Políticos

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LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

 

Málaga 30 de enero de 2017

 

m.montescleries@telefonica.net

 

POLÍTICOS

 

Aquellos que pasamos una dura infancia en la posguerra, los pertenecientes a una “baby boom” a la española, hemos podido contemplar a los políticos en todas sus facetas.

 

Creo que, no sin cierta razón, la palabra político ha rechinado  en nuestras mentes desde siempre. Posiblemente porque a lo largo de nuestra infancia y adolescencia participamos de un pavor cerval a todo lo que sonara a política. Cuando se mencionaba algo relacionado con este concepto, se bajaba la voz mientras se miraba a nuestro alrededor con temor.

 

Llegó la transición. Pese a que nuestros mayores nos recomendaban “no meternos en política”, nos llenamos de ilusión y tomamos las opciones oportunas y necesarias para involucrarnos cada uno a su nivel y capacidad. Ya nos advertían los problemas que se iban a suscitar con chistes como el de la diferencia entre madre y madre “política” para definir su “maldad”.

 

En nuestros días, pasada la euforia de lo nuevo y conocidas las barbaridades que han cometido en nombre de la política, hemos llegado al pasotismo total, salvando algunos profesionales, allegados a las clases dirigentes o aspirantes a las mismas. Encima, los medios van destapando situaciones y actitudes que te ayudan a desconfiar de todo lo que huela a político. Libros que te hablan de la influencia de diversos estamentos de otros países que han puesto y quitado gobiernos y gobernantes en España. Choriceos sin fin; relaciones “sentimentales” financiadas por los servicios de inteligencia; políticos y dirigentes de todo tipo encarcelados; contabilidades B; etc. etc.

 

Todo ello nos ha llevado a hacernos perder la ilusión y las ganas de mojarnos. Tenemos que superar esta etapa de indiferencia y volver a creer en lo público y en los gestores. Pero es que nos lo ponen muy difícil. De momento nos llega de Yankilandia un señor Trump -como mal menor para los americanos, o eso piensan ellos-, y nos hace rasgarnos las vestiduras, mesarnos los cabellos y buscar un hueco perdido en la montaña para pasar nuestros últimos días.

 

Mi buena noticia de hoy  me la proporcionan, una vez más, esos seres corrientes que viven su lucha diaria con las situaciones injustas desde el anonimato. El pasado viernes fue inaugurado un economato solidario en el Palo. Allí un abnegado ex maestro, Fernando, desde su asociación  Amfremar, ha conseguido, auspiciado por el Ayuntamiento y otras muchas instituciones, abrir un establecimiento, al estilo del ya existente Corinto de los cofrades, en el que las familias necesitadas pueden comprar sus alimentos y artículos varios con unos precios muy económicos y, sobre todo, sin perder su dignidad.

 

Allí estábamos todos los “fiebres” que nos movemos en ese “mundillo”, encabezados por nuestro alcalde, Don Francisco de la Torre, y las buenas gentes de Asuntos Sociales. Políticos-gestores que se dedican a servir y no a ser servidos. Ellos nos permiten mantener un hilo de confianza en un sector, el político, que se empeña en que perdamos las esperanzas que pusimos en ellos hace ya más de cuarenta años.

 

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El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 26 de enero de 2017

EL ÓBOLO DE LA VIUDA      

  Supongo que todos los seguidores de este “segmento de plata” conocen suficientemente el pasaje evangélico que recoge el comentario de Jesús ante la escena que presencia en vivo y en directo.

 

Estoy seguro que, si nos movemos un poco por este mundo, habremos sido testigos presenciales de circunstancias como la narrada en el evangelio de Lucas. La primera vez que pude comprobarlo sucedió a consecuencia de una locura juvenil que realizamos hace muchos años en la parroquia de Santo Domingo. Un grupo de jóvenes nos lanzamos a pedir puerta por puerta dinero para unos necesitados. Recibimos perras gordas, reales y pesetas en los corralones y las calles angostas del Perchel. Cuando salimos a la zona de calle Mármoles y las casas con portales y ascensores, la cosa varió. Posiblemente fue una casualidad. Pero me dio que pensar.

