de culpabilidad. El que perdona, lo tiene que poner todo él; inclusive viviendo en el sentimiento de que lleva la razón. El psicoterapeuta madrileño José Antonio García Higuera lo describe de la siguiente manera: Cuando alguien te hace daño es como si te mordiera una serpiente. Las hay que tienen la boca grande y hacen heridas inmensas. Una vez que te ha dejado de morder, curar una mordedura así puede ser largo y difícil; pero cualquier herida se cierra finalmente. Pero el problema es mucho peor si la serpiente es venenosa y, que aunque se ha ido, te deja un veneno dentro que impide que la herida se cierre. Los venenos más comunes son el de la venganza, el del ojo por ojo y el de buscar justicia y reparación por encima de todo. El veneno puede estar actuando durante muchos años y, por eso, la herida no se cierra, el dolor no cesa durante todo ese tiempo y tu vida pierde alegría, fuerza y energía”.

 

    Los cristianos tenemos un ejemplo claro de lo que debe ser el perdón: setenta veces siete; es decir siempre. Normalmente no podemos asumirlo pero nos queda el recurso es la oración y los sacramentos.

 

Les diré un secreto: yo olvido con suma facilidad, así que el no acordarme lleva consigo implícito el perdón por falta de memoria. La Iglesia, desgraciadamente, tiene que pedir perdón en algunas ocasiones y perdonar en todas. Los cristianos, que somos Iglesia  debemos andar por el mismo camino.

 

 

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

UNA BODA DE ALTURA

                                                      Málaga  22 de enero de 2018

 

       Este Papa no tiene remedio. Se ha empeñado en transmitirnos un cristianismo más sencillo, vivido y cercano a los demás y va a acabar por convencernos.

 

Entiendo, pero no comparto, que a los católicos apegados a las tradiciones y el continuismo, les rechinen a veces las meninges ante un romano pontífice que intente limpiar el montón de cachivaches que hemos incorporado a la Iglesia y que, en ocasiones, nos impiden ver a Dios. Esa radicalización (vuelta a las raíces) trastorna lo que “siempre se ha hecho”.

 

Las iglesias protestantes hace años que se dieron cuenta de todo esto y, pese a sus imperfecciones, que las tienen, han estado más atentas a los signos de los tiempos que las católicas. Guillermo Fesser, un tipo con mucho talento que conoce muy bien los Estados Unidos, hizo hace unos días un reportaje para una cadena de televisión española sobre los cultos de la multitud de iglesias protestantes que proliferan a lo largo y ancho del país norteamericano.

 

Aterrizó en una celebración realizada en un gran auditorio, caldeado y lleno de fieles a rebosar mientras en la calle se encontraban a ocho grados bajo cero. El pastor hablaba de la evolución de su trabajo en función de las necesidades de cada tiempo. Todo a lo grande, orquesta, sermón, cantantes, comida, descanso con anuncios publicitarios, amistad, buenos consejos y a compartir en comunidad. Nadie pedía nada a nadie. Tan solo su presencia y su participación.

 

No pretendo que nuestros templos se conviertan en casinos, auditorios o plazas de toros. Pero habría que cambiar el boato y la distancia por la sencillez y la cercanía. El yo por el nosotros y la intransigencia por la amabilidad. Me imagino a uno de nuestros prestes preguntando a unos novios a los que apenas conoce si se quieren casar sobre la marcha. A muchos les da un patatús.

 

Desde algunos miembros de la jerarquía eclesiástica, comenzando por el Papa Francisco, hasta muchos cristianos de a pie, sostenemos que mientras menos trabas pongamos y menos papeles pidamos se volverán a enriquecer nuestras comunidades. Ahora nos piden una especie de “limpieza de sangre” a los padrinos de un bautizo, hacen pasar a los niños por la confirmación antes de la comunión, cursos para todo, y se siguen cerrando muchas puertas a los separados o divorciados. A veces nos quedamos en la formación sin la convicción.

 

El Papa, en medio de un vuelo por Sudamérica ha ejercido de buen samaritano, no les ha pedido papeles ni cursos intensivos a una pareja que les pidió que les casara; tan solo les preguntó si se querían. Ocho años casados por lo civil y dos hijos lo certificaban. A su respuesta afirmativa los bendijo en nombre del Señor.

