Los pequeños

25 f, 11

LA BUENA NOTICIADEMANUEL MONTESCLERIES

                      

                  Málaga 26 de Septiembre de 2011

                          m.montescleries@telefonica.net

 

LA REBELÍON DE LOS PEQUEÑOS

 

      Tengo la costumbre de tomar siempre una opción preferente por el que parece más débil en cualquier tipo de confrontación. Lo fácil sería apuntarse al caballo ganador y disfrutar de las victorias como si de algo propio se tratara, pero me pirran los pequeños. Cuando estoy presenciando cualquier espectáculo deportivo o concurso en televisión me decanto en mis preferencias por el que aparente o realmente va perdiendo.

 

       Todas estas elucubraciones mentales me surgen a raíz de las declaraciones extemporáneas de algunos dirigentes futbolísticos apenas se inició la presente liga. Se comenzaron a rasgar sus vestiduras como signo patente de la poca confianza que tenían en sus jugadores. Calificaron esta liga como una “liga de m…” y realizaron una reunión para “defenderse”, que la podríamos considerar como la “conjura de los necios”.

 

       La buena noticia de hoy nos la procura el desarrollo de los encuentros en esta primera parte de la temporada. Aunque el Sevilla lo oculta en su página web -como los niños que se quieren esconder tapándose los ojos con las manos-, la encabeza el recién ascendido Betis, seguido del mejor Valencia que he podido ver en muchos años y relegando a los grandes detrás del ¡Málaga! (escribo esto el sábado).

 

      Estoy seguro que al final de la liga las aguas volverán a su cauce, pero se lo tienen que ganar en los campos, si no, sería suficiente con sumar el valor de las plantillas a principio de temporada y repartir los trofeos.

 

     Sigo siendo simpatizante del Cádiz ahora en 2ª B, del Alcoyano, del Rayo del gran Movilla o de la selección de Andorra. En una palabra, de los “pescaitos fritos” del deporte y de las otras actividades de la vida. De los que saben que van a perder pero se sienten orgullosos de participar. No me puedo privar de comentarles la noticia que pude copiar de la web “Rumbo a 2010”:La pileta Olímpica de Sydney 2000 estaba a punto de estallar. Los fanáticos del deporte gritaban y alentaban a Eric Moussambani, nadador de Guinea Ecuatorial, quien braceaba desesperadamente en la piscina para lograr su cumplido.   El deportista escuchaba, se animaba y cruzaba la meta con un tiempo histórico de 1 minuto, 52 segundos y 72 milésimas, la peor marca en una olimpiada, la más lenta de todos los tiempos. La hazaña ocurrió en los 100 metros planos libres. En plena eliminatoria olímpica junto a otros dos deportistas admitidos por un sistema ideado para permitir la participación de atletas oriundos de países en vías de desarrollo y quienes antes de partir fueron descalificados por falsa partida.  Moussambani tuvo que nadar solo. El deportista tardó el doble de los competidores más rápidos de la especialidad e, incluso, superó en los tiempos a la plusmarca mundial de 200 metros. “Los últimos quince metros han sido muy difíciles”, afirmaría después de su performance, tras llevarse una ovación de los hinchas presentes en el estadio”.

      He seguido investigando y he descubierto que estuvo entrenándose en la piscina de un hotel y que posteriormente a su participación en los juegos ha mejorado su marca. El gran milagro es que no se ahogó.

     Por esto nuestro adinerado con petrodólares Málaga C.F. no me termina de emocionar. Echo de menos a jugadores como mi, desgraciadamente desaparecido, amigo Migueli; el perchelero iba andando a entrenar a la Rosaleda y aun se parada a pegar unos balonazos con nosotros en “la parcela”. Eran otros tiempos. Aúpa los equipos humildes.

 

 

 

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Escuchar, no oir

18 f, 11

LA BUENA NOTICIADEMANUEL MONTESCLERIES

                      

                  Málaga 19 de Septiembre de 2011

                          m.montescleries@telefonica.net

 

ESCUCHAR

 

        A medida que maduramos vamos percibiendo con más claridad la diferencia que hay entre oír y escuchar. La mayoría de las personas lo consideran un sinónimo porque piensan que es lo mismo: utilizar el sentido del oído. Cuando se trata de describir la relación que hay entre el emisor del sonido o voz y el receptor de los mismos, se denomina de forma gradual: estoy oyendo, estoy oyendo con atención, estoy escuchando.