 

Desgraciadamente hoy sucede lo mismo. El común de los mortales esta menos apegado al dinero, quizás porque lo maneja poco. El rico, no el adinerado, lo es posiblemente porque tiene su corazón puesto en el atesorar, sin tener en cuenta que no se lo va a llevar para arriba. Al final se descubre que se sube con mucha más facilidad cuando uno deja pocas ataduras en esta tierra.

 

Al llevar años trabajando en organizaciones no gubernamentales dedicados a los más necesitados, me he convertido en una especie de pedigüeño. No se me da muy mal, porque no fuerzo a nadie y les explico que les estoy haciendo el favor de ser solidarios. El método funciona cuando presentas resultados.

 

Este fin de semana he tenido una experiencia única. Ando pidiendo por los diversos estamentos unas casullas para una iglesia pobre. Acudí a unas monjas de clausura, pobres, pobres, a ver si tenían por allí alguna o me podían confeccionar una de forma sencilla. Al no poder atender mi petición, me sorprendieron con un sobrecito conteniendo una cantidad exagerada para sus posibilidades. Recordé como rebuscamos en nuestros bolsillos para echar una monedita en la ofrenda y se me cayó la cara de vergüenza.

 

Una vez más he podido vivir una realidad. Para predicar la palabra de Dios a los pobres, hay que ser pobre. Pobre de dinero, o de conocimientos, o de influencias o de orgullo. Entonces se comenzará a dar de lo que nos falta, no de lo que nos sobra.

 

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BOCAIRENTE

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LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

 

Málaga 23 de enero de 2017

 

m.montescleries@telefonica.net

 

BOCAIRENTE

 

Bocairente es una preciosa ciudad de la provincia de Valencia. Estos días ha salido en todos los telediarios con motivo del parto de un niño en medio de una gran nevada.

 

Este antiquísimo pueblo, heredero de un montón de culturas desde el neolítico, se hizo grande durante el paso de los musulmanes por la zona. De ellos tomó su nombre de inspiración totalmente árabe (Bekirent).

 

Lo que no conoce el común de los mortales es la vinculación (por lo menos en lo afectivo) de Bocairente y Málaga. Todo nace de su mayor industria, la de fabricación de mantas, hoy desgraciadamente casi desaparecida. Lo que le permitió conseguir en el siglo XVI el título de Real Fábrica de Mantas, de manos de Felipe II, ni más ni menos.

 

Allá por el principio de los años setenta, tuve la oportunidad de contactar con el principal fabricante de mantas bocairentino. Me nombró su representante en Málaga. Iniciamos nuestro negocio con una visita a Málaga; con “ca er Cabra” como lugar de encuentro. Los chanquetes y los espetos crearon un vínculo entre nosotros que ha perdurado hasta el día de hoy. Ora en el cabra, ora en “Miguelito el cariñoso”, se cerraron las mejores operaciones de venta que llenaron Málaga de mantas de Bocairente. En los tiempos en que se vendían mantas españolas.

 

No todo era negocio. Aquellos días de la gran inundación de Málaga, allá por finales de los 80, cientos de mantas bocairentinas vinieron gratis a nuestra ciudad para ser repartidos entre los necesitados. Ojo, sin pedírselas siquiera.

 

Pero mi buena noticia de hoy me voy a permitir basarla en mis recuerdos vitales. Un pueblo precioso, en medio de la Sierra Mariola, separado de la carretera general por un puente defendido por la estatua de un lugareño que ha cambiado el abrigo o la pelliza por una manta que le cubre la cabeza y la espalda. Siguen manteniendo una preciosa plaza de toros incrustada en la montaña donde el encargado de la puerta de corrales viste ropa malagueña. En lo más alto del pueblo se ubica una iglesia antiquísima donde se celebra en estos días la fiesta de San Blas, el patrono del pueblo y de los que tenemos una garganta débil.

 

En estos días también se viven las tradicionales fiestas de moros y cristianos. Vestidos con sus mejores galas se pelean por conquistar un castillo sito en la plaza principal. Esta lid les permite inflarse a comer y  beber, así como realizar la fusión de todo el pueblo. Sin acepción de personas ni economías, de pobreza o de riqueza, de patronos y de obreros.