 

Otro gran ejemplo de un hombre que sigue los pasos de Jesús de Nazaret; un Papa que perdona y nos marca el camino de la felicidad: el amor, el perdón y la comprensión. Esta sí que ha sido una boda de altura. Una buena noticia para los que esperamos conseguir un cristianismo más cercano y menos ritualista.

 

 

    

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 18 de enero de 2018

SEMBRAR Y, A VECES, RECOGER

        Aquellos que tenemos “algunas” primaveras a nuestra espalda, estamos acostumbrados a no recoger los frutos de la mayoría de los servicios o trabajos que desempeñamos.

 

       Un grupo de psicólogos catalanes lo explican mucho mejor que yo en un artículo que ha llegado a mis manos: Podemos sembrar pero no podemos controlar la cosecha. El viento, la lluvia, las plagas, etc. pueden arruinarla a pesar de todos nuestros esfuerzos. Podemos iniciar un proyecto, salir de nuestra zona de comodidad y arriesgarnos a algún cambio pero nunca podemos garantizar el resultado”. 

 

       Hace cuarenta y siete años que participé en un Cursillo de Cristiandad. Esta experiencia me cautivó de tal forma que ha sido la motivación principal de mi vida espiritual y de compromiso con los demás. Desde primera hora me di cuenta que el peor enemigo de los Cursillos era la autocomplacencia y el “cursillismo”. Poner la meta en llenar muchos cursillos y aumentar el número de “cursillistas”. Siempre he dicho que la meta no es ser cursillista, sino ser cristianos.

 

En este empeño hemos trabajado por innovar el método y sembrar en los ambientes la semilla del cristianismo. Siempre que nos preguntan por los resultados del paso de 20.000 malagueños por esta experiencia, nuestra respuesta es la misma: “venimos a sembrar, no a recoger. Pero desde la capacidad de riesgo y el “salto al vacío de la fe”.

 

Los años nos han permitido, a veces, intuir que nuestro trabajo no ha sido en vano. Allá por Octubre de 1978 nos liamos la manta a la cabeza y pusimos en marcha el primer cursillo mixto para jóvenes de la Diócesis de Málaga. No teníamos demasiados permisos, pero contábamos con Don Ramón Buxarrais, entonces Obispo de Málaga, que daba paso a las iniciativas que le proponíamos; después llegaron los Cursillo de Matrimonios, tercera edad, mixtos, para emigrantes, etc.

 

De todos ellos recibimos referencias, casi siempre positivas, pero sobre todo a mí, personalmente, me suena a gloria aquél primer cursillo de jóvenes en Villa San Pedro. Un equipo de responsables formado por tres curas y nueve seglares nos encargamos de transmitir una forma de vivir al estilo de Cristo a cuarenta jóvenes de alrededor de menos de veinte años.

 

Trabajaron en la Iglesia y para la Iglesia, terminaron sus estudios y se incorporaron a la sociedad, el trabajo y la economía de Málaga. El sábado pasado nos volvimos a encontrar con muchos de ellos. Algunos de los del equipo se encuentran con el Padre. Alguno del resto de los integrantes no pudo acudir. Pero nos juntamos un par de docenas para compartir el pan, la sal y las vivencias.

 

Pudimos ver el resultado de la cosecha. Padres de familia, profesionales de todo tipo, alguna viuda, algún separado. Pero todos con el mismo sentimiento. Aquél encuentro cambió su vida. Han realizado lo que se pretendía. Vivir y transmitir el Evangelio a su alrededor. Desde el anonimato y el cristianismo de a pie. Eso es lo que se pretendía y muchas veces hemos perdido de vista.

El ser mayor a veces te permite recibir estos disfrutones. Dios se lo pague a Dios. Las fotos, como pueden ver son de dos momentos diferentes.

 

 

 

 

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La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

UN BANCO CON MUCHO INTERÉS

                                                      Málaga  15 de enero de 2018

   

     Hace años estuve encargado de la comunicación interna y externa de Bancosol. Allí aprendí a amar el trabajo de los bancos de alimentos y admirar la dedicación del entonces presidente, Javier Peña.

 

     Esta semana he participado en la asamblea en la que se ha nombrado una nueva junta directiva presidida por Joaquín Jiménez –hasta ahora presidente en funciones-, lo que me ha permitido rememorar ese slogan que tuve la oportunidad de crear en su día; Bancosol: Un banco con mucho interés.