 

      Nos encontramos en un mundo lleno de sonidos que casi siempre se convierten en ruidos. El ruido no es más que un sonido desagradable al que se intenta no prestar atención. Ya nos hemos acostumbrado al ruido exterior y a veces al interior. Es más no podemos vivir sin el. Nos molesta el sonido del silencio. Llegamos a casa y encendemos automáticamente la televisión; arrancamos el coche y se enciende automáticamente la radio; vamos por la calle con unos auriculares constantemente puestos que nos convierten en sordos de cuanto pasa a nuestro alrededor; vamos conectados al teléfono móvil y, en apariencia, hablando solos como locos. Definitivamente nos pasamos el día entero oyendo.

 

    La buena noticia de hoy es que todavía hay seres con la capacidad de escuchar. Estas personas son aquellas que han entendido que escuchando se aprende más que hablando, que el ser humano es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras y que el otro necesita ser escuchado. En una tertulia televisiva en la que participo, se me quejan los compañeros, y a veces los teleespectadores, de que mantengo espacios demasiado prolongados de silencio. Quizás lleven razón, pero es que quién te habla necesita que tu asimiles su discurso, lo digieras y le des la respuesta más oportuna, no lo primero que se te ocurra.

 

    En el dialogo con la administración pasa lo mismo. Casi siempre te oyen, pero casi nunca te escuchan. Por eso, cuando encuentras los interlocutores adecuados, lo agradeces sobremanera. Esta semana he tenido varias experiencias al respecto, desde el funcionario que te corta la conversación con la frase lapidaria “el siguiente”, hasta quién te dice que está muy ocupado pero que tiene el tiempo que sea necesario para atenderte.

 

    Llevo años intentando ejecutar la virtud de la escucha y procurando transmitírsela a cuantos tienen la deferencia de escucharme. Aquellos que entienden que un dialogo no es una contraposición de monólogos, donde todos están esperando, oyendo sin escuchar, a que el otro respire para meter su rollo. Cuando eres capaz de escuchar al otro, éste se sorprende, pero te lo agradece y se siente atendido y consolado.

 

   La otra noche, dos mujeres coraje se presentaron en mi casa con un problema grave y varios de pronóstico reservado. Hice lo único que podía hacer en ese momento: escucharlas. Luego me puse a la tarea y ¡oh sorpresa! A cuantos funcionarios les fui transmitiendo la inquietud del futuro de las mujeres coraje, me escucharon, me orientaron, me atendieron sin prisas y me transmitieron esperanzas en posibles soluciones.

 

     No tengo más remedio que recoger este hecho extraordinario que debería convertirse en ordinario. Esto se conseguirá cuando eliminemos ruidos, apaguemos teles, desconectemos auriculares; escuchemos, no oigamos y comencemos a ver al otro, no a mirarle.

LA BUENA NOTICIADEMANUEL MONTESCLERIES

                      

                  Málaga 12 de Septiembre de 2011

                          m.montescleries@telefonica.net

 

DIEZ AÑOS DEL 11-S

 

        Ayer se cumplieron los diez años desde el atentado del 11-S-01. Aquél día me encontraba almorzando mientras veía el telediario de Antena 3 como de costumbre. El parón que hizo el locutor no me hizo presagiar nada bueno. Unas imágenes aterradoras inundaron nuestras pantallas y nos llenaron de angustia. El choque del segundo avión con la torre que aun quedaba intacta lo pudimos presenciar en directo. Lo siguiente ya lo conocemos todos… pánico, terror, lo que queramos. Y después, dos atentados más; el de Madrid y el de Londres. Miles, cientos de muertos, que más da. El mundo cambió hace diez años. El mundo de la gente corriente, como siempre. Las victimas de estos atentados se eligieron entre los “curritos”. Curiosamente, salvo en los países tradicionalmente golpistas, las victimas, en su gran mayoría se encuentran entre la gente de a pie.