 

La filá de los Contrabandistas va pertrechada de mantas y trabucos al estilo rondeño y unos catites adquiridos en la malagueña casa de Pedro Mira. Los malacitanos que, como yo, hemos aparecido por aquellas tierras, hemos podido disfrutar de la hospitalidad de aquellas gentes. En alguna ocasión, creo que en todas, he terminado el día en alguna de los hogares de las diversas filás, desfilando con un sable o tocando los platillos de una de las muchas bandas de música. Allí suena “Paquito el Chocolatero” de otra forma. La venta “el borrego”, el hotel de la Estación o la cercana Agres, en cuya fonda me he ventilado las mejores paellas de mi vida (que son muchas), son para mí recuerdos imborrables.

 

La nieve y una ambulancia trasladando a una parturienta a la cercana población de Onteniente en medio del temporal, me han retrotraído a mis vivencias de aquellos años en que las mantas eran un nexo de unión entre los malagueños y las buenas gentes de Bocairent. Termino prometiendo que en cuanto pueda volveré a rematar la paella con una copa de ese licor de hierbas que resucita a los muertos.

 

Esta es la auténtica fusión. Moros y cristianos revueltos. Todas las filás juntas. Moros y cristianos del bracete. A ver si aprendemos.

 

Vitol al Patrón Sant Blai.

 

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Frío

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El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 19 de enero de 2017

FRÍO

          Los mayores sentimos más el frío. Quizás nos movemos menos. Quizás hacemos menos ejercicio. Quizás nuestros órganos están cansados o atrofiados. La realidad es que nos convertimos en témpanos rápidamente. El alma, a veces, también se enfría.

 

El frío climatológico ha llegado. Parece que el grajo vuela bajo. Tiramos de guantes, bufandas y viejos abrigos con olor a años de servicio. Nos miramos unos a otros con temor de que esto no acabe nunca. Encendemos estufas y chimeneas y ponemos la calefacción del coche a todo trapo. Pero todo esto pasará mañana… o pasado. En marzo, volveremos a recuperar la rebequita y el paseo playero en mangas de camisa.

 

Lo malo es que  a los mayores, a veces, nos llega el frío en el alma. Nos pasamos las noches de duermevela pensando lo que pudo ser nuestra vida y lo que no fue. Miramos con miedo al futuro cercano. A la enfermedad o la muerte. A la incapacidad, lo que es aun peor. Nuestra fe, cogida con alfileres, se desmorona al enfrentarnos con la realidad. Ya somos un número. Uno de esos “mayores” con los que la sociedad adopta una actitud paternalista.

 

Es el momento de tirar del abrigo y los guantes de nuestro espíritu, encender la llama de nuestra capacidad de amar y pasar del lamento y la queja al agradecimiento por la vida que aun nos sonríe. El agradecimiento por los avances de la ciencia que nos permiten tener unas expectativas de vida que nuestros abuelos no podían ni soñar. Y una vida con calidad. No para tirar cohetes, pero sí para movernos por este mundo con dignidad.

 

El frío llega con la incomprensión. De los otros y la nuestra propia. Tenemos que recurrir a nuestra paciencia y apelar a la de los demás. La tentación está en retirarte de toda actividad y moverte en tu campo de seguridad. En ese momento entras en el asilo de las ideas y de la actividad.

 

Por eso hoy, me abrigo con el ejemplo de aquellos que han estado dando el callo hasta el último día. Me pongo los guantes de la oración y me caliento con el encuentro con el que me necesita. Aunque no me comprenda.

 

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Lástima…

15 f, 17

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

 

Málaga 16 de enero de 2017

 

m.montescleries@telefonica.net

 

Lástima, pena, indignación o cercanía

 

Ante las diversas situaciones que rodean nuestras vidas podemos tomar una de las opciones que intento describir a continuación.

 

Casi siempre nos quedamos con lo mínimo. Una ojeada, un gesto…, una frase. ¡Qué lástima! Dice el diccionario de la Rae que la palabra lástima es sinónimo de compasión; “cosa que causa disgusto, aunque sea ligero”. Se oye decir a menudo: “qué lastima de hijo”; “me dan lástima los animales abandonados”; frases que no comprometen a nada.

 

Otras veces decimos: Me dan pena. Dice el diccionario: “sentimiento grande de tristeza”. Un sentimiento, no una actitud… ni una decisión. Muy propia para una copla, pero no te hace mojarte.