 

Se van a cumplir veinte años de la constitución de esta plataforma de recuperación, tratamiento y distribución de aquellos excedentes o productos de inminente caducidad que pueden ser perfectamente aprovechados. De aquella cuartelada de Merca Málaga a las extraordinarias instalaciones actuales, ha sido el necesario el trabajo y el esfuerzo de mucha gente. En especial, de Germán Barceló y Javier Peña, presidentes que ya no se encuentran junto a nosotros, pero siguen estando entre nosotros. Con Javier, que me fichó para hacer mis primeros trabajos en la comunicación, he tenido la oportunidad de compartir ilusiones y bien hacer. Siempre desde la oración y el encuentro con el necesitado.

Los bancos de alimentos, y en este caso Bancosol, son un ejemplo del trabajo solidario bien hecho. Así lo reconocen todos los malagueños que cada día y, especialmente, en las grandes recogidas, se vuelcan en la entrega de toneladas de alimentos y objetos de aseo, que después llegan a los beneficiarios a través de las entidades de reparto.

 

Mi buena noticia de hoy son esos cientos de voluntarios anónimos que, mañana y tarde, allí en el quinto pino, se enfundan en los petos de Bancosol, y se ponen a la tarea de pedir, recoger, clasificar y repartir alimentos para miles de familias malagueñas que no llegan a final de mes. Día tras día, desde el anonimato, dan de comer al hambriento.

 

BANCOSOL es un banco con mucho interés. Nos da el ciento por uno.

 

              

                   

  

CASCARRABIAS

11 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 11 de enero de 2018

CASCARRABIAS

    Se suele decir que el que tiene algún problema, defecto o dificultad, es el último que se entera. Hace falta que se lo diga un montón de personas para que caiga en la cuenta.

 

Me he ido al diccionario de la RAE para poder definir con propiedad que o quién es un cascarrabias. Ha salido una foto mía y me he enterado; respondo a la siguiente definición: “persona que fácilmente se enoja, riñe o demuestra enfado”. Por otro lado descubro que se trata de un “quisquilloso, irritable, irascible, gruñón, susceptible, excitable, pulguillas, aguafiestas, avinagrado, gruñón y malhumorado”.

 

Vaya tela. Me describe a la perfección. Y yo antes no era así. ¡Estoy hecho un cascarrabias! ¿Dónde se cura uno de esto? Pues como todas las “enfermedades”. En primer lugar reconocer que se padece el “síndrome del cascarrabias”. Es el primer paso para “mejorar”.

 

Si no lo reconoces, te cabreas y, encima, aumentas tu “enfermedad”. He pasado por esta crisis. Finalmente me he rendido a la evidencia; soy un cascarrabias. Internet habla de la enfermedad, pero no dice nada del tratamiento. Por eso, he recurrido a la medicina natural; paciencia, comprensión, ajo y agua. No hay otro. Recordar cuando todo nos parecía bien y lo felices que éramos y nos sentíamos.

 

Por todo esto, apelo a los miembros del “segmento de plata” que, supongo, están incursos en el mismo problema que yo. Primero: reconocer nuestro problema y segundo: ponerle un poco de buena voluntad. Seguiremos informando.

 

 

REYES

7 f, 18

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

REYES

                                                      Málaga  8 de enero de 2018

   

     La semana pasada se ha acumulado una sobredosis de noticias sobre los Reyes en los medios. Por una parte Don Juan Carlos, que ha cumplido 80 años; por otra aquellos “magos” que desfilan en cada población; esos que salen el día y a la hora que les parece. Finalmente, “las novedades”: reyes, reinas y mediopensionistas.

  

      Casi nada que ver con aquellos Magos de Oriente que saben muy bien de donde vienen y a donde van. Los auténticos vienen del amor de los seres humanos con sus semejantes; especialmente con los niños… o los que “se hacen como niños”. Van hacía “los hombres de buena voluntad” que son capaces de vivir la ilusión de la inocencia recuperada.

 

Vivo rodeado de niños de todas las edades. Desde la mayor, que tiene 92 años a la más pequeña, que vive aun en el vientre de la madre. En nuestra casa amanece muy pronto el día 6 de enero. Un  salón de suficientes dimensiones, se llena hasta arriba de regalos que los magos de oriente van depositando silenciosamente desde primera hora. La botella de aguardiente pega un bajón considerable debido al montón de viajes que se pegan los reyes o sus pajes a lo largo de su ir y venir.