 

       La buena noticia de hoy, la baso en la capacidad del ser humano de sufrir, lo que no le priva de recordar y de solidarizarse en la desgracia. He tenido la oportunidad de visitar recientemente la Zona 0 y sus alrededores en N.Y. donde se trabaja denodadamente por reconstruir lo asolado pero donde también se recuerda con multitud de velas, flores, oraciones en papel y señales de respeto la memoria de cuantos perdieron la vida en aquél atentado. Lo mismo sucede en los alrededores de la estación de Atocha en Madrid, donde se ha plantado un bosque del recuerdo. Que capacidad tiene el ser humano para resurgir de las cenizas del dolor y el sufrimiento.

      El problema del terrorismo lo tenemos con los iluminados, los “salvadores de la patria” y los “ideólogos”. El último ejemplo lo tenemos con el atentado del “redentor” noruego, (menos mal que los señores de Lacoste le han prohibido ponerse prendas con el cocodrilito; hay que ser capullos). Los bichos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz.

 

     Yo me sigo quedando con los “pescaitos fritos”, esos bomberos, policías, soldados, sanitarios, voluntarios y gente anónima que siempre están ahí al pie del cañón para intentar evitar y ayudar a remediar los problemas que surgen de las soflamas de los “gurus” sustentadas casi siempre en la falsa interpretación de las religiones que, a veces, conduce a la guerra. Las escenas recogidas magistralmente por la película de Oliver Stone que pudimos ver de nuevo hace unos días se pueden resumir en la escena final. Un grupo de hombres, animados por la solidaridad y mezclados por el amor al prójimo, consigue rescatar a dos policías de las garras de la catástrofe y, sin artilugios mecánicos, de mano en mano, van pasando a los heridos de la muerte a la vida. El sentido del amor de ellos a sus familias (sentimiento que les ha mantenido vivos) y de la sociedad hacia sus miembros les ha salvado. Tomemos nota.

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 5 de Septiembre de 2011

m.montescleries@telefonica.net

CUANDO LLEGUE SEPTIEMBRE

En los años 60 del pasado siglo se proyectó en nuestras pantallas “Cuando llegue septiembre”, una película americana protagonizada por dos grandes de la época Gina Lollobrigida y Rock Hudson, dos actores que jamás brillaron por su talento que suplían por una presencia física arrolladora. Nuestra televisiva Gelu, cantaba en castellano una versión de la canción del mismo título que hizo furor en todas las casetas de feria y guateques de la época. Recuerdo el estribillo: “Cuando llegue septiembre todo será maravilloso”.

Efectivamente, el mes de septiembre suele ser muy agradecido. Nos liberamos del “ferragosto”, aunque seguimos teniendo un tiempo espléndido; las playas quedan libres de las aglomeraciones y las carreteras costeras están más fluidas; la vida vuelve a su ritmo habitual y recuperamos nuestra casa y nuestros rincones de siempre; comenzamos de nuevo a intentar perder los kilos que nos sobran incrementados peligrosamente durante el verano y, finalmente, recuperamos nuestro trabajo o la esperanza de encontrarlo. Es más, hasta los jubilados volvemos a aprovechar nuestro tiempo libre para dedicarlo a las aficiones, voluntariados o búsqueda de conocimientos habituales.

Por otra parte, los estudiantes estrenan libros y propósitos de asimilarlos en su mente; aunque se sigue recurriendo al “Virgen Santa, Virgen pura, que me aprueben esta asignatura”. Aunque ahora caigo que con la crisis religiosa que padecemos invocaremos a nuestro Señor presidente con una frase al estilo de “Zapatero, Zapatero, que no se nos vea el plumero” o “Rajoy, Rajoy, que me sepa la lección hoy”. (Son sugerencias).

La BUENA NOTICIA de hoy es que tenemos futuro e ilusiones, estamos tan mal política, religiosa, económica y culturalmente que tan solo podemos crecer en este curso que se nos aproxima. Lo tenemos que aprovechar. ¿Cómo? Haciendo un poquito más por los demás y nosotros mismos. Buscando a ese Dios que se nos escapa. Siendo felices en medio de las tormentas. Buscando la parte buena de la vida… que la hay. Yo soy testigo.