 

La indignación es: “enojo, ira o enfado permanente contra una persona o contra sus actos”. Otra actitud que se olvida cuando pasa el momento. Me cabreo muchísimo, pero ande yo caliente. La indignación se diluye entre lo cotidiano como un azucarillo en café caliente.

 

La cercanía es otra cosa. Cercanía es “situación de cercano, inmediato, junto a, próximo, prójimo. La cercanía compromete. Se trata de poner al servicio del otro nuestros sentidos. Escucharlo, no oírlo; verlo, no mirarlo. Acercarse a su vida.

 

En mi ya larga vida he podido experimentar todas estas situaciones. He pasado por la lástima, la pena y la indignación. He podido observar como la ciudadanía, encabezada por sus dirigentes, pasa también por todas estas sensaciones de cara a la galería. Niños ahogados en la playa; colas de familias completas envueltas en harapos, en medio de la nieve y la nada, buscando un plato de comida caliente. Mientras, desde la hipocresía, se recuerda cada día lo mal que lo hicieron nuestros padres y lo bien que nos lo estamos montando para seguir en el coche oficial, la poltrona y el cargo. Democracia para los míos, mucha lástima, mucha pena, mucha indignación y poca cercanía. Reuniones, congresos y demás zarandajas para mejorar la situación de mi partido, mi “país” o la mía propia.

 

He tirado la toalla ante lo público. Me conformo con lo que yo pueda hacer. Paso de la lástima, la pena o la indignación. He desembocado en la cercanía. He descubierto al otro, sin dejar al mío. El otro, que necesita salir de su anonimato y que le llames por su nombre; el otro, que necesita la palabra de aliento ante la nada que se le ofrece cada día; el otro, que necesita compartir ese café mientras se siente mirado por alguien con cercanía.

 

Me sigo ciscando en tanta reunión, debate, primarios y quítate tú para que me ponga yo. Mentiras lastimosas. La buena noticia me la da, esta mañana muy temprano, ese hombre cercano que duerme en la calle –hoy no, gracias a Dios-, con estudios y una profesión, que sale a la calle soñando con encontrar ese trabajo que lo saque de esa situación y esa soledad. Hoy ya no es anónimo. Es mi amigo. Le conozco y le hablo por su nombre.

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El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries                    m.montescleries@telefonica.net

                       Málaga doce de enero de 2017

PASÓ HACIENDO EL BIEN

El pasado domingo leíamos en los Hechos de los Apóstoles un fragmento (act. 10-24-39) en el que el Apóstol Pedro explica al centurión quién era Jesús.

 

    Curiosamente cuando cada año escucho este pasaje de los Hechos, se me encienden un montón de luces en la mente. Me transporto al pellejo de aquel romano (Cornelio) y vuelvo a intuir (como aquel militar), el verdadero y último sentido del mensaje de Jesús. Este elimina por completo la acepción de personas y pone a nuestro servicio un estilo de vida fácil de entender y difícil de realizar: pasar por el mundo haciendo el bien.

 

Hoy nos encontramos en una situación similar a la que se encontró Pedro en Roma: un auditorio bautizado, pero técnicamente pagano, que desconoce lo profundo del mensaje de Jesús y que recibe a diario noticias negativas de una Iglesia que no acaba por evadirse de las deformaciones que los humanos a través de los siglos hemos llevado a cabo del fin último del Evangelio: salvar el mundo del desamor e implantar el inicio del reino de Dios en la tierra.  

 

Me vuelven a hacer pensar esas lecturas de la Eucaristía del pasado domingo. Como siempre, dado mi extenso recorrido vital, he podido constatar que cuando los seres humanos adoptan este estilo de vida, pasan por el mundo dejando huella. No quiero señalar, pero puedo hablar de muchas, muchas personas que han pasado por el mundo haciendo el bien. Ninguno ha sido VIP, ni político, ni potentado. Ni siquiera le ha hecho falta. Son cristianos. Esos que viven el estilo de vida de Jesús. También viven los Sacramentos. Sin cumplimiento.

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LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

 

Málaga 9 de enero de 2017

 

m.montescleries@telefonica.net

 

¡Qué cosas dice la radio!