 

El día de los Reyes Magos de Oriente, el de verdad, el que tiene poco que ver con las grandes superficies y las compras por Internet, al que no representan quienes se disfrazan para vivir su minuto de gloria, sin pensar en lo que representan y a a quienes va dirigido; ese maravilloso día, sigue siendo el día de la ilusión, en el que recordamos aquella estrella de sheriff, la pepona y “las cosas del colegio” de nuestra infancia; aquellos puestos de las calles malagueñas llenos de caballos de cartón y de ristras de ollitas de lata.

 

Hoy se regalan “drones” y aumentos de pecho. Viajes a paraísos Disney y bicicletas eléctricas. No importa. Seguirá siendo importante no el juguete, sino el compartir el juego o el regalo con los “niños” de todas las edades. No el precio, sino la búsqueda de aquello que hace ilusión al otro.

 

Mi buena noticia de hoy me la transmiten las gentes de mi casa. Esos que nos volvemos a reunir para abrir los regalos uno a uno. Otra vez más de treinta devorando lo poco, pero suficiente, que aun nos ha quedado de las Navidades y los tropecientos roscos de reyes que aportamos entre todos. Al final, personalmente, acabo harto de niños. Y de padres de los niños. Y de tantas fiestas.

 

Lo siento por los que hayan perdido la ilusión por este día. Ellos se lo pierden. El resto del año disfrutaremos más reyes que en ningún país. Uno en el trono, otro emérito y los cuatro de la baraja.

 

El discurso

4 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 4 de enero de 2018

EL DISCURSO

    Aquél padre de familia había crecido oyendo discursos programáticos cada final de año. Primero le hablaban de pantanos, luego de transición, más tarde de crisis y finalmente de separatismo.

Regidores nacionales, autonómicos, provinciales y locales, laicos y de la Iglesia le habían transmitido sus mejores deseos, la presunción de haberlo hecho muy bien y la firme promesa de que todo iba a ir mucho mejor.

 

Nuestro hombre se pensó: ¿por qué no voy yo a pronunciar mi discurso? ¿Y qué les digo yo a mi gente? Los reunió en fin de año; tiró de recursos y se fue tres mil años atrás; el Eclesiastés: “Dios hace más respetable al padre que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre la prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros… Hijo mío se constante en honrar a tu padre, no le abandones mientras vivas; aunque chochee, no le abochornes mientras vivas…

 

Le pareció antiguo y trasnochado. Adelantó en el tiempo mil años y se encontró con una carta de San Pablo: “Mujeres vivid bajo la autoridad de vuestros maridos. Maridos amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres, padres no exasperéis a vuestros hijos…”. Por declaraciones más suaves que estas te pueden meter en el talego por maltrato, abuso, extorsión, desprecio de sexo y edad, nocturnidad y alevosía. Nada, esto tampoco.

 

Tiró del corazón, cerró el cacumen y les dijo Perdonadme porque me habré equivocado en mucho, en casi todo. No ha sido mi intención. Me quiero dedicar por completo a vosotros. Pedidme lo que queráis. Incluso dinero. -Pá cuatro días…- Lo mío es vuestro. Permaneced unidos como hasta ahora. Eso os hará fuertes. Seguid alrededor de vuestra madre; la madre es el pilar firme de la familia. Hijos (que sois mis nietos) aprended de vuestros padres (que son mis hijos). La herencia que os puedo dejar es mi vida y mi forma de ser (a los hijos no los educamos, nos imitan) no es la mejor, pero tampoco ha sido mala. Este año nos falta alguno de los mayores, que se han ido con el padre, pero se han incorporado niños y cónyuges. A ver si el año que viene estamos los mismos o somos dos o tres más”.

 

    Este rollo parece que les gustó. Una de ellos cogió el relevo y les proclamó un discurso precioso lleno de frescura. Había llegado la nueva generación. El tipo de nuestra historia, aquél padre de familia, se sintió satisfecho. Había entregado el relevo. Una vez más el “segmento de plata” había sido útil. No es como el oro… pero funciona. Hay que adaptarse a los tiempos. Y a lo que nos viene, la familia virtual (ver dibujo).