 

 

Las noticias radiofónicas de cada hora te dan pie a reflexionar a lo largo de los siguientes sesenta minutos. La pasada tarde del viernes (día de Reyes), les tocó hablar de refugiados.

 

La primera noticia que cogí a “vuela onda” nos hablaba de una estadística terrible: cinco mil “nosecuantas” personas han fallecido devoradas por el Mediterráneo, durante el pasado año, mientras buscaban otra vida a este lado del Mare Nostrum. Esto le da el primer puesto del ranking de la inconsciencia y la insolidaridad entre los pueblos; el segundo puesto lo ocupa la frontera entre EEUU y Méjico con unos quinientos fallecidos. El señor Trump se apresta a “solucionarlo” con otro “wall”. Por otro lado, ahora parece que la situación en las costas españolas ha evolucionado. Como no hay espacio en los centros adecuados para acogerlos, se les deja en la calle y listo. Que se las apañen como puedan. El resultado: el centro de Caritas “Calor y café”, abierto el uno de enero, ya tiene todas sus plazas ocupadas a diario.

 

La segunda noticia que “pesqué”, se trataba de una entrevista a una chica madrileña que, junto a su novio y su perro, ha realizado el camino de los emigrantes que entran por la zona más oriental del mediterráneo, pero en sentido contrario. Tampoco han utilizado el “Orient Express”. Lo han “disfrutado” en bicicleta. Allí han desempeñado trabajos de cooperantes y han vuelto a España para contarlo. Su vida ha cambiado para siempre.

 

También cambió para siempre la historia del mundo cuando aquél 11 de septiembre del 2001 fueron destruidas las torres gemelas. Fallecieron alrededor de cinco mil personas, aunque aun no se ha podido conocer las cifras exactas. Tuve la oportunidad de ver in situ, las fotos clavadas en paneles con los rostros de los fallecidos, justo enfrente de Wall Street. Desgraciadamente, estas torres gemelas disfrazadas de pateras que se destruyen cada año en el Mediterráneo, no se merecen apenas una mención de pasada. Nos estamos acostumbrando. También se trata de unos cinco mil hermanos nuestros. Como aquél día del año 2001. Pero ya no se inmutan los rostros de cuantos escuchamos estas noticias como el que oye llover.

 

La buena noticia de hoy me la proporcionan esos miles de personas que han salvado su vida al ser rescatados por Salvamento Marítimo, cuidados por Cruz Roja y acogidos en los hogares malagueños organizados al respecto. La buena noticia de hoy me la proporcionan las veinte personas que ya no duermen cada día en rincones callejeros entre cartones. Ya no son anónimos. Tienen nombre y apellidos. Acogida, mantas, calor y café.  Bendita radio que me hace pensar.

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El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries                    m.montescleries@telefonica.net

                       Málaga cinco de enero de 2017

¡Virgencita; que me quede como estoy!

     Cuando se está en el otoño (casi invierno) de la vida, los anhelos y las perspectivas varían de una forma extraordinaria.

 

Al comienzo de año se suele hacer balance. De lo vivido y del porvenir. Yo lo he hecho desde siempre, pero no el 1 de enero, sino el 28 de diciembre. Hasta hoy la inocentada la he superado de forma positiva. El análisis de mi situación personal, en lo familiar, lo laboral y lo económico, siempre ha cumplido mis previsiones. He vivido, bien e intensamente, he descubierto situaciones y posibilidades nuevas, he ayudado en lo que he podido y no he hecho daño a nadie conscientemente. Cada principio de año he pedido al siguiente que se cumplieran mis aspiraciones, que nunca han sido excesivas.

 

Este año he sentido una sensación extraña. La de haber llegado a la meta. Ya no aspiro a más. Me conformo y agradezco lo que tengo. Vivo en una casa confortable rodeado de más de cuarenta parientes cercanos; tengo un vehiculo y capacidad para moverme con dignidad; amigos y conocimientos que compartir con ellos; tiempo para dedicar a los míos y a los demás; una fe pobre –tipo carbonerillo- que me permite conectar con la Verdad; ganas de vivir y de aprender… ¿que me puede faltar?

 

Por eso hoy me he acordado del viejo chiste del que se precipitaba por una cuesta en Lourdes velozmente a bordo de un carrito: ¡Virgencita, déjame como estoy! Me apropio de la frase. Tengo tarea suficiente para los años, pocos o muchos, que me queden de vida y medios para realizarla. Mi gente me entiende, me apoya y aguanta mis locuras. Así que propongo a mis lectores pertenecientes al “segmento de plata” y a los que no lo son, que asuman la realidad. Somos unos privilegiados que vivimos con un clima extraordinario, en una ciudad maravillosa y en paz –si nos dejan los malasombras que se empeñan en amargarnos la vida con la excusa de salvarnos-.

¡Ah! y disfruto de media hora de radio semanal en la que servir de voz a los que no disponen de ella. Y una decena de alumnos especiales que me hacen ser feliz.

 

Todos tenemos un maravilloso metro cuadrado a nuestro alrededor que nos permite vivir como reyes y dedicarnos un poquito a los demás. Si encima damos de lo que nos gusta… no de lo que nos sobra, miel sobre hojuelas.

 

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LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

 

Málaga 2 de enero de 2017

 

m.montescleries@telefonica.net

 

EL AÑO DE LA ESPERANZA

 

 

No se quien decide ponerle nombre a los años. Hoy me permito la arrogancia de bautizar al 2017 como “el año de la esperanza”.

 

Creo que este nombre se impone. Es totalmente imprescindible. Después del año de “la misericordia” (en el que la humanidad se ha mentalizado en la teología del perdón), cae por su propio peso el “año de la esperanza”, en el que haremos realidad nuestros buenos deseos.

 

Hace años escuchábamos en los discos dedicados de las emisoras de radio aquello de: “tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor”… y el que tenga estas tres cosas… que le de gracias a Dios. Los deseos de la humanidad siguen siendo los mismos. Me voy a permitir el analizarlos.

 

Salud.- Se va a seguir luchando y venciendo al cáncer. La seguridad social va a atender a los pacientes en un plazo razonable. Se va a estar menos de media hora en la cola de los consultorios. Nos vamos a llevar bien los pacientes y los sanitarios. Se va a luchar por la vida, en todos sus estadios, la vejez con calidad y  la muerte digna y asistida. Van a repartirse los alimentos de forma que no tenga que seguir estando media humanidad a dieta para no engordar y la otra media, a dieta por no tener que comer. Van a desaparecer las drogas y las toxicomanías, el alcohol y la velocidad mal entendidos.

 

Dinero.- ¡Ay “er mardito parné”! La fuente de “casi” todos los males. Lo mismo que los alimentos. Espero que se reparta mejor. En función del esfuerzo de cada uno. Lejos de la ambición y el atesoramiento. Una sociedad con cultura y ganas de trabajar y un reparto justo. Los bancos van a servir a los clientes, no a servirse de ellos.

 

Amor.- Del de verdad. El amor que no se hace… ni se compra… ni se vende. Que se gana con el esfuerzo y la entrega. En este aspecto vamos por mal camino. Seguimos enraizados en el egoísmo: primero yo, después yo y “aluego naide”. Tendremos que recurrir más a la familia. Es la fuente de todo.

 

Hasta aquí la copla. La vida nos seguirá trayendo políticos egoístas, corruptos, embusteros, que se pegarán tortazos en nuestra cara; “religiosos” que prediquen la división, la intolerancia y la guerra; comunicadores que sigan haciendo fortuna presentando lo “peor de cada casa” para obtener audiencias millonarias.

 

Mi buen noticia de hoy la baso en mis deseos de que se cumpla lo del año de la esperanza; que sigan disminuyendo las llamadas al teléfono de la esperanza (5929 hasta el día de hoy en este año), pero que haya quien las siga atendiendo; que desaparezcan las ONGs porque la justicia las ha hecho innecesarias, pero por desgracia tendrán que seguir funcionando –y muy bien- gracias a Dios; Cáritas, Bancos de Alimentos, Asociaciones de reparto, hogares para niños y marginados, ancianos y mujeres abandonadas, etc.

 

Bienvenido el año de la Esperanza. Yo –solo por hoy- lo voy a intentar vivir. De verdad. Tengo esperanza en el 2017.

 

 

 

 

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